Voces y Rumores


Suele suceder. Por veces afloran épocas en que el mundo se convierte en nada en un santiamén, aunque escondidas en medio a toda esa nada suenen voces.

Son voces variadas que se complementan con ecos de gente que grita, solloza, canta, habla y hasta despotrica en causa propia contra ese destino sorpresivo que los asestó en media a un trance inesperado.

Dentro de esa misma nada también existen otras voces que imploran y oran con cierta convicción dudosa, mientras tanto otras no pasan de exhalaciones y suspiros de esperanza dirigidos hacia algún santo casamentero mal recomendado.

Los que gimen y sollozan dentro de esa nada tienen el llanto transparente, pero para eso tienen los párpados, que sirven para tornarlo opaco antes que resbalen sus lágrimas.

Dentro de esa intención primaria está también el drama de la desencantada que carga con su fantasma. Sin embargo ese día ella se quedó en silencio, cuando él la abrazó por la espalda y le murmuró suavemente al oído: “Quiero llenar tus días de alegría, déjame acariciar tus tristezas”.

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Elección


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Supongo que usted no imagina en lo más mínimo, todo lo que provoca en mí su susceptible mirada de ángel. Así como tampoco desconfía todo el delirio y ese desborde de emociones que me impulsa hacia el infinito, cuando veo en su hermosa boca delinearse esas sublimes curvas que tanto me hechizan.

Usted, ciertamente, es de ese tipo de alma candorosa a la cual me dan enormes ganas de asomar mi espíritu, al igual como me aproximo con ojos en delirios a una ventana llena de sol en el invierno.

Considerando los desvaríos que su presencia me causa, dama de mis sueños, opto por amarle en silencio, porque es justamente en el silencio donde no he encontrado rechazo siempre que he dado formas reales a un fantasma que me cautiva.

También he escogido amarle en soledad, porque se ha tornado evidente para mí, que en mi parco desamparo usted sólo a mí me pertenece.

Igualmente he elegido adorarle a la distancia, porque es en vano yo querer luchar contra un libro abierto donde sólo alcanzo a leer sus pupilas entre las letras, y descubrí que es en la distancia donde logro protegerme del dolor.

Por ser usted como una ola gigante que el viento riza y empuja en el mar de mis delirios, elijo besarle en el viento, porque he percibido que el viento es más suave que mis labios, nube de dolor.

A causa del eco de un suspiro que conozco formado de ese aliento que ya he bebido en otros días, elijo tenerle abrazada en mis sueños, porque al igual que una nota de lejana música, mis sueños no tienen fin.

Mi adorada de un día, cariñosa mujer, tal vez nos volvamos a ver cuándo el destino tenga ganas de juntarnos. Mientras tanto, se feliz bajo ese sol que ilumina tu sendero.

Volvió


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Había sido un sujeto optimista y animado que un lejano día partiera ilusionado en busca de su destino, sin saber a lo cierto cuándo lograría volver, y sin suponer si realmente alcanzaría a ver otra vez el refulgente sol y el amplio cielo como mar de su tierra.

Sin embargo, cierto día volvió. Pero regresara con una inmensa sombra gris en el alma, con el corazón hecho más de mil harapos a causa de ese tipo de desdichas gratuitas que nos dona la vida. Volviera con el espíritu doblado por la congoja, tal cual se doblan a veces las sensibles ramas del sauce cuando lo castiga el viento invernal.

Retornó con una triste mueca que hacía más de quince años había sido sonrisa. Ese tipo de gesto infortunado que muchos dirán que oscila entre la desdicha y el agobio. No obstante, haciendo frente a su trance fortuito, él ni siquiera había aprendido a sentir melancolía. Mucho menos rabia.

La esencia de su problema radicara en que un día su espíritu no aguantó más ni el dolor ni la alegría planificada, esos tipos de gestos característicos que son obligatorios por decreto, con fecha fija.

Hoy noto su ascético cuerpo deambular por las calles de mi barrio tal cual un ser alado, aleteando por ahí entre las sombras de los árboles como si él fuese un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y a su vez como un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso.

Una y otra vez lo saludo y él me responde siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada de otoño casi a la puerta del invierno, lacrimosa, como suele ser de costumbre a esa edad, pero eso sí, inteligente.

Por veces paramos para conversar sobre amenidades, pero noto que nuestras palabras se cruzan, vertiginosas, como si ellas fuesen meteoritos, o acariciantes como copos de nieve. Las sujas son apenas sílabas que se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nevada, circulan el aire y su expectativa.

A pesar de ello, de tanto mirarlo y observar sus gestos, me he dado cuenta que el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros de la muchedumbre, el sol o la lluvia sobre las multitudes, lo cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis.

Sombras


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Sueño de mi vida, quizá si las sombras de la noche no fuesen tan lóbregas, la luna y las estrellas no brillarían tanto; pero si tú lo deseas, nosotros dos podemos tropezar sin querer en un velo nocturno y a lo nuestro lo llamamos destino.

Y cuando te digo tropiezo, me refiero en especial a ese sino que es el poder sobrenatural inevitable e ineludible del ser humano, el que según los sabios nigromantes creen, es el que guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad, pero eso sí, ebrio de amor y pasión.

Ilusión de mis minutos interminables, la sombra de mi alma está sumida en una región de oscuridad donde la luz ha sido obstruida un día por penas sin olvido. Pero sin tu luz de aliento y tú amor, ya no soy más que tierra y sombra en una aldea con frio, fango oscuro y vendavales.

Puede que detrás de mis ambiguas palabras, endulzado almíbar de mis ilusiones, a tu mente acuda la innegable imagen de que existen grados intermedios de sombra y luz entre las superficies que se encuentran completamente iluminadas y la completa oscuridad. Y es justamente allí que se oculta mi alma entristecida, en esos mismos efectos imprecisos que convenimos llamar de penumbra.

Y aunque no me falte la redoma que contiene el vino de la vida, sin tus besos vivo enfrascado esa media luz de una existencia sin amor, luchando para que la tiniebla de mi alma desdichada no intente arrastrar vestigios, adherencias sin rumbo, álgidos vientos de Junio, herencias frías, huellas de ilusiones aniquiladas, hojas de papel arrugadas que esconden vocales y consonante de palabras tiernas que un día me quedaron ahogadas en el sentimiento.

Deseo morir besando tu loca boca de verano caliente, abrazado a un pedazo perdido de tu cuerpo mientras busco luz en tus ojos cerrados; y así, cuando la tierra reciba nuestro abrazo, podremos morir confundidos en una única muerte, porque el mejor lugar del mundo es sin duda vivir dentro de un abrazo, juntos para siempre en un beso eterno.

Arenal de Sueños


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Ya no me alcanzará la triste noche, si recostado en mi cama como playa de blancas arenas, dejo que las tibias olas de tu mar de amor platinado por la luna al pie de infinitas estrellas, bañe mi cuerpo y refresque mi alma con tus besos de espuma.

Aguardo impaciente la barcarola de tus susurros para regresar ansioso de otros viajes y dolores, cediendo a que el vals de la serena luna doble mi cabeza soñando sobre tu pecho de flor nocturna.

Deseoso estoy para que los desvelos de mi vida se deshagan de pronto en añicos, cuando tu mano que vive y vuela, abran los puños delicados dejando caer en mi piel señales sin rumbo que amparen la noche de este viajero dormido.

Iremos juntos a viajar entonces a través de las aguas del tiempo, en cuanto yo sigo el agua que llevas y que me lleva por la noche entre olas de pasión, por el mundo, hasta que el céfiro de la muerte nos envuelva en el destino.

Quiero que vivas amada mía, en cuanto yo, adormecido, te espero en los sueños de la madrugada. Quiero que tus oídos continúen oyendo el viento de mis clamores de ardor mientras hueles este amor de mar que aprendimos a amar juntos, y que sigas pisando la misma arena que nuestros cuerpos se acostumbraron a pisar un día.

Hoy, ausente de mí, sé que por otros sueños tu corazón navega. Cierra tus párpados, cierra ya esos sueños y entra con tu cielo en mis ojos. Dormirás ahora con mi sueño, e iras, iremos juntos los dos, a navegar por las aguas puras como ámbar dormido.

Entonces ya no seré apenas tu sueño, y viajaras de manos dadas siempre viva, siempre sol, siempre mar, siempre luna.

Lágrimas


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Fue como si surgiese de repente el ventarrón infausto del destino, y presumo que a ti también te habrán lastimado el alma esas agrias palabras que, al proferirlas al azar, no tuvieron la intención de hacerme daño, aunque el golpe del veneno que había en ellas fue mucho más que un rencor ajeno olvidado en su inútil corona de espinas.

Hazme el favor, cállate, abominable Eva de este paraíso terrenal. Nunca ignores a quien ciertamente le importas, pues tal vez mañana, tarde, has de darte cuenta que perdiste la luna, mientras, dispersa y afrentada, te entretuviste en contar las estrellas.

Puede que no te hayas dado cuenta, pero las tuyas han sido palabras que acecharon la muerte de un amor sublime a quien entonces lo ofendieron e hirieron gravemente, únicamente porque mi boca cerrada ya no pudo contestar su canto avinagrado.

Al oírte me sobrevino el llanto. Esas ganas de llorar que nacen de repente, ahogadas en la desolación, mismo que fuera de mi cuerpo en desconsuelo la luna florecida y el vergel en flor quisiesen forjar ese deseo de estar solo y al mismo tiempo necesitar de un abrazo, una caricia, tal vez hasta un beso que lo pueda todo.

Duele, pero el más mentado de los hombres llora en los momentos más amargos de la vida. Yo no fui diferente, pues siendo más que el mar y que sus islas, y porque hay que caer dentro de ese mismo mar como en un pozo para salir del fondo con un ramo de agua secreta y verdades sumergidas, entonces lloré, lloré con el alma. Pero no lloré físicamente, lloré de verdad, de la manera que más duele, lloré sin lágrimas.

Infausta mujer, te has olvidado que el amor verdadero nunca se da por vencido, que jamás pierde la fe, porque siempre tiene esperanza y se mantiene firme ante toda circunstancia, incluso estando dentro de un traje vacío y uno siga cojeando como un espantapájaros de sonrisa sangrante.

¡Ay de mí!, ¡ay de nosotros!, mi dulce amada, que sólo quisimos apena amor, amarnos, y entre tantos dolores nos dispusimos los dos a quedar malheridos.

Un Tórrido Salvavidas Artificial


Hace parte del vivir de todo individuo ver de todo en esta vida, y juzgo que cuanto más se practican esas visiones que no necesariamente son nocturnas, finalmente uno termina por crear ese tipo de callosidades existenciales que son como un paraguas preventivo contra cerotes y pusilanimidades.

Sin ir más lejos, por ejemplo, el otro día me encontré con un amigo al que no veía desde hacía tiempo. Luego de saludarnos efusivamente le pregunté:

¿En dónde trabajas? Su respuesta fue: En el Centro Nuclear de Resonancias Magnéticas con Estudios de Alto Campo…

Fabuloso, le respondí, sorprendido por tal avance laboral. ¿Y qué haces ahí?, indagué por pura curiosidad… “Café”, me respondió él.

En fin, por lo menos desempeñado esa función creo que él estará a salvo ciertas ocurrencias laborales, como fue lo que le ocurrió a un jefe de sector de una empresa inglesa, quien terminó siendo preso y luego entró en depresión por haber sido acusado de un crimen que no cometiera… Por lo menos con esa fémina.

En verdad, la gordita Sophie, de 23 años, luego de remolonear bastante con las ideas acabó confesando que inventara la historia para que su casamiento no fuese cancelado… Lo que es probable que si el maridaje fuese derogado, esta británica se quedaría sin el pan y sin la torta. Mismo así ella resultó presa luego de confesar que acusara falsamente al jefe de su novio de estupro.

El seductivo caso aconteció en la ciudad de Torrington, Inglaterra, donde Sophie Tucker, el nombre de la chica, una vez desenmascarada -con ropa-, terminó declarando a las autoridades que ingenió la seductora historia para que su fiesta de casamiento no fuese cancelada, ya que faltaban muy pocos días para el evento.

En detalles, se sabe que después de un previo intercambio de mensajes picantes y fotos desnudas por el telefonito, Carl Williamson, el boca abierta del jefe, de 51 años, fue convidado por la insinuante Sophie para ir a la casa que ella dividía con su novio. Una vez ahí, ellos mantuvieron una relación sexual y Carl acabó dando de cara con su subordinado cuando dejaba la residencia.

Como era de esperar, a seguir Carl fue acusado por Sophie de haberla empujado hacia el sofá y realizado sexo sin su consentimiento. Como resultado, Carl fue detenido en la comisaría durante 7 horas y fue liberado luego de pagar fianza.

Con todo, la historia de la imaginativa Sophie terminó por ser revelada y ella finalmente acabó confesando haber creado la versión del “estupro” por las razones antedichas. Carl, sin embargo, entró en depresión después de “ser tratado como un animal” por causa de las falsas acusaciones… Y tal vez por haberse quedado con las ganas.

En fin, no hay dudas que la agitación de los hombres es siempre vana, puesto que los dioses, por ser sabios e indiferentes, viven y se extinguen en el mismo orden que crearon, y todo lo demás no pasa de paño de la misma pieza. Con todo, tenemos idea de que por encima de los dioses está el destino, aunque el destino sea el orden supremo, orden a que los propios dioses aspiran en cuanto el papel del hombre no pasa de querer perturbar el orden y corregir el destino, tanto sea para mejorarlo o para empeorarlo, lo que no hace más que impedir que el destino sea destino… ¡Pavoroso!

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