Nunca use el “Digitus Infamis”


Le exhorto que no se irrite si la cosa no le sale bien en la primera tentativa, mi expositor amigo de falanges y falangetas, pues verdaderamente son muy pocos peregrinos los que logran demonstrar los ademanes por cuenta propia y de acuerdo con las leyes que tienen ocultas en sus cabezas.

Hasta el presente momento, nunca he tenido la curiosidad de preguntarme por qué razón el resultado final de esa manipulación, siempre compleja hasta en sus más simples expresiones, se asemeja tan poco a lo yo había imaginado antes de dar instrucciones a mis manos. Nótese que cuando nacemos, los dedos todavía no saben interpretar lo que el cerebro ordena, pero pienso que estos se van formando poco a poco con el paso del tiempo y el auxilio de lo que los ojos ven.

Por eso deduzco que el auxilio de los ojos es importante, tanto como el auxilio de lo que es visto por ellos. Por tanto, le afirmo que lo que los dedos siempre han hecho mejor, es precisamente revelar lo que está oculto en nuestros cerebros.

Pero si lo analizamos desde otro ángulo, lo que en el cerebro puede ser percibido como conocimiento infuso, mágico o sobrenatural, signifique lo que signifique sobrenatural, mágico e infuso, son los dedos y sus más ínfimos movimientos quienes enseñan lo que está oculto dentro de nuestros cerebros.

Y tal vez sea por eso que el hecho de mostrar el dedo del medio erguido sea considerado un gesto obsceno desde la Antigüedad. A buena verdad, no es una invención de cualquier época específica, sino que él es una evolución pura y simple de otro gesto que era usado por los humanos para intimidar a otros entes (o dementes).

Muchos antropólogos sustentan en consenso, que en los tiempos de la prehistoria, los primates mostraban el pene erecto como forma de agredir psicológicamente sus enemigos, y de intimidarlos… Claro que antes de ellos envejecer, pues la ley de la gravedad aplicada por la naturaleza nunca mudó desde que Adán conoció a Eva.

No en tanto, conforme el ser humano se fue desenvolviendo mentalmente y no físicamente, sus demonstraciones de poder también comenzaron a diferenciarse, y esa vulgaridad de mostrar el pene erecto fue trocado por una alusión a él: el dedo medio erguido… Aunque a mi vecino se le antoje decir que, debido a su dificultad física sin atenuantes, eso de erguir el dedo fue inventado por Matusalén.

Sin embargo, los primeros registros del uso de este gesto datan del año 423 a.C., cuando por aquel tiempo el poeta griego Aristófanes llegó a escribir una obra “Las Nubes”, donde hizo constar un trecho en que uno de los personajes forjaba una burla donde comparaba el pene al dedo del medio.

Por ende, en la Roma antigua, este tipo de agresión ganó hasta un nombre particular: “digitus infamis” (dedo obsceno). Algunos estudiosos mencionan que al emperador Calígula le gustaba obligar a sus súbditos a besaren su dedo medio en vez de su mano, en señal de humillación… Mismo que algunos insistan en decir que era para evitar mostrar su flácido pedacito.

De acuerdo con Desmond Morris, conocido biólogo inglés, doctorado en esta área de la ciencia, y reconocido por su trabajo como zoólogo e etólogo, además de un experto en sociobiologia humana -sea lo que sea el asunto que se estudie en esa materia- y autor, entre varias obras, del libro “Gestos, su Origen y Distribución” (1979), llega a afirmar que con el paso de los años la tradición romana se explayó no sólo para los países influenciados por la cultura latina, sino que para todo el mundo, convirtiéndose así en una ofensa universal.

Por lo tanto, entre el pragmatismo de unos, el dogmatismo de otros y la estupidez colectiva en plan ebullición, pienso que lo mejor es permanecer inmerso en el whisky… ¡Soberbia decisión!

(*) Siguiendo la misma línea y estilo del presente Blog, surge ahora “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, conteniendo apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo en: http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ Conjuntamente, continúa a su disposición mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Los Desorejados de Siempre


Intuyo que multitudes necesitan desafiar escepticismos sobradamente justificados después de millares de relatos leídos y oídos sobre las vidas ejemplares de muchos y sus milagros consagrados, en cuanto podría señalar que otros, mientras tanto, nos sorprenden según todas las apariencias al contrario, sin que nos tomemos la molestia de disimular la sonrisa.

Sin embargo, se me antoja que lo que ocurre con las personas, es como si en el nacimiento de cada una se partiese el molde del que ella ha salido, y obviamente que por tan justificado motivo las personas no se repiten.

Para abreviar, por ser más sensato, razonable y flagrantemente apropiado en este momento, si al asunto que mencionaré se le aplicase el funcionamiento general del mundo, no habría cualquier dificultad en encuadrarlo en el plano de un orden de cosas, que mucho le faltaría para ser considerado perfecto.

Pero el lado admirable de todo esto, sin duda, es el hecho de poder contarlo con la más acabada de las naturalidades, sin necesidad de tener que darle vuelta a la cabeza, como quien para decir que dos y dos son cuatro no necesita emplear tiempo pensando, primero, que dos y uno son tres, y, después, que tres y otro más son cuatro… Sin embargo, por el momento prefiero quedarme sólo con dos.

Sí, con dos, porque fueron dos los individuos que, residentes en un poblado de la región de Kemerovo, en el sur de la congelada Siberia, terminaron por cortarse una oreja cada uno para poder liquidar una apuesta, conforme lo llegó a informar hace unos días la policía rusa.

Resulta que estos siberianos sujetos, cuyas identidades no fueron reveladas, se les ocurrió durante una fiesta que fue realizada en la casa de uno de ellos, lanzar un desafío mutuo echando un pulso al disputar una caída de brazo, nada más que para ver cuál de los dos tenía más fuerza y podía doblarle el brazo al contrario.

Empero, antes de comenzar el reto, ambos inventaron un acuerdo en el cual, como recompensa al victorioso, el perdedor debería cortarse una oreja.

Sin embargo, una vez terminada la viril prueba, el perdedor no concordó y pasó a impugnar la victoria de su rival, razón por la cual los dos comenzaron a discutir acaloradamente enfrente a los demás convidados.

Después que se apaciguaron los ánimos de la discusión, finalmente estos dos individuos decidieron repetir el pulso en la caída de brazo para entonces declarar quien realmente era el vencedor.

Con todo, el hombre que se impuso en la “primera tentativa”, perdió en la segunda, razón por la cual ambos llegaron al compromiso de cortar una oreja cada uno por cuenta del empate.

Por ende, según el comunicado de la policía local, uno de ellos se cortó la oreja completamente, en cuanto el otro sólo cortó la mitad. Después, claro, ambos fueron hospitalizados.

En este caso, juzgo que lo más recomendable sería respetar la voluntad de los individuos que convirtieron deseo en acto, pues a quienquiera no le asiste el derecho de salir con reclamaciones, principalmente, porque pienso que será mal escuchado por ambos desorejados… ¡Una verdadera mutilación!

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Un Monoambiente con Sombra Eterna


No ha sido por casualidad el hecho de que la palabra “feliz” aparezca como que de repente más adelante, pues en realidad es lo mínimo que podemos decir de la expresión de este individuo. También es imposible que haya sido el acaso, ya que ni en sonido ni en peso esta palabra se puede igualar a otra cualquiera, pues condicionalmente, además está la intrínseca relación entre la vista y el tacto.

Sobre lo último dicho, ha de saber el leyente que la virtud de la expresión está depositada en la privilegiada vista del protagonista de esta historia, ya que sus ojos son capaces de ver por los dedos lo que éstos están tocando, y los dedos, sin tocar, consiguen sentir lo que sus ajados ojos están viendo.

Finalizados los necesarios esclarecimientos preliminares, finalmente llegamos hasta un hombre de nacionalidad uruguaya, de 83 años, y que vive en el interiorano y bucólico paraje de Villa del Carmen, ciudad natal de la tradicional familia Burgues, en el Departamento de Durazno, Uruguay. Pues resulta que este individuo acaba de firmar un sorprendente convenio con las autoridades de su pueblo, donde decididamente cambiará su actual vivienda por nada menos que “un nicho” en el cementerio local.

El inadvertido lector ya se preguntará: ¿Y el objetivo de su intención, dónde está? Pues a ese mismo leyente, le aclaro que si usa un poco de su materia gris, pronto descubrirá que el propósito, primo hermano de la maquinación, reside en uno querer asegurar un futuro tranquilo en este conturbado universo.

En todo caso, el resultado de estas y otras preguntas que no han quedado registradas, no ensombrecieron para nada el semblante del octogenario, pues conforme se lo explicó al reportero de la agencia “Efe” el alcalde de la localidad, Nuber Medina, el hecho se debe al intento de evitar que los sobrinos del susodicho hereden la casa en la que actualmente vive.

Pero de acuerdo con las testimoniales palabras del longevo vecino que “firmó el convenio” con la Intendencia del Departamento, éste nos explica que “ha hecho todo lo posible por cumplir con una voluntad expresada en vida”, pues quiere evitar a todo costo que sus sobrinos, con los cuales mantiene una larga disputa, hereden un día la casa, según se reveló en una nota del diario El País.

Así pues, la casa, valorada en 20.000 dólares, luego después de la firma, pasará a ser de propiedad municipal tras el fallecimiento de su propietario, que a cambio recibirá un espacio en el camposanto, cercano a los restos de sus familiares ya difuntos.

Mismo con sus 83 años a cuestas, el anciano ya comenzó a acondicionar el nicho conforme su voluntad e imaginación, y aseguró estar “feliz” por saber que dispone de un lugar tranquilo y confortable donde descansar los huesos tras su muerte, ya que eso también le aporta “tranquilidad” para los últimos años de su vida terrenal… Después se verá.

Mi amigo, seguramente esto no es el simple resultado de casualidades múltiples o de obstinada suerte, como probablemente lo hubiera respondido más de mil si les preguntásemos por qué razón creen ellos que el octogenario firmó el convenio. En todo caso, con irónica coincidencia, nos quedamos con que, a buena verdad, ni los jóvenes sobrinos saben todo lo que pueden, ni el octogenario hombre puede todo lo que sabe… ¡Funesto asunto!

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Cómo Mejorar la Puntería de su Micción


No se necesita tener muchas luces para que el masculino leyente hacedor aguas menores, entienda por qué el uso del mobiliario de baño ha sido es y será, la causa principal de incontables disensiones hogareñas. Es que el famoso tema de la tapa del inodoro, que las mujeres suelen dejar abajo y los hombres arriba, resulta ser un tópico trascendental dentro de todas las riñas domésticas.

Pues lo mismo sucede con las famosas salpicaduras de orina, una responsabilidad exclusiva de los caballeros que normalmente suele desatar la ira de las damas. Por ende, como las pasiones que logra despertar este licuado problema han sido tantas, no han sido pocos los hombres que ya han renunciado a la verticalidad de sus micciones, y ahora han sentado -literalmente- las bases de un nuevo entendimiento familiar.

Sin embargo, todos aquellos que hasta el presente prefieren “morir de pie” a tener que  “sobrevivir sentados”, ahora tienen una nueva esperanza a través de la ciencia.

Esta expectativa surge porque un grupo de científicos de la universidad “Brigham Young”, de Estados Unidos, acaban de culminar una compleja investigación a través de la cual se ha permitido obtener un dato crucial para todo bípede humano poder sobrellevar mejor la vida moderna sin tantas discusiones hogareñas. Eso se debe a que los investigadores consiguieron determinar cuál es la mejor manera de orinar sin provocar las tan molestas como frecuentes salpicaduras.

Para lograr su objetivo, recientemente, estos científicos de la antes mencionada escuela de culturas adultas, se abocaron al estudio de la dinámica de fluidos del chorro de orina masculina al impactar libremente sobre una superficie rígida. El objetivo, que sin duda más de media humanidad agradecerá, era entender cómo evitar las tan indeseables salpicaduras y rociadas fuera de lugar… Que convengamos, no es pequeño.

En todo caso, para simular la micción, los investigadores utilizaron un enorme recipiente lleno de agua y conectado a mangueras que a su vez estaban rematadas por uretras de plástico. Los experimentos se llevaron a cabo con una tasa de presión y un flujo que se esperaría de un individuo sano de sexo masculino -léase aquí sin problemas de próstata- dispuesto a vaciar la vejiga.

Al utilizar una cámara de alta velocidad captaron al detalle el impacto del chorro, el ángulo que toman las gotitas laterales y verticales cuando chocan contra la superficie, y midieron las distancias y la velocidad de las mismas. Así que, guiados por los resultados, ellos propusieron unas técnicas para reducir las salpicaduras.

Pues parece que el secreto, después de todos estos análisis, es uno acercarse y disminuir el ángulo lo máximo posible… “El chorro de orina masculina rompe unos 6 o 7 centímetros fuera de la salida de la uretra”, llega a explicar Randy Hurd, coautor de la investigación, a la emisora BBC.

“Así que en el momento en que el orín llega el urinario, ya está en forma de gotas. Y estas malditas gotitas son las responsables de la formación de salpicaduras en los pantalones, especialmente visibles en los de color caqui”, alcanzó a mencionar Hurd con una pizca de humor sardónico.

Por consiguiente, mil mal orinado amigo, Hurd le recomienda acercarse lo máximo posible al urinario y adoptar, ya con su birgulino en mano, un “ángulo de ataque” más estrecho. Por su vez, dirigir el chorro hacia los lados o hacia abajo también resulta recomendable. Y eso, porque un flujo dirigido hacia la pared del urinario en un ángulo de 90 grados, o directamente en el agua del inodoro, da como resultado una gran cantidad de gotas disparadas hacia todos lados.

Si uno está en casa, en un retrete convencional, explican, también puede sentarse, aunque esta solución parezca obvia. Y si no, lo mejor es situarse un poco hacia un lado y apuntar hacia abajo en un ángulo bajo para reducir al mínimo la “aspersión”. Incluso, eso de colocar un poco de papel higiénico en el interior del retrete también ayuda a minimizar las desgraciadas salpicaduras.

“Puede parecer una broma de un niño de 12 años, pero es un problema real”, alcanza a apuntar Tadd Truscott, también autor del estudio, a la famosa BBC… “Todos hemos estado en baños de aspecto bastante desagradables, con charcos en el suelo. Obviamente esos lugares son un foco de bacterias”, concluyó.

Por ende, y conforme lo consigna el periódico madrileño “ABC”, estos investigadores presentarán sus expulsadas conclusiones líquidas en el próximo encuentro de la “Sociedad Americana de Física”… Donde enseñaran “in loco” como no salpicar fuera del gran agujero.– ¡Espasmódico!

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Su Sueldo Depende del Sexo


Es sabido, en efecto, que una de las tesis fundamentales que el filósofo Immanuel Kant formuló, fue el “imperativo categórico” del ser humano. Conocido por haber sido un hombre metódico y de salud frágil, Kant nunca se casó y pasó toda su vida en su pequeña ciudad natal, Königsberg, donde entre otras cosas, se ocupó del problema de la moral. Por consiguiente, en su obra “Crítica de la Razón Práctica”, publicada en 1788, discute los principios de la acción moral, la acción del hombre en relación a los otros y la conquista de la felicidad.

Pero al estudiar la cuestión del conocimiento, e investigando sus límites, sus posibilidades y sus aplicaciones, Kant elaboró una otra obra capital, la “Crítica de la Razón Pura”, publicada en 1781, la que principalmente consiste en afirmar que las categorías e ideas de la razón, por más que sean principios reguladores y formas “a priori” del conocimiento, nada nos enseñan acerca de la realidad de los objetos, a la cual sólo podemos llegar en la experiencia y por medio de la experiencia.

En todo caso, ahora acaba de surgir otro de aquellos estudios divertidos que no sirven ni para ayudarnos a encarar una semana seria por delante. Resulta que a un investigador griego se le ha dado por afirmar que cuanto más sexo las personas realizan, mejores serán sus salarios. Y nada del íntegro lector ponerse a pensar en calidad o cualidad, pues el profesor habla de cantidad mismo.

No preciso ni decirles que la base científica de dicha pesquisa me parece ser casi nula. Pero resulta que este sujeto conversó con 7,5 mil personas con edades entre los 26 y los 50 años. Claro que ese elevado número parece ser una buena base para legalizar cualquier acotación, pero la manera como esas personas respondieron a una pesquisa, apenas, opino que no da para concederle tanta credibilidad como se merece.

Pues en realidad, el profesor de la “Arglia Ruskin University” acredita que quien practica sexo, por lo menos cuatro veces por semana, termina por recibir un sueldo mayor que aquellos que no son tan activos así en la horizontal. Según él, la diferencia de salario entre quienes no hacen sexo es de 5% con relación a quien sigue la regla de las cuatro veces semanales y de 3% con quien lo hace de vez en cuando.

Por supuesto que su extravagante teoría se apoya en que al no tener una vida sexual activa, las personas quedan más solitarias, además de ponerse ansiosas y depresivas. Al mismo tiempo, al hombre se le ha dado por hablar sobre el amor, lo que muestra que él se basó, teóricamente, en relacionamientos estables. Y en realidad, eso comprueba que la investigación es un gran lío.

Juzgo que, en efecto, la mayor práctica de sexo no es por sí sola un sinónimo de éxito, y eso de optar por no tener una vida sexual activa no quiere decir que uno quedará solitario y triste. Uno debe tener en cuenta que existen millares de maneras de llevar la vida cuesta arriba, y sólo cada individuo puede saber cuál es la mejor para su caso.

¡Ah! Sobre los salarios, mayores y mejores, basta con que uno sea competente, enfocado en su trabajo y saber aprovechar las oportunidades que surgen en su empleo…

Pero ya que iniciamos hablando del prestigioso filósofo, agrego que además de obras sobre el conocimiento, la moral y la religión, Kant escribió varias otras obras sobre estética, siendo la más importante la “Crítica de la Facultad de Juzgar”… Materia que este profesor griego parece no haber estudiado.

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La Alegría del Evangelio


No hace muchos días el Papa Francisco ha dado su propia versión del mercado. Muchos creen que ella fue muy negativa. Él la tituló “Alegría del Evangelio”. Por ejemplo, en cierto momento su Eminencia ha llegado a decir que el capitalismo mata, cuando en verdad, es evidente que, en los últimos dos siglos, las libertades políticas, la economía de mercado y la empresa privada, actuando de manera combinada, han sido los factores que han mejorado y alargado sustancialmente la existencia de las personas.

Incluso, en cierto momento de su discurso, Francisco llega a citar a San Juan Crisóstomo, que fue el peor de los antisemitas del antiguo mundo cristiano, y hace suya la frase: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son los nuestros, los bienes que poseemos; son los suyos”.

En todo caso, el economista argentino Benegas Lynch lanza una pregunta pragmática: ¿estará Francisco incitando a los italianos pobres a que asalten los tesoros del Vaticano con ese alegato contra los derechos de propiedad?

Además, Francisco mencionó: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”.

Curiosamente, sin llegar a referirse a ella, Francisco niega, implícitamente, la encíclica “Centesimus Annus” que fue promulgada por Juan Pablo II en 1991 tras el colapso del comunismo. No olvidemos que el Papa polaco fue un decidido apologista y criticón del mercado; aunque pensando mejor, tal vez eso se deba porque él había vivido en carne propia la experiencia del colectivismo marxista.

Pero en el caso específico de Francisco, y como todo el mundo es hijo de su circunstancia, este argentino es un detractor del mercado. Quizás eso se debe a
él creció en medio de la jerigonza peronista en materia económica (aunque los peronistas no lo quieren demasiado). En todo caso, es muy difícil haber alcanzado la edad adulta en medio del ruido y la furia del populismo y que no le hayan quedado cinceladas en su espíritu algunas cicatrices y deformaciones.

Entonces: ¿Con cuál de los dos Papas se queda uno? Allá los católicos con ese dilema, pues con certeza los agnósticos se quedarán al margen de la oportuna pregunta.

No en tanto, Michelle Bachelet, que también es agnóstica, sin embargo, no anda muy lejos del papa Francisco en su rechazo al mercado. Coinciden en la sospecha de que esa maligna forma de asignar bienes y recursos es culpable de los bolsones de pobreza que hay en el mundo y, especialmente, de la desigualdad que hoy se observa en Chile sin necesidad de usar binóculos.

Empero, aceptémoslo con cierta melancolía ya que América Latina -por diversos motivos- es mayoritariamente populista. En conjunto, la sociedad latinoamericana está más cerca del criterio del papa Francisco y de Michelle Bachelet que de quienes piensan que el mercado y no los funcionarios públicos o los comisarios políticos son el resorte económico que disminuye la pobreza y crea y redistribuye la riqueza de una forma menos imperfecta y más ajustada a la moral.

Dentro de ese tema, por ejemplo, Chile, precisamente, es un caso que lo demuestra. Es verdad que, de acuerdo con el índice Gini, es un país muy desigual en el que el 10% más rico recibe 35 veces más que el 10% más pobre, pero ese dato no revela toda la complejidad de la desigualdad.

Pero si de repente alargamos la vista hacia otras fronteras, encontraremos que los países menos desiguales del mundo son Azerbaiyán. Jamaica y Sierra Leona, que tienen mejores índices de desigualdad que EE.UU y Chile.

Eso nos lleva a decir: ¿Y qué? Sí, porque lo que se ve, es que el igualitarismo parece ser una quimera perversa que conduce a la miseria colectiva. Y si algunos no lo creen, entonces que se lo pregunten, si no, a los chinos de la terrible era maoísta o a los cubanos. O incluso, que se lo pregunten a Raúl Castro… Ellos pueden tener la explicación correcta sobre este dilema… ¿No le parece?

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Las Normas Artificiales Para el Mientras Tanto


Recuerdo que una vieja película italiana de la segunda posguerra llamada “Vivir en paz”, la que fue protagonizada por el gran bufo del burlesco, Aldo Fabrizi, muestra una Italia, así como toda Europa, salían de la Segunda Guerra Mundial herida, paupérrima, hambrienta, sin trabajo y con trastornos psicológicos de extrema gravedad, además de un éxodo masivo de población harta de horror, bombas, invasiones y las violaciones permanentes de los derechos más elementales.

Retiradas algunas partes más crueles de lo que ha sucedido durante el desarrollo de esos acontecimientos, pienso que una situación similar surgió hace cinco o seis años atrás en Norteamérica cuando el debacle financiero hizo reventar de vez aquella burbuja de prosperidad aparente de su economía.

Pero por suerte para el gobierno de los Estados Unidos, pese a la profunda crisis que fue generada, su versión del capitalismo sigue estando tan entusiasta como siempre. Por ejemplo, sus empresas de “Tecnología de la Información” (TI) continúan atrayendo a los mejores talentos y plantean algunas de las mejores ideas. Esto resulta en una potencia de servicios de negocios y finanzas. Por tanto, todo esto nada más indica que su don para la renovación no se apagó.

Empero, y conforme lo menciona un artículo periodístico publicado en el “The Economist”, los Estados Unidos han perdido terreno en la hegemonía económica, y solo se mantienen en pie por causa de las 400 normas falsas que se aplican a cada año.

Según lo indica el redactor, esto obedece, en parte, a que ellos no pueden poner en orden su propia casa en lo que respecta a la deuda del gobierno federal y, en parte, porque parecen que son menos capaces que antes de mantener y realzar el sistema internacional de mercados abiertos.

El fracaso, tanto en lo interno como en el exterior, surge del ácido clima político existente en Washington, lo que hace casi impensable lograr un compromiso entre todos. Aparentemente, el panorama internacional apenas les da un poco más de seguridad, pero sin embargo, los flujos globales de capital cayeron de US$ 11 billones en 2007 a un tercio de esa cifra.

A la vez, lo que se ve, y lo que intentan realizar como un paliativo temporario, es extender las medidas proteccionistas del comercio, como lo son las normas falsas de salud y seguridad, que pasan por debajo del radar de la “Organización Mundial de Comercio”.

Sin embargo, sobre las medidas proteccionistas, el grupo de monitoreo “Global Trade Alert” ve al menos 400 medidas de ese tipo cada año. Por eso no es de extrañar que se haya instalado en el gobierno de Obama esa especie de “permiso social” para resolver las cosas a los golpes y porrazos.

Claro que eso que se ve no es “corrección política”, es sentido común. Pero por otro lado, tenemos que el que pega para imponerse es un peligro, aunque no podemos descartar que todos tenemos una bestia interior… Sin embargo, pienso que es sólo cuestión de domarla.

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