Limerencia


Limerencia es ese estado mental involuntario resultante del amor obsesivo, lo que dicho en otras palabras, no es más que la derivación de una atracción romántica de una persona hacia otra, que  está combinada con una necesidad imperante y ostentosa de ser respondido de la misma forma.

En suma, es un estado interpersonal que involucra mil pensamientos, sentimientos, conductas obsesivas, invasivas y compulsivas; todo esto sujeto a una percibida reciprocidad emocional por parte del otro ente de interés.

En mi caso, mi mente se pierde entre las diagonales de tu cuerpo maduro, en cuanto mis pasos indecisos te buscan huyendo por esos conductos inmensos que engullen los mil colores de los atardeceres; esos que traspasan como agujeros negros el crepúsculo del último verano entre los sueños de espumas que he dibujado en sueños en los archipiélagos de arena de tus brazos.

Con su encantamiento, nos ha tocado octubre vestido de promesas, noviembre cobijando el temblor de tus caderas frescas que en diciembre hervirán mientras nuestras noches violetas derraman esperas.

No Quiero


Insisto, no me inventes cualidades ni virtudes, que yo no soy diferente a miles de mujeres que mueren o las que nacen a diario. No soy perspectiva, soy realidad.

Tampoco quieras cargarme con la responsabilidad de una mirada encantadora. No me incluyas en tus sueños de mujer prefecta. No quiero que me idealices con las cuestionables mansedumbres de la vida. No puedo, no quiero serlo.

Entiende que la cadencia de mis caderas no tiene el ritmo de tus deseos, ni mis labios saben a tiempo o a miel.

Yo no tengo ese tipo de dulzura con la que todo hombre enaltece a su dama, como tampoco llevo la fragancia de un perfume inolvidable preso a mis cabellos.

Lo que sí quiero, es que te sea indiferente si mi voz canta o grazna. Yo no soy canto, soy tan sólo palabra.

No coloques otros roles a mi vida. Soy, sin más, realidad, defecto y caos, y es justamente así como puedes nombrarme.

No permitiré jamás que me pretendas mujer celestial. No puedo. No quiero serlo.

 

Condena


El amor, cuando cabe todo él dentro de una sencilla flor, puede llegar a ser infinito, pero cuando de repente uno ha sido desterrado de ese refugio seguro que nos proporciona el amor y la pasión, entonces avanza contra el mundo y al mismo tiempo le teme.

En ese pasadero instante, con el corazón hecho añicos, uno construye con sus versos tristes otro mundo artificial que lo sustituya, dejando que sus poemas giren en torno a él, así como las flores lo hacen frente al sol en las mañanas de primavera.

Lo que nos queda, es esa gran sensación de vacío que se adueña del cuerpo cuando alguien se te mete en los sueños de tu vida, los destruye y luego se marcha. Restan entonces las mañanas en que ya nadie nos despierta y las noches en que ya nadie nos espera.

Ha de ser siempre así, como si las palabras y su tiempo estuviesen desajustados, como lo que debiera decirse ya no fuese oportuno, así como no lo será el día en que nos falte la vida y nada podrá ser dicho ya.

Devaneos


Mientras afuera llueve, permitamos que el cortinaje gris que en pesadas gotas se desmorona con prisa de un cielo lloroso, se asemeje mucho más a una reja que nos aprisiona y prende en un devaneo de amor.

Ven, siéntate aquí, junto a la ventana. Demos cuenta ya del café mientras, silenciosas, nuestras miradas se cruzan y nuestras mentes vagan entre sueños e ilusiones.

No hables, por favor, no digas nada. Tan sólo consiente a que una de mis manos se ahueque serena en tu rostro para que pueda sentir el jadeo de tu piel de durazno maduro.

Toma ya mi otra mano entre tus manos. Mantenla presa como quien detiene la vida entre suspiros.

No, no hables. Cierra los ojos y permite, como si fuese el humo que se eleva de dos ascuas en llamas y se enreda en uno solo, que nuestras almas se unan también en una sola y se eleven a la eternidad, perdidas en la oscura noche de las ilusiones.

Entonces verás que nada nos detendrá ya, ni los sueños, ni las quimeras.

Me Bastas Tú


Me basta con mirar tu foto para percibir en esos ojos de almendra madura toda la alegría del mundo que hoy llevas guardada dentro de ti.

Me basta con ver tu sonrisa de nácar para comprender el júbilo que escondes en tu alma de mujer en flor.

Me basta tan sólo con observar tu cabello rizado para imaginarlo aletear altivo frente al viento de primavera tal cual paloma que vuela vanidosa hacia la libertad.

Me basta con cerrar mis ojos y pensar en ti, y ciego de pasión lograr imaginarte de mil maneras diferentes como se imaginan sueños que no pasan de utopías.

Me basta con soñarte para yo también ser feliz a la distancia, mientras tanto idealizo como mis dedos torpes irán corriendo lentos por tus mejillas, a la vez que mis labios sedientos recuerdan tus besos de aguamiel.

Me bastas tú, para quererte eternamente.

Un Día Fui


Me encanta ver esa languidez que siempre se dibuja en tu rostro cuando la presumida ráfaga del viento traicionero insiste en enredarse en las madejas de tu pelo, y retoza en él como un niño que travesea en la calesita.

Con esos gestos de diosa encabruñada robas mi mirada, arrancas de mis ojos contemplaciones de arrobo, sustraes el aire que respiro en tu cercanía, dándome la impresión de que juegas con la luz del universo al quitarme el brillo del sol de la mañana.

Quiero continuar a recordarte cuando aún no existías en mi vida, cuando tú solamente eras sueños y utopías que me desvelaban por las noches mientras te soñaba como racimo de uvas maduras entre mis manos.

Quizás a nada de lo que ahora digo te pareces hoy y sin embargo lo eres todo a la vez, mujer de mi vida. Recuerda que antes de ti, yo era como una barca vieja hundida en la burda ribera de un río en remolino, un intruso errabundo sin destino en una soledad acribillada de sueño y silencio, que a su vez se sentía acorralado entre el mar y la tristeza, como alas rotas de gaviota que se va muriendo de pena al no poder volar.

Triste ternura fue la mía entonces, cuando ya vencido anduve errante por las calles con el corazón congelado y fracturado entre melancolías a tocar el vértice atrevido y frio de mis sentimiento, tal cual un viejo laúd al que se le revientan las cuerdas.

Hoy me siento orgulloso de ti, locura que mi espíritu exalta, embriaguez divina que sólo puede surgir del genio creador, porque durante los instantes que estás a mi lado dejo ya de acusarme por todo lo que un día fui, y porque junto a mí eres el aire que de tu regazo emana perfumes y armonías de la fuente de la vida, y porque con tu magia conviertes mi mundo en primavera.

 

 

 

 

 

Si Tu Vinieses


Si tú pudieses venir hoy, te prepararía un café con sabor a luna llena, y me sentaría frente a ti para contarte sin prisa cuál es la verdadera causa de mis desvelos.

Es que tú y yo es algo así como si estuviésemos juntos de a pedazos, de a rato, a fuerza de parpadeos, de sueños desatinados en los cuales mientras yo me entrego al sueño tu alma se escapa, viene y se refugia junto a la mía, cuando andariegas y unidas trajinan y vagan por los pasillos de nuestros sueños, se enlazan y enamoran mientras pasean descalzas entre naranjos en flor.

Sin embargo, tu puedes advertir que lo mío no es un amor supuesto, un emoción que ha surgido por causa del flechazo de algún cupido distraído, donde tu presencia es lo que menos importa porque eres parte de mi fantasía.

Créeme, lo mío es un amor real, un amor sin piedad y virtud que no busca reciprocidad y no se engaña, porque al conocer tus defectos, aun así te quiere.

Por las noches, al acostarme, apago el ruido de afuera y enciendo la música de mi interior, para entregarme a contar con mis dedos cada uno de tus lunares antes de ponerme a bailar en sueños la noche entera, abrazados los dos bajo un cendal de guirlandas de estrellas, llevándote aferrada junto a mi torpe corazón mientras aguardando que la madrugada muera en la aurora como la luna muere en el sol.

En mis sueños quiero, sólo quiero, que me abraces y en silencio me digas todo. Sin reclamos, sin pasado, sin nada de lo que te lastima o nos lastima. Sin nada ni nadie que interrumpa nuestro idilio.

Y ya ves, nada puedo hacer si tú no vienes. Contra eso, nada puedo hacer, vida mía.

Moriré en Ti


Por si acaso alguna vez el arfar de tu pecho se detiene y el amor que sientes por mí deja arder en tus venas, si a tu boca ya no llegan más las palabras que endulzan mis oídos, si tus manos se duermen y se olvidan de volar sobre mi piel, deja al menos tus labios entreabiertos para que nuestro último beso dure una eternidad, y me acompañe el calor de ese dulce tacto hasta la muerte.

Si ya no me amas, quiero morir besando en sueños esa brasa ardiente que anida en la boca tuya, rodeando con mis manos un pedazo perdido de tu cuerpo entre las brumas de la madrugada, mientras entretengo mi sueño y busco la luz de tus ojos cerrados para que alumbre mi última morada.

Aunque nuestro amor no pueda ser verdad, sé que otros días llegarán mismo que tú no estés presente. Pero eso sí, nunca han de morir nuestros instantes, nunca se terminarán los libros y los tesoros que acumulamos sin tregua durante la vela de nuestras auroras de amor.

Inclemente muerte súbita de un amor prometido que ha perecido brutalmente mientras nos hostiga la vida en una onda alta, altísima, sobre las demás ondas de este mar en furia que es la vida, tu amor nunca será sombra en mí.

Pálida mujer de vasta cabellera negra como negra son las noches sin luna, entre tus brazos y muy colado a tu piel ya me perdí en amores, y de amores en sueños moriré sin paz llevando tu nombre cincelado en flamas en mi corazón.

Sin tú ya no me amas, seré, que pena, un planeta errante en la distancia sideral, quizás un árbol sin hojuelas perdido y muerto en la floresta, un páramo seco en medio al río que corre y huye, una piedra más al pie de la montaña de esta vida loca… Adiós, vida mía, que ahora de la naturaleza caen lágrimas como océanos de tristeza.

Despedida


Aquí me tienes otra vez, luchando contra mis demonios, esos viciosos que se rinden cada vez que te ven, porque no obstante la mirada del cuerpo consiga a ser olvidada por veces, la del alma te recordará siempre.

Tantas veces me he prometido a mí mismo no volver a caer de hinojos ante mi flojedad, que creo que han sido las mismas veces que al mirarte he faltado a mi promesa de ser fuerte para no quererte otra vez.

Han sido tantas las ocasiones en que no me ha quedado más remedio que aceptar que soy yo el único culpable de la desilusión que me generas cada vez que te vas, aunque tú sigas, consiente, advertida del daño que me vas a causar.

No han sido escasas las veces que me he prometido que la próxima vez no volverá a ser igual a las demás, pero reconozco finalmente que termino por lanzarme de cabeza al abismo de tu tempestad, mintiéndole a mi mente que esta vez no tornarás a equivocarte, y hasta engañando a mis instintos que esta vez nada saldrá mal. Y ya lo ves, como resultado obvio de mi absurda debilidad, he llorado tantas veces arrepentido de ese amor tuyo que me causa tanto mal.

Pero acredito que esta vez ya no ha de ser igual, porque dirijo mis palabras a ti con absoluta seriedad, al decidir contarte que algo en mi ha cambiado en definitivo, y que después de haberte llorado tanto, hoy he despertado con nuevos planes, con nuevos sueños, pero, sobre todas las cosas, queriéndome mucho más.

Soy sincero, y te confieso que me ha costado mucho resignarme a la idea de que no eres tú quien hace mejor mi mundo, que ni hoy ni nunca serás el motivo de mi risa, y que tan solo serás un viejo recuerdo que dolerá más que cualquier otro.

Espero que comprendas que todo esto que ahora digo es sin ningún afán. Son solamente unas cuantas frases para poner un punto final. Así que hoy me marcho sin rencores, agradeciendo lo aprendido, sin nada que reprochar. Tómalo como una despedida, o quizás como un punto de partida para comenzar de nuevo sin mirar atrás.

Eso sí, nunca olvides lo mucho que te quise, ni nunca olvides que un día fuiste el buen motivo de mi calma y de mi tempestad.

Desamor


114-desamor

Vaya esa suerte mía, ya que tengo libertad para elegir como pensar, como pasar el tiempo que me resta y cómo afrontar la vida. Dicen que para una mente amplia, nada es pequeño en este mundo incrédulo.

Estoy cansado de amores fugaces. De ahora en adelante  buscaré solamente un amor que sea a fuego lento. Un amor en el cual sus besos sean como carbones ardientes que me traspasen y los pueda sentir en el alma.

Nunca más buscaré una persona perfecta para quererla a mi lado. Intentaré descubrir a quiera dedicarse junto a mí a hacer simplezas por la vida. A alguien que me trate bien y que le encante estar conmigo.

Usted sabe que en esta excursión hacia la muerte que es la vida, ya me sentí bien acompañado junto a usted, pero hoy me siento casi sin respuestas cuando imagino que allá lejos, allende del horizonte gris, quizás usted crea poco y nada en mis dogmas antes de dormirse, como quizás no le importe cruzarse fugazmente conmigo en los pasillos de mis sueños.

Quizás esté demás decirle que por su causa, a esta altura ya no creo en predicadores ni en ordinarios ni en oradores de oropel. Como tampoco creo en el arrepentimiento de los verdugos y los impíos, o en el doctrinario catecismo del conformismo de los abnegados, ni en el flaco perdón de Dios, ni en quien jura amor y luego se olvida.

A esta altura de la vida sólo creo en las manos que me tocan y en los ojos que me miran. En especial, diría que en vuestros ojos y en vuestras manos en particular, visto que toda usted es como la ambivalencia poética de la cicatriz, que tiene dos mensajes claros: aquí dolió, aquí sanó.

Pero como lo nuestro aun no sanó ni sanará tan fácil, brindemos ahora usted y yo por lo que fuimos y ya no volveremos a ser, por lo que me dio y le di, mismo que ninguno de los dos supiese percibir a tiempo que nuestro amor existió por lo que fue en su momento.

Brindemos asimismo por ese vuestro desamor y por la nostalgia del ayer, por ese orgullo que usted no abandonó y  por la insistencia que yo no supe guardar.

Dejémonos un beso final de los míos que usted no besó y  por sus besos que ya no besaré nunca más.

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