Desánimo


89-desanimo

Hermosa eras tú, altanero yo; y poco a poco nos fuimos acostumbrando uno a querer dominar, el otro a no ceder, y seguimos andando por esa apremiante senda hasta que nos resultó inevitable el choque, y un día concordamos en dar adiós a las mutuas manos y a las sienes que acercaban el amor. Hoy en día sólo ha quedado entre nosotros la fiel memoria y los desiertos días.

Ya no me resulta mágico el mundo si me has dejado. Ya no compartimos de manos dadas y pausados pasos la clara luna ni los serenos jardines. No existe más una luna que sea espejo de nuestro pasado. Sólo ha quedado en mí un cristal de soledad, un sol de agonías.

Como si fuese un enjambre de abejas irritadas, desde un oscuro rincón de la memoria surgen a perseguirme con insolencia los recuerdos de nuestros ayeres. Medroso y triste, entrego mis pensamientos a tocar el pentagrama de tu belleza y afinar mis melodías para un amor que ya se fue. Esfuerzo inútil. Los recuerdos me rodean, me acosan, me maltratan, me aguijonan el alma unos tras otros con fatuo encono.

Mismo así, he percibido en medio a mi dolor, que nadie pierde sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, y que no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.

Ensimismado en ese contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, creo que si una próxima vez vuelvo a perder a alguien, esa vez no será por tener pensamientos demasiado profundos, por tener estándares muy altos o sueños muy grandes, por tener demasiada alma, por tener los pies en la tierra, por amar demasiado, por empujar a otros a creer que el pasto es verde solamente si lo riegas.

Un día te rogué que no me tentaras. Y ya lo ves, hoy no puedo olvidarte.

Palabras


51-palabras

No es difícil notar como las palabras ruedan sueltas por las calles de la ciudad, y en medio del camino van sufriendo accidentes iletrados, se estropean en medio a los acasos del momento, se tiñen con los hábitos particulares y pronto se tuercen de acuerdo con la pasión dominante.

En verdad, estas palabras, más que mías son tuyas, las mismas que van trepando en mi dolor ya viejo como si ellas fuesen una madreselva prendida a un muro de piedra atrancado a cal y canto.

Quién sabe sea también un canto de amor vital, triste, tierno y angustiado, pero a la vez ardoroso y sereno en un crepúsculo lleno de tempestad en el corazón del verano.

Antes que tú llegaras pobló la soledad de mi alma otros amores y otros ardores, y poco a poco mi espíritu se fue acostumbrando más que tú a la tristeza y al desamor.

Sin embargo hoy, con su llama deletérea, la luz de mi pasión te envuelve y abraza, absorta, pálida, doliente y a su vez soñadora, luchando contra las mismas viejas aspas de la anochecida que en torno de ti y de mí dan vueltas como los antiguos molinos del Quijote.

Mientras el viento triste del otoño galopa arrastrando las hojas muertas de los árboles yo te amo, vida mía, y hoy mi alegría muerde en sueños tu boca de labios de terciopelo.

Hundido en medio a esa colosal realidad tangible y cotidiana que me abraza y duele, ángel de sueño, te pareces mucho a mi alma, pero creo que te pareces más a la palabra melancolía.

En mi mundo circundante tú eres pradera en flor, eres trigo maduro, pájaros al vuelo en primavera, fuego, viento, lluvia y ese ardor vital como miel de abejas de fuego en mi pecho, o vino de uvas maduras en mis entrañas.

Más que palabras, para mi corazón bastan tus besos, para tu libertad bastan mis alas de sueño a conducirte al paraíso. Desde mi boca, más que palabras, llegará a tu pecho y hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma.

Arenal de Sueños


32-arena-de-suenos

Ya no me alcanzará la triste noche, si recostado en mi cama como playa de blancas arenas, dejo que las tibias olas de tu mar de amor platinado por la luna al pie de infinitas estrellas, bañe mi cuerpo y refresque mi alma con tus besos de espuma.

Aguardo impaciente la barcarola de tus susurros para regresar ansioso de otros viajes y dolores, cediendo a que el vals de la serena luna doble mi cabeza soñando sobre tu pecho de flor nocturna.

Deseoso estoy para que los desvelos de mi vida se deshagan de pronto en añicos, cuando tu mano que vive y vuela, abran los puños delicados dejando caer en mi piel señales sin rumbo que amparen la noche de este viajero dormido.

Iremos juntos a viajar entonces a través de las aguas del tiempo, en cuanto yo sigo el agua que llevas y que me lleva por la noche entre olas de pasión, por el mundo, hasta que el céfiro de la muerte nos envuelva en el destino.

Quiero que vivas amada mía, en cuanto yo, adormecido, te espero en los sueños de la madrugada. Quiero que tus oídos continúen oyendo el viento de mis clamores de ardor mientras hueles este amor de mar que aprendimos a amar juntos, y que sigas pisando la misma arena que nuestros cuerpos se acostumbraron a pisar un día.

Hoy, ausente de mí, sé que por otros sueños tu corazón navega. Cierra tus párpados, cierra ya esos sueños y entra con tu cielo en mis ojos. Dormirás ahora con mi sueño, e iras, iremos juntos los dos, a navegar por las aguas puras como ámbar dormido.

Entonces ya no seré apenas tu sueño, y viajaras de manos dadas siempre viva, siempre sol, siempre mar, siempre luna.

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