Suéñame


Tuve algunos amores que en los días de cataclismo agrietaron mis puentes, que hundieron la vereda de mi vida, que me hicieron perder el equilibrio. Otros de ellos, no obstante, fueron tan sólo réplicas. Amoríos de tan baja intensidad, que ni siquiera me hicieron temblar mientras los otros viejos amores aun respiraban bajo las ruinas.

Hoy, bajo el amparo de la oscura noche mi cuerpo se estremece, pero como cada velada, por larga y sombría que sea tiene su amanecer, han de ser tus besos los que me acompañen mientras tu sonrisa me protege.

Temo que seas tú aquel sentimiento que cuantiosos llaman de felicidad. Y qué fortuna ha de poseer quien pueda amarte y brindarte mil besos con sabor a mar, hechos de sal y viento, de olas que rompen en la arena, de gaviotas que graznan al amanecer.

Sí, te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. Te quiero como para no dejarte partir nunca más. Te quiero como se quieren a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás… ¡Suéñame, me hace falta!

Virtud


Hay momentos en que debemos cerrar la ventana del alma o, como austera prevención, entornar los postigos que la encierra y abriga, ya que en su sutil esencia no existen puertas lacradas.

Nos basta con un descuido para que se nos meta en los ojos las hojarascas de los ayeres, nos oprima el pecho los desencantos y sus dramas, nos sometan los resquicios de amores que ya partieron a otros brazos, a otros besos.

Es una virtud muy complicada. Requiere sencillez de espíritu para enfrentar las exuberancias del corazón, los amores furtivos, los breves instantes de una felicidad que un día despertaron dentro de nosotros como si fuera un motín de estremecimientos de la cabeza a los pies.

Que no nos abandone la perseverancia. La dificultad es un muro de contención que nos priva de cambiar por completo nuestra concepción del mundo. No se puede abandonar la vida por la puerta falsa. Hay que vivirla llevando de la mano nuestros fantasmas.

Imposible


No tiene sentido decirlo, pero junto a ti me gustaría escribir un diccionario de locuras, un manual de abrazos, una enciclopedia de besos y una colección de recuerdos nuevos. Me gustaría escribir una vida contigo. La tuya, la mía y la que hagamos nuestra.

No tiene sentido que te lo diga, porque es imposible convertirlo en realidad. En verdad, lo imposible no pasa de una burla sarcástica de los dioses, los que quieren que nuestra obsesión nos invada la conciencia y nos robe la sensatez. Quiera o no, todos venimos a este mundo con la contumacia de utopías, y pretendemos poseer siempre lo que no se puede, mismo que la utopía tenga el garbo de sus mitos, el prodigio de las quimeras.

Frente a ese desafío de lo imposible, yo sigo aquí, en la resaca de un cupido que no madura; sentado en el borde extenso de una cama solitaria; soñando con todos los besos mudos que nos debemos, y con tus caricias, que se equivocaron de estación.

Me Bastas Tú


Me basta con mirar tu foto para percibir en esos ojos de almendra madura toda la alegría del mundo que hoy llevas guardada dentro de ti.

Me basta con ver tu sonrisa de nácar para comprender el júbilo que escondes en tu alma de mujer en flor.

Me basta tan sólo con observar tu cabello rizado para imaginarlo aletear altivo frente al viento de primavera tal cual paloma que vuela vanidosa hacia la libertad.

Me basta con cerrar mis ojos y pensar en ti, y ciego de pasión lograr imaginarte de mil maneras diferentes como se imaginan sueños que no pasan de utopías.

Me basta con soñarte para yo también ser feliz a la distancia, mientras tanto idealizo como mis dedos torpes irán corriendo lentos por tus mejillas, a la vez que mis labios sedientos recuerdan tus besos de aguamiel.

Me bastas tú, para quererte eternamente.

Ya no te Pienso


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De pronto uno tiene la firme intención de alejase de las imágenes queridas, pero me he dado cuenta que justamente en una de estas tu has quedado prendida, frágil, en la línea tenue del horizonte añil.

Te quiero, es verdad. Por veces lejos y fuera de mi vida y de mis pensamientos. Otras veces, inclusive, quisiera no quererte, pero aquí estoy. Y aun te quiero.

He percibido que este mundo en que vivimos, no pasa de una vitrina gigantesca en la cual lucen opacas ausencias imborrables, gran parte de los hechos acontecidos y tal vez por acontecer, tendencias, ilusiones, pronósticos, un plagio de dioses de barro y de papel, de semidioses que no lo son ni nunca serán, toda especie de nostalgia, corazones ajenos, unos enteros otros en añicos, y, en una de sus esquinas, un remanente de consternaciones de la comedia humana.

No han sido escasas las veces que me entregué a mirar todas esas minucias allí expuestas bajo mil luces coloridas, y puede que las haya advertido en un estado infrecuente, pero eso sí, sin llegar a reconocerlas como mías y tuyas.

Las he observado con detenimiento y examinado con la misma precisión de un joyero, cuando finalmente advertí que muchas son parte integrante de nuestra desolación. Son esas ínfimas cosas que he ido acumulado desde el tiempo de nuestros besos queridos y que hoy llevo guardadas en mi archivo memorioso, cuando ya no sé más si las debo confinar en el cielo o en la basura.

De pie frente a esa vitrina de ilusión perdida, me quedo pensando en lo que fuimos, pero sobre todo en lo que no fuimos ni pudimos ser cuando el sueño nos abrazó en la noche de las tinieblas, en cuanto el presente vibraba como un juego de niños practicado por adultos.

Hoy he dejado de pensar en muchas cosas, pero eso sí, ojalá tu sigas pensando en mí.

Desamor


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Vaya esa suerte mía, ya que tengo libertad para elegir como pensar, como pasar el tiempo que me resta y cómo afrontar la vida. Dicen que para una mente amplia, nada es pequeño en este mundo incrédulo.

Estoy cansado de amores fugaces. De ahora en adelante  buscaré solamente un amor que sea a fuego lento. Un amor en el cual sus besos sean como carbones ardientes que me traspasen y los pueda sentir en el alma.

Nunca más buscaré una persona perfecta para quererla a mi lado. Intentaré descubrir a quiera dedicarse junto a mí a hacer simplezas por la vida. A alguien que me trate bien y que le encante estar conmigo.

Usted sabe que en esta excursión hacia la muerte que es la vida, ya me sentí bien acompañado junto a usted, pero hoy me siento casi sin respuestas cuando imagino que allá lejos, allende del horizonte gris, quizás usted crea poco y nada en mis dogmas antes de dormirse, como quizás no le importe cruzarse fugazmente conmigo en los pasillos de mis sueños.

Quizás esté demás decirle que por su causa, a esta altura ya no creo en predicadores ni en ordinarios ni en oradores de oropel. Como tampoco creo en el arrepentimiento de los verdugos y los impíos, o en el doctrinario catecismo del conformismo de los abnegados, ni en el flaco perdón de Dios, ni en quien jura amor y luego se olvida.

A esta altura de la vida sólo creo en las manos que me tocan y en los ojos que me miran. En especial, diría que en vuestros ojos y en vuestras manos en particular, visto que toda usted es como la ambivalencia poética de la cicatriz, que tiene dos mensajes claros: aquí dolió, aquí sanó.

Pero como lo nuestro aun no sanó ni sanará tan fácil, brindemos ahora usted y yo por lo que fuimos y ya no volveremos a ser, por lo que me dio y le di, mismo que ninguno de los dos supiese percibir a tiempo que nuestro amor existió por lo que fue en su momento.

Brindemos asimismo por ese vuestro desamor y por la nostalgia del ayer, por ese orgullo que usted no abandonó y  por la insistencia que yo no supe guardar.

Dejémonos un beso final de los míos que usted no besó y  por sus besos que ya no besaré nunca más.

Recuerdos


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Los recuerdos suelen doler de acuerdo con la intensidad que nuestra memoria esté preparada para guardar imágenes y momentos que han quedado detrás del tul de la nostalgia. Pero cuando estos surgen, agoreros, descabezados, siempre habrá un precio a desembolsar.

Con todo, hay que tener en cuenta que un recuerdo es aquella imagen del pasado que guardamos en la memoria, ya que ésta tiene la capacidad condescendiente y generosa de lograr almacenar, retener y recordar alguna información del pasado. Es más, no pasa de una función cerebral que gracias a las conexiones sinápticas entre las neuronas, nos permite retener las experiencias vividas. Implícitamente los amores fallos, los besos perdidos en el viento de primavera o los abrazos que estrechamos rompiendo corazones.

Ese dolor causado por el recuerdo, nos viene de la mano de la nostalgia, porque ella es descrita como un sentimiento de anhelo por querer revivir un acontecimiento, momento o situación del pasado que el amor nos concedió.

Usualmente, cuando se nos ocurre hablar del recuerdo, nos remitimos a un sentimiento que cualquier alma puede atravesar en cualquier etapa biológica de su vida, pero que suele traer a sus espaldas el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido o vivido en una época y ahora no se tiene, está extinto o ha cambiado, aunque la nostalgia se puede asociar a menudo con la memoria cariñosa de la niñez, de un ser querido, un lugar, juego, objeto personal estimado, o un suceso en la vida del individuo o grupo.

Sin embargo, los recuerdos de amores de ayer no dejan de ser como las palabras. Y aunque una multitud diga lo contrario, a éstas no se las lleva ningún viento. Porque cada palabra destruye o edifica, hiere o cura, maldice o bendice, o nos hace caer de rodillas si se trata de la pasión.

Para evitar sufrir con esos sentimientos dolorosos de los recuerdos, debemos aprender del árbol, ya que todo lo que él tiene de florido, viene de lo que tiene sepultado en sus raíces y se convirtió en recuerdos.

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