Existe el Dolor de Cabeza Sexual


Cualquier lacerado leyente sabe muy bien que los irrefutables terráqueos insisten en aseverar la ultrapasada teoría de que este síntoma crucial “en la hora del vamos ver”, es un problema que atañe especialmente a las vírgenes imprudentes, sin necesidad de que exista una comprobación científica para tan delicado momento.

Pero resulta que cuando ellas superan sin estrechez esa mortificante etapa -aunque algunas féminas afirman todo lo contrario-, su foco pronto muda de dirección, y el dolor de cabeza pasa a ser la buena y vieja disculpa que ellas utilizan para no herir los sentimientos de su pareja cuando no quieren ser molestadas.

En todo caso, mi hastiado amigo, le diré que eso no es sin fundamento. Claro que usted me dirá que ese alegato es usado como disculpa cuando la mujer no está con aquel pique todo que usted tanto desea y pretende, pero todo indica que existe un fondo científico en la cosa.

Así pues, la llamada “cefalea copulogénica” -que en lo vulgar se traduce como dolor de cabeza en la hora del vamos ver- es un problema real. La diferencia de este con los otros dolores craneanos, es que él ocurre antes del sexo, justamente cuando las cosas comienzan a ponerse calientes… Sin necesidad de enchufar la estufa.

Por consiguiente, cuando las dos palomitas están de alas abiertas y picos juntos y sedientos bien en medio de las preliminares, es justo cuando la mujer pasa a sentir un dolor de cabeza que la desconcentra y ella ni se imagina de donde surgió… Porque es elemental que se ponga a pensar que aquel primer dolor que ella sintió, ya ocurrió hace mucho tiempo.

Explicando mejor el asunto para todos aquellos cándidos personajes mortales que insisten en querer andar en dos pies, resulta que cuando ella comienza a sentir un estímulo sexual, su presión arterial aumenta, su corazón bate más rápido y su respiración se pone más intensa… Y no piensen ellos que eso ocurre porque lo ha visto desnudo. ¡No, mi amigo! Todo eso acontece rápidamente y puede llegar a causar falta de confort en algunas mujeres por causa de sus desequilibrios hormonales.

Circunstancialmente, también existe la posibilidad del tal dolor ser emocional. Eso mismo, pues ella puede -sin querer- estar somatizando sus problemas. Le diría que la voluntad de sexo hasta puede existir, así como el deseo que ella tiene por la otra persona, pero parece que alguna cosa la traba y hace con que se sienta insegura o que acabe de vez con los buenos sentimientos y deseos de aquel momento.

Parecería que en tal momento, su cerebro, -espero que así sea-, la engaña con un dolor de cabeza causado por los sentimientos… O por el susto (grande o pequeño, da igual).

Por supuesto que como no da para diferenciar los dolores, lo ideal es siempre ellas procurar un médico. Lo mejor sería que comenzasen por hacer una visita al ginecólogo, y si este no encuentra nada -entre oreja y oreja-, que ella parta para la terapia -no necesariamente a dos.

No sé, pero pienso que toda mujer merece tener una vida sexual feliz y aprovechar sin impedimentos sus mejores momentos… Además de no estropearle los relámpagos de su compañero… ¿No sería formidable?

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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¿De Quién es la Culpa?


Es casi una obligación deleitable poder reconocer que el carismático leyente de hoy sabe muy bien que eso de querer imputar a otros individuos todo aquello que les resulta incómodo, contrario a sus planes, o un producto de sus propios errores e ineptitudes, se ha convertido en el rasgo más común en el comportamiento de algunos de los líderes de la actualidad.

Creo que todos nos hemos hartado de escuchar frases tales como: “No tenemos una economía sana, por culpa de los gobiernos anteriores”… Esas son locuciones que dos por tres salen a enunciar desde las ventanas los actuales mandatarios de casi toda Europa, nada más que en una similitud que ya todos estamos fastidiados de oír por estas latitudes, y que parece ser el modelo de comportamiento que han importado de nuestras tierras… Sin pagar aranceles, obvio.

Y debe ser verdad, mi amigo, porque a nosotros siempre nos ha parecido normal que los sucesivos gobiernos de América Latina se les antojase echar la culpa de nuestras desgracias a alguien que estuvo antes ocupando el cargo, o cuya acción y talante los hacía susceptibles de endilgársela sin mayores problemas secundarios.

En todo caso, tampoco podemos olvidarnos que así ha venido sucediendo desde tiempos lejanos, como lo fue con los incas, con los españoles de la conquista y la colonización, o más recientemente con el imperialismo inglés y ayer con el norteamericano… No en tanto, lo que ha sobrado en la actualidad, es que ahora culpamos el naufragio de la economía a la hipocresía mundial.

Por su vez, y sin necesidad de ir más lejos, el sabio leyente puede observar que en la coyuntura de hoy, a supuestos acosos periodísticos se le atribuyen no pocas tragedias personales y sociales.

Recuerde que ya no hay funcionario público al que se le acuse de alguna podredura, bien sea tráfico de influencias o corrupción, y al que no le oigamos decir que él está siendo víctima de una persecución política. A su vez, y unos escalones más arriba, si hay despilfarro del erario público, su origen, según muchos de sus actores, reside nada más que en la falta de diligencia de terceros o en la torpeza de algún cuarto y oscuro funcionario.

De igual modo, nos basta con recordar que algunos mandatarios latinos alegan que ya tienen un “Plan B” prontito en el cajón de su pupitre para driblar la esdrújula situación del momento.

En todo caso, pienso que debemos estar preparados para lo que vendrá, pues los pueblerinos deberíamos pensar que si éste nuevo plano también fracasa, luego ellos se pondrán a buscar -y encontrar- a los responsables por el nuevo naufragio, bien sea entre los que encabezaron los gobiernos hasta los inicios del 2000 o culpar, quien sabe, una otra vez la falta de diligencia de terceros en el escalón, o quizás por causa de la torpeza de algún cuarto y oscuro funcionario que no es de su partido.

Claro que esos los mandatarios más populistas, luego se vendrán con que si tal vez la pobreza no cede o se extingue, siempre habrá un responsable ajeno y disponible a quien le imputar los motivos.

Pero a su vez pienso que no debemos ser tan criteriosos ni aguafiestas, aunque igual sepamos que a algunos pesimistas se les antojará decir que eso es algo consustancial con nuestra idiosincrasia… ¿Será?

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Los Pelos de Hoy Definen su Cara


No sé, pero ciertos incautos especulan que, seria y docta, como era la de los filósofos griegos, o desaliñada como la de los beatniks, la barba, desaparecida durante décadas, está de nuevo de moda en Francia y varios países más. En todo caso, sobre los galos, lo que tenemos, es que en la tapa de la revista gay “Têtu” de julio-agosto, dos hombres con las barbas perfectamente cuidadas se abrazan… Que imagino sea para ocultar sus peligrosos gustos en la oscuridad.

Así pues, tenemos que en el desfile de la casa de moda francesa “Maison Martin Margiela”, en junio, varios hombres ostentaban pobladas barbas con sumo orgullo, entre ellas algunas rojizas, como las de los vikingos.

También el talentoso creador brasileño Gustavo Lins escogió a un hombre con una barba tupida para presentar algunas de las elegantes prendas que propuso en la “Semana de la Moda Masculina” de París. Y la marca “Zadig et Voltaire” escogió para su última campaña de publicidad a un joven barbudo montado en una moto.

No hay más que ponerse a hojear cualquier revista de chismes para ver a actores, productores y directores de Hollywood, como George Clooney, Ben Affleck y Brad Pitt, o a ex estrellas del fútbol como David Beckam, luciciendo barbas que les sientan muy bien y acentúan su virilidad… Aunque ellas reclamen de que eso les destroza las medias de nylon.

En todo caso, el fenómeno de las barbas apareció hace menos de dos años entre “los franceses que siguen e imponen las tendencias en la moda”, explicó a la AFP Laurent Cotta, historiadora de moda. La moda de la barba “es cíclica”, resaltó la experta, recordando que la barba data de la antigüedad, cuando los filósofos griegos ostentaban floridas barbas… Por causa de que la Gillette aun no existía.

Pero la barba como símbolo de “virilidad guerrera” remonta al rey francés Francisco I (1515-1547), que se dejó crecer vellos faciales para disimular una cicatriz en el mentón, recordó la barbiespesa Laurent.

Por su vez, a mediados del siglo XX, cuando esta ya no estaba de moda en los círculos de poder, “la barba reapareció con los beatniks”, que querían poner en evidencia su menosprecio por el mundo de las apariencias, observó Cotta… “El vello facial masculino es un signo de rebelión (…). Recuerden que Jesucristo es considerado por algunos como el primer hippie”, comentó ella… Totalmente en contra de lo que afirma el papa Francisco.

Como sea, este fenómeno desapareció, hasta que la barba de dos a tres días triunfó en la década del 90… Que según el barbilampiño de mi vecino, coincide para cuando la Gillette aumentó los precios de las láminas.

Aparte de las glosas maniáticas de mi vecino, tenemos lo que la historiadora señaló: “Es mucho más fácil usar barba si se trabaja en sectores artísticos y culturales, que si se trabaja en un banco o en una oficina”… Y pienso que de bichicome también.

Por otro lado, Antoine Ettori, un diseñador gráfico de 28 años, se dejó crecer la barba hace un par de años. “No soy el único en mi profesión”, dijo, expresando que las barbas son bien vistas en este sector… “Exige más cuidados y mantenimiento que si me afeitara, porque la recorto regularmente, casi una vez al día, para no dar un aspecto desaliñado. Y mi barbero la cuida muy bien”, alcanzó a explicar el barbiluengo Antoine.

La francesa Sarah Daniel-Hamizi -queriendo imitar a Cesare Sterbini y Gioachino Rossini con su “Il barbiere di Siviglia”- abrió hace diez años su salón “La barbera de París”, en el barrio nueve de esta capital europea, llegando a afirmar: “Mi clientela es cada vez más numerosa (…)”, y señalando que los más asiduos van a su casa a acicalarse los pelos una vez por semana.

En todo caso, el reportero de la AFP le preguntó: ¿Quiénes son sus clientes?, a lo que ella confesó de lo más campante: “Homosexuales y heterosexuales, sobre todo profesionales y cuadros superiores”. Sabia respuesta de esta estilista, que cobra nada menos que 18 euros por recortar la barba, 27 por esculpirla y 7 por una depilación de pómulos o de los orificios nasales.

Considero que examinando el tema por un otro ángulo, el acto de pensar sobre tan velludos asuntos pasa a tener la misma ambivalencia que tenía la manteca para Marlon Brando en la película “Último tango en Paris”, o sea, por la mañana para pasarla en el pan, mientras que por la noche servía para empalar sus víctimas sonrientes… Que en este caso específico, más bien sirve únicamente para dañar medias femeninas… ¡Primor de sabiduría!

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En la Cucaracha Vida


Cualquiera debería tener en cuenta que lo que pasa en el mundo y lo que le sucede a un viviente pensante, son dos coordenadas distintas que muchas veces no se juntan ni se armonizan ni se tocan… Opino que lo mismo puede decirse sobre el ser histórico y el ser cotidiano, que van cada uno por su senda, uno en el fondo, otro en primer plano.

En todo caso, mi continente lector, lo convido a que hagamos el siguiente raciocinio utilizando los sucesos del pueblo chino. Por ejemplo, esos habitantes, como “seres históricos”, ya han sido sacudidos por interminables guerras internas, pestes diversas, catástrofes varias, quiebras económicas, revoluciones sociales y transformaciones que les han llegado algunas veces de la mano de la ciencia, la tecnología, el carisma de algunas mentes sediciosas o de las reacciones no siempre amigables de la naturaleza, harta de tanto avasallamiento y falta de respeto.

Por otro lado, “como seres cotidianos”, estos varios millones de terráqueos necesitan cargar con lo bueno y lo malo de su existencia diaria, como lo es la familia, el trabajo, las enfermedades, los altos y bajos, la fortuna y la desgracia, ésta, siempre esperándolos -como a cualquiera-, a la vuelta de cada esquina ya sea por el billete premiado o el asalto tan temido.

En fin, es la vida, dirán muchos, ya que ésta, en su transcurrir a veces vertiginoso, no nos deja tomar conciencia de nuestro destino, el cual es modificado dramáticamente por sucesos históricos que condicionan nuestro día a día… ¿Por qué lo digo?

Bueno, es que cuando más de un millón de cucarachas terminan por escaparse de un criadero, puedo imaginar el impacto que ello puede causar en todo viviente

Pues le diré que esto ya no es una ficción cinematográfica digna de un Alfred Hitchcock, puesto que en el este de China, conforme lo informó hace unos días la prensa local, un especialista sanitario tuvo que salir alígero a pedir a los habitantes de los alrededores de Dafeng para que ellos mantuviesen la calma… Que pienso, sería para que algunas desvariadas no se subiesen a las sillas y comenzasen a gritar, histéricas.

En todo caso, siempre de acuerdo con lo que informó el periódico “Xiandai Kuaibao”, estas lindas cucarachas eran utilizadas para la fabricación de medicamentos tradicionales chinos… Y probablemente estas también se encuentren en la fórmula de algún medicamento que uno consume.

Pues bien, parece que ese ciclópeo escuadrón de sabandijas terminó por escaparse de sus habitáculos luego después que “un individuo no identificado” destruyó el vivero de reproducción que estaba situado en una granja de la comunidad de Dafeng, conforme lo acrecentó el periódico publicado en nanquín.

Así pues, las autoridades sanitarias de la provincia de Jiangsu necesitaron enviar a cinco especialistas, los que fueron encargados de una operación de desinfección para eliminar los insectos. Y lo que llevó a uno de esos especialistas a pedir a la población para no entrar en pánico… Al final de cuentas, esos animalitos se destinaban a un fin misericordioso en pro de una humanidad más sana.

Como creo haberlo mencionado antes, la fortuna y la desgracia están siempre esperándonos a la vuelta de cualquier esquina, y eso debe haber impactado en el ánimo del propietario de la granja, Wang Pengsheng, quien había investido este año cerca de 100.000 yuans (16.200 dólares) para adquirir nada menos que 102 quilos de huevos de “periplaneta americana”, una especie de cucaracha de varias patas, no dejando claro si estas se comunicaban en inglés o en mandarín.

Por supuesto, de corazón sereno y llevando en el pecho la certeza de que el equilibrio continúa a reinar soberano en el planeta en cuanto algunos se encargan de manipular las coordenadas preliminares que afectarán en algún momento nuestras vidas, sólo me resta avisar al lector, que es inútil ponerse a leer Camões sabiendo de antemano que Inés está muerta… ¿No es periclitante?

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No es Sólo Copiar el Software


Algunos afirman con inflexión vehemente que en esta cuestión no es necesario que invente más nada. Habría sí, entonces, que mirar algunos de los modelos exitosos de educación que se utilizan en otros países lejos de nuestras fronteras, analizarlos con conciencia para después comprender si estos calzan a la perfección o no en nuestra realidad.

Sin embargo, lo que tenemos cuando las buenas intenciones vienen acompañadas de caritativas dosis de obcecación, son las intolerantes ocurrencias de situaciones como el descalabro en la asignación de cupos.

Quizás, para evitar en revés, era sólo era cuestión de pedir asesoría a quienes han descentralizado y desconcentrado el sistema educativo con éxito, aprender de su propuesta informática, además de testear anticipadamente una y mil veces el grado de correspondencia entre asignar un cupo por el lugar de residencia y la oferta de los planteles. Igualmente, debería existir también un plan de contingencia para cuando los cupos se acaban y, por lo tanto, no esperar a que el software resuelva todo al azar. O sea que la computadora busque una escuela donde hay cupos, sin analizar el lugar y el horario.

Por ejemplo, como el software es burro y sólo hace lo que fue programado, resulta que un niño que se quedó sin cupo para ir a una escuela cerca de su casa puede haber sido reubicado lejos, muy lejos de su hogar e, incluso, en un horario que escapa de toda lógica. El sistema, sin lugar a duda, no es capaz de comprender que ese niño no solo tiene que levantarse más temprano (lo que significa menos horas de sueño), sino que el nivel de competencia que el niño tendrá con sus similares estará en desventaja porque la distancia significa tiempo de ida y vuelta, y resultaría peor aún, si la computadora le asignara un horario para la tarde o la noche.

Es decir, el sistema informático no solo debería rastrear donde hay cupos disponibles, sino que también debería asignar una reubicación espacialmente sin poder que salirse de ciertas fronteras geográficas.

Es obvio que justificaciones las habrá por montones e, incluso, existirán hasta las comunes bravatas de las autoridades encargadas del sector y de sus propios superiores en el escalón administrativo. Sin embargo, pienso que hacerse cargo de algo complejo supone, en primer lugar, reconocer que en el mundo hay miles de experiencias exitosas, y que eso de querer poner la marca “made in nuestro país” significa, en segundo lugar, que hubo un proceso de mejoramiento de algo que ya existía, además de comprender que muchas veces los cambios y retoques requieren del menos común de los sentidos, el sentido común.

En todo caso, lo que se percibe, es que este descalabro no solo provocó una percepción de resistencia hacia algunos servidores públicos, sino que también nos dejó una lección clara: “antes de hacer las cosas, hay que probarlas”, mi amigo.

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Las Razones del “Idiota”


Desde ya, aviso al sensible lector que el contenido de esta página no tiene nada que ver con ladrones o asesinos, aunque el leedor a veces sea víctima y testigo de estos desastres, mientras otros sólo leen las noticias y contempla las fotografías que contienen imágenes de tragedias en los títulos y les cueste trabajo creer… Quizás cosas ocurren y sea impropio o poco delicado preguntar su porqué por una razón por todos conocida, la de no querer mostrar nuestra ignorancia, ya que esta podría ofender a los otros, y uno nunca se sabe cómo va a reaccionar la sensibilidad de aquellos… Pero cómo vamos a tener certeza, si nuestra propia sensibilidad se comporta de manera tantas veces imprevisible para nosotros, que creíamos conocerla.

En definitiva, la fórmula escrita no admite medios términos ya que éste es un acto delicadísimo, donde la distancia y proximidad efectiva o afectiva siempre tienden a una determinación radical que, en un caso u otro, acentuará el carácter, ceremonioso o cómplice, de la relación que la estupidez humana establezca, y lo que acaba por ser, siempre, y en cierta manera decisiva, un modo paralelo a la reacción real, divergentes.

Pues bien, resulta que hace unos días, un ciudadano americano de 58 años, morador de Cleveland, borracho como una cuba, decidió llamar para la seccional de policía. Hasta allí, todo bien, pero su llamada fue rastreada y, en definitiva, el hombre acabó siendo condenado a una pena “alternativa”… Por una semana, tendrá que sostener una placa en la frente del departamento de policía durante tres horas diarias, conforme lo informó el sitio norteamericano “Gawker”.

En todo caso, en la placa que está siendo exhibida por Richard Dameron, están las siguientes palabras: “Yo pido disculpas para la policial Simone y a todos los policías por haber sido un idiota al llamarlos y amenazar con matarlos. Yo lo siento mucho, y eso no va a suceder nuevamente”.

No quiero ni pensar si esto ocurriese aquí, pero ese tipo de escarmiento no es inédito en la referida cuidad, ya que en noviembre de 2012, la misma jueza que condenó Richard, había ordenado que una mujer de 32 años sostuviese una de esas ilustres placas después de ella haber dirigido por la vereda para ultrapasar un ómnibus… “Sólo un idiota dirigiría en la vereda para evitar un ómnibus escolar”, indicaba el mensaje que tuvo que ser expuesto por aquella automovilista experta.

Por otro lado, por causa de esa perspicacia divina que Dios otorga a los idiotas, tenemos que en Qena, a unos 420 kilómetros al sur de El Cairo, Egipto, ocurrió una prisión ornitológica por causa de un vecino que, al ver un dispositivo en la espalda de una cigüeña, pensó que se trataba de un aparato de espionaje e informó a las autoridades. Por consiguiente, la prisión local acabó disfrutando entre rejas la presencia de un preso un tanto cuanto diferente, ya que la zancuda acabó siendo capturada por tener un dispositivo electrónico anexado en sus plumas.

Así pues, la prisión de la volátil zancuda nada más ocurrió por causa de que los concienzudos oficiales de aquel distrito, quienes juzgaron que el dispositivo podría ser un módulo de espionaje, lo que nos lleva a pensar que para las autoridades egipcias, las cigüeñas también pueden ser un James Bond con plumas.

La apenada plumajea, afligida por no poder cumplir con su noble labor -la de trasladar bebes desde París-, en medio de las protestas que sacuden dicho país tras el golpe de Estado contra Mohamed Mursi, provenía de Hungría cuando fue apresada por la sospecha de que el localizador GPS que portaba en su dorso podía ser un aparato para espiar.

La confusión fue resuelta apenas con la llegada de un veterinario, quien afirmó que el ave cargaba un dispositivo francés para monitorear el movimiento migratorio. El ave fue finalmente liberada y pudo así seguir su vuelo migratorio, conforme informó la web del diario “Blikk”.

Después de resolver el mal entendido, la policía “liberto” la cigüeña y la tiró de atrás de las rejas, y esta ahora tendrá que apresurarse ya que acumuló varios días de retraso frente a sus compañeros en su viaje estacional hacia el Sur.

La Asociación de Ornitología y de Protección del Medio Ambiente de Hungría (MME), que había anillado al animal y colocado el geolocalizador, anunció que “las autoridades egipcias analizaron el caso y declararon que el ave no significa un peligro de seguridad nacional”. Por su vez, la MME reconoció a la cigüeña gracias a las fotos publicadas en la prensa, y se puso en contacto con las autoridades egipcias para aclarar el asunto y lograr que se pusiera en libertad al animal.

Por lo tanto, ante la inanidad de algunos caminantes, intuyo que la estupidez contemporánea esté, así como los forúnculos, en el apogeo de su madurez y pronta para explotar de forma pirotécnica… ¡Mejor, abrir el paraguas!

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El Eclipsado Jefe Sioux


En su época Gall fue un grande, el paradigma de piel roja. Mano derecha de Toro Sentado, a cuya misma tribu sioux, los correosos e irreductibles hunkpapa, pertenecía, se le atribuyó el liderazgo indio en Little Big Horn, la debacle del 7º de Caballería. Los soldados lo reconocían con aprensión por su físico intimidatorio y el uso distintivo de una manta roja. También por su coraje: al igual que George Armstrong Custer, precisamente, solía montar enseguida otro caballo cuando le mataban el primero entre las piernas para seguir lanzándose con gran arrojo al ataque. Se le conocía asimismo por ser capaz de actos muy salvajes: en 1872, mientras con su banda hostigaba la columna del 17º de Infantería del coronel Stanley tras la batalla de O`Fallons Creek, capturó y mató a dos oficiales y al cocinero negro que se habían rezagado; los escalpó y exhibió desafiante sus cabelleras desde una colina cerca de Fort Rice. La exhibición le granjeó la natural mala fama entre los blancos -suponemos que también entre los parientes del cocinero-, especialmente porque uno de los oficiales a los que trató tan desconsideradamente era primo de la mujer del presidente Grant. Tenía Gall, por lo demás un hombre cabal, muy amante de los suyos y de enorme pragmatismo -como se verá-, ataques de ira en los que era mejor apartarse. En Little Big Horn decidió utilizar como arma contra las infaustas tropas de Custer solo el hacha de guerra y es fama que con ella despiezó al menos a cuatro soldados en la parte final de la batalla. Es cierto que en esa tremenda ocasión Gall tenía sus razones: durante la primera fase de la lucha, el ataque de distracción del mayor Reno al sur del poblado, los soldados o sus guías arikaras mataron a dos de las mujeres y a tres de los hijos del jefe (polígamo). La vida de Gall (véase su mejor y única biografía, Gall, lakota war chief, de Robert W. Larson, University of Oklahoma Pess, 2009) no fue fácil. No lo era en las praderas, pero además él quedó huérfano de niño, al morir su padre durante el ataque de una tribu rival. Nacido alrededor de 1840 en algún lugar de lo que hoy es Dakota del Sur, fue criado por su madre y apadrinado por el mismísimo Toro Sentado, que le vio maneras y lo hizo luego su lugarteniente. De pequeño le llamaban Osito, aunque luego ya nadie se atrevió. Convertido en un prestigioso guerrero, con 20 coups -la contabilidad heroica de los pieles rojas-, Gall devino blotahunka, jefe de guerra. Sirvió durante 25 años lealmente a su mentor, haciéndole de estratega, aunque eran muy distintos. Más práctico e independiente, Gall solía ir con su grupo propio (una docena de tiendas) a comerciar con los blancos. Fue en una de esas ocasiones, en 1865, cuando el medio sioux y medio arikara Bloody Knife (¡ese sí es un nombre!), al que Gall había hecho bulling de pequeño y luego matado y escalpado a dos hermanos, le denunció en Fort Berthold. Los soldados trataron de capturarle en su tienda y mientras intentaba escapar el jefe hunkpapa fue atravesado varias veces con bayonetas. Le dejaron por muerto en un charco de sangre, pero Gall se recuperó de las terribles heridas. Y se tomó venganza: durante el año siguiente, confesó luego, siete hombres blancos pagaron con sus vidas el ataque. Bloody Knife hubo de esperar algo más: murió de un disparo sioux en Little Big Horn cuando hacía de guía de Custer. Gall se alineó con la facción más díscola de los sioux en el contencioso con los blancos por las tierras. Luchó una y otra vez con los soldados, que le llamaban Fighting cock of the sioux (el gallo de pelea de los sioux), en una traducción no grosera. Pero algunas de sus acciones, como la firma del Tratado de Fort Laramie, le valieron que algunos de los suyos le tacharan de oportunista. Se ha debatido mucho cuál fue su exacto papel el 25 de junio de 1876 en Little Big Horn. Parece que en realidad se incorporó tarde a la batalla aunque entonces se empleó a fondo. Fue el único jefe indio que ofreció su versión del enfrentamiento, al ser invitado (!) a la conmemoración del décimo aniversario, y entonces, con la modestia propia de los guerreros pieles rojas, se arrogó buena parte del protagonismo. En realidad parece que no hubo tal cosa como un liderazgo claro en aquella matanza. Tras la desbandada después de la victoria, Gall pasó a Canadá con Toro Sentado. Resolvió luego rendirse con los suyos para evitarles el hambre y, rompiendo con su mentor, se instaló en la reserva de Standing Rock en 1881. El Gobierno trató de hacer de Gall un símbolo de indio asimilado contraponiéndolo a Toro Sentado, el irreductible. Gall se adaptó bien a la vida de granjero. Renegado traidor, dijeron algunos, pero parece que era honesto en su celo por encontrar un camino realista de supervivencia para su pueblo. No era alto (1,70 metros), pero sí impresionantemente robusto y subido a caballo parecía enorme, sobre todo con pinturas de guerra y cargando con fiereza contra ti. Cuando le enseñaron una foto suya a Elizabeth Custer, esta manifestó que no había nunca imaginado un “espécimen de guerrero” tan perfecto como él. La admiración de Libbie tiene su morbo: ese jefe sioux era uno de los que habían matado a su marido, George Armstrong Custer, un mediodía sangriento de domingo en Little Big Horn. El indio en cuestión se llamaba Gall (Phizi en lakota), en inglés hiel, bilis o vesícula; también agalla. Hay que reconocer que el nombre, que se le dio de chico al lanzarse hambriento sobre la vesícula biliar de un bisonte abatido aún fresco, tiene menos gancho que Toro Sentado o Caballo Loco. En 1882, Gall fue bautizado en la iglesia episcopal. Al comulgar por primera vez el viejo sioux se bebió todo el vino del cáliz para consternación de los presentes. Le costó abandonar la poligamia. “Mi corazón es bueno, pero está triste, porque estoy enamorado”, aducía para que le dejaran volver a casarse. Le gustaba comer bien -una vez en Washington descubrió las ostras, que encontró mejores que el búfalo- y ello le condujo a la obesidad. Eso fue lo que le mató en última instancia: al ver que un medicamento contra el sobrepeso no le hacía efecto rápido se bebió la botella entera. La historia no ha sido muy justa con Gall, que hizo lo que pudo para atravesar el abismo entre dos mundos. Toro Sentado ha prevalecido como el más conocido de los caudillos sioux y Caballo Loco como el más carismático, mientras que Gall, eclipsado por ellos, ha declinado en la memoria popular hasta casi desaparecer -¿qué niño juega hoy a ser Vesícula?-. 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