No Queremos Seguir Viviendo Así en 2012


No estaré inventando la pólvora si destaco que una de las grandes preocupaciones que aquejan a nuestra población, sobre todo a la capitalina y sus aledaños, aunque la del interior no queda excluida de ella, deriva de la sensación constante de inseguridad que se padece en todos sus ámbitos, ya sea por experiencia propia o por la de su familia, sus vecinos o conocidos.

Lo cierto es que todos nosotros de alguna manera hemos tomado contacto con una realidad penosa que afecta tanto a hombres como a mujeres, a niños como a ancianos. Ese maldito mal está en nosotros, y se ha instalado en nuestra sociedad para cobrarse en personas, bienes y posiciones. Ya nadie ni nada está a salvo.

Siendo este uno de los principales problemas que debemos enfrentar año a año, vemos que la policía hace su trabajo y lo hace bien, pero en forma insuficiente, o porque carece de personal o de medios adecuados, aunque últimamente los haya incrementado de alguna forma.

Cansados de ser asaltados al salir de sus empleos, en sus hogares o en la calle, a veces se observa que algunos vecinos, víctimas de tanta depredación, se reúnen con las autoridades para suministrarles datos explícitos como: lugares de expendio de drogas e identificación de delincuentes que viven por la zona.

Como medida cautelar, la policía prontamente cierra varias bocas de expendio de estupefacientes (una de las principales fuentes de la violencia) pero, de inmediato, los mismos vecinos notan que se abren otras que, al ser clausuradas, vuelven a abrirse en las cercanías.

Cuando se escuchan justificativas por parte del vocero oficial, los jerarcas del Ministerio del Interior sostienen que hay que elevar la mira detectando a los proveedores, es decir, solucionar el problema cortando las raíces del mismo.

Todo parece indicar, sin embargo, que la compasión predomina sobre la justicia -que no son incompatibles entre sí, por cierto- pero la sociedad, es decir, todos nosotros, también tiene derechos y uno de ellos es el de reclamar, exigir a los Poderes del Estado que cumplan con su obligación de poner a buen recaudo a quienes atentan violentamente contra ella, y más aún si son reincidentes contumaces.

Choca contra el sentido común que la sociedad entera se consagre a mantenerlos mientras están encarcelados. Algunos hasta sugieren: ¿No sería más lógico y correcto que esa suspensión de la libertad se concrete en granjas colectivas (aunque esta denominación traiga malos recuerdos), y que ellos mismos se encarguen de producir los alimentos que consumen y de devolver a la sociedad, como mínimo pago por sus fechorías, el excedente que surja?

Parece evidente que debemos rexaminar los criterios jurídicos existentes al respecto, con imparcialidad y objetividad pero sin olvidarnos que el lenguaje del rigor justiciero responde más al sentir de la sociedad agredida, que el de los falsos profetas y teóricos que inclinan la balanza hacia el lado de quienes violan sus principios más elementales. De lo contrario, cundirá entre nosotros el escepticismo.

Vivimos en un tiempo en el que la tecnología puede hacer casi lo imposible. Entonces: ¿Por qué no poner sus más avanzados recursos al servicio de los organismos que luchan contra la criminalidad? ¿Cómo es posible que no se sepa quiénes y qué funciones cumplen los que están vinculados al comercio de la droga, quienes son sus esbirros, su cadena de ingresos, sus refugios, sus enlaces y cuánto otro dato se requiera para su captura?

Cámaras ocultas, mecanismos de escucha, infiltración de agentes y tantos otros medios, no comulgan con aquello de que se cierra una boca y se abre otra. ¿Cómo no disponer de un registro completo de expendedores y consumidores? Pero el problema no se limita al campo de la droga, que origina infinidad de delitos. Está diseminado por doquier. La delincuencia ejerce una violencia inusitada, desproporcionada a los objetivos que persigue. Se mata por matar. Luego se logra que se apliquen penas relativamente leves y, aun así, se vuelve a delinquir.

¿Cómo explicar que un antisocial cometa más de un homicidio en pocos meses? Es que algo falla en nuestra cultura, nuestro ordenamiento legal o en el criterio de quienes juzgan.

Seguramente, si el lector para sus antenas posicionándolas para el lado de donde sopla el viento, podrá escuchar por doquier la siguiente frase…: “No queremos continuar viviendo así en 2012”.

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Debemos Salvar Nuestra Seguridad


Por lo que nos es posible apreciar en los noticieros de cualquier lugar, parecería que la delincuencia se apodera de los países y de las ciudades. Ya no hay nada o casi nada que escape de los criminales y malandrines que, como mariposas multicolores, revolotean por doquier para posarse calmamente sobre cualquier posible botín.

Igualmente el sicariato, definitivamente, ha sentado sus huestes dentro de los límites de estos países, y con tarifas que van desde 50 dólares hasta unos tantos cientos, se cobran venganzas y se eliminan vidas sin el menor escarmiento. Ahora ya se secuestran personas, se amenaza y amedrenta con bandas muy bien organizadas que conocen el santo y seña de las familias. De igual forma vemos delincuentes y terroristas que portan de dos a tres y más cédulas de identidad para pasearse ante nuestros ojos como Pedro en su casa.

Los asaltos, crímenes y robos son tan variados así como lo son las modalidades que inventan los delincuentes. Van desde la burundanga que quita la voluntad a la víctima para robarle con su propio consentimiento, hasta la rotura de puertas que vuelan por los aires los más sofisticados sistemas de seguridad.

No faltan los más cínicos que meten camionetas en los garajes como si fueran sus propias casas y cargan con todo lo que pueden como si se estuviesen cambiando de domicilio, ante la mirada indolente o sorprendida de vecinos y allegados.

El robo de carros y accesorios se realiza en segundos violando cerraduras o silenciando alarmas. Los más avezados no dudan en amenazar a las víctimas con armas de fuego o dagas para llevarse sus automotores.

Domicilios y locales comerciales ya se han convertido en prisiones bien amuralladas. Los locales comerciales más parecen celdas protegidas con barrotes de hierro por cuyas hendijas se compra y se vende.

Y aunque nos parezca increíble, los malandrines se roban en segundos los cerebros de los carros convirtiéndolos en latas inutilizables y se llevan en serie hasta los medidores de agua y luz, pese a que son especies numeradas, cuyos únicos clientes se supone serían las empresas que prestan esos servicios.

Las historias de las víctimas son de las más variadas. Se roban o eliminan hasta las alarmas comunitarias que parecían prestar algún tipo de protección en los barrios.

Los delincuentes arrasan con todo, y todo indica que ahora estamos en un pleno: ¡Sálvese quien pueda! Por consiguiente, debemos luchar unidos contra los que violan nuestra seguridad personal, pues no es deseable tener que vivir en un país con excluidos de cualquier índole, mucho menos con excluidos sociales que han sido, por varios motivos, empujados al crimen y la marginalidad por causa los actos perpetrados durante décadas por malas políticas y sus operadores, acostumbrados a cambiar y adecuar su discurso a la conveniencia coyuntural.

También podemos agregar a todo esto la inconsistencia conceptual de muchos sectores de la sociedad, el ansia de poder y la rigidez de otros, más los oportunistas de siempre que llevan agua para su molino o retiran brasa ajena para su propio asado, valiéndose de los recursos mas bajos y sensacionalistas, y que configuran un programa de desorden tal, que no pueden resolver de otra manera que no sea la del fracaso.

Debemos luchar contra los que violan nuestra mejor cualidad de vida, pero no podemos olvidarnos de las causas que provocan tal caos, que son las mismas de toda la Historia: falta de educación, de previsión, de trabajo, de ejemplos, de afecto y de justicia.

No digo que sea fácil lograrlo, pero, por Dios, tampoco busquemos el camino equivocado de la intolerancia… Para eso ya está el poder.

Cuando su Poder es Omnímodo


Puede que muchos individuos agnósticos o poco píos no lo entiendan así, pero la constante lucha del ser humano por el reconocimiento y el respeto a su dignidad, no ha sido fácil frente al omnímodo poder que casi siempre emana de los tiranos y sus perspicaces secuaces.

Pero a esos mismos píos que se hacen de desentendidos sobre las circunstancias que desde siempre doblegaron y sometieron a sociedades enteras, quiero recordarles que todos los abusadores del poder siempre arreglan algo con lo que les permita ganarse la confianza del pueblo. A todos les encanta atacar lo que la gente más pide y reclama y que siempre pasa por el bolsillo –con lógica o no-, o en otros casos más comunes les da por reprimir, perseguir, fusilar o aniquilar a cualquier grupo étnico-social-político que se supone sea el culpable de casi todos nuestros males.

Cuando estos astutos ladinos exponen el principal carácter comportamental del ser humano y se salen con la suya, el problema surge después, cuando ese mismo abusador nos pasa la factura y, a cambio de ese “remedio” que nos prescribió, tenemos que bancarnos “la enfermedad” que inevitablemente, como en Alemania, acá, en la China y en Venus -si es que allí hay vida-, atacará al pueblo al que no le alcanzará su bolsillo lleno para pagar las ocurrencias a largo plazo de su malestar social.

A pesar de los muchos siglos transcurridos, perduran aún regímenes que persiguen, acosan, encarcelan y hasta matan, a quienes se atreven a pensar de manera diferente a la “verdad” indiscutible de los sátrapas, como sucede, por ejemplo desde hace más de medio siglo en la Cuba de los hermanitos Castro, cuyo mal ejemplo jamás puede ser imitado por auténticos demócratas y libertarios.

¿Por qué será que allí, primeramente, hicieron desaparecer a la prensa libre e independiente? Una de las respuestas es porque no hay tolerancia para el pensamiento ajeno, o quizás porque a ellos les contaron aquel zalamero cuento de que el totalitarismo se consolida con las arbitrariedades y el miedo que infunde… Y lo peor, es que se lo creyeron.

En octubre de 2000, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos adoptó su Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión, a la que, en todas sus formas y manifestaciones, catalogó como derecho fundamental e inalienable, además de requisito indispensable para la existencia de una sociedad democrática, en concordancia a lo propugnado por la ONU, OEA, Unesco, Declaraciones Universal y Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre, Pacto de Derechos Civiles y Políticos, entre otros instrumentos internacionales y constituciones nacionales.

Por lo tanto, no olvidemos que los derechos y libertades se consolidan con el ejercicio del libre albedrío por parte de la población y del desenvolvimiento de un periodismo pluralista.

Sin embargo, cuando vemos los autócratas dedicados a perpetrar agresiones en contra de periodistas y/o sus medios, el objetivo claro es desprestigiarles, sancionarles, intimidarles, silenciarles, a fin de que nadie delate abusos, corrupción y desgobierno.

Es de esta manera que siempre comienzan los imperios del despotismo, lo que no debe ser olvidado por nuestros asambleístas que, reitero, frente al malhadado proyecto de ley mordaza u otras ordenanzas por el estilo, tendrán la ineludible responsabilidad histórica que les corresponde.

Consiguientemente, no debemos entregarnos atados de pies y manos a los que nos ofrecen salvaciones milagrosas a cambio de nuestra libertad, de nuestra cultura, de nuestra dignidad y de todo lo que hemos recibido como legado de nuestros mayores… ¿Quién sabe en 2012 lo logramos?

¿Quién Quiere ser Presidente?


En muchos casos, el hombre y la mujer comunes, o a lo mejor si al lector le gusta que lo exponga de una manera diferente, los sencillos ciudadanos y habitantes de una comunidad cualquiera, pueden ofrecer ejemplos de sabiduría que no siempre proporcionan los gobernantes de turno.

Sabemos que el “caer mal” no es pecado ni desliz. Justamente, y así como hay personas bendecidas con un seductor “don de gentes”, existen también aquellas que, aunque no hagan o digan nada en particular, siempre caen mal en tiempo récord.

Creo que todo es una mera cuestión de suerte, algo así como nacer rico o pobre, enfermo o saludable, y lo cual dice muy poco sobre el verdadero mérito de una persona. Pero de igual modo, en la política, ocurre el complejo oficio en el que la principal tarea de un profesional del ramo es ser popular, o sea, “caer bien”.

Así como existen políticos que pese a ser deshonestos y sinvergüenzas son irresistiblemente carismáticos, hay otros que, aunque capaces y honrados, resultan ser individuos detestables. Tipos así, bien podían ser una lumbrera intelectual, un gran tratadista, un próspero consultor o un modelo de comportamiento, pero jamás podrán ser Presidentes, porque para eso, hay que caerle bien a la mayoría.

Lamentablemente, este hecho que es tan obvio, el de que no cualquiera puede ser Presidente, parecería que se les ha olvidado a nuestros políticos. Es por ello que vemos a todos, sobre todo los advenedizos, querer ser Presidente o nada, como si de eso dependiera su autoestima y respetabilidad social.

El curso natural de un político capaz, pero destinado a ser siempre minoría por su forma de pensar o de ser, es hacerse diputado. Así, el Legislativo se llena de políticos fuertes y capaces que difícilmente llegarán a la Presidencia, pero elevan el nivel, evitan que el Ejecutivo coja mucha fuerza y crean una Asamblea Legislativa que forma futuros cuadros.

Tal vez por eso da para apreciar que muchas Asambleas Legislativas se fueron a la basura, no solo por el desprestigio de la función, sino porque los buenos, sobre todo los neófitos de derecha, solo sueñan con ser Presidente algún día.

Mientras tanto, los Gobiernos han hecho de la condición de asambleístas una suerte de premio para los amigos de poca capacidad y nulo futuro (queda sobrentendido que los de capacidad y futuro son ministros y asesores), y la oposición, en lugar de invertir en legisladores, se dedica a discutir el sexo de los ángeles en las estrellas y sueña con poder encontrar un desconocido que vaya del anonimato a la omnipotencia en menos de un año.

Pero, como reza el refrán, “un relámpago nunca cae dos veces en el mismo lugar”. Si es así y no se confirma la sentencia, quizás alguna vez aprenderemos a saber que todo cambia, todo termina y vuelve a empezar y que nunca está dicha la última palabra, porque el éxito y el fracaso son hermanos malvados que se alternan en la caminata de la vida…

En todo caso mi estimado lector, es mejor que cuidemos bien de la flauta, porque por lo visto, la serenata será larga.

Los Líderes Carismáticos, Populistas, y Mesiánicos


Louis Solmitz, un modesto maestro de escuela de Hamburgo en 1932, allá en los inicios de la Alemania Nazi, señalaba: “Cuántos lo admiran a Adolf Hitler con conmovedora fe, considerándolo como la persona que los ayudará, los salvará, los liberará de la angustia insoportable”… Para quien lee esta frase, no es necesario recordarle que Hitler fue un fenómeno político que asumió todos los poderes e impuso el nazifascismo con el uso del terror y el poder de la propaganda.

El uso de la propaganda es una afinada técnica de la comunicación social que se utiliza para difundir mensajes con la fuerza de un puño que golpea conciencias y subconsciencias, con el fin de imponer un sistema de valores, una ideología, una religión, una filosofía.

Ya el estadounidense Richard Alan Nelson, en 1966, afirmaba: “La propaganda es definida como una forma intencional y sistemática de persuasión con fines ideológicos, políticos o comerciales, con el intento de influir en las emociones, actitudes, opiniones y acciones de los grupos de destinatarios específicos, a través de la transmisión controlada de información parcial, que puede o no basarse en la verdad, a través de los medios de comunicación masiva y directa”.

Fueron los propagandistas estadounidenses quienes remozaron y profundizaron las teorías y prácticas de Joseph Goebels, ministro de la propaganda nazifascista. Ahora ellos son capaces de fabricar un presidente con el uso de las modernas técnicas de la propaganda. Para eso sirven las democracias representativas que se legitiman con votos.

La propaganda florece y se expande entre pueblos con escasa cultura política o con una ciudadanía ávida de contar con líderes carismáticos, populistas, mesiánicos que, aparentemente, satisfacen los intensos deseos ocultos e insatisfechos de las masas.

No obstante, la propaganda populista carece de ética, sobrepasa los límites legales y sus mensajes llegan a la cursilería más ridícula y al populacherismo más burdo y denigrante.

De igual modo, vistiendo otro ropaje: ¿De qué izquierda hablamos cuando nos referimos a los gobiernos de América Latina? ¿Es válido hablar de izquierda o izquierdas? ¿Si hay izquierdas y no es una sola, en qué se distinguen unas de las otras?

Estas preguntas no son nuevas, al contrario son ejes esenciales en el debate acerca de las políticas públicas que implementan los gobiernos que se autodenominan de izquierda. Es decir, qué grado de consistencia hay entre el discurso de algunos mandatarios y su gestión en el Gobierno.

Para Jorge Castañeda y Gerard Munck, desde sus particulares análisis, no se puede hablar de una izquierda homogénea, sino más bien de izquierdas con sus respectivos matices. En este sentido, por ejemplo, no se puede poner al mismo costado a Brasil, Uruguay y Argentina con Bolivia, Venezuela y Ecuador e incluso Paraguay. Las razones son varias: el grado de apertura al libre comercio, el respeto a las libertades, las relaciones internacionales con el mundo occidental, el incentivo a la inversión, los índices de crecimiento, la política de redistribución social en programas de educación, salud, seguridad social, y etc., etc., etc.

También hay una izquierda que no renunció a la globalización, sin que ello quiera decir la adscripción a ciertas prácticas de casino en el mundo financiero y la excesiva liberalización que tiene en jaque a Occidente, sino que de manera inteligente incentivó inversiones con reglas claras, firmó acuerdos de libre comercio, como Chile, y respeta las libertades, además de generar una política cosmopolita con los países en sus relaciones internacionales.

La diferencia con la otra izquierda, es el aislamiento del mundo bajo la restauración de discursos traídos de la Guerra Fría, la generación de ambientes de polarización social, un escrutinio excesivo a los medios de comunicación y una política internacional que no se comprende o que todavía no se consolida. No obstante, esta izquierda en algo ha sido firme, y es en la redistribución de la riqueza en lo social, lo que explica su éxito indiscutible.

¿Habrá posibilidades de que se combinen elementos de las dos izquierdas, o será sólo propaganda?

Un Enemigo no tan Oculto Así


Al decidirme por escribir estas prosaicas líneas, bien podría reseñar el asunto mencionando a cualquier país; tanto da, pues este tipo de noticia ya es algo vulgar y corriente en todo lugar, y que al hacer parte de nuestro cotidiano ya ni nos damos cuenta del peligro que nos acecha. Pero aprovechando una crónica divulgada por la agencia EFE, tomo el siguiente territorio como punto de partida para esta crónica.

Dicha agencia de noticias informa que las autoridades de Santo Domingo, (Rep. Dominicana), se incautaron a muy pocos días de 70 kilos de cocaína que llegaron a un puerto del país, procedente de Ecuador y que iban dirigidos a Alemania, según informó la Dirección Nacional de Control de Drogas (Dncd).

La droga fue descubierta en el “Puerto Multimodal Caucedo” dentro de un contenedor lleno de guineos, y que arribó a esa terminal en tránsito, procedente del antedicho país. El portavoz de la agencia antidrogas, Roberto Lebrón, dijo que el alijo, distribuido en 68 paquetes, fue embarcado en el puerto de Guayaquil y que su destino final era la terminal alemana de Hamburgo. Como siempre ocurre en estos casos, hasta el momento no hay detenidos, pero Lebrón indicó que las investigaciones “están en marcha para determinar si existe alguna conexión en su país para evitar la detección del millonario alijo”.

No en tanto, por su verídico contenido, las declaraciones efectuadas en México por Mario Vargas Llosa llaman a la toma de conciencia respecto a uno de los fenómenos de mayor riesgo para las naciones latinoamericanas y caribeñas.

El Premio Nobel de Literatura 2010 expresó que es necesario enfrentar con coraje, determinación e imaginación a la “bestia” del narcotráfico, monstruosamente poderosa, enormemente rica y sin ninguna clase de escrúpulos, a la que definió como “el enemigo número uno de la libertad, el pluralismo y la tolerancia, asimismo como una de las fuentes más peligrosas que socavan las instituciones democráticas”.

Estas aseveraciones, que cobran especial relieve por provenir de un intelectual de tan alta talla, se sustentan en diarias evidencias de lo que acontece en no pocos países. No hay exageración en lo manifestado por el referido escritor, pues en esas proporciones se debe medir la contextura y el alcance de este verdadero flagelo para la humanidad.

La penetración de tan descomunal industria del mal va y alcanza a todos los segmentos de las comunidades, particularmente a los altos círculos políticos, económicos y jurídicos, en busca de inmunidad e impunidad para los crímenes que se perpetran bajo tan perversa sombra que fomenta, además, la corrupción y la violencia, cual el caso de las cercanas FARC. El objetivo máximo es captar la dirección de los pueblos.

En su comentario, Vargas Llosa indica que Ecuador, principalmente por su ubicación geográfica, es territorio apetecido por el narcotráfico, fenómeno transnacional y de responsabilidad compartida, como le catalogó la ONU; por lo tanto y para el eficaz combate, el recíproco apoyo de los gobiernos se vuelve imprescindible.

No es asunto ideológico ni nada por el estilo, se trata de la defensa de los valores sustantivos de la civilización, exactamente todo lo contrario de lo que hacen la mayoría de los políticos y poderosos del mundo, a los que a veces la Historia los sorprende con explosiones sociales que no vienen de otro lado que no sea el hartazgo de no ser escuchados.

No obstante, como ya lo decía Discépolo, “la lucha es cruel y es mucha”…, pero vale la pena… ¿O no?… Y mientras mastican y recapacitan un poco más lo aquí apuntado, deseo a todos que… ¡Tengan una Feliz Navidad!

Ojo con los Preservativos de Siniestro Azar


Nadie sabe de buena tinta si son ciertos o verdaderos los refranes, pero hay que dar tiempo al tiempo, ya que hay más mareas que marineros, y por lo tanto nadie sabe lo que le espera. Algunos apocalípticos estrafalarios anuncian a grito pelado que Dios es el administrador del futuro, y que éste no proclama cual son sus intenciones para que anticipadamente no podamos ponernos a cubierto. No en tanto como algunos piensan y anuncian, no se cansan de repetir de manera desgañitada que es un mal gerente de ese capital, pues ni el propio destino fue capaz de prever… ¡Sacrosanto dilema!

En verdad, yo me limito a secas a encogerme de hombros ante esas opiniones subversivas que no son mías. Ciertamente deben ser de algún hombre, ya que de hombres son generalmente esas osadías, no de mujeres.

Sin embargo, el último martes 13 de diciembre –una fecha comúnmente dada al siniestro azar- he quedado con el subconsciente detenido y observando atentamente el triste destino que sórdidamente aguarda a algunos individuos. Tal hecho ocurrió cuando acabé de leer en “Yahoo! Noticias” la divulgación de un informe donde cuentan que hace pocos días la empresa Blowtex decidió retirar de circulación del mercado, todos los condones que pertenecen al lote 16JUN-B del preservativo marca Turbo.

El anuncio del inusitado “recall” me dejó como si fuese un aprendiz de químico que ha mezclado un ácido y una base y agita con la mano el tubo de ensayo. Para ser sincero, en un primer momento no vi mucho, pues siempre pasa así si no se ayuda a la imaginación, pues la sal que de aquello salió era de esperar, tantos son los milenios que llevamos en esto de mezclar sentimientos, ácidos y bases, hombres y mujeres.

La proclama del “recall” sucedió porque la empresa identificó un posible defecto de fabricación que afecta la resistencia del producto, tornándolo impropio para el uso e indeseadas consecuencias futuras para el usuario.

El comunicado avisa que los consumidores pueden entrar en contacto para solicitar el cambio del preservativo, o el resarcimiento de los valores pagos por el producto, estableciendo contacto con los voceros de la empresa a cualquier momento por el teléfono 0800-779-6968 (Brasil), por el sitio “http://www.blowtex.com.br”, o por la página que la empresa tiene en Facebook, o por Twitter (@twitesao.

Caso el consumidor no consiga cambiar el producto u obtener la restitución del valor pago, se aconseja procurar de inmediato el “servicio de protección al consumidor” (Procon-SP), que tomará las urgentes providencias legales que el caso requiere, porque ante todo queda sobreentendido que de no hacer el reclamo en el momento que el usuario encontrar el defecto, las consecuencias posteriores –digamos nueve meses después-, las pobres consumidoras necesitarán buscar una maternidad, salvo casos contrarios en que el individuo lo haya utilizado al realizar el procedimiento de alivio de sentimientos de forma manual… En ese caso, es sólo lavarse las manos y pronto.

En fin, cada minuto vivido con la ilusión y la esperanza de corregir lo que se hizo mal, permite presentes que aprovechan el pasado y se proyectan a un futuro donde uno volverá a meter la pata sabiendo que la vida por delante y la que queda, se unirá para que no sea al cohete la vida alrededor… ¡Tengan todos una Feliz Navidad!

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