Ponga los Tubérculos en la Bolsa Correcta


Ejercitando un poco esa delicada materia deleznable que uno tiene acondicionada entre una oreja y otra desde que nació -mismo que algunos solo tengan en el cráneo un alambre para sujetarlas-, es fácil imaginar lo que ocurre si uno va a la verdulería y compra un par de kilos de papas o boniatos, y el imprevisor verdulero las coloca en una bolsa chica. Luego, luego, con el movimiento, la bolsa revienta y adiós papas y boniatos.

Pues yo conjeturo que debe ser más o menos así lo que está ocurriendo en Uganda, mismo que no hablemos de tubérculos y si de sugerentes bananas o pepinos ugandeses.

A raíz de ello, los negligentes legisladores de Uganda han pasado a recibir una enormidad de reclamaciones de sus conciudadanos, a quienes se les ha dado por demandar que los preservativos que están siendo vendidos en ese país del este de África son muy pequeños, y por tanto les advierten que tal problema resulta en un obstáculo en la lucha contra el Sida.

En vista de lo que está ocurriendo, el diputado Tom Aza, miembro del “Comité Parlamentar para HIV/AIDS”, pasó a insistir que apenas un tamaño no es adecuado para todos, señalando que en un reciente viaje que el realizó por las zonas más afectadas por el virus, pudo revelar que algunos hombres “tienen órganos sexuales mayores y, por tanto, deberían recibir preservativos mayores”… Aunque no llegó a explicar cómo alcanzo a constatar las tallas de los “cohombros” negros.

En entrevista a la “NTV Uganda”, declaró: “Cuando se trata de poner manos en la masa, o sea que cuando ellos practican actividades sexuales, naturalmente, con la presión que hace el susodicho, el globito explota”… Y allá se van las papas y los boniatos.

Merard Bitekyerezo, una integrante del Comité, expuso en su declaración: “Algunos jóvenes se quejan de que los preservativos que reciben son muy cortos, y que sus órganos no caben en ellos”… Mención que realizo después de ella verificar “in loco” el tamaño de dichos armóniums oscuros.

Otra integrante del comité, Sarah Netalisile, afirmó que el problema del tamaño “expone nuestros hombres y mujeres más jóvenes, y todos aquellos que utilizan preservativos, a contraer HIV”… Porque es evidente que por la noche nadie querrá dejar de jugar con muñecos así.

Por su vez, la “NTV” afirmó que los legisladores pedirán de ahora en adelante el suministro de preservativos mejores y mayores, visto que el Sida aumentó en Uganda después de años de retroceso, y está provocando la muerte de 80.000 personas a cada año.

En todo caso, fuera de estas epifanías considerables y extraordinarias de carácter hilarante y jubiloso, no me puedo hurtar de alertar al leyente, que cerca de 1,8 millón de personas viven actualmente en Uganda con el virus HIV, y que un millón de niños quedan huérfanos después que sus padres mueren debido al Sida… ¡Por suerte, ya están tomando medidas!… No longitudinales.

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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Nada más que Hablar por Hablar


El hecho de hablar, no es más que la función de proferir palabras para darse a entender ante otros. Es la condición de emitir sonidos articulados para comunicarse con las personas y darles a entender a ellas algo que se quiera decir y, con adverbios “mal o bien”, manifestar en lo que se dice, cortesía o benevolencia, o al contrario; o emitir opiniones desfavorables o adversas. Y evidente, también sirve para pronunciar un discurso.

Pero el verbo “hablar”, en el sentido de “reprender o regañar” que se usa en varios países, es un ahorro innecesario de palabras, como si: “¡Yo le hablé enérgicamente al presidente…!” pudiera reducirse a un simple: “¡Yo le hablé al presidente…!”, sobrentendiéndose que se trata de una reprimenda.

¡Háblale a la Vero!, o peor todavía: ¡Ve, ‘Háblale’ a la Vero!, suelen ordenar las mamás a sus esposos cuando estos llegan a casa cansados del trabajo, endosándoles sin más ni más las funciones de verdugos, pues no les piden que le “hablen” a la nena, sino que lo hagan en tono amonestador y un contenido castigador.

En cualquier país que se hable bien el castellano, la respuesta masculina sería un ingenuo: ¿Hablarle a la Verito sobre qué?… ¿Acaso sobre la inmortalidad del cangrejo o las cualidades de la Revolución del Siglo XXI?… ¿Sobre los triunfos de la diplomacia internacional de nuestro país?… ¿De qué le hablo a la Verito?

Sin embargo, en varios países sus habitantes tienen su propia manera de vapulear sin compasión al idioma sin necesidad de recurrir a la ayuda de los hermanos Castro o a los pajaritos del compañerito Maduro, la contestación del consorte, conocedor de la intención conyugal, será un automático: ¿Y por qué?… ¿Qué es lo que hizo la Verito?… ¿Cuán grave fue su acto indisciplinarlo?… Investigación previa del nombrado juez familiar, para según eso, dosificar el castigo o la consiguiente “hablada” a la niña malcriada.

Me pregunto si los días jueves de todos los jueves de los años pasados y aparentemente de los jueves por venir, nuestro eximio orador nos “hablará” o nos “hablará”, porque hay que diferenciar, según hemos intentado explicar en los párrafos anteriores, que para los habitantes de “shunsholandia”, “hablar” no es lo mismo que “hablar” o “hablar” puede significar “hablar”.

¡Hablar a los niños porque no hacen los deberes es una cosa y hablar con el jefe sobre asuntos de la oficina es otra totalmente diferente!

Con el respeto que se merece un individuo que lo sabe todo y ocupa la posición que ocupa, creo que valdría la pena preguntarle si este jueves o el próximo o el siguiente, “hablará” o “hablará” a los ciudadanos lo que ellos esperan que les diga, pero que al final nunca les cuenta… ¡Esperemos!… Sentados

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El Dedo de Dios Tocó al Indigno Obispo


Finalmente ha surgido alguien con el suficiente coraje de tomar determinaciones correctivas para expurgar de sus filas a todos aquellos seres fatídicos, nefastos e inconvenientes que abusaban de sus funciones para practicar actos indecorosos y obscenos… Por ahora, el fatalismo ha tocado a tres prelados de altas posiciones.

En sentido corriente, el fatalismo se refiere a la creencia en el determinismo de los acontecimientos, dirigidos por causas independientes de la voluntad humana, sea este determinismo procedente de fuerzas sobrenaturales como Dios, de las leyes naturales, del ambiente o de las experiencias adquiridas en el pasado. No es tanto un principio religioso como científico y filosófico, teniendo en cuenta que el dios estoico no es otro que la razón. Así pues, el destino de la determinación no puede ser otro que la cadena causal de los acontecimientos: lejos de excluir el principio de causalidad, supone su misma esencia.

Sin embargo, no conforme con lo que sintió al ser tocado por el dedo inexorable de Dios, el obispo paraguayo que acabó de ser destituido por el papa Francisco, declaró el viernes último, que el Sumo Pontífice “irá prestar cuentas a Dios” a causa de su exención de los cuadros de la Iglesia, de acuerdo con una carta publicada por la prensa local, después de él haber sido acusado de mala gestión y protección de un padre pedófilo.

En la larga carta publicada primeramente en el sitio de la diócesis y dirigida al cardenal Marc Ouellet, prefecto del Congregación para los Obispos, Don Rogelio Livieres Plano, el reciente ex obispo de Ciudad del Este (Paraguay), miembro del Opus Dei, acusa directamente al Papa con palabras extremamente incomunes y graves de parte de un obispo.

El tempestuoso ex obispo escribió: “Como un hijo obediente de la Iglesia, acepto esta decisión, mismo que yo la considere infundada y arbitraria, y sobre la cual el Papa prestará cuentas a Dios”. El Vaticano abdicó a comentar esta carta incendiaria.

Pocos días antes, Livieres Plano fuera recibido en Roma por el cardenal Ouellet, pero lamentó no haber tenido oportunidad de explicarse frente al Papa.

Reconociendo “erros humanos”, el prelado paraguayo acredita ser víctima de una “perseguição ideológica”… Y da que pensar que, debido a ello, pasó a actuar como el ex presidente Fernando Lugo, otro ex obispo paraguayo de tristes recuerdos.

No obstante, el ex obispo Livieres Plano, cuya reputación era de ser un sujeto muy conservador, denunció lo que llamó de una “nueva irregularidad en un proceso de por sí anormal”: el anuncio de su destitución por el nuncio apostólico en Asunción antes de la notificación por escrito. Con todo, el ahora ex obispo enfatiza aun el apoyo que le es manifestado abiertamente por sus fieles… Quizás sin tener en cuenta que ciegos y desmemoriados existen en todo lugar.

Por su vez, el Vaticano no mencionó oficialmente las acusaciones contra Livieres Plano, pero según el sitio “Vatican Insider”, él es acusado de haber quebrado, por una serie de acusaciones, la harmonía entre los obispos paraguayos, además de haber ordenado seminaristas sin formación suficiente y de haber promovido al polémico sacerdote argentino, Carlos Urrutigoity, sospechoso de haber cometido abusos sexuales contra menores.

Existen también sospechas de que Livieres tendría utilizado parte de las donaciones destinadas a las obras de caridad para construir un nuevo seminario.

El Vaticano realizó el anuncio de la destitución en la víspera, por medio de una nota oficial, en la cual el Papa reconoce que fue “una decisión ardua tomada por razones pastorales”…

Creo que ya está en la hora de cumplir de una vez con el pedido del papa Francisco al exhortarnos: ¡recen por mí!, para ver si él logra de una vez por todas sacar todo los escombros que han sido escondidos debajo del tapete, y expurgar de la Iglesia a todos aquellos hediondos y obscenos que se esconde dentro de una sotana… ¡A obedecer, pues!

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Algunos de la Tercera Edad no son Seniles


Antes de abordar el contenido de la trama final, necesito comentar que estudioso en estos asuntos tan tiernos, apuntan que las demencias (Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Parkinson con demencia y otros trastornos relacionados), son probablemente los trastornos clínicos más importantes de nuestro tiempo en términos de sobrecarga para los individuos afectados y sus familias y, desde luego, de coste para la sociedad. Por ejemplo, la Enfermedad de Alzheimer supone entre el 60% y el 80 % de los casos de demencia.

Todos deben tener en cuenta que tanto en el envejecimiento normal como en el patológico, la disfunción “mnésica” es la alteración cognoscitiva más común con detrimento de la calidad de vida y de la capacidad de nuevos aprendizajes y en la evocación de información valiosa.

Por tanto, el deterioro de la memoria asociado con la edad describe una declinación en la memoria sin otra causa que lo explique; por lo que se ha sugerido que es un fenómeno normal en los ancianos más que una etapa inicial de una demencia u otra enfermedad.

Sin embargo, a pesar de las diversas causas capaces de producir estos deterioros cognoscitivos, eso no suele ocurrir con todos los longevos. Por lo menos así lo apunta el siguiente relato:

De repente, un hombre ya entrado en años, ingresa un viernes por la tardecita a una joyería acompañado a su lado de una despampanante rubia.

Al ser atendido, el hombre le dice al dependiente que desea regalar algo especial para su amiga.

El joyero busca en los escaparates y le muestra un anillo valorado en $ 5,000.00 dólares. El hombre mira la joya y responde:

-¡No! ¡No!… Yo quiero algo realmente especial.

Entonces el joyero se dirige a una bodeguita privativa, y de allí regresa con un anillo increíble.

-¡Esta es una joya valorada en $ 40,000.00 dólares! -le dice el joyero.

Al ver la joya, los ojos de la dama parpadean con brillo excesivo y su cuerpo tiembla de excitación.

El hombre, al darse cuenta de su reacción, expresa: -¡Lo compro!

El joyero, entendiendo que nadie lleva tal cantidad en los bolsillos, le pregunta por la forma de pago.

-Con cheque -le responde el anciano comprador-. Obviamente usted necesitará verificar que mi cheque es bueno. Así que… acá lo tiene.

-Por favor… -agrego, mientras el joyero observaba el cheque-, el lunes llame al banco para verificarlo, y cuando esté todo en orden, llámeme… Yo pasaré el lunes por la tarde para retirar el anillo.

El lunes por la mañana el joyero lo llama terriblemente enojado.

-¡¡¡No hay ningún dinero en esa cuenta!!!

-Ya lo sé, -le informa el anciano-. Pero usted ni se imagina el fabuloso fin de semana que he pasado.

 

Moraleja: ¡No todos los de la tercera edad son seniles!

 

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El Uso Particular de la Traición


Esa cuestión de engañar al novio, novia, mujer, marido, es una decisión íntima de cada uno, y tan antigua y contradictoria cuanto la existencia humana en el huerto del Señor. Hay hasta quienes engañan su amante o, al contrario, se mantiene totalmente fiel a su chica de programa al intentar pasarla un poco mejor en este valle de lágrimas. Evidentemente, también hay aquellas y aquellos que nunca engañaron sus amores del alma. Es posible que estos viviesen tentaciones y tuvieran oportunidades de hacerlo, pero se aguantaron firmes en el molde.

Tenemos que asimilar que la traición amorosa y sexual puede ocurrir o no, ser vedada o confesada, censurable o legítima. Eso es un asunto de cada uno y un extraño no debe meter la cuchara para no desmoronar el pastel.

Pero en verdad, no es ese tipo de engaño que a esta altura del campeonato viene intrigando a muchos. En realidad, cuantiosos caminantes ya andan perdiendo el sueño con la traición a ideas, comportamientos y hábitos.

El hecho aquí, es que hasta yo mismo tengo traicionado algunas cosas en que siempre acredité piadosamente. En verdad, es que ese edificio intitulado “Mis Verdades”, presenta problemas de estructura: algunas paredes rajadas, vigas combadas, pisos que se hunden. En mi caso, tengo certeza que la temporada de dudas tiene a ver con mis propios asuntos particulares.

Mi padre, al contrario, siempre fue un hombre fiel a sus principios. Un sujeto que trazó una línea recta y persistió e insistió en ella hasta el fin. En contraste, yo siempre seguí por el camino de ojo en las placas de retorno o de destinos a la deriva… Eso de “tener certeza” nunca fue mi punto fuerte.

Claro que tengo opiniones, convicciones y bien sé en quien votaré para presidente cuando llegue el momento. Pero no estoy hablando aquí de ese tipo de decisión simple. Hablo de posiciones subjetivas, esas que se pegan en uno como una segunda piel. Por ejemplo, en política soy definido, pero en la vida personal soy un “no partidista”. Parezco más bien un bambú, oscilando conforme la dirección del viento.

En todo caso, no ha sido por causa de la adversidad, pero me he dado cuenta que ahora estoy dispuesto a ser infiel a mí mismo. He pasado a odiar la idea de acordar igual después de una noche de sueños inquietos. Además, pasé a detestar la perspectiva de ser mi propia copia. Como si fuese un xerox de mi juventud, o de lo que fui el año pasado. Pero también pienso que alguna razón mi inconsciente debe tener, cuando me hace sudar o revolverme en la cama.

Por supuesto, los humanos mudamos todo el tiempo. Algunas veces en una velocidad superior a las novedades del mundo. Esas mudanzas van aconteciendo a cada palabra escrita en la página de cada uno.

Pero el caso en cuestión, es que uno no debe importarse si el enredo de la obra le sale confuso, contradictorio, ambiguo. Lo que interesa mismo, es que él sea de nuestra autoría.

Básico que por cuenta de ello ya no sienta ganas de convencer a nadie. Yo no pregono la biblia, programa partidario, manual de escrita. Tampoco digo que un individuo deba leer éste o aquel libro, que debe preferir un museo a una trasnochada. Tanto me da, o me da lo mismo.

Tal vez, reflexionando a tiempo, le diré que el único principio del cual todavía no me desprendí o traicioné, es aquel de: ¡Viva y deje vivir!

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Aprenda a Calcular Cuánto Vale


Hay un enfoque que cualquiera puede llamar de “economicista”, que sostiene que los precios de los bienes y servicios, así como el de los factores productivos, son fijados por el mercado, en forma automática, independientemente de la voluntad de las personas, en base a leyes objetivas entre las cuáles son determinantes las de oferta y demanda, la eficiencia y la competencia… Por lo menos así está escrito.

Innegable que, -productores, consumidores, comerciantes, intermediarios-, todos buscan maximizar su propia utilidad, y en consecuencia el mercado en que participan todos, le pone a cada uno los límites a su ambición y a sus posibilidades de beneficiarse de más altos o menores precios de aquello (productos, trabajo, dinero, etc.) que venden, compran o entregan… Como es el caso en cuestión que veremos a seguir.

Por tanto, el individuo que quiera cobrar precios mayores que la competencia, será castigado por los consumidores, será desplazado del mercado, o tendrá que aceptar espacios reducidos de exposición.

Como el leyente puede notar, eso de poner un precio a un producto o servicio es una tarea complicada. Si tiramos por lo bajo, podemos pecar de baratos y dar una imagen de mala calidad. Si por el contrario, optamos por un importe elevado, podemos perder buenos clientes por el camino… Entonces, ¿Dónde está el equilibrio? ¿Cuál es el precio justo?

Algunos sujetos recurren a encuestas entre sus familiares, amigos u usuarios con un perfil de potencial cliente para encontrar el precio exacto. Sin embargo, varios apuntan que hay varias razones por las que descartar esta táctica.

Por ejemplo, es lo que ocurrió con una mujer china que procesó a un hombre por “violar su derecho a la virginidad” después que él la cortejara con falsas promesas.

El asunto es que ellos estaban novios, pero después que la mujer, de sobrenombre Chen, descubrió que su media naranja se convirtió en limón luego de enterarse de que él ya era casado, lo procesó por haberle robado su virginidad, acusándolo de fingir ser soltero y de prometerle que ella sería su esposa, conforme lo divulga la prensa de Xangai.

Por su vez, un portavoz del tribunal de la región de Pudong confirmó el caso y el juzgamiento, pero dijo que el hombre apeló de la decisión.

Los dos se habían conocido por internet en 2009, pero solamente comenzaron el noviazgo en 2013, después de ambos viajar para Singapur, donde consumaron el relacionamiento, informó el sitio “The Paper”.

Sin embargo, después que el hombre, de sobrenombre Li, repentinamente interrumpió el contacto, Chen invadió su casa y lo encontró con su esposa.

Sulfurada por los hechos, Chen procesó a Li, acusándolo de violar sus derechos a la virginidad y a su salud, y exigió en los tribunales más de 81.000 dólares en daños psicológicos, además de costos médicos en el valor de US$ 250.

Los integrantes del tribunal consideraron su demanda original excesiva, pero afirmaron en su decisión que “el derecho a la virginidad” debe ser protegido por ley, una vez que era un “derecho moral” relacionado a la “libertad sexual, la seguridad sexual y la pureza sexual”, y le dieron gano de causa; por lo que Chen conquistó en el tribunal casi 5.000 dólares, según las informaciones divulgadas un par de días atrás.

“Violar el derecho a la virginidad puede llevar a daños para el cuerpo de una persona, para su salud, libertad e reputación… Eso debe ser compensado”, destacó el tribunal, que sin embargo no explicó cómo decidió el valor exacto.

En todo caso, el reo no compareció a la audiencia, pero por medio de un abogado negó haber practicado sexo con la mujer.

Como puede ver, mi actuario lector, existe un bando de sicofantas queriendo aprovecharse de la notoriedad de los filósofos para luego inventar fórmulas enciclopédicas que posibiliten agrandar el viejo hábito interesante de ganar fortunas… ¡Escolástico!

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La Culpa fue de la Kryptonita


Se dice que el sentimiento de culpa por engañar, se refiere a como uno se siente con respecto a las mentiras que se han dicho, pero no envuelve la cuestión legal de si ese mismo sujeto es culpable o inocente. Por tanto, el sentimiento de culpa por engañar debe distinguirse del que provoca el contenido mismo del engaño.

Supongamos, por ejemplo, que en “Pleito de honor”, la famosa película dirigida por Anthony Asquith y protagonizada por Robert Donat, el joven Ronnie Winslow hubiese robado efectivamente el giro postal de 5 chelines. Quizá tendría sentimientos de culpa por el robo en sí, y se consideraría a sí mismo una persona ruin por haber hecho eso. Pero si además le ocultó el robo a su padre, podría sentirse culpable a raíz de haberle mentido: éste sería su sentimiento de culpa por engañar… Una emoción que realmente falta en muchos políticos, evidente.

Pero en fin, algunos mentirosos no calibran como corresponde el efecto que puede tener en ellos, que la víctima les agradezca el engaño en vez de reprochárselo, porque le parece que la está ayudando; o cómo se sentirán cuando vean que le echan a otro la culpa de su fechoría. Ahora bien: estos episodios pueden crear culpa a algunos, pero para otros son un estímulo, el aliciente que los lleva a considerar que la mentira vale la pena.

Otra razón de que los mentirosos subestimen el grado de culpa por engañar que pueden llegar a sentir, es que sólo después de transcurrido un tiempo advierten que una sola mentira o fechoría tal vez no baste, por lo que es menester repetirla una y otra vez, a menudo con intenciones más y más elaboradas, buscando así proteger el engaño primitivo.

Teniendo esto en cuenta, imagine lo que le podría suceder a usted, si llega a ser sorprendido al invadir un apartamento ajeno. ¿Qué puede hacer entonces para evitar el infraganti?

Yo, al igual que todo sobrecogido leyente, pienso que muchas cosas. No en tanto, a Tang Lei, un habitante de Suqian, en la provincia china de Jiangsu, se le ocurrió una idea diferente, y resolvió fingir que era Superhombre.

Así pues, sin hacerse de rogado, se quitó los pantalones, y sólo de calzoncillos, saltó por la ventana del quinto piso. Sin embargo, Lei no salió volando como usted pueda imaginar. Conforme cuenta el periódico norteamericano “New York Daily News”, el chino planeador reventó -al igual que la cucaracha que uno pisa- contra un tejado vecino.

Resulta que al ser flagrado en el apartamento de un hombre y su hija de 10 años, Lei, mamado a más no poder, les garantió que era el “Superhombre” en persona. Para probar lo que decía, resolvió tirarse por la ventana, de una altura de casi 15 metros. El resultado fue heridas graves y muchos cortes y hematomas.

Para suerte suya, un vecino escuchó los gritos de este “Clark Kent” oriental y lo socorrió llevándolo a un hospital de las proximidades.

Después de ser tratado y medicado, Lei acabó siendo acusado de robo. Empero, las cosas pueden resultar aún peores para este chino volador si llega a ser condenado: Lei puede permanecer preso por hasta siete años, según la legislación china.

El propio Lei admitió su aventura en el hospital, diciendo: “Pensé que el apartamento estaba vacío. Yo sólo quería dormir un poco para aplacar mi mamúa”… Sin embargo, los chismosos vecinos apuntan que la falla de su despegue fue por causa de la “kryptonita” que lo impidió de salir volando.

Que más decir una vez que nos enteramos de tal epifanía, si en verdad debemos conformarnos con el hecho de existir y creer que esas cosas de tomar sol, son meros rastrojos de los menús inquisitoriales de Torrequemada, cuando sádicos y masoquistas en éxtasis sudoríparos y untes viscosos, partían para sus actividades de padecer o torturar… ¡Esplendoroso!

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