Aprenda a Calcular Cuánto Vale


Hay un enfoque que cualquiera puede llamar de “economicista”, que sostiene que los precios de los bienes y servicios, así como el de los factores productivos, son fijados por el mercado, en forma automática, independientemente de la voluntad de las personas, en base a leyes objetivas entre las cuáles son determinantes las de oferta y demanda, la eficiencia y la competencia… Por lo menos así está escrito.

Innegable que, -productores, consumidores, comerciantes, intermediarios-, todos buscan maximizar su propia utilidad, y en consecuencia el mercado en que participan todos, le pone a cada uno los límites a su ambición y a sus posibilidades de beneficiarse de más altos o menores precios de aquello (productos, trabajo, dinero, etc.) que venden, compran o entregan… Como es el caso en cuestión que veremos a seguir.

Por tanto, el individuo que quiera cobrar precios mayores que la competencia, será castigado por los consumidores, será desplazado del mercado, o tendrá que aceptar espacios reducidos de exposición.

Como el leyente puede notar, eso de poner un precio a un producto o servicio es una tarea complicada. Si tiramos por lo bajo, podemos pecar de baratos y dar una imagen de mala calidad. Si por el contrario, optamos por un importe elevado, podemos perder buenos clientes por el camino… Entonces, ¿Dónde está el equilibrio? ¿Cuál es el precio justo?

Algunos sujetos recurren a encuestas entre sus familiares, amigos u usuarios con un perfil de potencial cliente para encontrar el precio exacto. Sin embargo, varios apuntan que hay varias razones por las que descartar esta táctica.

Por ejemplo, es lo que ocurrió con una mujer china que procesó a un hombre por “violar su derecho a la virginidad” después que él la cortejara con falsas promesas.

El asunto es que ellos estaban novios, pero después que la mujer, de sobrenombre Chen, descubrió que su media naranja se convirtió en limón luego de enterarse de que él ya era casado, lo procesó por haberle robado su virginidad, acusándolo de fingir ser soltero y de prometerle que ella sería su esposa, conforme lo divulga la prensa de Xangai.

Por su vez, un portavoz del tribunal de la región de Pudong confirmó el caso y el juzgamiento, pero dijo que el hombre apeló de la decisión.

Los dos se habían conocido por internet en 2009, pero solamente comenzaron el noviazgo en 2013, después de ambos viajar para Singapur, donde consumaron el relacionamiento, informó el sitio “The Paper”.

Sin embargo, después que el hombre, de sobrenombre Li, repentinamente interrumpió el contacto, Chen invadió su casa y lo encontró con su esposa.

Sulfurada por los hechos, Chen procesó a Li, acusándolo de violar sus derechos a la virginidad y a su salud, y exigió en los tribunales más de 81.000 dólares en daños psicológicos, además de costos médicos en el valor de US$ 250.

Los integrantes del tribunal consideraron su demanda original excesiva, pero afirmaron en su decisión que “el derecho a la virginidad” debe ser protegido por ley, una vez que era un “derecho moral” relacionado a la “libertad sexual, la seguridad sexual y la pureza sexual”, y le dieron gano de causa; por lo que Chen conquistó en el tribunal casi 5.000 dólares, según las informaciones divulgadas un par de días atrás.

“Violar el derecho a la virginidad puede llevar a daños para el cuerpo de una persona, para su salud, libertad e reputación… Eso debe ser compensado”, destacó el tribunal, que sin embargo no explicó cómo decidió el valor exacto.

En todo caso, el reo no compareció a la audiencia, pero por medio de un abogado negó haber practicado sexo con la mujer.

Como puede ver, mi actuario lector, existe un bando de sicofantas queriendo aprovecharse de la notoriedad de los filósofos para luego inventar fórmulas enciclopédicas que posibiliten agrandar el viejo hábito interesante de ganar fortunas… ¡Escolástico!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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¡Ojo! No le Mienta a los Niños


Me tomo la molestia de informarle para su propio bien, que tenga en cuenta que es mejor que no se le ocurra decirle una mentira a un niño, y ni siquiera pretenda ocultarle o retrasarle una información, porque aunque el más timorato lector no acredite en mi exhortación, es verdad que los chicos saben cuándo alguien les miente o no les dice toda la verdad… Diferente del cándido adulto.

Y agrego, además, que tampoco intente confundir a un menor dándole más información de la que él necesita, porque será pura pérdida de tiempo ya que la atención de éste seguirá clavada en el foco de lo que parece ser más importante para su cabeza, y, probablemente, no demorará mucho para echarle en cara que le aburre escuchar tanta palabrería y verbosidad de su parte.

A bien verdad, estas son las conclusiones a que llegaron dos estudios realizados por personal del “Instituto de Tecnología de Massachusetts” (MIT). En la primera investigación, el especialista en ciencias cognitivas Hyowon Gweon y su equipo, determinaron que los niños no solo detectan cuándo se les miente o se les da una verdad a medias, sino que, cuando se les oculta algo, de alguna manera ellos buscarán la forma de llenar esos vacíos de información, especialmente si el tema es de su interés.

El mismo Hyowon Gweon fue quien llegó a comentar en un boletín de la mencionada institución: “Cuando alguien les da información, no solo aprenden lo que la persona busca enseñar, sino que también algo sobre esa persona. Si la información es completa y veraz, confiarán en esa persona en un futuro”… “Pero, si esta persona enseñó o dijo algo incorrecto, cometió un error u omitió algo importante, tal vez suspendan la confianza, sean escépticos sobre una información que ella les dará en un futuro, o incluso busquen otras fuentes de información”, agregó.

Para alcanzar estas definiciones, el reporte de Gweon se basó en un trabajo previo en el que una maestra les explicaba a niños de seis y siete años solo una de las cuatro funciones que tenía un juguete… Luego se lo daban… En un inicio, los niños únicamente se enfocaron en esa función explicada, pero después exploraron otras. Al final del trabajo, se les pidió a esos chicos evaluar a la maestra, resultando que los niños que descubrieron más funciones del juguete le dieron una calificación más baja.

En el segundo estudio, los investigadores seleccionaron niños de esas mismas edades. Primero les dieron el juguete para que lo manipularan y jugaran con él a su antojo… Posteriormente, una maestra les explicó solo una de las funciones que tenía el juguete… Sin embargo, los menores participantes descubrieron rápidamente que la maestra estaba ocultando información y, no sólo eso, se lo dijeron: “le hicieron ver la información que al parecer estaba omitiendo”.

Además, a la hora de calificar a la maestra, los estudiantes fueron mucho más duros que en el estudio previo. En consecuencia, los investigadores apuntan a que hubo pérdida de confianza en el adulto.

“Esto demuestra que los niños no solo tienen sensibilidad para determinar quién dice lo correcto y quién no. Aparte de que ellos pueden evaluar a los otros basándose en que la información aportada no es suficiente”, señaló Gweon.

¿Y si la información es mucha? En este caso, Gweon y sus colaboradores también hicieron un experimento en el que un maestro daba más información de la que el niño requería para poner a funcionar el juguete.

Fue así que ellos descubrieron que cuando se da más información de la que el niño requiere o de datos que el menor ya conoce, esto es percibido a los pocos minutos, y conlleva a una pérdida de atención, además de tiempo.

Finalmente, Gweon concluye su boletín diciendo: “Esto, lo que nos demuestra, es que ya desde pequeños sabemos cómo ir construyendo nuestras actividades a partir de la forma en la que discriminamos la información que tenemos, y también sabemos cuándo debemos buscar más datos”.

Digerida la información, según parece, éste es un fenómeno del mundo actual, a lo que habría que agregar que los jóvenes ya no tienen interés en fosilizados esquemas políticos que se arrastran desde el siglo XIX, y nos pasan, o nos quieren pasar, la impresión de están más preocupados en pasarlo bien y prolongar la adolescencia lo más posible, digamos hasta los cuarenta o cincuenta años… ¡Después se verá!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

El Derecho Legítimo del Ciudadano


A veces parece difícil entender que no todas las personas son iguales y, por tanto, no debe pretender el Estado querer igualarlas. En realidad, el Estado debe propender a proveer de los servicios necesarios para una vida digna a todos los habitantes de su pueblo. Sin embargo, habrá algunos que, por no haber tenido oportunidades o no tener los talentos suficientes e incluso por no haber hecho el esfuerzo suficiente cuando debían, precisarán de mayor apoyo estatal.

La cuestión preponderante, es que todos los habitantes tienen derecho legítimo al trabajo, dependiente o independiente, con o sin inversión propia, con capitales nacionales o extranjeros y tener la posibilidad de desarrollarse como persona, sin que nadie intervenga en su actividad, mientras ésta sea lícita.

Evidente que no todos logran, por distintas razones, obtener para sí y sus familias, la satisfacción de sus necesidades mínimas. Y siendo así, a ellos el Estado deberá dedicarle planes especiales para proveerles de bienes y servicios en forma directa, tales como vivienda y servicios de salud y de educación. No para que estos sean iguales a nadie, sino para que cada uno de ellos alcance una vida digna.

Eso de desmitificar el culto a la igualdad coadyuva a evitar las frustraciones sociales. No se trata de ser iguales, sino de lograr que los más desprotegidos tengan un nivel de vida aceptable con acceso a los servicios públicos necesarios y a distintas oportunidades de trabajo.

No en tanto, la preocupación de que haya personas que tienen mayores recursos económicos que otros, no debería ser preocupación de nadie, no sólo eso, sino que sería interesante tomar conciencia que esos mayores recursos, en general se destinan a la generación de nuevos empleos, tanto domésticos como empresariales.

Entiendo que tampoco es justo que aquel que trabaja con esmero y dedicación, y que por esa razón obtiene una contraprestación adecuada, deba ser desposeído de sus ingresos o de parte de su capital, que con el tiempo ha logrado formar, sólo por el hecho de tener una situación económica dada.

En virtud de ello, el Estado debe obtener los recursos necesarios para cubrir los costos de un presupuesto racional justo, que no ahogue la actividad privada, sino que la promueva, que permita su crecimiento, generando nuevos puestos de trabajo. El interés por el lucro no debe ser demonizado sino controlado y equilibrado con el interés de la sociedad.

Por consiguiente, parece ser natural que los impuestos provendrán de quienes obtengan mayores ingresos o tengan bienes de los cuales se pueda obtener mayor renta, pero no por la envidia subyacente de quitarle al que tiene, sino por la necesidad de una solidaridad bien entendida de obtener recursos para los cometidos del Estado.

Pero algunos necesitan entender que el criterio de extraer mediante tributos todo lo que se pueda, administrarlo desde el Estado y redistribuirlo mediante contrataciones o subsidios directos, dirigidos a obtener la igualdad en el ingreso de los trabajadores, no conduce a una sociedad sana, sino que por el contrario, es un concepto de solidaridad mal entendida pues resulta incongruente que unos y otros obtengan igual retribución sin importar la responsabilidad que asumen, el esmero y la dedicación que le profesan al trabajo o el riesgo que asumen al invertir capital en un emprendimiento.

Ante lo expuesto, el ciudadano debe trabajar por un país sano y solidario en el cual las políticas sociales realmente estén dirigidas a los más desposeídos, los ancianos, los discapacitados, los niños y los adictos, y que todos aquellos que estén en condiciones físicas y mentales de trabajar, lo hagan y contribuyan con su esfuerzo al desarrollo nacional… ¿Eso no suena más coherente para todos?

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¡Vea! No es Difícil Arreglar al Mundo


No sé, puede que sea tan solo una ridiculez de mi parte ponerme a reescribir esto, pero se me ocurre que en vista de lo que acontece por ahí, no hay nada más apropiado para los días de hoy, que rescatar un cuento corto que se le ha asignado al magistral escritor, recientemente fallecido, Gabriel García Márquez. La historia es la siguiente:

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Para ello, pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

Viendo que era imposible sacarlo de allí, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta adhesiva se lo entregó a su hijo diciendo:

-Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie.

Para entonces, calculó que al pequeño le llevaría como 10 días componer el mapa, pero para su sorpresa no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

-¡Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo!

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Sin embargo, para su admiración, notó que el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible?… ¿Cómo el niño había sido capaz?… De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:

-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

-Papá, -respondió el niño-; yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era.

-¿Verdad? -preguntó el fascinado padre.

-¡Sí, papá! Porque cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja, y vi que había arreglado al mundo.

Gabriel García Márquez

 

MORALEJA: Para arreglar el mundo, hay que empezar por arreglar al hombre.

 

En todo caso, creo que a esta parábola no hay nada que agregar.

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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