Dime


No importa lo cuán difícil pueda ser yo, o cuanta veces las agruras de la vida perturben mi existencia, o las tantas veces que pueda surgir la densa y aciaga nube que esconde mi propio sol, o cuantas inmortales veces necesitemos los dos para recomenzar a enamorarnos a cada mañana.

Todavía recuerdo cómo se me aceleraba el corazón cada vez que iba a tu encuentro de brazos abiertos. No importa lo que nos ocurra, porque poseo un amor valiente preparado para juntar las partes, preparar un café mientras se nos curan las heridas antes de empezar a escribir juntos una nueva historia de verdadera pasión.

Dime que me quieres, que te vuelves loca por mí. Dime cualquier mentira, porque me encanta escucharte, pues entre la nada y el silencio cruzan mis horas cada una de las sílabas de tu nombre.

Vamos rápido hacia un lugar oscuro del horizonte donde siempre pueda quererte. Recuerda que combiné contigo no desistir jamás.

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La Verdad


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¡Dime la verdad! Suele ser la expresión que utilizamos en cuanto aguardamos por una confesión creíble.

Sin embargo, con ese clamor olvidamos que la verdad no es más que un concepto abstracto de difícil definición, muchísimo más si éste incumbe al ámbito del amor, visto que el enunciado se encajaría mejor en lo que se atiene a las sapiencias exactas.

Informalmente, el término verdad se usa para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o tal vez a la realidad a la que dicha afirmación se refiere, y aún a la fidelidad a una idea. A bien verdad, este término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas o la filosofía.

Tampoco se puede negar que el uso de la palabra abarca asimismo la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general. Como igualmente se usa en el acuerdo de los conocimientos con las cosas que afirmamos como si estas fueran una realidad dada por cierta: los hechos o las cosas en particular; o la relación de los hechos o las cosas en su totalidad en la constitución del Todo, del Universo.

Sin embargo, lo que se percibe, es que en relación al amor y la verdad del sentimiento estamos lejos.

No digo que el amor no lo sea, pero las cosas sólo son verdaderas cuando son “fiables”, y entonces sólo son fieles porque cumplen lo que ofrecen. Por tanto, el término no tiene una única definición en la que estén de acuerdo la mayoría de los estudiosos, por lo que las teorías sobre la verdad continúan siendo ampliamente debatidas.

El sentimiento del amor es muy enclenque, porque en ese sentido, la verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa o imaginamos sentir. De allí surge que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza.

La emoción causada por el amor es diferente, tenue y hasta pasajera si se quiere, ya que por otro lado, como verdad se denomina todo aquel juicio o preposición que no puede ser refutado racionalmente, cosa opuesta al estado intrínseco del amor. En esta acepción, la verdad tiene un sentido antípoda a la falsedad, a la mentira.

Pero con el término “verdad” podemos referirnos a una realidad o a una preposición, y así hablamos de una verdad ontológica, de la realidad, del ser; o de una verdad lógica, del conocimiento, de la proposición mediante la que se expresa un juicio cualquiera. En el primero de los casos se incluiría el amor, ya que con esta afirmación decimos que lo que sentimos es verdad, o verdadero, para indicar que nuestro sentimiento no se trata de una ilusión o delirio, de una apariencia, siendo entonces la verdad idéntica a la realidad a lo que las cosas son.

Ahora, cuanto al segundo caso, a la verdad lógica, ahí consideramos que la “verdad” es en sí una propiedad del enunciado, de la proposición, no de la realidad, del objeto, y por eso creemos que la verdad consiste en la adecuación o correspondencia de la proposición con aquello a lo que se refiere, con los hechos, con las cosa en sí. Es por eso que afirmamos que si tal correspondencia con lo que nosotros sentimos en relación a lo que el otro ser apasionado siente no se da, su proposición o sentimiento es falso.

Lo que resta entonces, es que en el apego del amor, la concepción de la verdad, o si el sentimiento es verdadero, habría que despojarlo de todos los sentimientos metafísicos y acreditar que la palabra es una teoría semántica de la verdad.

Cada Uno Carga con su Locura


Suena impropio, pero cuando alguien nota que otra persona está sumamente entretenida en una conversación sola en medio a un soliloquio, una de las primeras cosas que nos viene a la cabeza, es que ese sujeto tiene algún problema mental por causa de alguna patología cualquiera resultante de cables pelados en el cerebro.

Diría más, incluso muchos por de pronto se entregan a pensar que esa persona consumió alguna droga o está bajo los efectos del alcohol, ya que es sabido que si una persona está intoxicada con alcohol o drogas, ella puede alucinar y entonces generar una interesante conversación con otro ser imaginario… Incluso con extraterrestres.

Obviamente que todos los legos tiramos esa idea partiendo del presupuesto de que la práctica de grandes monólogos solitarios son característicos de los esquizofrénicos o disminuidos mentales, que mantiene ese tipo de práctica por escuchar otras voces en su propia cabeza y quieren interrumpir esos acezos actuando de esta manera. Si bien está confirmado que la gente que pasa mucho tiempo sola habla sola.

La radio y la televisión han cambiado muchas cosas, porque esos aparatos llenan de sonido espacios que de otra forma estarían vacíos. Eso lleva, es muy posible, que en algún momento a los radioescuchas y telespectadores les dé casi igual pensar en silencio que pensar en voz alta. Al igual como ocurre con muchos otros hábitos -que no son de monje-, si uno está en soledad, va perdiendo cierta percepción de la mirada del otro.

En todo caso, existen algunas preguntas consecuentes del tipo: ¿Por qué hablamos solos? ¿A quién nos dirigimos cuando lo hacemos? ¿Hablar a solas representa algún tipo de patología o un indicio de locura?

Sin duda estas son incógnitas que a veces nos asaltan por sorpresa y a las que casi nunca encontramos una respuesta. No es por nada que en repetidas ocasiones escuchamos la conocida frase “Habla solo como los locos”. Pues bien, el caso es que estamos equivocados con ese raciocinio, pues aunque muchos suelen hablar a solas, también mucha gente sin patología mental alguna también lo hace. Psicólogos y psiquiatras coinciden en que la mayoría de las personas practica esa costumbre.

El caso, mi discursante lector solitario, es que hay mucha gente suelta en el mundo que habla sola mientras camina por la calle o en su propia casa sin que tenga cualquier trazo de disturbio mental, ya que esta, inclusive, puede ser sin duda una manera bastante saludable de llevar la vida como se pueda.

Por tanto, según lo afirman los psicólogos americanos Daniel Swigley y Gary Lupya, es que en verdad existen personas que tienen ese tipo de “auto conversaciones”, y afirman que por lo general muchas de ellas resultan ser más inteligentes, resueltas y creativas que las demás.

Pues bien, para ellos llegar a tal conclusión, necesitaron estudiar un grupo de 20 personas que tenían por desafío pedir una serie de productos en un supermercado. Al dar inicio al estudio, en la primera fase del test, tales individuos no podían repetir el nombre del artículo que necesitaban encontrar, ni mismo murmurarlo. Ya en una segunda parte del programa, el mismo procedimiento fue realizado, no obstante esta vez ellos podían repetir los nombres de los productos para buscar las compras.

El resultado obtenido fue impresionante, aunque la mayoría se salió mejor en la segunda fase de la experiencia, cuando pudieron encontrar mucho más rápido lo que necesitaban sin olvidarse de nada. Quedó entonces confirmado que además del factor de la memoria, habilidades de organización de los pensamientos y aprendizaje también parece salirse mejor en este caso.

Profundizando lo antes dicho, percibo que es común ver en todo lugar gentes que anda entretenida debatiendo consigo las buenas acciones que intentan practicar, jurando que van a ser rectas, justas y ecuánimes, que de su enmendada boca no volverá a salir una mala palabra, una mentira, una insidia, aunque las mereciera el enemigo. Claro que estoy hablando aquí de personas vulgares, las otras, las de excepción, las que se sitúan fuera de lo común, las que se ajustan a sus propias razones para ser y hacer lo contrario siempre que les apetezca o aproveche, estas llegan a reírse de nosotros y de nuestras buenas intenciones… ¡Estólido asunto!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

La Pierna Corta de la Mentira


¿Se puede saber si alguien está mintiendo? Según la especialista en lenguaje corporal Judi James, sí, se puede. Existen muchas maneras de percibir si alguien está mintiendo, principalmente a través del lenguaje corporal y de manierismos que uno considera “reveladores”. Ahí se pueden encontrarse pruebas de la mentira.

Cuanto uno examina a alguien más detalladamente, es más difícil para una persona actuar naturalmente. Si está mintiendo o hablado la verdad, sus manierismos probablemente irán mudar. Entonces, si un sujeto es un buen mentiroso, pode ser más convincente de que alguien que está desesperado para convencerlo de que está diciendo la verdad (mismo que esté). Pero si las señales “reveladoras” no son confiables, entonces ¿cómo uno puede saber si alguien nos está mintiendo?

El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero contar una mentira es un procedimiento muy complejo, por tanto si uno no tiene práctica, es complicado. Grandes mentiras, como aquellas que podemos decir durante una confrontación social o en el trabajo, o mismo a una amiga cuando le decimos como ella está bien luego de un abominable corte de cabello, puede envolver un conjunto de pasos muy complejos para el cerebro y para el cuerpo que, por su vez, pueden causar una presión que indica síntomas de estrés. Breves e intensas explosiones de estrés como esas pueden producir una o todas esas características de lenguaje corporal; pero ellas siempre deben ser evaluadas en conjunto con los mensajes verbales e interpretadas lo más posible dentro de un contexto. Por ejemplo:

Hablar mucho – ¿Está exagerando en su tentativa de ser convincente? Frecuentemente un mentiros puede llegar lejos demás en su tentativa de ser acreditado. Eso puede llevar a una verborragia: Dar más detalles de lo necesario es exagerar al gesticular o en el contacto visual. Una persona honesta normalmente ira revelar algunos movimientos sutiles de palmas de manos, pero un mentiroso normalmente ira exhibirlas encogiendo exageradamente los hombros. El mentiroso tiende también a repetir frases como “Estoy siendo honesto contigo”, o “Estoy diciendo la verdad”, que serían desnecesarias si realmente fuese verdad.

Incongruencia – Cuando estamos siendo honestos nuestro lenguaje corporal contará la misma historia que nuestras palabras, pero cuando mentimos esas dos formas de comunicación pueden estar fuera de sincronía. Eso podría llevar a respuestas como sonreír en cuanto se disculpa o usar gestos de desprecio con las manos en cuanto finge estar profundamente preocupado.

Exhibiciones pseudo-infantiles – Algunos de los mentirosos crecieron en un relacionamiento de mentiras y conspiración; lo que significa que los padres, en separado o en conjunto, se divierten o perdonan un mal comportamiento si la mentira es “cómica”. Niños pequeños realmente parecen “divertidos” cuando mienten y, como consecuencia, frecuentemente los adultos se ríen. Eso puede significar una vida empleando lenguaje corporal “divertido” cuando dicen una mentira, en una tentativa de ser perdonados mismo si la mentira es descubierta.

Alteración de los padrones de respiración – Cuando un mentiroso siente culpa o está diciendo su mentira bajo presión, o estrés adicional puede tornar su respiración más superficial y frecuente. La adrenalina de la mentira también irá elevar su tono de voz y ambos síntomas pueden ser oídos por teléfono bien como detectados personalmente. La explosión de adrenalina también puede tornar el acto de engullir ligeramente difícil o causar secura en la boca, llevando a lamer los labios y puede ocasionar un aumento en la frecuencia de piscar los ojos.

Ejemplos – Mismo que pueda ser apenas un síntoma de timidez, el deseo de cubrir el rostro o hasta los ojos irá aumentar durante una mentira. Eso lleva a colocar la mano en el rostro para disfrazar una característica como la boca; mirar para lejos o permitir que el cabello caiga sobre los ojos para ocultar la mirada. (Es por eso que los jugadores de póker frecuentemente usan viseras y lentes oscuros en la mesa de juego). Entre tanto, recuerde siempre la opción opuesta: un mentiroso que esté haciendo un esfuerzo consciente en su actuación, frecuentemente irá lejos demás en la dirección contraria. ¡Hay criminosos que al ser interrogados por la policía encaran de frente en cuanto hablan, utilizando períodos prolongados de contacto visual sin piscar!

La larga pausa – El cuerpo necesita de algunos momentos para prepararse para decir una mentira, significando que frecuentemente habrá una pausa más larga que lo normal antes de una pregunta ser respondida. Durante ese intervalo, el cerebro del mentiroso está tentando suprimir la respuesta honesta, inventar la deshonesta y finalmente prepararse para decirla de un modo que parezca verdadera. Un mentiroso habitual frecuentemente se desvía de la pregunta para tener más tiempo para prepararse, usando frases como: ¿Está realmente preguntando si la engañé? ¿Realmente acredita que yo haría algo así?, etc. Desviándose de la pregunta, ellos también irán disfrazar el estrés, tentando transferir la presión de responder para uno al envés de para ellos.

La técnica ficticia – Normalmente un mentiroso tiene consciencia del desafío de demonstrar un lenguaje corporal que parezca honesto y puede planear mantenerse parado para evitar revelar alguna cosa. Ponerse muy quieto y tornarse repentina y extrañamente monosilábico puede, entre tanto, entregar el juego, del mismo modo que el otro extremo de hablar mucho o sacudir las manos. Hay mentirosos que adoptan una expresión de póker cuando cuestionados y hasta se sientan sobre sus manos para evitar algún ‘escape’ en su lenguaje corporal.

Gestos de limpiar – Otro gesto común durante una mentira es el gesto de peinar para “limpiar”, que es cuando el mentiroso estará subconscientemente tentando barrer la mentira mientras habla. Puede agarrar y estregar sus pantalones o pollera o hasta las mangas del saco si está sentado, o limpiar sus manos o golpearlas ligeramente como si estuviese apartando la culpa.

Movimiento de los ojos – Esta reacción no ocurre todas las veces, pero una persona que está diciendo la verdad frecuentemente irá utilizar la parte de su cerebro de memoria retenida mirando para arriba y para su izquierda en cuanto habla. ¡Mirar para arriba y para la derecha puede sugerir pensamiento creativo, lo que puede significar mentir!

Técnicas de distracción – Un traidor sexual o mentiroso frecuentemente irá distraer a la persona que los está confrontando usando los mismos valores que los llevaron a engañarla. Si él fue forzado a mentir debido a un impulso sexual, entonces irá forzarlo a recular o perdonar por el mismo motivo. Eso significa que él irá tentar abrazar o hacer avanzos sexuales durante la mentira. Si funcionó con él, puede creer que puede dar cierto con uno también.

No sé si todo esto sirve de mucho, pero con probar no se pierde nada… Ahora, si no le resulta, reclámele a Judi… La mentirosa es ella.

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

La Culpa fue de la Kryptonita


Se dice que el sentimiento de culpa por engañar, se refiere a como uno se siente con respecto a las mentiras que se han dicho, pero no envuelve la cuestión legal de si ese mismo sujeto es culpable o inocente. Por tanto, el sentimiento de culpa por engañar debe distinguirse del que provoca el contenido mismo del engaño.

Supongamos, por ejemplo, que en “Pleito de honor”, la famosa película dirigida por Anthony Asquith y protagonizada por Robert Donat, el joven Ronnie Winslow hubiese robado efectivamente el giro postal de 5 chelines. Quizá tendría sentimientos de culpa por el robo en sí, y se consideraría a sí mismo una persona ruin por haber hecho eso. Pero si además le ocultó el robo a su padre, podría sentirse culpable a raíz de haberle mentido: éste sería su sentimiento de culpa por engañar… Una emoción que realmente falta en muchos políticos, evidente.

Pero en fin, algunos mentirosos no calibran como corresponde el efecto que puede tener en ellos, que la víctima les agradezca el engaño en vez de reprochárselo, porque le parece que la está ayudando; o cómo se sentirán cuando vean que le echan a otro la culpa de su fechoría. Ahora bien: estos episodios pueden crear culpa a algunos, pero para otros son un estímulo, el aliciente que los lleva a considerar que la mentira vale la pena.

Otra razón de que los mentirosos subestimen el grado de culpa por engañar que pueden llegar a sentir, es que sólo después de transcurrido un tiempo advierten que una sola mentira o fechoría tal vez no baste, por lo que es menester repetirla una y otra vez, a menudo con intenciones más y más elaboradas, buscando así proteger el engaño primitivo.

Teniendo esto en cuenta, imagine lo que le podría suceder a usted, si llega a ser sorprendido al invadir un apartamento ajeno. ¿Qué puede hacer entonces para evitar el infraganti?

Yo, al igual que todo sobrecogido leyente, pienso que muchas cosas. No en tanto, a Tang Lei, un habitante de Suqian, en la provincia china de Jiangsu, se le ocurrió una idea diferente, y resolvió fingir que era Superhombre.

Así pues, sin hacerse de rogado, se quitó los pantalones, y sólo de calzoncillos, saltó por la ventana del quinto piso. Sin embargo, Lei no salió volando como usted pueda imaginar. Conforme cuenta el periódico norteamericano “New York Daily News”, el chino planeador reventó -al igual que la cucaracha que uno pisa- contra un tejado vecino.

Resulta que al ser flagrado en el apartamento de un hombre y su hija de 10 años, Lei, mamado a más no poder, les garantió que era el “Superhombre” en persona. Para probar lo que decía, resolvió tirarse por la ventana, de una altura de casi 15 metros. El resultado fue heridas graves y muchos cortes y hematomas.

Para suerte suya, un vecino escuchó los gritos de este “Clark Kent” oriental y lo socorrió llevándolo a un hospital de las proximidades.

Después de ser tratado y medicado, Lei acabó siendo acusado de robo. Empero, las cosas pueden resultar aún peores para este chino volador si llega a ser condenado: Lei puede permanecer preso por hasta siete años, según la legislación china.

El propio Lei admitió su aventura en el hospital, diciendo: “Pensé que el apartamento estaba vacío. Yo sólo quería dormir un poco para aplacar mi mamúa”… Sin embargo, los chismosos vecinos apuntan que la falla de su despegue fue por causa de la “kryptonita” que lo impidió de salir volando.

Que más decir una vez que nos enteramos de tal epifanía, si en verdad debemos conformarnos con el hecho de existir y creer que esas cosas de tomar sol, son meros rastrojos de los menús inquisitoriales de Torrequemada, cuando sádicos y masoquistas en éxtasis sudoríparos y untes viscosos, partían para sus actividades de padecer o torturar… ¡Esplendoroso!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

No Queme su Filme con Ella


Piense mejor sobre lo que mencionaré a seguir, mí subyugado amigo, pues la película a que me refiero es otra. Por tanto, antes de que se le ocurra cometer ciertos actos perdularios en su vida, considere que el respeto de una mujer es como la virginidad: “después que la pierde, nunca más la consigue de vuelta”. Además, al contrario de lo que muchos caminantes piensan y opinan, si está casado, ellas no estarán dispuestas a largarlo sólo porque acabó de pegarlo en una viciosa mentira o porque lo atrapó in fraganti en los brazos de otra… Excepto que ello justamente ocurra durante aquellos días temperamentales e histéricos que mensualmente las mujeres tienen.

En todo caso y al contrario de lo anteriormente dicho, ciertos eruditos en asuntos tan ambiguos afirman que hay otras maneras más sutiles de mantener una mujer lejos de usted. Así que, para todo aquel que no hace el papel de indigno adúltero patán pero mismo así está soltero contra su propia voluntad, le propongo que descubra lo qué puede acabar por quemar su filme junto a ellas y evite a todo costo los cinco malditos hábitos que mencionaré a seguir:

Gozar muy rápido: Suele ocurrir, claro. De hecho, si acontece, es un escenario lamentable, no obstante incontrolable, cuando el hombre alcanza el orgasmo antes que su pareja. Por tanto, cuando los dos estén ejecutando los principios facundos del amor y tal hecho ocurrir, no se le ocurra pedir disculpas y alegar ser el culpado; apenas preocúpese con que ella se complazca también. Tanto sea con masturbación o sexo oral, con tal de que del mismo modo ella lo alcance.

Desistir fácilmente: Recuerde que una persona que desiste de las cosas con facilidad, difícilmente consigue construir alguna cosa en la vida -o en la cama-. La admiración es esencial para lograr mantener un relacionamiento vivo, pero si usted tiene ese espíritu derrotista estampado en su rostro, entonces está fuera de escena. Además, recuerde que personas que desisten rápido, generalmente no son muy confiables que digamos, pues tienden a decir una cosa y hacer otra.

Ser muy celoso: Muchos afirman que los celos son una cosa divertida. La falta de ellos en un relacionamiento puede llegar a levantar sospechas de ambos lados, una vez que la sensación que se siente es que nuestra pareja no tiene miedo de perdernos. No en tanto, sentir celos demás también puede llegar a ser patético. Por supuesto que eso no significa que usted debe ponerse paranoico cuando ella sale con amigos hombres, ni pretender dar trompadas en cualquier sujeto que mira para ella en un bar o en la calle. Razone que al hacer ese tipo de cosas, usted demuestra que no tiene autoconfianza. Es natural tener instinto protector, empero, canalice sus sentimientos para probar lo cuanto usted se importa por ella, y no cuan inseguro es.

Odiar su empleo y no hacer nada para mudar: Si usted no tiene ambiciones y detesta lo que hace, entonces, mi amigo, prepárese para permanecer solo en esta vida. A nadie le gusta rodearse de personas que se la pasan reclamando constantemente de la vida y de su carrera profesional y al mismo tiempo no salen del lugar. Doctos en el asunto afirman que las chances de que alguna mujer se sienta atraída por un hombre cobarde que teme mudar su propia vida, son muy remotas.

Obvio que ni todo el mundo tiene el empleo de los sueños, pero si usted es demasiado perezoso para mudar o al menos aspirar por algo diferente, será muy difícil que pueda convencer a una mujer de que usted tiene control e integridad. Evidente que tampoco hay necesidad de amar locamente lo que se hace -hasta porque eso sería una ilusión-, pero al menos lo que usted necesita es tener un plan, un hobby o hacer cualquier cosa que lo entusiasme… Menos masturbarse, obvio.

Mandarse mudar cuando es conveniente: Hay quienes afirmen que existen tantas incertezas a nuestro alrededor y tantas personas actuando por conveniencia, que todo lo que sea diferente se destaca. Por consiguiente, la mujer está siempre en busca de alguien con quien ella pueda contar en los momentos cruciales, pero si usted, como una vil rata se le ocurre abandonar el barco antes de que su hunda, o sea, justamente cuando ella más lo necesita, eso hará, automáticamente, que usted deje de ser atrayente a sus ojos.

Con todo, leyendo este asunto hasta el final, es posible notar que ciertos sujetos de carácter egoísta no están dispuestos a que nadie se lo eche en cara sin que tenga que arrepentirse más tarde de ello, y a su vez quieran parecer notables productos del sistema económico-político-social que nos guía: la ostentación… Mismo que ellos no sean ricos y tengan que endeudarse para parecerlo, no obstante anden con agujeros en los calcetines… ¡Bueno, esa ya es otra película!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¡Ojo! No le Mienta a los Niños


Me tomo la molestia de informarle para su propio bien, que tenga en cuenta que es mejor que no se le ocurra decirle una mentira a un niño, y ni siquiera pretenda ocultarle o retrasarle una información, porque aunque el más timorato lector no acredite en mi exhortación, es verdad que los chicos saben cuándo alguien les miente o no les dice toda la verdad… Diferente del cándido adulto.

Y agrego, además, que tampoco intente confundir a un menor dándole más información de la que él necesita, porque será pura pérdida de tiempo ya que la atención de éste seguirá clavada en el foco de lo que parece ser más importante para su cabeza, y, probablemente, no demorará mucho para echarle en cara que le aburre escuchar tanta palabrería y verbosidad de su parte.

A bien verdad, estas son las conclusiones a que llegaron dos estudios realizados por personal del “Instituto de Tecnología de Massachusetts” (MIT). En la primera investigación, el especialista en ciencias cognitivas Hyowon Gweon y su equipo, determinaron que los niños no solo detectan cuándo se les miente o se les da una verdad a medias, sino que, cuando se les oculta algo, de alguna manera ellos buscarán la forma de llenar esos vacíos de información, especialmente si el tema es de su interés.

El mismo Hyowon Gweon fue quien llegó a comentar en un boletín de la mencionada institución: “Cuando alguien les da información, no solo aprenden lo que la persona busca enseñar, sino que también algo sobre esa persona. Si la información es completa y veraz, confiarán en esa persona en un futuro”… “Pero, si esta persona enseñó o dijo algo incorrecto, cometió un error u omitió algo importante, tal vez suspendan la confianza, sean escépticos sobre una información que ella les dará en un futuro, o incluso busquen otras fuentes de información”, agregó.

Para alcanzar estas definiciones, el reporte de Gweon se basó en un trabajo previo en el que una maestra les explicaba a niños de seis y siete años solo una de las cuatro funciones que tenía un juguete… Luego se lo daban… En un inicio, los niños únicamente se enfocaron en esa función explicada, pero después exploraron otras. Al final del trabajo, se les pidió a esos chicos evaluar a la maestra, resultando que los niños que descubrieron más funciones del juguete le dieron una calificación más baja.

En el segundo estudio, los investigadores seleccionaron niños de esas mismas edades. Primero les dieron el juguete para que lo manipularan y jugaran con él a su antojo… Posteriormente, una maestra les explicó solo una de las funciones que tenía el juguete… Sin embargo, los menores participantes descubrieron rápidamente que la maestra estaba ocultando información y, no sólo eso, se lo dijeron: “le hicieron ver la información que al parecer estaba omitiendo”.

Además, a la hora de calificar a la maestra, los estudiantes fueron mucho más duros que en el estudio previo. En consecuencia, los investigadores apuntan a que hubo pérdida de confianza en el adulto.

“Esto demuestra que los niños no solo tienen sensibilidad para determinar quién dice lo correcto y quién no. Aparte de que ellos pueden evaluar a los otros basándose en que la información aportada no es suficiente”, señaló Gweon.

¿Y si la información es mucha? En este caso, Gweon y sus colaboradores también hicieron un experimento en el que un maestro daba más información de la que el niño requería para poner a funcionar el juguete.

Fue así que ellos descubrieron que cuando se da más información de la que el niño requiere o de datos que el menor ya conoce, esto es percibido a los pocos minutos, y conlleva a una pérdida de atención, además de tiempo.

Finalmente, Gweon concluye su boletín diciendo: “Esto, lo que nos demuestra, es que ya desde pequeños sabemos cómo ir construyendo nuestras actividades a partir de la forma en la que discriminamos la información que tenemos, y también sabemos cuándo debemos buscar más datos”.

Digerida la información, según parece, éste es un fenómeno del mundo actual, a lo que habría que agregar que los jóvenes ya no tienen interés en fosilizados esquemas políticos que se arrastran desde el siglo XIX, y nos pasan, o nos quieren pasar, la impresión de están más preocupados en pasarlo bien y prolongar la adolescencia lo más posible, digamos hasta los cuarenta o cincuenta años… ¡Después se verá!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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