Bendito Sea


Bendito ha sido el día que llegasteis a mi vida, mistura etérea de mujer ninfa y deidad divina que todo lo tocas y conviertes en pasión inaudita.

Bendito ha sido el momento en que transfigurasteis este harapo humano, y con gracia sutil derretisteis las nieves que cubrían mi corazón tan sólo con tu febril mirada y tu risa resbalada.

Bienaventurado fue aquel día que mis labios de amarga hiel probaron la dulzura de esos labios con sabor a miel y cereza madura que enarcan tu agraciado rostro.

Eres el sol de mi vida en el alba que me desquicia, astro que iluminas mi lacia alma marchita con rayitos de ternura que nutren mi espíritu antes callado y triste.

Claudicante de amor, te buscaré hoy mañana y siempre dentro de la explanada de mi alma revigorada, olfateando el crepúsculo en busca de tu corazón caliente, para anidar allí sin inculpar por nada a mi corazón maltrecho y ajado que ha estado por largo tiempo cercado por derribo…

¡Oh! ¡Bendita seas, mujer!

Lo Intentaré


Es suficiente mirarla para captar toda la sabiduría de su sencillez. Pero no me basta con verla o sentir su presencia muy cerca de mí. Quisiera aproximarme y abrazarla como si los dos fuésemos un solo cuerpo, corazón, alma y espíritu.

La dificultad en hacerlo se afana en no ser sencillo. En ella, ese idéntico impedimento se convierte en su muro de contención, su bastión, su blindaje de integridad, y a mí eso de cierta forma me contiene, me inmoviliza, paraliza mis sentidos, retiene mis deseos y sentimientos.

Algunos hombres poseen cierta habilidad ingénita para irrumpir esos misterios de la conducta sencilla de la mujer, haciendo de su rusticidad una forma inédita de discreción.

Ya no me contento con no poder abrazarla y sentir su piel de durazno. Tendré que vencer mis miedos, mis aprensiones y dudas. Para vencer lo que me traba, necesito ser audaz.

Con todo, a veces lo imposible lo llevamos en el ánimo, y mi arrojo no es capaz de dar el salto sobre lo prohibido… ¡Mañana lo intentaré!

Dime


No importa lo cuán difícil pueda ser yo, o cuanta veces las agruras de la vida perturben mi existencia, o las tantas veces que pueda surgir la densa y aciaga nube que esconde mi propio sol, o cuantas inmortales veces necesitemos los dos para recomenzar a enamorarnos a cada mañana.

Todavía recuerdo cómo se me aceleraba el corazón cada vez que iba a tu encuentro de brazos abiertos. No importa lo que nos ocurra, porque poseo un amor valiente preparado para juntar las partes, preparar un café mientras se nos curan las heridas antes de empezar a escribir juntos una nueva historia de verdadera pasión.

Dime que me quieres, que te vuelves loca por mí. Dime cualquier mentira, porque me encanta escucharte, pues entre la nada y el silencio cruzan mis horas cada una de las sílabas de tu nombre.

Vamos rápido hacia un lugar oscuro del horizonte donde siempre pueda quererte. Recuerda que combiné contigo no desistir jamás.

Quédate


Ella, siempre en su eterna manía de sonreír. Yo, en mi adorable manía de caer rendido cada vez que lo hace.

Por disfrutar su reír, mis devaneos se han perdido entre las estrellas de sus ojos, en la profundidad de su mirada, en los soles de sus mejillas, en las sutiles cometas que forman sus cabellos al viento, y en la nebulosa bruma de sus labios amanecidos y frescos como uvas de verano.

Ensimismado con su mirada, me gustaría tocarla como quien toca un violín. Con sentimiento, con fineza y, en el correcto momento, con frenesí.

Pues es ahí que trastornado por la inquebrantable ilusión de quererla mía, noto surgir ese lapso de reflexión en el que pensamos qué hacer con lo que tenemos entre manos, lo que sea que tengamos, y percibo como ella se me va escapando entre los dedos como arena que escurre en la clepsidra.

Cuantos besos, vida mía, me perderé por no saber decirte que te necesito a mi lado.

Suéñame


Tuve algunos amores que en los días de cataclismo agrietaron mis puentes, que hundieron la vereda de mi vida, que me hicieron perder el equilibrio. Otros de ellos, no obstante, fueron tan sólo réplicas. Amoríos de tan baja intensidad, que ni siquiera me hicieron temblar mientras los otros viejos amores aun respiraban bajo las ruinas.

Hoy, bajo el amparo de la oscura noche mi cuerpo se estremece, pero como cada velada, por larga y sombría que sea tiene su amanecer, han de ser tus besos los que me acompañen mientras tu sonrisa me protege.

Temo que seas tú aquel sentimiento que cuantiosos llaman de felicidad. Y qué fortuna ha de poseer quien pueda amarte y brindarte mil besos con sabor a mar, hechos de sal y viento, de olas que rompen en la arena, de gaviotas que graznan al amanecer.

Sí, te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. Te quiero como para no dejarte partir nunca más. Te quiero como se quieren a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás… ¡Suéñame, me hace falta!

Virtud


Hay momentos en que debemos cerrar la ventana del alma o, como austera prevención, entornar los postigos que la encierra y abriga, ya que en su sutil esencia no existen puertas lacradas.

Nos basta con un descuido para que se nos meta en los ojos las hojarascas de los ayeres, nos oprima el pecho los desencantos y sus dramas, nos sometan los resquicios de amores que ya partieron a otros brazos, a otros besos.

Es una virtud muy complicada. Requiere sencillez de espíritu para enfrentar las exuberancias del corazón, los amores furtivos, los breves instantes de una felicidad que un día despertaron dentro de nosotros como si fuera un motín de estremecimientos de la cabeza a los pies.

Que no nos abandone la perseverancia. La dificultad es un muro de contención que nos priva de cambiar por completo nuestra concepción del mundo. No se puede abandonar la vida por la puerta falsa. Hay que vivirla llevando de la mano nuestros fantasmas.

Imposible


No tiene sentido decirlo, pero junto a ti me gustaría escribir un diccionario de locuras, un manual de abrazos, una enciclopedia de besos y una colección de recuerdos nuevos. Me gustaría escribir una vida contigo. La tuya, la mía y la que hagamos nuestra.

No tiene sentido que te lo diga, porque es imposible convertirlo en realidad. En verdad, lo imposible no pasa de una burla sarcástica de los dioses, los que quieren que nuestra obsesión nos invada la conciencia y nos robe la sensatez. Quiera o no, todos venimos a este mundo con la contumacia de utopías, y pretendemos poseer siempre lo que no se puede, mismo que la utopía tenga el garbo de sus mitos, el prodigio de las quimeras.

Frente a ese desafío de lo imposible, yo sigo aquí, en la resaca de un cupido que no madura; sentado en el borde extenso de una cama solitaria; soñando con todos los besos mudos que nos debemos, y con tus caricias, que se equivocaron de estación.

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