El Uso Particular de la Traición


Esa cuestión de engañar al novio, novia, mujer, marido, es una decisión íntima de cada uno, y tan antigua y contradictoria cuanto la existencia humana en el huerto del Señor. Hay hasta quienes engañan su amante o, al contrario, se mantiene totalmente fiel a su chica de programa al intentar pasarla un poco mejor en este valle de lágrimas. Evidentemente, también hay aquellas y aquellos que nunca engañaron sus amores del alma. Es posible que estos viviesen tentaciones y tuvieran oportunidades de hacerlo, pero se aguantaron firmes en el molde.

Tenemos que asimilar que la traición amorosa y sexual puede ocurrir o no, ser vedada o confesada, censurable o legítima. Eso es un asunto de cada uno y un extraño no debe meter la cuchara para no desmoronar el pastel.

Pero en verdad, no es ese tipo de engaño que a esta altura del campeonato viene intrigando a muchos. En realidad, cuantiosos caminantes ya andan perdiendo el sueño con la traición a ideas, comportamientos y hábitos.

El hecho aquí, es que hasta yo mismo tengo traicionado algunas cosas en que siempre acredité piadosamente. En verdad, es que ese edificio intitulado “Mis Verdades”, presenta problemas de estructura: algunas paredes rajadas, vigas combadas, pisos que se hunden. En mi caso, tengo certeza que la temporada de dudas tiene a ver con mis propios asuntos particulares.

Mi padre, al contrario, siempre fue un hombre fiel a sus principios. Un sujeto que trazó una línea recta y persistió e insistió en ella hasta el fin. En contraste, yo siempre seguí por el camino de ojo en las placas de retorno o de destinos a la deriva… Eso de “tener certeza” nunca fue mi punto fuerte.

Claro que tengo opiniones, convicciones y bien sé en quien votaré para presidente cuando llegue el momento. Pero no estoy hablando aquí de ese tipo de decisión simple. Hablo de posiciones subjetivas, esas que se pegan en uno como una segunda piel. Por ejemplo, en política soy definido, pero en la vida personal soy un “no partidista”. Parezco más bien un bambú, oscilando conforme la dirección del viento.

En todo caso, no ha sido por causa de la adversidad, pero me he dado cuenta que ahora estoy dispuesto a ser infiel a mí mismo. He pasado a odiar la idea de acordar igual después de una noche de sueños inquietos. Además, pasé a detestar la perspectiva de ser mi propia copia. Como si fuese un xerox de mi juventud, o de lo que fui el año pasado. Pero también pienso que alguna razón mi inconsciente debe tener, cuando me hace sudar o revolverme en la cama.

Por supuesto, los humanos mudamos todo el tiempo. Algunas veces en una velocidad superior a las novedades del mundo. Esas mudanzas van aconteciendo a cada palabra escrita en la página de cada uno.

Pero el caso en cuestión, es que uno no debe importarse si el enredo de la obra le sale confuso, contradictorio, ambiguo. Lo que interesa mismo, es que él sea de nuestra autoría.

Básico que por cuenta de ello ya no sienta ganas de convencer a nadie. Yo no pregono la biblia, programa partidario, manual de escrita. Tampoco digo que un individuo deba leer éste o aquel libro, que debe preferir un museo a una trasnochada. Tanto me da, o me da lo mismo.

Tal vez, reflexionando a tiempo, le diré que el único principio del cual todavía no me desprendí o traicioné, es aquel de: ¡Viva y deje vivir!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

El Sexo Ayuda a los Obesos


Nuestra duda nunca puede llegar a ser un estado permanente en nuestra existencia, pero la total certeza tampoco puede llegar a constituirse como nuestra forma de vida habitual. Quien está siempre demasiado seguro, tiene grandes riesgos de crearse una burbuja donde todo es como “debe ser” y no como realmente es. Solamente el reconocimiento del error propio nos hace fuertes, creíbles, confiables y respetables.

En todo caso, y según lo apunta un nuevo estudio, ser una persona infiel puede llegar a ser una de las formas más eficaces para los bípedes perder algunos quilos. Y a este resultado se llega cuando poco más de la mitad de los hombres y el 62% de las mujeres, afirmaron que habían perdido algunos quilos después que se embarcaron en un caso amoroso.

Dicho estudio fue realizado por un sitio de encuentros para personas casadas que andan en busca de nuevos asuntos sobre viejas cuestiones. Aunque debe ser resaltado que los especialistas en cornamentas ajenas dijeron que existen varias razones fisiológicas -además de mentales- en el hecho de que, ser infiel, puede ayudar en eso de perder peso.

Craig Jackson, un profesor de psicología de la “Birmingham City University”, declaró al “Mail Online”  que practicar un caso extraconyugal no hace más que colocar una enorme cantidad de presión sobre un individuo… “Decir mentiras, evitar confrontas directas y andar escondiéndose de alguien, causa mucho estrese”, explicó el hombre.

“Y eso de ponerse estresado tiene toda una gama de efectos colaterales sobre su cuerpo. Usted produce adrenalina y cortisol, la hormona del estrese, y su frecuencia cardíaca sube y usted pasa a respirar más rápido, sus niveles de presión arterial y los de serotonina aumentan considerablemente. Todo eso junto o en partes, puede llegar a quemar calorías”, detalló el intrigante doctor.

Además, no podemos olvidarnos que también existen las mudanzas de comportamiento que siempre ocurren cuando usted mantiene en lo oscuro un caso extra… “Posiblemente, al dividirse entre dos casos, el sujeto infiel tendrá menos tiempo para comer. Ese es el tipo de cosas que también pueden afectar la pérdida de peso”, avisa el urdidor de Craig.

El estudio también apuntó otro importante ítem que dice que si la persona está casada hace más de 20 años, probablemente ella no está teniendo sexo en casa. Aunque se estima que el sexo puede quemar entre 100 y 300 calorías durante 30 minutos de practica… Si es que usted aguanta el tirón, claro

Pero, mismo que sepamos que el sexo regular puede ser bueno para el corazón, los investigadores de la “University of Florence” descubrieron que los hombres casados ​​que traicionan a sus parejas, no hacen más que aumentar el riesgo de un ataque cardíaco…, O de que lo maten a palos, si su pareja descubre.

En todo caso, la razón puede estar en que los hombres que embarcan en relaciones extraconyugales pueden llegar a tener una vida familiar infeliz y sufrir depresión, y eso ha sido asociado a un aumento de riesgos de dolencias cardíacas.

Circunstancialmente, al dirigirme a los sensatos que hoy día forjan su camino de vida reconociendo sus yerros y aprendiendo con ellos, y a los otros aparentemente débiles que solo pronuncian tontos formalismos, les confieso que me he quedado con la pulga atrás de la oreja, pues cuando veo a hombres y mujeres casadas y obesas de cierta edad, luego me pregunto:

¿Cuánto tiempo hará que no transan en casa?… ¡Esquizofrénico!

(*) Libros impresos o en versión e-book del autor, están disponibles en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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