Palabras


51-palabras

No es difícil notar como las palabras ruedan sueltas por las calles de la ciudad, y en medio del camino van sufriendo accidentes iletrados, se estropean en medio a los acasos del momento, se tiñen con los hábitos particulares y pronto se tuercen de acuerdo con la pasión dominante.

En verdad, estas palabras, más que mías son tuyas, las mismas que van trepando en mi dolor ya viejo como si ellas fuesen una madreselva prendida a un muro de piedra atrancado a cal y canto.

Quién sabe sea también un canto de amor vital, triste, tierno y angustiado, pero a la vez ardoroso y sereno en un crepúsculo lleno de tempestad en el corazón del verano.

Antes que tú llegaras pobló la soledad de mi alma otros amores y otros ardores, y poco a poco mi espíritu se fue acostumbrando más que tú a la tristeza y al desamor.

Sin embargo hoy, con su llama deletérea, la luz de mi pasión te envuelve y abraza, absorta, pálida, doliente y a su vez soñadora, luchando contra las mismas viejas aspas de la anochecida que en torno de ti y de mí dan vueltas como los antiguos molinos del Quijote.

Mientras el viento triste del otoño galopa arrastrando las hojas muertas de los árboles yo te amo, vida mía, y hoy mi alegría muerde en sueños tu boca de labios de terciopelo.

Hundido en medio a esa colosal realidad tangible y cotidiana que me abraza y duele, ángel de sueño, te pareces mucho a mi alma, pero creo que te pareces más a la palabra melancolía.

En mi mundo circundante tú eres pradera en flor, eres trigo maduro, pájaros al vuelo en primavera, fuego, viento, lluvia y ese ardor vital como miel de abejas de fuego en mi pecho, o vino de uvas maduras en mis entrañas.

Más que palabras, para mi corazón bastan tus besos, para tu libertad bastan mis alas de sueño a conducirte al paraíso. Desde mi boca, más que palabras, llegará a tu pecho y hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma.

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Confesión


21- confesion

¡Oh!, rayito de sol veraniego que con tu mirada haces arder mi piel con embaucamientos mil, hoy necesito proclamar al viento, ese mismo céfiro primaveral que acaricia de leve las flores del rosedal en las cálidas tardes de octubre, que tus admirables ojos me hechizaron robando de vez mi sueño. Son como dos delicadas perlas de azabache que han sido encarceladas dentro de un vasto mar de hermosura y preciosidad.

Por ese divino fundamento vivo hoy el desvarío en esta ciudad salvaje que me mantiene alejado de ti, un fuego de sueños furiosos que me consumen en esa distancia infinita que separa nuestros cuerpos.

Sois la celestial causante de que mi corazón palpite con el sonido fustigador de los vidrios rotos. La desventura de no poder besarte atraviesa ya esa paz adormecida que un día tú incitaste dentro de mí.

Si dicen que en el amor no valen los párpados cerrados, las miradas contenidas, susurros detenidos abruptamente por labios de carmesí, cede entonces a que el inmortal sol de los cielos trasmigre cachos de su luz en tu ovalado rostro de tenue abenuz, para que tus cabellos más negros que el ébano, peinados con la gracia y sencillez de una diosa, absorban el ardor inverosímil de sus rayos como si ellos fuesen besos que te entrego en mis incontenidos delirios.

Huyen con prisa mis palabras, como siento que se evade mi vida en desatino entre sueños e ilusiones mil, en cuanto camino inseguro a pasos amargos en un traje de piel vacío y un cuerpo sin nexo.

Ahora, lúcido sol de mi vida, te quiero como para escuchar toda la noche y dormir abrazado en tu pecho, sin recelos ni fantasmas que nos despabilen… Te quiero como para no soltarte jamás.

Estrellas Diáfanas


12- estrellas diafanas

Desde muy pequeño que me gusta hablar a solas con las estrellas. Pero fue tan solamente al rebasar el trajinar del tiempo, que alcancé a darme cuenta que cuando cualquier estrella recorre inmortal las sombras de la madrugada, como si ella fuese una lágrima furtiva, es en verdad la noche quien llora profundamente angustiada.

Es durante esos fuscos momentos de soledad noctívaga, que las sombras logran escuchar con claridad quien entre las sombras canta y encanta, no obstante yo, confiando en la intuición del viento en su espasmo madrugador, disfruto el instante y me pongo a elegir palabras.

Es la noche y es la duda quienes nos enseñan a contar con casi nada. Y si acaso un incierto motivo hace que la vigilia cuente con la guía segura de algunas pocas estrellas, yo como cualesquiera nos veremos obligados a andar por caminos sin mucha confianza. Sin embargo, es ahí donde mi fe, en un rescoldo que ni alumbra ni se apaga, la que mantiene intacto el secreto primogénito del alba.

Inmerso en esa magia estelar, supongo fácilmente que al principio de los tiempos debo haber sido una estrella en la mirada de nuestro Supremo, de cuya pupila soberana descendí tal cual una lágrima de novia acongojada.

Pero hoy, cansado y dolido en mi hosca mansedumbre condenada, soy tan sólo un pedazo de sombra que se revela y canta. Y, a lo mejor, probablemente mañana u otro día cualquiera, puede que Dios me lleve con mi copla donde más se necesite para salvar allí una esperanza.

Quién sabe escondida dentro de esa estructura de barro estrella que poseo, tenga yo encarcelada un ave cantora que habita inconsciente en un alma que tiembla en la gruta del grito y que sin más aletea triste en mi garganta.

Nada más que Hablar por Hablar


El hecho de hablar, no es más que la función de proferir palabras para darse a entender ante otros. Es la condición de emitir sonidos articulados para comunicarse con las personas y darles a entender a ellas algo que se quiera decir y, con adverbios “mal o bien”, manifestar en lo que se dice, cortesía o benevolencia, o al contrario; o emitir opiniones desfavorables o adversas. Y evidente, también sirve para pronunciar un discurso.

Pero el verbo “hablar”, en el sentido de “reprender o regañar” que se usa en varios países, es un ahorro innecesario de palabras, como si: “¡Yo le hablé enérgicamente al presidente…!” pudiera reducirse a un simple: “¡Yo le hablé al presidente…!”, sobrentendiéndose que se trata de una reprimenda.

¡Háblale a la Vero!, o peor todavía: ¡Ve, ‘Háblale’ a la Vero!, suelen ordenar las mamás a sus esposos cuando estos llegan a casa cansados del trabajo, endosándoles sin más ni más las funciones de verdugos, pues no les piden que le “hablen” a la nena, sino que lo hagan en tono amonestador y un contenido castigador.

En cualquier país que se hable bien el castellano, la respuesta masculina sería un ingenuo: ¿Hablarle a la Verito sobre qué?… ¿Acaso sobre la inmortalidad del cangrejo o las cualidades de la Revolución del Siglo XXI?… ¿Sobre los triunfos de la diplomacia internacional de nuestro país?… ¿De qué le hablo a la Verito?

Sin embargo, en varios países sus habitantes tienen su propia manera de vapulear sin compasión al idioma sin necesidad de recurrir a la ayuda de los hermanos Castro o a los pajaritos del compañerito Maduro, la contestación del consorte, conocedor de la intención conyugal, será un automático: ¿Y por qué?… ¿Qué es lo que hizo la Verito?… ¿Cuán grave fue su acto indisciplinarlo?… Investigación previa del nombrado juez familiar, para según eso, dosificar el castigo o la consiguiente “hablada” a la niña malcriada.

Me pregunto si los días jueves de todos los jueves de los años pasados y aparentemente de los jueves por venir, nuestro eximio orador nos “hablará” o nos “hablará”, porque hay que diferenciar, según hemos intentado explicar en los párrafos anteriores, que para los habitantes de “shunsholandia”, “hablar” no es lo mismo que “hablar” o “hablar” puede significar “hablar”.

¡Hablar a los niños porque no hacen los deberes es una cosa y hablar con el jefe sobre asuntos de la oficina es otra totalmente diferente!

Con el respeto que se merece un individuo que lo sabe todo y ocupa la posición que ocupa, creo que valdría la pena preguntarle si este jueves o el próximo o el siguiente, “hablará” o “hablará” a los ciudadanos lo que ellos esperan que les diga, pero que al final nunca les cuenta… ¡Esperemos!… Sentados

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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