Lluvia


36-lluvia

Estoy convencido que existen personas que con solo abrir la boca y decir una palabra encienden la ilusión, que logran llegar a todos los límites del alma, que alimentan una flor, inventan sueños, las que de repente hacen cantar el vino en las tinajas, y permanecen después, serenas, como si nada.

Lo cierto de todo ello, es que cuando al fin percibimos que queremos pasar el resto de nuestra vida con ese tipo de persona, deseamos que ese resto de nuestra vida comience lo antes posible.

A mí me gusta llamarlo de amar lo sublime, de festejar los detalles simples, con la misma transparencia de advertir las cosas que me envuelven con el resplandor de una lluvia que cae y desaparece… No de aquella lluvia que cae como catarata agrupada en una sola gota opaca y pesada.

Diría, más bien, que es un amor que surge como camino mojado por las aguas de fines de Marzo, otoño que brillará entonces como si fuese cortado en luna llena, en plena claridad de la madrugada, en mitad de una fruta madura, en una boca suplicante elevada a la luz de la luna.

Un sentimiento que será igual como lo es el agitado mar que para las calles hace correr precipitada la vaga neblina del amor como aliento de animal que fue encerrado en el frio, para luego ver las desplegadas lenguas de agua que se acumularán en las alcantarillas del camino, prestes a cubrir ese mes que a nuestras vidas prometió la eterna floración de primavera.

Contigo presa en mi alma, he de volar en ese tiempo, dulce amor de mi vida, sin alas, sin dudas, pero como si fuese águila guerrera, y entonces me he de inclinar sobre el fuego de tu piel de durazno maduro, de tu frágil cuerpo nocturno sin estrellas pero con miles de pecas y lunares, y no apenas amaré entonces tus senos y tu vientre como si amase ese nuevo invierno que se ha de diseminar como niebla en tu sangre, sino tu alma entera.

Tú y yo, entonces, ya no necesitaremos zapatos ni caminos para recorrer esta tierra, errantes, para echar raíces de amor en la noche.

 

Anuncios

Seducción


19- seducción

Bien puede que esta historia tenga su lado cruel como parte de esa misma maldad que existe en este mundo que nos asola, pero, verdadera o no, no deja de ser singular.

…Estaba la joven, cuya silueta se mostraba aventajada a causa que los dioses no la había favorecido en nada con su genética, sentada cierta noche en la mesa de un bar, cuando notó un hombre que la observaba constantemente.

De inicio no le dio mucha importancia, aunque tampoco se hurtó de reparar que éste era un joven bastante bien presentable, de ondulado cabello negro peinado con gel, un rostro recién rasurado, razonablemente bien vestido y con una sonrisa de bellos dientes.

De repente él le hizo una seña y ella le respondió con un leve movimiento de cabeza. Sin más tardanza, él se sentó a su mesa y ellos entablaron una conversación que sonó más o menos formal. Intercambiaron nombres y contaron sus preferencias y sus lugares de trabajo, ella en un banco, él, intelectualmente ocupado en actividades diversas.

Las copas se sucedieron entre amenidades conversadas, y espontáneamente él se fue aproximando a ella y le pasó el brazo sobre sus hombros. Estaba perfumado, lo que en verdad a ella mucho le agradó. Tenía horror a esos olores sospechoso que más se parece a una emulsión de cebolla rancia y vinagre.

Sin otra cosa, apreció que una de las manos le subía por su pescuezo, y dedos exacerbados e inquietos jugaban con su oreja para pronto ir bajando despacito hasta la comisura de sus senos. De inicio, vergonzosa, ella se esquivó un poco, pero fue permitiendo que la mimada exploración avanzase distraídamente… Hacía bastante tiempo que no era acariciada tan delicadamente.

Cuando dio por sí, ya estaban acostados en la cama de su pequeño departamento… ¡Oh, qué noche maravillosa! -pensara ella para sí-, ¡qué desempeño! Y resolvió dormir un poco más, al fin de cuentas era domingo.

-Duerme, mi corazón, que voy a preparar un desayuno como nunca tomaste igual -avisó él, cuando el sol apenas mostraba su cara entera en el horizonte.

Ella se desperezó levemente, murmuró algo insondable, viró su cuerpo y volvió a dormir. También, después de una noche como aquella…

Ella despertó a las diez, preguntando por el desayuno. Al no obtener respuesta, se levantó, cubrió pudorosamente su cuerpo saciado con la sábana arrugada, y fue hasta la cocina, cuando notó, extrañada, que la puerta de servicio estaba abierta.

Su nuevo laptop, el que aún no acabara de pagar, su celular, habían desaparecido junto con el dinero que tenía en la cartera.

Lo que le pareció peor, fue que se quedara sin desayuno y sin el hombre que la había hecho sentirse inmensamente feliz.

Los Femeninos Pechos Radiales


No es necesario tener mucha materia gris acumulada en el cerebro, para vislumbrar que el crimen perfecto es aquél que no se descubre nunca. Por lo tanto, mi quebrantado leyente, nunca podremos saber si él existe, porque en el momento exacto de saberlo dejará su estado de perfección y se convertirá en caso resuelto.

Siendo así, no se debe confundir el bochornoso hecho de la impunidad con la “perfección criminal”. Un perfecto asesino mata, no deja huellas, tiene coartada, elimina el arma, se desembaraza del cuerpo y manda toda la sociedad a cantarle a Magaldi. Del mismo modo, el ladrón perfecto roba, huye y no lo pescan más.

Visto por otro ángulo, tenemos a los cretinos que escapan al accionar de la justicia y se refugian en el sacrosanto beneficio de la duda, pero estos están lejos de ser perfectos; más bien, son chantas con dinero suficiente para desarrollar una estrategia judicial que les permita salir airoso por falta de pruebas, pruebas que se destruyen generalmente en las cuarenta y ocho horas posteriores al asesinato embarrando la cancha, borrando huellas y distrayendo la atención con pistas falsas y “perejiles” variados… Bueno, eso no es perfección, es más que virtud del asesino defecto en la aplicación de la ley.

En realidad, no sé por qué perdí tiempo mencionado todo esto, pues mi intención era otra, ya que para el espanto de los lánguidos decadentes y la perplejidad de los burgueses domésticos, lo que en verdad pretendía señalar era la despechugada actitud de doña Lori Welbourne, que para quienes no la conocen, es una conocida y fervorosa entrevistadora de una radio canadiense que fuera encargada de realizar una entrevista con el prefecto de la ciudad de Kelowna, Walter Gray, durante el “Día del Topless”.

No en tanto, afanosa en querer aplicar su propia “homenaje” a la referida fecha, y quizás sufriendo de paludismo hormonal, ella no mostró impedimento alguno cuando resolvió mostrarle sus impresionables senos durante la entrevista… Sin embargo, mi despechado vecino me afirma que ante tal inebriado momento ocular, la máxima autoridad local quiso poner mano en los hechos, locos para saber si eran siliconados.

En todo caso, todo se supo porque en un vídeo que alguna mano patibularia se encargó de hacer publicar en YouTube, es posible a los insanos ver tan sugestiva y despechada escena. Por otro lado, Gray -el mano larga-, buscó ayudar a la entrevistadora a sujetar el micrófono para que ella pudiese tirar la camisa… Bueno, por lo menos el hombre sujetó el micrófono y no otras partes.

Por su vez, mientras me reservo raros momentos de ocio observando un caracol escoces, me entero que tal video ha sido visto por más de 600 mil personas hasta el lunes 26 del mes pasado, y la tal publicación fue titulada como: ¿Is it legal to be topless here?, que en una traducción literal significa: ¿É legal hacer topless aquí?…

Evidentemente -no considerando lo que piensan los beatos caminantes-, reputo que sí, pues cada cual hace lo que le parece donde quiere, como puede y con lo que tiene, ya que tan intestina actividad de ejecutar lo obvio es permisible, o sea, algo así como realizar todo aquello que el papa Alexandre VI llamaba de “exequible exactitud escatológica” y que la mera existencia de su hijo César Bórgia, probaba estar diciendo la verdad.

Empero, dejando de lado cualquier pasado viscoso, rastrero o semidivino, lo que se ve no es más que una noble actitud de Welbourne, con la sana intención de buscar disminuir el preconcepto existente encima de esta preclara práctica, a lo que parece bastante común entre las mujeres de Canadá.

Y así, no obstante note reflejos melancólicos en esta actitud simiesca de lo que ahí está, me satisfago con Jung, psicoanalizando caracoles y viendo en ellos toda nuestra ancestralidad, sobre todo sabiendo que efusiones sentimentales no sirven para filosofar… ¡Impresionante!

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

A %d blogueros les gusta esto: