Alma Huraña


105-alma-hurana

Esto no es un sofisma científico, pero cuando la mujer es solitaria por su propia elección, no es porque esté a la espera de la inminente llegada de un príncipe azul, sino, más bien, por estar a la espera de alguien que la entienda y la comprenda tal cual es. Espera por uno que la acepte sin cuestionar su pasado y todas las cicatrices que ella lleva repujadas con miles de lágrimas de dolor en la piel.

Por ésta debida razón, sea correcta o no, se tiene por costumbre decir que cuando el corazón de una mujer está cerrado para balance o sencillamente ella no está a fin de pensar en la posibilidad inmediata de enamorarse, se torna complicado para un hombre intentar conquistar su corazón.

Es como si su alma huraña hubiera colocado todos sus sentimientos adentro de un arnés impenetrable para no volver a sentir y amar jamás.

Frente a este tipo de alma femenina impía y escéptica a todo y cualquier resquemor que causa el amor y la infalible pasión que la seguirá a donde quiera como cola de cometa, el hombre que realmente se apasione por este estereotipo necesitará tener valor para enfrentarla, cuando entonces sus sublimes palabras y no sus actitudes, en ocasiones, podrán hacerla sentir todo lo que él siente.

Aunque, asimismo, puede que toda y cualquier súplica romántica le resulte insatisfactoria si es que ella tiene una soledad muy concurrida, donde probablemente se la podría organizar como si ésta fuese una procesión: por tamaños y promesas, por época y por colores, por tacto y por sabor.

Lo que sí es cierto, es que hay desmayos de vértigo que ocurren al momento que nos enfrentamos al abismo de la pasión, no obstante los peores surjan cuando pretendemos inaugurar un amor junto a un alma solitaria, que en estos casos pueden ser un vahído, una angustia, una vibración enloquecida que nos dominará por completo.

Sin embargo, cuando surge ese tipo de vértigo, éste se lleva consigo la melancolía y nos deja más encantados y ya no seremos tan estables y serenos. Aunque eso sí, cuando se nos mete furtivamente en los sueños, nuestras pesadillas buscarán como locas la salvación del despertar.

Anuncios

Palabras


51-palabras

No es difícil notar como las palabras ruedan sueltas por las calles de la ciudad, y en medio del camino van sufriendo accidentes iletrados, se estropean en medio a los acasos del momento, se tiñen con los hábitos particulares y pronto se tuercen de acuerdo con la pasión dominante.

En verdad, estas palabras, más que mías son tuyas, las mismas que van trepando en mi dolor ya viejo como si ellas fuesen una madreselva prendida a un muro de piedra atrancado a cal y canto.

Quién sabe sea también un canto de amor vital, triste, tierno y angustiado, pero a la vez ardoroso y sereno en un crepúsculo lleno de tempestad en el corazón del verano.

Antes que tú llegaras pobló la soledad de mi alma otros amores y otros ardores, y poco a poco mi espíritu se fue acostumbrando más que tú a la tristeza y al desamor.

Sin embargo hoy, con su llama deletérea, la luz de mi pasión te envuelve y abraza, absorta, pálida, doliente y a su vez soñadora, luchando contra las mismas viejas aspas de la anochecida que en torno de ti y de mí dan vueltas como los antiguos molinos del Quijote.

Mientras el viento triste del otoño galopa arrastrando las hojas muertas de los árboles yo te amo, vida mía, y hoy mi alegría muerde en sueños tu boca de labios de terciopelo.

Hundido en medio a esa colosal realidad tangible y cotidiana que me abraza y duele, ángel de sueño, te pareces mucho a mi alma, pero creo que te pareces más a la palabra melancolía.

En mi mundo circundante tú eres pradera en flor, eres trigo maduro, pájaros al vuelo en primavera, fuego, viento, lluvia y ese ardor vital como miel de abejas de fuego en mi pecho, o vino de uvas maduras en mis entrañas.

Más que palabras, para mi corazón bastan tus besos, para tu libertad bastan mis alas de sueño a conducirte al paraíso. Desde mi boca, más que palabras, llegará a tu pecho y hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma.

Volvió


43-volver

Había sido un sujeto optimista y animado que un lejano día partiera ilusionado en busca de su destino, sin saber a lo cierto cuándo lograría volver, y sin suponer si realmente alcanzaría a ver otra vez el refulgente sol y el amplio cielo como mar de su tierra.

Sin embargo, cierto día volvió. Pero regresara con una inmensa sombra gris en el alma, con el corazón hecho más de mil harapos a causa de ese tipo de desdichas gratuitas que nos dona la vida. Volviera con el espíritu doblado por la congoja, tal cual se doblan a veces las sensibles ramas del sauce cuando lo castiga el viento invernal.

Retornó con una triste mueca que hacía más de quince años había sido sonrisa. Ese tipo de gesto infortunado que muchos dirán que oscila entre la desdicha y el agobio. No obstante, haciendo frente a su trance fortuito, él ni siquiera había aprendido a sentir melancolía. Mucho menos rabia.

La esencia de su problema radicara en que un día su espíritu no aguantó más ni el dolor ni la alegría planificada, esos tipos de gestos característicos que son obligatorios por decreto, con fecha fija.

Hoy noto su ascético cuerpo deambular por las calles de mi barrio tal cual un ser alado, aleteando por ahí entre las sombras de los árboles como si él fuese un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y a su vez como un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso.

Una y otra vez lo saludo y él me responde siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada de otoño casi a la puerta del invierno, lacrimosa, como suele ser de costumbre a esa edad, pero eso sí, inteligente.

Por veces paramos para conversar sobre amenidades, pero noto que nuestras palabras se cruzan, vertiginosas, como si ellas fuesen meteoritos, o acariciantes como copos de nieve. Las sujas son apenas sílabas que se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nevada, circulan el aire y su expectativa.

A pesar de ello, de tanto mirarlo y observar sus gestos, me he dado cuenta que el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros de la muchedumbre, el sol o la lluvia sobre las multitudes, lo cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis.

Desventura


29- desventura

Desventura, suerte adversa y aciaga que me persigue con rumor de quebrado, oscura sombra de amor que la vida me ha dado, suceso que va en contra de mi deseo y mi interés, ventura de envidia que me maldice por tu estar tan lejos de mis brazos.

Surgí para vivir para siempre entre tus manos, pero hoy me he convertido en movimiento sombrío de nave que deriva en un invierno, en agua que corre como torrente de río revuelto, rumor de ventanas que se cierran, ruido de vidrios rotos, paciencia sagrada de ese cenagoso mar que me impele a andar y navegar por esta tierra fatal.

En otros tiempos se notaba de lejos lo mucho que nos amábamos, teníamos entonces un fuego en la mirada y una inmensa pasión hipotecada en el alma. Sin embargo, aunque los dos éramos tan diferentes, no fueron pocas las veces nos chocábamos, y muchas veces peleábamos, pero lo cierto es que cuando estás lejos, te extraño locamente.

No camines más entre la niebla y los ladrillos, amada mía. Intenta ser feliz en cuanto puedas, vedada criatura de la corte celestial, porque aquí en esta región de extensas penas las injusticias siempre se pagan, porque el dolor siempre se supera y porque los errores al fin nos enseñan.

No sé por qué motivo, hoy me dio por extrañarte más que otros ayeres, por echar de menos tu presencia. ¿Será tal vez porque el amor le deja a uno más huellas que la nada?

Seguramente herido voy sin ir sangrando la vida, por no ser y ser sin que tú seas. Es como una melancolía inaudita, es volver al lugar donde un día fuimos felices, pero esta vez acompañado solamente de recuerdos.

No lo escondo de ti ni de nadie, porque a mí tú me sigues gustando, aunque hoy piense que lo nuestro ha de seguir siendo un amanecer imposible.

Huellas de Tristeza


20- huellas de tristeza

Recuerda, muchacha soñadora, que no tiene cualquier sentido deponer de nuestras ilusiones y quimeras, pues lo que en verdad se necesita derrumbar, son las barreras que nos impiden cumplirlas.

Nunca te fíes ni un poco en la tristeza y la melancolía. Nunca permitas que ellas pasen por la rendija de tu agonía, ni tampoco escuches la seductora tonada de sus arrullos, ni te cobijes en ellas cuando te refugies en tu soledad. Échalas lo cuanto antes así que las presientas.

No confíes en tu intuición, esos aciagos sentimientos siempre dejan huellas en el corazón y suelen esconderse hasta en tus viejas canciones, en los ajados álbumes de fotos que guardan tus recuerdos, y hasta en los potes de polvos y perfumes que guardas en tu tocador.

Tíralo todo, deshazte ya de todo eso. La tristeza no es buena amante, sólo te traerá recuerdos que son mentiras, y siempre te querrá sola.

Ten en cuenta que de inicio, silenciosa y muda, fría como el blanco mármol del sepulcro, ella habitará primero en tus ropas y en tus cabellos, luego tomará cuenta de tu piel y de tu alma, hasta que de repente, cuando menos lo esperas, acabará sin más doliéndote en los huesos.

Vive la vida, muchacha soñadora, y el día que la tristeza te aprese bajo su desventurado velo, necesitarás revelarte, alzarte, saltar, huir, caminar, correr, escapar hacia lo más lejos. Hacia mis brazos, por ejemplo… No te dejes paralizar por ese alacrán siniestro que te consumirá en vida.

El momento demanda construir algo bonito. Deja de pensar en ti y en lamentaciones. La tristeza no tiene poder fuera de tu ego. Y tú eres mucho más que un ego, eres todo lo que amas, y todo el amor que has recibido y recibirás hoy y mañana. La vida solamente acaba cuando dejamos de soñar, cuando dejamos de creer, y el amor agoniza en muerte lenta cuando dejamos de cuidarlo.

La tristeza nunca pudo nada contra el amor, ella sólo entiende de rencores y desamores. Abrázame, abrázate ya al amor, muchacha soñadora, para nunca despeinar tus utopías y expulsar la tristeza de tu alma para siempre.

A %d blogueros les gusta esto: