Aguárdame


Quizá tú sangre pulse cuando un día llame a tu puerta y haga reposar en tu tallo el agua temblorosa, y notarás que la fuente de tu cuerpo ya no será una líquida armonía.

Si la vida es verdad y el verso y la rima existe para hacer aflorar la pasión, cuando yo llame a tu puerta y acaso estés triste, abre tus postigos, que es el don del amor que a tus brazos llega.

Aguarda por mí si aún tú crees en el dolor y la poesía, porque llamaré a tu puerta una mañana sonora de palomas y campanas, y entonces te sobrará tiempo para ser hermosa al igual que cabe todo octubre en una rosa, mismo que por esa misma rosa se desangre un día nuestra vida.

Notarás que junto al ascua de despierta luna, el cálido remanso de tus ojos y el agua de tus brazos remando amor hacia mi cuerpo por otras simas de océanos de mares y desiertos, nos han de encontrar las madrugadas dentro de nuestros ardores que antes mezclaron las noches y los días destejiendo, para al fin encontrar juntos la hebra de seda que el amor escondía en sus dominios.

Arrebato


Eres de alma cristalina como un río que en sus aguas a piedras te desplazas en mis sentidos. Un remolino escondido y divergente que se obvia sin anuncio previo, sin mentiras inventadas, apostando fe en nuestro amor para encontrar el camino calmo que acaricie nuestras mañanas.

Eres mi mar profundo, claro y oscuro a la vez, con sus mil sonidos y murmullos a la orilla de blancas arenas. Amor intenso, hondo, olas tempestuosas en noches de tormenta sin luna y a su vez calma y hermosa en un silencio sepulcral.

Eres cielo infinito, bello y misterioso al mismo instante, púrpura o escondido detrás de un cortinaje de aguaceros de delirios, pasión dormida, celada, revolcada en medio a un huracán de ardor e ímpetus. Intrigante y misteriosa, que en mis acasos eres deseada en desenfreno.

Paseas a ríos, llenando mares. Eres ese cielo que me lleva a vuelo de gaviota marina, mientras yo aquí, hundido en este dolor que representa mis tormentas, quedo hecho tierra que te dio amor a raudales.

Su Sombra


Se hace imposible negar y esconder de quien sea, que al comienzo todo resultó como una serena conflagración de sensaciones que generaron confusos sentimientos en mí. Me atrapó su rostro, el cual no fingía ni siquiera su belleza. Y hasta un par de manos que si bien no hablaban, por veces inventaban un lenguaje que nos conectaba en delirios.

Es factible que haya sido su tersa piel memorable que la convertía en una convicta del amor, mi amor. O quizás su mirada limpia y sin traiciones ocultas que se habría ufana a la vida como pimpollo de rosa en primavera.

No lo sé, pero su voz, aquella vos que incitaba un rictus de pasión, estaba contornada por un par de labios rojos que insinuaban contorsiones que convidaban a un brindis.

Pero este falso abandono que vivo hoy, me ubica en un lejano horizonte sin horas en la huella del tacto. Y es más, sé que su sombra y mi sombra siempre estarán repartidas y quebradas entre las manchas proyectadas en las baldosas de mi vereda por las ramas de un árbol añoso en un día de sol.

 

Aquí Estoy


Me sorprende como así, sin más, de pronto un leve golpe de viento abre las puertas y ventanas de mi vida, dándome dan ganas de saltar y bailar. Ganas de volar también, porque a esto que yo siento le llamo caída libre, ya que contigo nadie me empujó. Fui yo quien se lanzó de vez al infinito de la pasión, sin importarme si tú eras abismo, o acaso si tus profundidades serían oscuras… Simplemente me enamoré.

Sé que estás ahí, en las puestas de sol, en los amaneceres de hoy y de mañana, sembrando tu confianza en un mundo arruinado atiborrado de amores imposibles.

Sé que estas frente al mar, en cada ola que besa la arena blanca, mientras yo te descifro a solas en la soledad, sin que mis preguntas indiferentes alcancen tus oídos, sin que mis preguntas ciegas admiren tu rostro.

Aquí estoy, con una respuesta rota, con mis dudas pobres y agónicas, con mis imperfecciones. Pero no debes juzgar mal este falso abandono mío, pues yo estaré siempre donde tú menos los esperes: en tu alma de mujer madura.

Bendito Sea


Bendito ha sido el día que llegasteis a mi vida, mistura etérea de mujer ninfa y deidad divina que todo lo tocas y conviertes en pasión inaudita.

Bendito ha sido el momento en que transfigurasteis este harapo humano, y con gracia sutil derretisteis las nieves que cubrían mi corazón tan sólo con tu febril mirada y tu risa resbalada.

Bienaventurado fue aquel día que mis labios de amarga hiel probaron la dulzura de esos labios con sabor a miel y cereza madura que enarcan tu agraciado rostro.

Eres el sol de mi vida en el alba que me desquicia, astro que iluminas mi lacia alma marchita con rayitos de ternura que nutren mi espíritu antes callado y triste.

Claudicante de amor, te buscaré hoy mañana y siempre dentro de la explanada de mi alma revigorada, olfateando el crepúsculo en busca de tu corazón caliente, para anidar allí sin inculpar por nada a mi corazón maltrecho y ajado que ha estado por largo tiempo cercado por derribo…

¡Oh! ¡Bendita seas, mujer!

Dime


No importa lo cuán difícil pueda ser yo, o cuanta veces las agruras de la vida perturben mi existencia, o las tantas veces que pueda surgir la densa y aciaga nube que esconde mi propio sol, o cuantas inmortales veces necesitemos los dos para recomenzar a enamorarnos a cada mañana.

Todavía recuerdo cómo se me aceleraba el corazón cada vez que iba a tu encuentro de brazos abiertos. No importa lo que nos ocurra, porque poseo un amor valiente preparado para juntar las partes, preparar un café mientras se nos curan las heridas antes de empezar a escribir juntos una nueva historia de verdadera pasión.

Dime que me quieres, que te vuelves loca por mí. Dime cualquier mentira, porque me encanta escucharte, pues entre la nada y el silencio cruzan mis horas cada una de las sílabas de tu nombre.

Vamos rápido hacia un lugar oscuro del horizonte donde siempre pueda quererte. Recuerda que combiné contigo no desistir jamás.

Me Bastas Tú


Me basta con mirar tu foto para percibir en esos ojos de almendra madura toda la alegría del mundo que hoy llevas guardada dentro de ti.

Me basta con ver tu sonrisa de nácar para comprender el júbilo que escondes en tu alma de mujer en flor.

Me basta tan sólo con observar tu cabello rizado para imaginarlo aletear altivo frente al viento de primavera tal cual paloma que vuela vanidosa hacia la libertad.

Me basta con cerrar mis ojos y pensar en ti, y ciego de pasión lograr imaginarte de mil maneras diferentes como se imaginan sueños que no pasan de utopías.

Me basta con soñarte para yo también ser feliz a la distancia, mientras tanto idealizo como mis dedos torpes irán corriendo lentos por tus mejillas, a la vez que mis labios sedientos recuerdan tus besos de aguamiel.

Me bastas tú, para quererte eternamente.

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