Mi Infierno


Es un sinsabor que surge justo en esos momentos por la mañana en los cuales me entrego a explorar mi interior, a divagar por esas espesas capas del inconsciente, por los recónditos abismos de una energía primigenia, sondeando entablar una lucha feroz por encontrar restos de voluntad necesarios para enfrentar un nuevo día. Es como estar en un infierno, mi infierno, en el cual no a cualquier demonio le está permitido entrar.

Sé muy bien lo que merezco, conozco profundamente mi fuego, y por eso os digo que no cualquier demonio merece arder y quemarse conmigo. Lo único que me atemoriza, es que después de una noche como la nuestra, ya no tengamos la posibilidad de volver a compartir esos momentos. Que ya no me corresponda la asonancia de tu voz, que ya no me persigan tus ojos suspicaces y que tu boca no esté dispuesta a renovar el aliento de la mía.

En mi defensa, sólo añadiría que mi afán de besarte, que para buscar lo que he perdido, para hallar la vida que se me fue, procuro incesante el encanto que siempre encuentro en tus labios.

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Te Quiero


Eres como las nevadas plumas del cisne matutino que me visita y despierta después de otra noche de delirios en la que faltas a mi lado. Percibo en la mansedumbre que nos brinda el alba, que te quiero como para escuchar tu risa todas las noches mientras duermes recostada en mi pecho en cuanto dejo de lado mis congojas y las sombras de otros espectros, pero sin soltar tu mano jamás.

Querer es esencialmente sufrir, pero como vivir es querer y sufrir, toda la vida es por su esencia dolor. Mis delirios no son más que una lucha por mi existencia a tu lado, con la certeza de resultar vencido si me niegas tu amor.

En esa cacería incesante donde mis tormentos se disputan tu querer, no soy más que una piltrafa de una horrible presa. Ese espectro del dolor natural por conquistar tu amor, me hace quererte sin motivo, sufrir mientras lucho de continuo hasta que me alcance el día de morir en tus labios.

Te quiero como para remplazar las heridas por sonrisas y las lágrimas por mirada en donde podremos decir mucho más que palabras.

No Quiero


Insisto, no me inventes cualidades ni virtudes, que yo no soy diferente a miles de mujeres que mueren o las que nacen a diario. No soy perspectiva, soy realidad.

Tampoco quieras cargarme con la responsabilidad de una mirada encantadora. No me incluyas en tus sueños de mujer prefecta. No quiero que me idealices con las cuestionables mansedumbres de la vida. No puedo, no quiero serlo.

Entiende que la cadencia de mis caderas no tiene el ritmo de tus deseos, ni mis labios saben a tiempo o a miel.

Yo no tengo ese tipo de dulzura con la que todo hombre enaltece a su dama, como tampoco llevo la fragancia de un perfume inolvidable preso a mis cabellos.

Lo que sí quiero, es que te sea indiferente si mi voz canta o grazna. Yo no soy canto, soy tan sólo palabra.

No coloques otros roles a mi vida. Soy, sin más, realidad, defecto y caos, y es justamente así como puedes nombrarme.

No permitiré jamás que me pretendas mujer celestial. No puedo. No quiero serlo.

 

Bendito Sea


Bendito ha sido el día que llegasteis a mi vida, mistura etérea de mujer ninfa y deidad divina que todo lo tocas y conviertes en pasión inaudita.

Bendito ha sido el momento en que transfigurasteis este harapo humano, y con gracia sutil derretisteis las nieves que cubrían mi corazón tan sólo con tu febril mirada y tu risa resbalada.

Bienaventurado fue aquel día que mis labios de amarga hiel probaron la dulzura de esos labios con sabor a miel y cereza madura que enarcan tu agraciado rostro.

Eres el sol de mi vida en el alba que me desquicia, astro que iluminas mi lacia alma marchita con rayitos de ternura que nutren mi espíritu antes callado y triste.

Claudicante de amor, te buscaré hoy mañana y siempre dentro de la explanada de mi alma revigorada, olfateando el crepúsculo en busca de tu corazón caliente, para anidar allí sin inculpar por nada a mi corazón maltrecho y ajado que ha estado por largo tiempo cercado por derribo…

¡Oh! ¡Bendita seas, mujer!

Quédate


Ella, siempre en su eterna manía de sonreír. Yo, en mi adorable manía de caer rendido cada vez que lo hace.

Por disfrutar su reír, mis devaneos se han perdido entre las estrellas de sus ojos, en la profundidad de su mirada, en los soles de sus mejillas, en las sutiles cometas que forman sus cabellos al viento, y en la nebulosa bruma de sus labios amanecidos y frescos como uvas de verano.

Ensimismado con su mirada, me gustaría tocarla como quien toca un violín. Con sentimiento, con fineza y, en el correcto momento, con frenesí.

Pues es ahí que trastornado por la inquebrantable ilusión de quererla mía, noto surgir ese lapso de reflexión en el que pensamos qué hacer con lo que tenemos entre manos, lo que sea que tengamos, y percibo como ella se me va escapando entre los dedos como arena que escurre en la clepsidra.

Cuantos besos, vida mía, me perderé por no saber decirte que te necesito a mi lado.

Puede Ser


La circunstancia no siempre es realidad, por lo que es posible que su candidez le complique el razonamiento, ya que la sonrisa que nota en mí rostro no es mía sino más bien de usted, visto que la sonrisa invariablemente pertenece a quien la provoca.

Suele acontecer lo mismo en otros contextos, porque en la fiesta de la piel y en el juego del amor, las caricias suelen perdurar ad eternun, no obstante una caricia nueva nunca será la copia de otra caricia lejana y vieja. Ésta será, sin duda, una nueva versión casi siempre mejorada de las caricias anteriores.

Pese a todo, yo quiero pensar que un día usted me encontrará en un recuerdo roto, o tal vez en una foto vieja que sembrará un sonriso en su boca. Y prendido en ese silencio estaré yo acariciándole los labios, recordándole que fuimos lo que ya no somos.

Llegará un día en el cual, usted y yo, mismo que sea en un recuerdo, volveremos al amor.

Moriré en Ti


Por si acaso alguna vez el arfar de tu pecho se detiene y el amor que sientes por mí deja arder en tus venas, si a tu boca ya no llegan más las palabras que endulzan mis oídos, si tus manos se duermen y se olvidan de volar sobre mi piel, deja al menos tus labios entreabiertos para que nuestro último beso dure una eternidad, y me acompañe el calor de ese dulce tacto hasta la muerte.

Si ya no me amas, quiero morir besando en sueños esa brasa ardiente que anida en la boca tuya, rodeando con mis manos un pedazo perdido de tu cuerpo entre las brumas de la madrugada, mientras entretengo mi sueño y busco la luz de tus ojos cerrados para que alumbre mi última morada.

Aunque nuestro amor no pueda ser verdad, sé que otros días llegarán mismo que tú no estés presente. Pero eso sí, nunca han de morir nuestros instantes, nunca se terminarán los libros y los tesoros que acumulamos sin tregua durante la vela de nuestras auroras de amor.

Inclemente muerte súbita de un amor prometido que ha perecido brutalmente mientras nos hostiga la vida en una onda alta, altísima, sobre las demás ondas de este mar en furia que es la vida, tu amor nunca será sombra en mí.

Pálida mujer de vasta cabellera negra como negra son las noches sin luna, entre tus brazos y muy colado a tu piel ya me perdí en amores, y de amores en sueños moriré sin paz llevando tu nombre cincelado en flamas en mi corazón.

Sin tú ya no me amas, seré, que pena, un planeta errante en la distancia sideral, quizás un árbol sin hojuelas perdido y muerto en la floresta, un páramo seco en medio al río que corre y huye, una piedra más al pie de la montaña de esta vida loca… Adiós, vida mía, que ahora de la naturaleza caen lágrimas como océanos de tristeza.

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