Un Día Fui


Me encanta ver esa languidez que siempre se dibuja en tu rostro cuando la presumida ráfaga del viento traicionero insiste en enredarse en las madejas de tu pelo, y retoza en él como un niño que travesea en la calesita.

Con esos gestos de diosa encabruñada robas mi mirada, arrancas de mis ojos contemplaciones de arrobo, sustraes el aire que respiro en tu cercanía, dándome la impresión de que juegas con la luz del universo al quitarme el brillo del sol de la mañana.

Quiero continuar a recordarte cuando aún no existías en mi vida, cuando tú solamente eras sueños y utopías que me desvelaban por las noches mientras te soñaba como racimo de uvas maduras entre mis manos.

Quizás a nada de lo que ahora digo te pareces hoy y sin embargo lo eres todo a la vez, mujer de mi vida. Recuerda que antes de ti, yo era como una barca vieja hundida en la burda ribera de un río en remolino, un intruso errabundo sin destino en una soledad acribillada de sueño y silencio, que a su vez se sentía acorralado entre el mar y la tristeza, como alas rotas de gaviota que se va muriendo de pena al no poder volar.

Triste ternura fue la mía entonces, cuando ya vencido anduve errante por las calles con el corazón congelado y fracturado entre melancolías a tocar el vértice atrevido y frio de mis sentimiento, tal cual un viejo laúd al que se le revientan las cuerdas.

Hoy me siento orgulloso de ti, locura que mi espíritu exalta, embriaguez divina que sólo puede surgir del genio creador, porque durante los instantes que estás a mi lado dejo ya de acusarme por todo lo que un día fui, y porque junto a mí eres el aire que de tu regazo emana perfumes y armonías de la fuente de la vida, y porque con tu magia conviertes mi mundo en primavera.

 

 

 

 

 

Moriré en Ti


Por si acaso alguna vez el arfar de tu pecho se detiene y el amor que sientes por mí deja arder en tus venas, si a tu boca ya no llegan más las palabras que endulzan mis oídos, si tus manos se duermen y se olvidan de volar sobre mi piel, deja al menos tus labios entreabiertos para que nuestro último beso dure una eternidad, y me acompañe el calor de ese dulce tacto hasta la muerte.

Si ya no me amas, quiero morir besando en sueños esa brasa ardiente que anida en la boca tuya, rodeando con mis manos un pedazo perdido de tu cuerpo entre las brumas de la madrugada, mientras entretengo mi sueño y busco la luz de tus ojos cerrados para que alumbre mi última morada.

Aunque nuestro amor no pueda ser verdad, sé que otros días llegarán mismo que tú no estés presente. Pero eso sí, nunca han de morir nuestros instantes, nunca se terminarán los libros y los tesoros que acumulamos sin tregua durante la vela de nuestras auroras de amor.

Inclemente muerte súbita de un amor prometido que ha perecido brutalmente mientras nos hostiga la vida en una onda alta, altísima, sobre las demás ondas de este mar en furia que es la vida, tu amor nunca será sombra en mí.

Pálida mujer de vasta cabellera negra como negra son las noches sin luna, entre tus brazos y muy colado a tu piel ya me perdí en amores, y de amores en sueños moriré sin paz llevando tu nombre cincelado en flamas en mi corazón.

Sin tú ya no me amas, seré, que pena, un planeta errante en la distancia sideral, quizás un árbol sin hojuelas perdido y muerto en la floresta, un páramo seco en medio al río que corre y huye, una piedra más al pie de la montaña de esta vida loca… Adiós, vida mía, que ahora de la naturaleza caen lágrimas como océanos de tristeza.

Nostálgica


Justamente ese día, ella percibió que se encontraba algo cercana, y resolvió seguir adelante para echar un vistazo en la antigua casa de su niñez. Detuvo el auto en la acera de enfrente y por cortos minutos la miró absorta. Notó que las paredes estaban descascaradas. Donde aún quedaba algo de pintura, ésta se mostraba escarnecida. Las ventanas tenían las persianas sueltas o simplemente faltaban.

Una punta de congoja le apretó el pecho y decidió bajar del coche para ver. El inclemente pasaje del tiempo había dejado gravado allí cicatrices profundas. Esa casa que ella tanto había amado estaba cerrada. Con certeza ya nadie vivía en ella.

Para su sorpresa, imprevistamente se abrió la vigía que existía en el portón, y allí apareció el rostro arrugado de un hombre viejo, indagando lo que ella quería.

-Todos se han marchado ya; unos murieron, otros deben andar por el mundo echando sus plagas por ahí -le explicó el hombre, con voz agrietada.

-Es lo único que sé -agregó carraspeando-. Un cierto día me dejaron quedarme a vivir aquí como casero, pero no me pagan nada.

-Ya le he dicho. No sé dónde anda esa gente. ¿Ve cómo el jardín está abandonado? Yo ya no tengo condiciones de limpiarlo. Mis fuerzas son pocas ahora, y paso casi todo el día acostado -le explicó compungido.

En realidad, la casa parecía adormecida en algún punto del tiempo. Allí no se oía barullo alguno, y, como no había viento, ni las hojas de los árboles se movían.

Los recuerdos afloraron. Ella recordó su cuarto, y de las bajadas, tan prohibidas en su época, por el pasamano de la escalera. Incluso, de la mesa amplia siempre llena de platos de comida y de gente alegre a su alrededor.

Perdida en esos devaneos, emergió en su memoria la imagen de su madre, tan austera; su padre, comprensivo y cariñoso. Le resonaron también las pequeñas discusiones con sus hermanas, la visita de los primos, tan alegres. Todo le venía a los borbotones, un recuerdo tras otro. Eran tantas las evocaciones, que ella no se fijó en ninguna. Era como si una película estuviese pasando ahora por su cabeza con las innúmeras cosas hermosas que había vivido allí.

De pronto ella dio un suspiro mustio al recordar de su primer novio, Carlos, que acabara casándose con su mejor amiga. Nunca más llegara a gustar de otro hombre como había gustado de Carlos…

-¿Será que en verdad fue amor, o pasión de adolecente? -se cuestionó abatida por sus recuerdos, mientras sus ojos bajaron al suelo.

De a poco se vio invadida por una tristeza que la llevó a las lágrimas. Recordar es lindo, pero también es triste, dijo para sí al volver la espalda a la casa.

-Tal vez no debiese haber venido hoy, ni nunca -llegó a reprocharse entre dientes.

-Con certeza, -murmuró mientras cruzaba la calle-, esas mismas cicatrices que tiene la casa yo también las tenga en mí, porque es evidente que los años igual han pasado por mi cuerpo.

Al entrar en su coche, dio partida rápidamente y se alejó de prisa, antes que el mundo se le cayera en los hombros.

Eclético


Ciertas personas dicen que lo imposible no pasa de una burla de los dioses supremos, esos redivivos que con sus maniobras alteran la vida de todos los que han venido al mundo con la obsesión imposible de encontrar el amor.

Si bien que en mi caso en particular, usted esconde en sus ojos lo que he buscado con sensatez en un sinfín de dimensiones. Usted guarda una sonrisa madura capaz de curar mi más amarga tristeza. Usted parece ser la luz de la luna que brilla en mi oscuridad. Y es más, es tan hermosa, que cuando sonríe me sacude el alma.

Sin embargo, al estar frente esos mismos contextos de imposibilidad infinita, uno necesita ser eclético, porque no debemos dudar que todos los humanos queremos lo que no se puede. Por tanto, si nos valemos de un proceder eclético, evitamos convertirnos en seres fanáticos de lo prohibido. Más aún si se trata de una persona tan seductora como lo es usted, que convierte mis sentimientos en utopía.

No niego que en diversas ocasiones he suplicado su amor con ardor a los jefes supremos, los mismos de que hablé y que por medio de hilos invisibles rigen las cosas prohibidas que nos atosigan la vida, y pese a todo, mismo así, aun extraño esos momentos que nunca vivimos, los recuerdos que jamás escribimos, los pasos que hemos dado tomados de la mano pero que en realidad nunca los dimos.

Sí, aun la extraño. Extraño nada y todo de usted. Tan poco de eso que a veces me ha dado, pero que me hace extrañar una parte de mí, esa que está junto a usted.

No quiero mentirle, pero es verdad que la extraño, que la extraño como a nadie. Y como de extrañar no se vive, me gustaría preguntarle: ¿En qué lugar, a que deshoras me dirá usted que me ama? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba.

Palabras


51-palabras

No es difícil notar como las palabras ruedan sueltas por las calles de la ciudad, y en medio del camino van sufriendo accidentes iletrados, se estropean en medio a los acasos del momento, se tiñen con los hábitos particulares y pronto se tuercen de acuerdo con la pasión dominante.

En verdad, estas palabras, más que mías son tuyas, las mismas que van trepando en mi dolor ya viejo como si ellas fuesen una madreselva prendida a un muro de piedra atrancado a cal y canto.

Quién sabe sea también un canto de amor vital, triste, tierno y angustiado, pero a la vez ardoroso y sereno en un crepúsculo lleno de tempestad en el corazón del verano.

Antes que tú llegaras pobló la soledad de mi alma otros amores y otros ardores, y poco a poco mi espíritu se fue acostumbrando más que tú a la tristeza y al desamor.

Sin embargo hoy, con su llama deletérea, la luz de mi pasión te envuelve y abraza, absorta, pálida, doliente y a su vez soñadora, luchando contra las mismas viejas aspas de la anochecida que en torno de ti y de mí dan vueltas como los antiguos molinos del Quijote.

Mientras el viento triste del otoño galopa arrastrando las hojas muertas de los árboles yo te amo, vida mía, y hoy mi alegría muerde en sueños tu boca de labios de terciopelo.

Hundido en medio a esa colosal realidad tangible y cotidiana que me abraza y duele, ángel de sueño, te pareces mucho a mi alma, pero creo que te pareces más a la palabra melancolía.

En mi mundo circundante tú eres pradera en flor, eres trigo maduro, pájaros al vuelo en primavera, fuego, viento, lluvia y ese ardor vital como miel de abejas de fuego en mi pecho, o vino de uvas maduras en mis entrañas.

Más que palabras, para mi corazón bastan tus besos, para tu libertad bastan mis alas de sueño a conducirte al paraíso. Desde mi boca, más que palabras, llegará a tu pecho y hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma.

Volvió


43-volver

Había sido un sujeto optimista y animado que un lejano día partiera ilusionado en busca de su destino, sin saber a lo cierto cuándo lograría volver, y sin suponer si realmente alcanzaría a ver otra vez el refulgente sol y el amplio cielo como mar de su tierra.

Sin embargo, cierto día volvió. Pero regresara con una inmensa sombra gris en el alma, con el corazón hecho más de mil harapos a causa de ese tipo de desdichas gratuitas que nos dona la vida. Volviera con el espíritu doblado por la congoja, tal cual se doblan a veces las sensibles ramas del sauce cuando lo castiga el viento invernal.

Retornó con una triste mueca que hacía más de quince años había sido sonrisa. Ese tipo de gesto infortunado que muchos dirán que oscila entre la desdicha y el agobio. No obstante, haciendo frente a su trance fortuito, él ni siquiera había aprendido a sentir melancolía. Mucho menos rabia.

La esencia de su problema radicara en que un día su espíritu no aguantó más ni el dolor ni la alegría planificada, esos tipos de gestos característicos que son obligatorios por decreto, con fecha fija.

Hoy noto su ascético cuerpo deambular por las calles de mi barrio tal cual un ser alado, aleteando por ahí entre las sombras de los árboles como si él fuese un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y a su vez como un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso.

Una y otra vez lo saludo y él me responde siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada de otoño casi a la puerta del invierno, lacrimosa, como suele ser de costumbre a esa edad, pero eso sí, inteligente.

Por veces paramos para conversar sobre amenidades, pero noto que nuestras palabras se cruzan, vertiginosas, como si ellas fuesen meteoritos, o acariciantes como copos de nieve. Las sujas son apenas sílabas que se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nevada, circulan el aire y su expectativa.

A pesar de ello, de tanto mirarlo y observar sus gestos, me he dado cuenta que el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros de la muchedumbre, el sol o la lluvia sobre las multitudes, lo cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis.

Huellas de Tristeza


20- huellas de tristeza

Recuerda, muchacha soñadora, que no tiene cualquier sentido deponer de nuestras ilusiones y quimeras, pues lo que en verdad se necesita derrumbar, son las barreras que nos impiden cumplirlas.

Nunca te fíes ni un poco en la tristeza y la melancolía. Nunca permitas que ellas pasen por la rendija de tu agonía, ni tampoco escuches la seductora tonada de sus arrullos, ni te cobijes en ellas cuando te refugies en tu soledad. Échalas lo cuanto antes así que las presientas.

No confíes en tu intuición, esos aciagos sentimientos siempre dejan huellas en el corazón y suelen esconderse hasta en tus viejas canciones, en los ajados álbumes de fotos que guardan tus recuerdos, y hasta en los potes de polvos y perfumes que guardas en tu tocador.

Tíralo todo, deshazte ya de todo eso. La tristeza no es buena amante, sólo te traerá recuerdos que son mentiras, y siempre te querrá sola.

Ten en cuenta que de inicio, silenciosa y muda, fría como el blanco mármol del sepulcro, ella habitará primero en tus ropas y en tus cabellos, luego tomará cuenta de tu piel y de tu alma, hasta que de repente, cuando menos lo esperas, acabará sin más doliéndote en los huesos.

Vive la vida, muchacha soñadora, y el día que la tristeza te aprese bajo su desventurado velo, necesitarás revelarte, alzarte, saltar, huir, caminar, correr, escapar hacia lo más lejos. Hacia mis brazos, por ejemplo… No te dejes paralizar por ese alacrán siniestro que te consumirá en vida.

El momento demanda construir algo bonito. Deja de pensar en ti y en lamentaciones. La tristeza no tiene poder fuera de tu ego. Y tú eres mucho más que un ego, eres todo lo que amas, y todo el amor que has recibido y recibirás hoy y mañana. La vida solamente acaba cuando dejamos de soñar, cuando dejamos de creer, y el amor agoniza en muerte lenta cuando dejamos de cuidarlo.

La tristeza nunca pudo nada contra el amor, ella sólo entiende de rencores y desamores. Abrázame, abrázate ya al amor, muchacha soñadora, para nunca despeinar tus utopías y expulsar la tristeza de tu alma para siempre.

Hay que Reírse Contenidamente


Mi abuela aconsejaba siempre a la llorona de mi hermana, que ella debía reírse en lugar de llorar, porque la alegría es sobre todo un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores, ya sea por medio de palabras, gestos o actos con que se puede expresar el júbilo. Por lo que la alegría es uno de los tantos sentimientos que experimenta el ser humano en la vida… En muerte aún no ha sido comprobado.

Sin duda la alegría es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía, y una poderosa disposición -incluso la nocturna-. Por lo tanto es un sentimiento o valor, una acción constructiva, que puede ser percibida en toda persona, siendo que quien la experimenta la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos. En cuanto que la tristeza es el sentimiento o emoción contraria.

También se puede definir la alegría como el estado de ánimo más confortable por el cual uno puede pasar, aunque la tristeza juega aquí un rol importante, visto que sin ella nunca se podría sentir alegría, al punto que algunos médicos afirman la alegría ayuda al mejoramiento de la salud.

Sin embargo, aparentemente esos galenos estaban equivocados en sus dictámenes, visto que un reciente estudio suizo apunta que dolores en el pecho y falta de aire pueden ser causados por momentos de alegría. Eso, porque según estos estudiosos, no es apenas el estrés emocional que se despierta en los momentos de rabia, irritación, tensión -incluso en los momentos que aparece la bandera roja- los grandes villanos de los problemas cardíacos.

De acuerdo con estos investigadores del “Hospital Universitario de Zúrich”, por lo menos 1 de cada 20 casos da cardiomiopatía de “Takotsubo”, una alteración en el ventrículo izquierdo del corazón que está ligada al estrés, es causada por alegría en exceso. Luego, estas conclusiones fueron divulgadas en la publicación científica “European Heart Journal”.

Con todo, le recomiendo al sano leyente que no se precipite y vaya con calma y no se preocupe en ser no ser alegre, pues, según los estudiosos, dicho “problema” es completamente reversible y tiende a ser resuelto con tratamientos de manera eficaz.

Para tal conclusión, este jubiloso estudio hospitalario analizó 1.750 pacientes. Fue cuando los médicos descubrieron que algunos de los insanos presentaron problemas cardíacos causados por una serie -que no era de la HBO- de ocasiones felices como: casar un hijo, ganar un nieto, un reencuentro con amigos, ganar en juego de apuestas y hasta el resultado positivo de un examen de salud… Esto último, especialmente en aquellos que pesaban estar ya con un pie en el cajón.

Además, independiente de lo que sea y fuere, de acuerdo con los investigadores, la mayoría de los casos era de mujeres que pasaron por la maldita experiencia de la menopausia… La misma que las hace imaginar que el mundo se termina.

Jelena Ghadri, una de las científicas, dijo que el estudio reveló la existencia de más mecanismos por tras de la cardiomiopatía de Takotsubo, desafiando el estereotipo de quien sufre de esa dolencia, que generalmente es definido como paciente con el “síndrome de corazón partido”… No solamente a causa de un amor perdido.

“Esta enfermedad también puede ser causada por emociones positivas. Los médicos precisan estar al par de que pacientes que llegan a la emergencia de un hospital también pueden estar sufriendo la síndrome de Takotsubo mismo después de un evento feliz”, afirma Ghadri, agregando que los resultados sugieren que tristeza y alegría comparten el mismo “camino emocional” que lleva a esta enfermedad.

En fin, no hay como negar que los sentimientos se deslizan como camaleones por los vericuetos de la vida, y hasta por veces se refugian en guaridas de amor, pero cuando estos emergen al aire preso o libre, queda evidente que dan color al mundo, no exactamente el del universo inalcanzable sino del mundo chico, ese contorno privado en que nos revolvemos como podemos… ¡Simpático asunto!

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Sólo Quiero Saber Algunas Cosas…


No me interesa saber cómo te ganas la vida. Quiero saber lo que anhelas, y si te atreves a soñar con lo que tu corazón aspira.

No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en cuadratura con tu Luna. Quiero saber si has llegado al centro de tu propia tristeza, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por miedo a nuevos dolores…

Quiero saber si puedes vivir con el dolor, con el mío o el tuyo, sin tratar de disimularlo, de atenuarlo ni de remediarlo.

Quiero saber si puedes experimentar con plenitud la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con frenesí y dejar que el éxtasis te penetre hasta la punta de los dedos de los pies y las manos sin que tu prudencia nos llame a ser cuidadosos, a ser realistas, a recordar las limitaciones propias de nuestra condición humana.

No me interesa saber si lo que me cuentas es cierto. Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma…

Quiero saber si puedes ver la belleza, aun cuando no sea agradable, cada día, y si puedes hacer que tu propia vida surja de su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y de pie en la orilla del lago gritarle a la plateada forma de la luna llena: “¡Sí!”.

No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de aflicción y desesperanza, agotado y magullado hasta los huesos, y hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.

No me interesa saber a quién conoces ni cómo llegaste hasta aquí. Quiero saber si te quedarás en el centro del fuego conmigo y no lo rehuirás.

No me interesa saber ni dónde ni cómo ni con quién estudiaste. Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás se derrumba.

Quiero saber si puedes estar solo contigo y si en verdad aprecias tu propia compañía en momentos de vacío…

Oriah Mountain Dreamer

 

Puede que el carismático lector necesite tomarse un tiempo para responder a tantos cuestionamientos, o que el artículo requiera de sí varias relecturas para que logre asimilar su contenido antes de confesar sus debilidades que, por ser humano, ciertamente las tendrá… ¡Reflexione!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: http://www.bubok.es/

Ahora sus Emociones son Menos Complejas


El más emotivo lector necesita olvidarse de aquel viejo apotegma que menciona que los seres humanos son criaturas sumamente complejas que cargan en su espalda una enorme gama de emociones que le trastornan la vida. Por lo visto, todo ese tema no pasa de conversa para buey dormir, ya que en realidad nuevas pesquisas sugieren que los bípedes humanos tenemos apenas cuatro emociones que varían entre sí.

Antes que nada, es importante aclarar que las emociones no son más que fenómenos afectivos y subjetivos, interpretados como una manera de adaptación al ambiente en que un individuo se desarrolla. La hipótesis científica ampliamente difundida, menciona que habrían seis tipos de emociones primarias prontas para atosigarnos la vida: tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo e ira.

Claro que por un lado existen las llamadas “emociones de fondo”, que nada más son que producto o resultado de las emociones básicas. Asimismo, a pesar de su significancia, este tipo de emociones no suelen manifestarse en la conducta de la persona, ya que la locura no es una emoción. Por tanto, en este renglón existen básicamente dos: “desánimo y entusiasmo”, y a partir de ellas no sólo se conforma el estado de ánimo diario de un individuo, sino que también influyen radicalmente en sus acciones… Las que sí pueden llevarlo a la locura extrema.

También están las “emociones sociales”, que reciben su nombre a partir del hecho de que es condición básica la presencia de otra persona para que estas puedan aflorar. No en tanto, a diferencia de lo que se suele creer, no son el resultado de la formación cultural brindada por la escuela y la familia. Por consiguiente, esa formación cultural sólo podría determinar la manera en que el individuo exteriorizará dichas emociones, pero de ninguna manera conseguirían crearlas. Algunas de las emociones sociales sería: vergüenza, gratitud, admiración, orgullo, celos, simpatía, ofuscación, admiración, irritación, y demás etcéteras por el estilo.

Otra manera de clasificar a las emociones sería, en primer lugar, las “emociones positivas”, que son aquellas que propician una acentuación en el bienestar del individuo que las siente. Éstas suelen contribuir favorablemente en la manera de pensar y de actuar de las personas, proporcionando reservas tanto físicas como psicológicas para tiempos de crisis. Un ejemplo de emociones positivas son la alegría, la satisfacción, la gratitud, la serenidad, y obviamente sus demás etcéteras.

Empero, no podemos dejar afuera del tarro las “emociones negativas”, que, de manera contraria a las del parágrafo anterior, provocan una reducción en el bienestar del sujeto que la experimenta. Por eso mismo existe en cada uno el fervoroso deseo consciente de evadirlas, ya que ellas bloquean la energía del ser humano e inciden negativamente en su salud. Puede afirmarse que la ira, el miedo, el asco y la depresión son algunos ejemplos de emociones negativas.

Sin embargo, como ya mencioné al inicio de la redacción, podemos depositar toda esta perorata en la lata de la basura, porque un nuevo estudio realizado por la “Universidad de Glasgow”, y publicado en la revista “Current Biology”, afirma que el ser humano sólo disfruta de cuatro emociones de base biológica: felicidad, tristeza, miedo/sorpresa e ira/disgusto.

Para desenvolver la referida investigación, los participantes fueron expuestos a expresiones faciales generadas por computador, y enseguida tuvieron que identificar las seis emociones predominantemente socialmente aceptas hasta el presente.

Al inicio, la rabia y disgusto, así como el miedo y la sorpresa, parecían muy similares. Por ejemplo, la sorpresa y el miedo presentaban movimientos de sobreceja parecidos. No en tanto, a lo largo del tiempo y conforme las expresiones se fueron desenvolviendo, los participantes fueron capaces de distinguir entre los dos tipos de emoción, sugiriendo que las diferencias entre rabia, disgusto, sorpresa y miedo son resultado de la evolución social, y no biológica.

Los investigadores se dieron el trabajo de explicar que la expresión de ojos bien abiertos que aparece con el miedo/sorpresa, es una respuesta al peligro inmediato: “el organismo actúa así para poder colectar más información visual. Fruncir la nariz delante de algo asqueroso y desagradable o cuando estamos con rabia, es una respuesta al peligro inminente, así habría menos chances de respirar algo peligroso para la salud”.

“Estos resultados nos muestran que los modelos de expresión facial transmiten una jerarquía de evolución de señales a lo largo del tiempo, caracterizado por señales biológicamente enraizados y más simple al inicio de la dinámica de señalización seguido por señales más complejos y socialmente específicos, que finalmente distinguen las seis expresiones faciales de emoción”, concluye el estudio.

En todo caso, todo esto me lleva a pensar que, a pesar de antípodas, ni siempre la Verdad y la Mentira estuvieron tan próximas… ¡Emocionante!

(*) Si desea seguir la misma línea y enfoque de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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