Sueño Mágico


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Siento que usted no está capacitada para percibir cómo a mí me gustaría ser un nigromántico del amor, y así lograr prever nuestro futuro, mismo que yo, dulce mujer de mis desvaríos, sólo sea un triste hombre que vive a soñarte.

Anoche te vi nuevamente entre sueños y te noté más preciosa que siempre, mejor dicho, magnífica. Quizás, eras mucho más que una Diosa, porque advertí que la venturosa piel de tu cuerpo exhalaba odas y poesía.

Te sentí tan cerca de mí, que juro alcancé a respirar la esencia de tu piel. Te veías tan viva, te veías tan veraz, que llegué a imaginar cuántas loas, cuántos versos entre letras gigantes como mis demonios internos, dormían en ti, tal cual un pájaro dolorido que duerme calmo entre las ramas esperando la caricia del sol al amanecer.

Es posible que hoy mis noches estén más llenas de recuerdos que de estrellas. Por eso me he asomado a las más altas cimas de la tierra y del cielo buscando verte, con los ojos y con el pensamiento.

Sin embargo, perdido entre la agonía y el tormento de mi corazón apasionado, he descubierto tardío, que tú eres el único medio posible que necesito para tocar las nubes. Nada más.

Mis ayeres están poblados de ti y no hay noche que no te vea entre mis sueños, momento en que se asoma a mis labios otra sonrisa, otro dolor, al preguntarme si acaso tú ríes como yo. Mismo así, aunque me duela infinitamente tu lejanía, estoy dispuesto a soñarte todas la noches, todas las semanas, todos los años del resto de mi vida, sin que tu supongas cual sería el tamaño de la suerte mía el poder tenerte a mi lado al despertar.

Saeta voladora que cruzas mis sueños nocturnos sin yo saber dónde caerás, ola de pasión gigante que el viento riza y empuja caprichosamente hacia el mar llevándote tan lejos de los brazos de mi amor, hoy me resta un consuelo y nada más, que imaginarte, amor mío.

Ven a mi mundo, para que puedas sentir libre tu alma. Ven a soñar conmigo, dueña de mis quimeras, pues, si soñamos juntos, será mejor para los dos.

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Lágrimas


25- lagrimas

Fue como si surgiese de repente el ventarrón infausto del destino, y presumo que a ti también te habrán lastimado el alma esas agrias palabras que, al proferirlas al azar, no tuvieron la intención de hacerme daño, aunque el golpe del veneno que había en ellas fue mucho más que un rencor ajeno olvidado en su inútil corona de espinas.

Hazme el favor, cállate, abominable Eva de este paraíso terrenal. Nunca ignores a quien ciertamente le importas, pues tal vez mañana, tarde, has de darte cuenta que perdiste la luna, mientras, dispersa y afrentada, te entretuviste en contar las estrellas.

Puede que no te hayas dado cuenta, pero las tuyas han sido palabras que acecharon la muerte de un amor sublime a quien entonces lo ofendieron e hirieron gravemente, únicamente porque mi boca cerrada ya no pudo contestar su canto avinagrado.

Al oírte me sobrevino el llanto. Esas ganas de llorar que nacen de repente, ahogadas en la desolación, mismo que fuera de mi cuerpo en desconsuelo la luna florecida y el vergel en flor quisiesen forjar ese deseo de estar solo y al mismo tiempo necesitar de un abrazo, una caricia, tal vez hasta un beso que lo pueda todo.

Duele, pero el más mentado de los hombres llora en los momentos más amargos de la vida. Yo no fui diferente, pues siendo más que el mar y que sus islas, y porque hay que caer dentro de ese mismo mar como en un pozo para salir del fondo con un ramo de agua secreta y verdades sumergidas, entonces lloré, lloré con el alma. Pero no lloré físicamente, lloré de verdad, de la manera que más duele, lloré sin lágrimas.

Infausta mujer, te has olvidado que el amor verdadero nunca se da por vencido, que jamás pierde la fe, porque siempre tiene esperanza y se mantiene firme ante toda circunstancia, incluso estando dentro de un traje vacío y uno siga cojeando como un espantapájaros de sonrisa sangrante.

¡Ay de mí!, ¡ay de nosotros!, mi dulce amada, que sólo quisimos apena amor, amarnos, y entre tantos dolores nos dispusimos los dos a quedar malheridos.

Exuberancias


16- exuberancia

Sería oportuno que se estableciera cuanto antes, en que fecha cumplen su mayoría de edad los vicios menores; no obstante, de cara a los desenfrenos que causa la pasión, me sobrevenga una duda: ¿quién jamás ha puesto al huracán del amor ni yugos ni trabas, ni quién el rayo del deseo detuvo prisionero en una jaula?

Está probado por a más be, que yo alcanzo el éxtasis de mis utopías ante una impactante presencia de coloraciones surtidas, fusionadas en una amalgama entre cal y fango, entre madero y guijarro, entre metal y cristal, entre sangre seca y rezos de plegarias, entre imágenes ya esculpidas y rostros cobrizos donde tú no estás.

Es a causa de ello que, consternado por la distancia que nos separa, ruego al santo pajarillo que canta plegarias al amor, tan sólo un favor: vuela hasta la lucera de mi velada amada y entrégale en mi nombre el requiebro de tus trinos, y omite revelarle a la diva de mis ilusiones que por aquí yerran mis más resignadas reflexiones. Entretanto, en cuanto no vuelves con tu trino, me entregaré a indagar los sucesos de una época que probablemente jamás volverá.

Entre las mil aflicciones que me atosigan el alma, debo admitir que el leve roce de su beso fresco sobre mis labios de jaspe, su dócil caricia afectuosa sobre mi piel deslucida, o el más exiguo susurro que ella dispensa en mi oído como gemido de amor en flor, despiertan y provocan en mi alma una exuberante cascada de emociones expectantes que me conducen a la puerta de la locura.

Esa hechicera luz que irradian sus lindos ojos color de melaza azucarada, es la que ahora sirven para iluminar mi pedregoso sendero, permitiéndome distinguir con claridad la flor de esa niña mujer que, callada, habita dentro de mí.

Sus largos cabellos dorados son como largas espigas de trigo maduro que se mecen con la caricia del viento… Pero cuando me besas, ¡oh!, cuando tú me besas, mi linda niña, miles de mariposas de colores aletean agitadas en mi mente y me transportan irreflexivo hasta la punta del delirio.

Perfume de Flor


14- perfume de flor

Debes suponer, mi dulce y sensitiva niña, que el infinito nunca será por demás distante e inalcanzable, si tú admites por un instante que tus sueños e ilusiones nocturnas vuelen hacia él en un serafín alado.

Alma de mi alma, hoy eres todo perfume de flor. Tu tibia piel posee la penetrante fragancia de mil rosas, junto al dulce aroma del jazmín que desabrocha en la primavera de la vida.

Puede que tú no lo sepas aun, pero llevas preso a tu cabello el efluvio de los claveles del amor. De hecho, el estar a tu lado es como si caminase en una pradera de miles de celestes lavandas afloradas.

Disculpa el ardor de mi voluntad, hechicera de mis horas, pero te suplico de rodillas que permitas que mis manos, en este momento atrevidas y codiciosas, se ahuequen durante un largo instante en tus rosadas mejillas, y que mis labios, que hoy son de mármol, toquen mil veces tus labios de almíbar y arrope, para que el beso que te entregan sea la caricia suave de una brisa de esplendor que mima la frescura del rosedal.

Confieso, dulce niña de mis aturdidas quimeras, que tus bellos ojos color de miel, tu sonrisa de querubín, y la dócil cadencia de tu voz, es lo que me provoca alucinaciones de aguamiel.

Deja, hada de mis sueños, que mis anhelantes y trémulas manos se entreguen, esperanzadas que están, a explorar entre caricias el terciopelo dócil que cubre la piel de tu cuerpo. Concede a este torpe penitente del amor, a que sus dedos ambiciosos se deslizan leves y tibios sobre tu cuerpo de seda.

Aprecia como mis ojos, bajo párpados humildes, te aman silenciosos con la mirada… Y notarás que junto a su tácito observar, mis labios sedientos ahogarán ahora su sed de amor en tu boca de almíbar.

Con tu anuencia, miles de veces mis tiernos besos de amor y mis suaves caricias de pasión colmarán tu alma de un delirio sinfín, haciendo que el nirvana entero se postre a tus pies.

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