El Favor de la Risa


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La acción de reír puede ser el mejor remedio para todos los males que nos inquietan, inclusive para la expiación de los malos amores. Sin embargo, lo trágico del caso, es que nos olvidamos que la risa es un privilegio del ser humano. Ningún otro animalejo se ríe con el verdadero sentido de esa función, por lo menos aquellos que no son racionales.

Con frecuencia suelo cuestionarme sobre cuántas de las neurosis de la actualidad se basan, al menos parcialmente, en personas con pocas flores en el jardín de la memoria, que no se dieron cuenta que han perdido el contacto con el sorprendente hecho de que la vida es un chiste maravilloso del que todos, de alguna manera, formamos parte.

Evidente que la risa puede tener diferentes intensidades. Una de ellas la podemos percibir luego de revelar a la diva de nuestras quimeras cuánto la amamos. Los ojos de ella bailarán alegres y su par de labios purpúreos y húmedos se entreabrirán. Aparecerá entonces una mueca leve en el rostro, sin sonido. Esa será su sonrisa de incredulidad.

Pero todo cuidado es poco, porque la sonrisa puede ser también un gesto de cortesía o tan sólo una simple muestra de afirmación sobre lo que sea y fuere. Y a pesar de que ambos términos posean definiciones diferentes, no es raro que nos topemos frente a ellos en el contexto incorrecto, y más aún si nuestra confesión de amor no toca el corazón de quien nos está quitando el sueño, ya que muchas mujeres los utilizan de manera indistinta.

Sin apartarme más que lo necesario de lo que aquí interesa, el caso peculiar, es que nos olvidamos que el sentido del humor nos ayuda a olvidar, cuanto menos por un instante, nuestro demasiado inflado sentido de seriedad y de propiedad. Probablemente eso no sea más que una sumisa declaración inconsciente de nuestra superioridad sobre las desgracias y calamidades que a cualquier hora podría caernos encima como cascotes de emoción.

Mismo que el concepto de risa suele referirse a una reacción espontánea e involuntaria de nuestro empedernido pesquis, muchas personas continúan a suprimir la alegría creyendo, de manera desafortunada, que la vida es una empresa seria. Entonces su sonrisa cortés sustituye la risa espontánea y los impulsos de alegría aparecen en forma moderada, o directamente desaparecen por deferencia al sentido común o al buen gusto, y se quedan así, como si fueran esas boyas ancladas en la costa sacudidas por la furia de la tempestad.

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La Sra. Justicia Demora en dar la Cara


Por veces nos sorprendemos con la lentitud de la justicia; sin embargo uno se asombra aún más cuando se entera que aquel día fue necesario tan sólo diez minutos para que un jurado compuesto solamente por blancos en Carolina del Sur, Estados Unidos, condenase a George Stinney Jr., un adolescente negro de 14 años, a muerte por haber provocado el asesinato de dos niñas de piel blanca.

Con todo, uno se impresiona mucho más al saber que se demoró 70 años para que una jueza derribara esa condenación, mismo que hayan pasado décadas de la ejecución del más joven preso del siglo pasado en los EUA.

Esto se debe a que la jueza Carmen T. Mullen clasificó el juzgamiento expreso que ocurrió en 1944 como “una gran injusticia”. No obstante ella no indicase que la sentencia por la muerte de las niñas blanca estaba errada, pero apuntó fallas no proceso.

En realidad, la jueza Mullen consideró varios puntos confusos: que Stinney no tuvo sus derechos asegurados en la formación del jurado, totalmente integrado por personas blancas; que el abogado apuntado por el Estado “hizo poco y nada” para defenderlo; que su confesión puede haber sido coaccionada, debido a su posición, como un joven negro de 14 años interrogado por policías blancos en una ciudad segregada… ¿Al lector le quedan dudas?

Pues bien, la historia radica que en marzo de 1944, policías entraron en una casa de Alcolu en busca de George Stinney Jr. Sus padres no estaban y su hermana se escondió en el vergel en cuanto veía que los agentes de la ley se levaban al adolescente y al hermano más viejo de ellos, Johnnie, esposados.

Eso, porque Betty June Binnicker, de 11 años, y Mary Emma Thames, de 8, habían sido encontradas golpeadas y muertas con un pedazo de viga de tren. Stinney y su hermana habían sido las últimas personas a ser vistas con las víctimas aun vivas. El hermano más viejo fue suelto por la policía, y las atenciones se concentraron en Stinney.

Luego el adolescente fue interrogado sin la presencia de los padres o de un abogado. Pero según la policía, él confesó las muertes de Betty June y de Mary Emma alegando que deseaba mantener relaciones sexuales con la más vieja de las dos.

Llevado a juzgamiento, la sesión duró dos horas. Al final de diez minutos surgió la deliberación: “Stinney fue condenado en 24 de abril de 1944 a morir en la silla eléctrica”. Su abogado decidió no apelar del fallo. El 16 de junio del mismo año fue ejecutado.

“Ellos procuraban a alguien para culpar. Y mi hermano fue usado como chivo expiatorio”, contó Amie Ruffner a las cámaras de la TV americana. Así como antiguos compañeros de celda dicen que el jovencito siempre negó el crimen.

Este caso atormentó la vida de los abogados de derechos civiles por décadas, los que apuntaban falta de pruebas y fallas en el proceso. La familia siempre afirmó su inocencia y que su álibi nunca fue llevado en cuenta: La propia hermana, hoy con 77 años.

En una nueva audiencia que fue realizada en enero del corriente año, la familia pidió un nuevo proceso. Esta semana la jueza escuchó la declaración de los hermanos, un testigo que participó de las buscas de los cuerpos y especialistas que apuntaron fallas durante el interrogatorio. Un psiquiatra forense infantil afirmó que la confesión de Stinney no podría haber sido llevada en cuenta.

Periódicos de la época dicen que el joven era pequeño demás para la silla eléctrica y que lo tuvieron que sentar sobre libros.

En una afirmación dada por Norma Robinson, sobrina de George Stinney, cuenta que la familia no desea el perdón, y agregó: “Existe una diferencia. El perdón es dado por algo que fue realizado… En lugar del perdón, ellos quieren un “coram nobis”, que significa que un error fue cometido.

El deseo de los padres perece una reivindicación de lo más justa, aunque sabemos que frases, enunciados o decretos nunca harán posible resucitar a George Stinney Jr. Pero una vez aclarado tan triste asunto, no faltará oportunidad para que editen un buen libro o una entusiasta película en los moldes de “12 años de esclavitud”… ¿Vio? La justicia, que es manca, tarda pero llega.

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

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