Diversiones Mortales


15- diversiones mortales

Atentos, que este cuento bien pudo no ser escrito, bien pudo no ser leído y nunca acontecido.

…Mientras Julián duerme y sueña sueños que no sabemos pero que bien podemos suponer sean referentes o alusivos a la hija de algún buen vecino, un templado viento norte sigue arrancando alargadas quejas y ruidos metálicos de los diversos techos y galpones, mientras lechuzas gritan descomedidas, muge como en sueños alguna vaca de por ahí, aúlla algún perro, mía un par de gatos en celo, y varias aves de vuelo silencioso sobrevuelan los árboles y las casas del pueblo lo mismo que brujas noctámbulas.

A esas horas la luna sube y sube en un cielo solo para ella. Y estando muy alta ya, muy arriba, muy solitaria y dueña de sí, golpes en la puerta del cuarto despertaron a Julián que pernoctaba tranquilo en el recinto.

Estiró el brazo con la intención somera de encender la veladora, intrigado, y oyó que se repetían los golpes, ahora quizás sonando más perentorios esta vez. Buscó vestirse rápidamente, mientras nuevos golpes, siempre sonando un poco asordinados, se impacientaban en cuanto él iba de camino hacia la puerta. Una repentina corazonada le dijo que quien llamaba era la agradable Gabriela, hija menor de un mayoral del lugar. Cuando finalmente abrió la puerta la encontró quieta y serísima, aunque audiblemente jadeante.

En ese momento ella no vestía las negras ropas talares de horas antes, sino un manto claro y liviano que apenas le llegaba a las rodillas. Determinada, Gabriela hizo gesto de entrar, y Julián le cedió el paso. Estaba descalza, y entró con los ojos bajos dejando escapar apenas un gruñido que sonó sordo, casi agresivo, aunque también ansioso.

Luego, sin levantar los ojos del suelo, elevó y bajó desordenadamente los brazos, varias veces, en una especie de aleteo breve y torpe, como mala parodia de un intento de vuelo. Al instante Julián percibió que debajo del manto estaba desnuda y se apresuró a cerrar la puerta. Gabriela lo miró como si fuera a atacarlo y él dejó algo sobre el frio mármol de la cómoda y la tomó de los antebrazos.

Ella no era virgen, si es que ese detalle importa en esta historia, y por tanto supo disponer su cuerpo bajo el cuerpo del hombre; supo, borrascosa y muda, ahogar sus gemidos e imponer ritmos para adecuarse a los ritmos de Julián; supo obtener también, en un comercio consigo misma, dos profundos, casi desconsolados orgasmos, que él hizo cuestión de seguir paso a paso en la respiración, en el forcejeo y los naufragios graduales del aire en la garganta. Varias veces intentó besarla pero ella rehuyó la boca.

Simultáneamente con la segunda quiebra o el segundo desmayo de un estertor hacia adentro, Julián desistió de contenerse. Y aunque todos hemos sentido que después de una cúpula pareja sobreviene como una ola en reflujo que parece arrastrar por un momento los dos cuerpos hacia una paz sometida y compartida, de sangres hermanadas, aquí nada de ello sucedió, porque Gabriela se escurrió del brazo de Julián y saltó de la cama.

Rápidamente recogió del suelo su manto y se cubrió para enseguida enfrentarse al espejo. La luz de la veladora iluminaba desde abajo y le superponía en el rostro sombras que le mentían una máscara. Julián, sentado en la cama y todavía ganoso, la miraba de espaldas y, por el reflejo del espejo, veía aquel rostro más extraño que nunca y el canal de los senos naciendo en la boca del manto.

Notó, con cierto pasmo, que ella empezaba a hacer muecas y contorsiones, como si buscara quién sabe qué cosas en sus rasgos deformados por las sombras, y después realizó francas morisquetas, como si con ellas se burlara de sí misma. Abandonó la cama y fue a asirla de nuevo, pero ella alcanzó a ver su movimiento por el espejo y, sin volver la cabeza, abrió la puerta y huyó sobre el silencio de sus pies descalzos.

Julián quedó parado en el hueco de la puerta, vacilando, enfrentado a todo el tamaño de la noche, que ahora ya ni miró. Luego a seguir, mecánicamente, cerró la puerta, se aproximó de la veladora, se acostó y apagó la luz. La cama olía a mujer. No le fue fácil volver a dormirse.

Mientras Julián duerme y sueña sueños que no sabemos ni sabremos jamás, cae la luna y cae el cielo que envejece, que va luego como vidriándose, hasta que finalmente el alba comienza a levantar sus párpados sobre los tejados aun húmedos de rocío.

Ya hay mucha luz naciente y se notan dos chimeneas echando humo desde alguna casa, cuando nuevos golpes en la puerta despertaron a Julián que dormía. No necesitó encender la veladora porque vio en los postigos mal cerrados de la ventana que había amanecido o a ojos vista estaba amaneciendo. Se levantó raudo y abrió del todo los postigos; una suficiente luz grisácea entró a través de los vidrios, al tiempo en que los golpes se repetían mientras él comenzaba a vestirse.

Sin llegar a imaginar quien podía ser, recordó la visita de Gabriela y se sonrió, tal vez por causa de un sórdido orgullo masculino. Velozmente memorizó, revivió casi, detalles de esa visita, y se dijo que no podía ni debía contar a nadie, jamás, aquello un mucho increíble que le había acontecido. Otra vez golpes, muy enérgicos ahora. Todavía vistiéndose, abrió la puerta y descubrió que quien estaba de pie frente a él era Gabriela.

No vestía el manto claro con que había llegado a eso de medianoche sino el casi-hábito religioso del día anterior. Tenía asimismo, si bien menos extraviados o libres, los ojos duros con que había entrado esa noche. Si bien nada podía hacer pensar en una sonrisa por más leve que fuese, la boca entreabierta y húmeda mostraba ahora, apenas, blancura de dientes.

Hombre y mujer se miraron un instante y luego ella avanzó. Él se hizo a un lado para dejarla pasar. Ella entró hasta casi enfrentar la ventana y giró sobre sí misma. Julián vio entonces en la mano de la mujer el brillo de un revólver cargado con cinco balas en el tambor. Intentó un manotazo para quitárselo, pero ella saltó a un lado y, rápidamente, hizo fuego.

Los primero y casi simultáneos balazos abatieron herido de muerte a Julián; los otros tres, más espaciados, fueron un ensañamiento o por lo menos un exceso, así como también fueron ensañamiento o exceso, sin duda alguna, las inexplicables mordeduras que el médico forense encontró en el cuello y el pecho del cadáver.

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Toda Una Vida Monolítica


Luego de leer el artículo, por un momento me quedé cavilando sobre qué país es ese, qué gente lo habita; como no pongo en cuarentena que un centenar ya se habrá preguntado qué virgen los parió, que diablo los tentó, que judas los traicionó, qué clavos los crucificaron, que tumba los oculta y qué resurrección los espera.

Evidente que uno luego se olvida de los milagros, pues no existe milagro mayor que el simple hecho de que existamos, de que continuemos existiendo. En realidad, no hablo por mí, por supuesto, ya que por el paso que llevamos no sé hasta cuándo y cómo existiremos.

Es de no creerlo, pues si el Stonehenge, el místico monumento prehistórico del Reino Unido, de por sí ya es extremamente misterioso, lo que decir de otro cinco veces mayor que el original. Por ahora esa es la duda que hoy día pasa por la cabeza de arqueólogos y curiosos después de la descubierta del “Super-henge”.

Me explico mejor. El nuevo monumento rocoso que fue encontrado por un grupo de arqueólogos británicos de la “Universidad de Bradford”, también queda en el Reino Unido -país que ahora ya es regido por la soberana más vieja de su historia- y está estructurado totalmente encima de una organización de piedras. Estas, no obstante a lo que se piense y vea, son bien mayores que las originales encontradas antes. En total, son 90, siendo que algunas tienen hasta cinco metros de altura.

El arqueólogo Vince Gaffney, uno de los coordinadores de la investigación, explica: “No acredito que haya nada comparable a esto, la “Super-henge”, en cualquier otro lugar del mundo. Es extraordinario y también es completamente nuevo. Acreditamos que era un espacio para rituales, montado para impresionar los forasteros al mismo tiempo en que transmitía la idea de autoridad a vivos y muertos”.

Los detalles sobre el nuevo hallazgo aumenta aún más el misterio en torno de las piedras. Están prolijamente ordenadas en un espacio de 1,5 kilómetros de circunferencia y 500 metros de diámetro, lo que de por sí dejaría al Super-henge cinco veces mayor que su “hermana famosa”. Además, Stonehenge data de 3500 años atrás, en cuanto la nueva pieza remete a cerca de 4500 años.

Hoy día los científicos buscan más vestigios sobre el nuevo descubrimiento, para saber si el nuevo y viejo monumento poseen ligaciones más fuertes. A pesar de ser muy parecidas, las formaciones pueden no haber sido realizadas por los mismos pueblerinos, pero la prueba de conexión directa entre ambas sólo será posible conocerla con años de estudio, los que inclusive comenzarán a ser realizados inmediatamente.

Los estudiosos dan cuenta que Super-henge está enterrada un metro bajo la superficie, y solamente fue desvendada gracias al uso de tecnología avanzada. Radares de última generación rastrearon el local y consiguieron llevar los especialistas hasta el lugar exacto donde está el monumento. El descubrimiento hace parte de un proyecto que busca una mejor comprensión sobre el lugar, que es cercado de misterios desde su divulgación para el mundo moderno.

Sin embargo, por cuenta de las complejas técnicas que deben ser utilizadas en el lugar, visando siempre la preservación del mismo, otros especialistas sólo pudieron ver “Super-henge” en una simulación que fue realizada con los datos del radar. Incluso existe la posibilidad del lugar no llegar a ser escavado por encontrarse extremamente próximo de “Stonehenge”, un patrimonio tumbado por la Unesco.

Informado ya de tan rocoso acontecimiento, luego digo: ¡No puede ser! Algo está misteriosamente y terriblemente equivocado. Lo que nada más demuestra que la estupidez de ponerse a jugar con piedritas es antigua y universal, y que el sentido de la vida permanece igualmente absurdo tanto aquí como en cualquier lugar del planeta… ¡Monolítico!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

La Virginidad es una Obsesión


Con todos los pelos y señales, algunos lenguaraces dicen que esto es como querer ser igual al avestruz, que además de ser un ave corredora, cuando la cosa aprieta mete la cabeza en un agujero. Y todo esto emerge a la luz de los hechos como si fuese un odorífero objeto sólido descartable, pues resulta que el otro día salió en los periódicos una noticia que hablaba sobre el futuro casamiento de la actriz Ángela Bismarchi.

Óptimo, que mejor que casarse, pensé al principio, si ello es lo que deja a los bípedes felices. Empero, la referencia periodística no era sobre su matrimonio. Más bien, el texto hablaba, entre otras cosas, sobre el acto ecuménico y contaba más sobre el motivo de ser del vestido blanco.

Fue justo en ese punto de la crónica que me vino a la mente todo aquel asunto de que Ángela se había hecho la reconstrucción del himen. Nada que me importase, a no ser lo que afirmaban sus propias palabras, ya que éste era para dar “de regalo” a su nuevo marido. En todo caso, de acuerdo con la prensa, todo indica que ella todavía no estrenó la novedad y ello sólo sucederá después del casamiento… ¡El recato antes de todo!

Puede que este también sea el exacto momento en que el conspicuo leyente de esta historia entre en un mundo encantado que no hace sentido alguno. Imagino pues que en su cabeza ahora merodean preguntas como: ¿por qué rayos un hombre siente tesón en desvirgar una mujer? Y aun más: ¿por qué una mujer quiere ser virgen más de una vez en la vida?

Claro que esas son solamente algunas de las preguntas que bailan en la cabeza del gentío, pues mismo sabiendo que lo más asustador de todo esto, es que la pérdida de la virginidad está mancomunada con el dolor, al sufrimiento y, claro, al encuentro del verdadero amor. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿encontrar el verdadero amor necesita tener esa connotación sexual?

La sociedad en que vivimos, mi excelso amigo, está cada vez más chiflada, sin sentido y apegada a cosas un tanto cuanto extrañas. Tanto es así, que en la cabeza de muchas féminas, el hecho de ser virgen no posibilita que la mujer se sienta más apasionada, como no le garante un relacionamiento feliz o un sexo delicioso.

No obstante, vale destacar que la espera por el sexo después del casamiento igualmente puede y suele acontecer, así como diversas parejas no-vírgenes apuestan en una pausa para salpimentar las cosas. Entonces, ¿para que querer burlar las efemérides?

Además, el multitudinario lector y yo, piensa que la búsqueda por un himen, o el querer tener una apariencia cada vez más joven, o esculpir en el quirófano curvas como las de una chiquilla para convertirse en el fetiche “chica sexy”, es lo que convierte a nuestro mundo en un ente cada vez más extraño y asustador.

En todo caso, hace ya algún tiempo, una de mis amigas ganó un himen artificial en un sex shop. Parece que cuando se rompe, libera una tinta roja. Confieso que no lo conozco y ella me afirma que todavía no tuvo coraje de usarlo… Creo que más bien por causa de su edad, pues convengamos que, a los ochenta, sería puro engaño.

Que hacer, si sumergidos en ese mar de dudas, certezas, dilemas y opciones en el que se va convirtiendo nuestra realidad cotidiana, pasamos a percibir bisojos como los habitantes del atribulado planeta Tierra hacen naufragar diariamente los valores que creíamos eternos y definitivos… ¡Impresionante!

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