Imposible


No tiene sentido decirlo, pero junto a ti me gustaría escribir un diccionario de locuras, un manual de abrazos, una enciclopedia de besos y una colección de recuerdos nuevos. Me gustaría escribir una vida contigo. La tuya, la mía y la que hagamos nuestra.

No tiene sentido que te lo diga, porque es imposible convertirlo en realidad. En verdad, lo imposible no pasa de una burla sarcástica de los dioses, los que quieren que nuestra obsesión nos invada la conciencia y nos robe la sensatez. Quiera o no, todos venimos a este mundo con la contumacia de utopías, y pretendemos poseer siempre lo que no se puede, mismo que la utopía tenga el garbo de sus mitos, el prodigio de las quimeras.

Frente a ese desafío de lo imposible, yo sigo aquí, en la resaca de un cupido que no madura; sentado en el borde extenso de una cama solitaria; soñando con todos los besos mudos que nos debemos, y con tus caricias, que se equivocaron de estación.

Un Día Fui


Me encanta ver esa languidez que siempre se dibuja en tu rostro cuando la presumida ráfaga del viento traicionero insiste en enredarse en las madejas de tu pelo, y retoza en él como un niño que travesea en la calesita.

Con esos gestos de diosa encabruñada robas mi mirada, arrancas de mis ojos contemplaciones de arrobo, sustraes el aire que respiro en tu cercanía, dándome la impresión de que juegas con la luz del universo al quitarme el brillo del sol de la mañana.

Quiero continuar a recordarte cuando aún no existías en mi vida, cuando tú solamente eras sueños y utopías que me desvelaban por las noches mientras te soñaba como racimo de uvas maduras entre mis manos.

Quizás a nada de lo que ahora digo te pareces hoy y sin embargo lo eres todo a la vez, mujer de mi vida. Recuerda que antes de ti, yo era como una barca vieja hundida en la burda ribera de un río en remolino, un intruso errabundo sin destino en una soledad acribillada de sueño y silencio, que a su vez se sentía acorralado entre el mar y la tristeza, como alas rotas de gaviota que se va muriendo de pena al no poder volar.

Triste ternura fue la mía entonces, cuando ya vencido anduve errante por las calles con el corazón congelado y fracturado entre melancolías a tocar el vértice atrevido y frio de mis sentimiento, tal cual un viejo laúd al que se le revientan las cuerdas.

Hoy me siento orgulloso de ti, locura que mi espíritu exalta, embriaguez divina que sólo puede surgir del genio creador, porque durante los instantes que estás a mi lado dejo ya de acusarme por todo lo que un día fui, y porque junto a mí eres el aire que de tu regazo emana perfumes y armonías de la fuente de la vida, y porque con tu magia conviertes mi mundo en primavera.

 

 

 

 

 

¡No la Mates!


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Por favor… ¡No la mates! ¿No percibes que sin magia ya no existirá más nada? Si la matas, ya no habrá entonces sueños, ilusiones, utopías o delirios.

Sin ella ya no existirán los cuerpos furtivos y candentes ocultos e íntimos entre las sumisas y arrugadas sábanas de la noche. Las dóciles almohadas ya no lograrán sofocar las esperanzas y los suspiros, ni tampoco acopiarán entre sus suaves texturas perfumes y fragancias de cuerpos fatigados e gimientes. Si matas la magia, matarás junto a ella las margaritas de la duda que tanto deshojan en la madrugada los amantes inseguros.

Acredita en ella tal como es, contraria al sueño de la razón que sólo nos llega para producir sus monstruos y a nuestras espaldas imaginar una bandada de aves nocturnas que nos rodean con sus picos amenazantes, batiendo alas como si fuesen enormes fantasmas.

Mi mundo era exactamente así, hasta que de repente un día llegaste tú, con mucha luz, y no te importó que tan oscura estaba mi vida, y te quedaste ahí, a un ladito mío, alumbrándome con tu hechizo de maga, con tu risa alegre de buhonera de la felicidad, con tus besos de aguamiel, con tus ojos de luna, como alma fascinadora que emerge de la nada.

Evoco en puridad aquella tarde en que te conocí con claridad, y sin embargo no recuerdo haber sentido algo especial. No tenía idea lo que pasaría después. No sabía lo cuanto llegaría a amar tus manos, esas manos que se entrelazan con las mías, ni tampoco sabía que llegaría a disfrutar tanto escuchar tu voz cada vez que ella me relata tu día a día.

En un primer momento éramos tan sólo dos extraños, dos personas que se encontraron por coincidencia, pero que luego se enamoraron… Juro que yo no quería enamorarme, pero viniste tú, con esa sonrisa, con esa mirada dulce, con esa personalidad encantadora, y sólo sé que sin ti magia ya no puedo vivir.

Alimentar Aves es Contra la Ley


Me ha quedado la sensación que puede que en este caso específico, la resolución de Gerald haya sido flagrantemente apropiada a la situación en cuestión, si a ella se le aplicase el funcionamiento general del mundo, ya que no habría ninguna dificultad para encuadrarlo en el plano de un orden de cosas al que poco le faltaría para ser considerado perfecto, salvo, claro está, por toda la morbosidad y pestilencia que lo circunda.

En todo caso, debe ser reparado que el lado admirable de todo esto, sin duda, fue el hecho de que doña Ila lo expresara con la más acabada de las naturalidades, sin necesidad de darle vueltas a la cabeza, como quien para decir que dos y dos son cuatro no necesita emplear tiempo pensando; porque sobre todo ella debió respetar primero el deseo del moribundo marido y, segundo, la voluntad de transformarlo todo en acto.

Por supuesto que si ella no lo hiciese estaría en contra de la obstinación de su cónyuge, ya que fue a él a quien se le antojó escoger otra manera de vivir, o en este caso, más específicamente morir. E intuyo que si el leyente mira las cosas por ese lado, no podrá decirme más tarde de que yo no tengo razón, pues la costumbre manda y desmanda.

Entonces, si el asunto pasa a ser examinado por ese ángulo recto de esquinas obtusas que tiene la vida, evidente que a quienquiera no le asiste el derecho de venir con reclamaciones o pretender tomar el don de la palabra apoyándose en leyes, que por ser leyes terrenas fueron hechas por el propio hombre.

No en tanto, como las cosas no siempre se encajan dentro de una lógica deseable que respete la pretensión de cualquiera, juzgo que fue por ello que una mujer moradora del Estado de Indiana, en Estados Unidos, pasó a ser investigada después que el cadáver de su marido fuera dejado dentro de la casa de la pareja durante más de nueve meses, espacio de tiempo presente y continuo en que los despojos fueron devorado por pájaros, según afirman las autoridades en una declaración emitida hace algunas semanas.

El caso es que Gerald Gavan Jr., un masculino de 89 años, cuyo cuerpo inerte fue encontrado el último 3 de mayo en la sala de estar de su casa en la ciudad de Lafayette, en Indiana, estaba muerto por lo menos desde el 15 de julio pasado, una teoría facultativa que fue informada por la patóloga forense Donna Avolt, del condado de Tippecanoe.

Por causa de esa mera contingencia inanimada encontrada en el sofá y queriendo hacer valer el rango de Avolt, ahora los investigadores están intentando determinar si la esposa de Gavan, doña Ila Solomon, tuvo algún motivo financiero para no relatar la muerte del veterano marido, por lo que llevó al sargento de policía de Lafayette, Brian Phillips, a mencionar: “Aquí existen leyes que exigen el aviso inmediato de muertes”.

Al señalado parecer, la doctora Avolt agregó que el cadáver ya estaba quedando “parcialmente momificado”, y que Gavan fue identificado por tener una placa de acero en el tobillo derivada de una antigua contusión, no obstante la causa de su muerte aun sea desconocida, por lo que Avolt avisó que aguardará los resultados de los exámenes toxicológicos, que son esperados hasta el fin de junio, cuando podrá determinar si había alguna substancia extraña en su cuerpo.

Doña Solomon afirmó que su marido sólo estaba muerto desde hacía algunos días, agregando también que a veces ella dejaba las puertas de la casa abiertas para que las aves pudiesen entrar y alimentarse del cadáver en una tradición tibetana, y atendiendo un pedido de su fallecido marido… Que obviamente está ahí, pero que no puede contestar o afirma nada.

Siendo así, y ante la total falta melódica de un criterio lógico, mi bienquisto lector, es de preguntarse si uno no debería de enterarse de ciertas amenidades, oírlas y controlarse o, en todo caso, acreditar que las utopías sordas y las paralelas musicales sólo se encontrarán en algún momento en el infinito… ¿Quién sabe?

(*) Si le parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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