Sus Sueños son un “Priming”


Asusta el hecho de no reconocer en sí ningún sentimiento. Tal vez es eso que llaman de destino; saber lo que va a ocurrir, saber que no hay nada que pueda evitarlo; y a la sazón nos quedamos quietos, mirando, como puros observadores del espectáculo.

Pero de pronto, al despertar, admirados, vemos como una tenaz angustia nos oprime la garganta y se nos enturbian los ojos con lágrimas de cocodrilo… Juzgo que fue exactamente así como empezó el gran llanto de Adamastor… Pero ya con los ojos secos, pasamos de inmediato a cavilar que el sueño bien podía haber sido una de aquellas cometas que los niños lanzan al aire, emblema que perdió su sentido inicial, una amenaza que vuela en lugar de estrella que se alza. Extrañas relaciones son éstas entre los hombres y los signos, entre los signos y los sueños… Pérfida filosofía.

Y hasta nos asombra que uno no se pierda en esta confusión de sentidos, o quizás está y en esa perdición se reconoce todos los días… Pero algo ha cambiado en el reino del Señor, pues conforme un nuevo estudio que ha sido realizado por gente de la “Universidad de Maryland” y divulgado en la revista “Social Psychological and Personality Scienc”, ese asunto de uno soñar que está siendo engañado, puede muy bien ser una señal de que el relacionamiento en casa no está bien.

Y eso, porque sesenta y una personas con edades entre 17 y 42 años que mantenían un noviazgo firme hacía por lo menos seis meses, tuvieron que completar un diario contando todos los detalles de sus sueños, pesadillas, alucinaciones nocturnas y el día a día de su relacionamiento durante dos semanas.

Al final, los visionarios especialistas concluyeron que las imágenes de celos y peleas fueron las responsables por desencadenar conflictos al día siguiente entre las parejas, en cuanto los sueños de infidelidad llegaron a “enfriar” el sentimiento y la intimidad de los dos… Principalmente, al abrir los ojos y notar lo que había a su lado.

Dylan Selterman, el líder del estudio, llegó a decir: “Mucha gente no le da la debida atención a sus sueños, y no está consciente del tremendo impacto que ellos tienen sobre el estado de espíritu de una persona. Pero ahora tenemos pruebas cabales de que existe esa asociación”.

Además, según la referida encuesta, cuando los sueños estaban relacionados al sexo placentero, -para muchos, puro sueño-, las personas pasaban a tener días más amables y con bastante intimidad… Pero cuando el sueño era opuesto, mi amigo, el resultado también lo era.

En todo caso, estos especialistas explican que esas correlaciones son el resultado de un efecto psicológico llamado “priming”, que es la idea de que la exposición a estímulos externos trae reflexiones en la mente.

El mismo Selterman alcanza a afirmar: “Las personas pueden mudar sus actividades como una función del sueño que tuvieron en la noche anterior”…

Pero, al contrario de lo que éste versado enuncia, opino que algunos, los muchos, tan sólo los ven como señales incomprensibles; unas rayas negras; una página sucia, borroneada, luces pálidas, sombras amenazadoras que les apagan la ruta que les prohíbe de mostrarse de cuerpo entero… ¡Sublime!

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Helado con Sexo y Placer


Ya se fue aquel tiempo en que millones de hombres y mujeres se sentaban por la mañana a tomar café con leche, y leer en el diario la lista publicada de los que se habían muerto. Un ritual por si encontraban algún conocido y, quién sabe, poder llegar a tiempo al velatorio.

Eran noticias de la muerte, de un destino marcado y por cumplir, día, hora, el nombre por entero de alguien que tal vez conocían. Luego venían los comentarios: fue de cólico hepático; quizás había ido al médico y dejara de beber; tal vez había dejado de lado lo de la consulta y empezara a beber el doble, para poder morir antes.

Eso era algo así como mirarse en el espejo, superficie dos veces engañadora porque éste reproduce un espacio profundo y a la vez lo niega mostrándolo como una mera proyección donde verdaderamente nada acontece, sólo el fantasma exterior y mudo de las personas y las cosas.

Sin embargo todo ha mudado, y ahora pasamos a darle más atención a los últimos descubrimientos de la ciencia, razón por querer mantener las apariencias y estar más protegidos de ese negocio de estar o del haber estado en este mundo.

Por lo tanto y como eso es lo que realmente interesa a la pléyade de leyentes, les diré que un reciente estudio llevado a cabo en el “Centro Médico de la Universidad de Maryland” (EE.UU) por la coagulada doctora Jane Jakubczak, quedó demostrado que una porción de helado es capaz de mejorar nuestro humor.

Ya sé, usted estará preguntándose: ¿Cómo? Pero le recalco que eso se debe gracias al contenido de triptófano, un aminoácido que puede reducir la agresividad de los bípedes. Además, la cristalizada doctora informa que el heladito aumenta la producción de serotonina -aquella hormona responsable del humor y del placer-, ayudando a combatir el estrés y mejorando -entre otras cosas- la calidad del sueño por la noche.

Por otro lado, ya que el asunto de esta doctora era medio frío, una segunda investigación realizada en Inglaterra por los neurocientíficos del Instituto de “Psiquiatría de Londres” (lugar donde ellos guardan a los chiflados), también reveló que comer helado activa la misma zona de placer en el cerebro, que es donde se encuentra el deseo de ganar dinero o de escuchar nuestra música favorita.

Para conseguir las pruebas comprobatorias, los neurocientíficos juntaron a un grupo de pacientes que disfrutaron de un rico helado de vainilla mientras se le hacían resonancias magnéticas… ¿Resultado? En todos ellos encontraron un efecto inmediato en las partes del cerebro que se activan cuando las personas se divierten, como la corteza orbitofrontal.

En todo caso, todos sabemos qué de nada sirve un helado cuando un disgusto, por pasajero que sea, una jaqueca, incluso de las más soportables, transforman inmediatamente el curso de los astros, perturban la regularidad las mareas, retrasan el nacimiento de la luna, y, sobre todo, desajustan las corrientes del aire, el sube y baja de las nubes…

Empero, hay también quien diga que la naturaleza se muestra indiferente a los dolores y preocupaciones de los hombres, pero a estos incautos les digo que esta no sabe ni de hombres ni de naturaleza, pues cuando nos falta un peso para comprarnos el placentero heladito, el viento se levanta, se abre el cielo en cataratas, y eso no es más que la naturaleza complaciéndose del afligido… ¡Impresionante!

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