Necesito Decirlo


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Tendría tanto a decirte, amada mía, que creo que ante ti me animo a desnudar por completo mi doliente corazón. Permitiría que reparases por completo el interior de mi melancólico mundo con tus sensibles ojos de café, así como el viento barre a la lejanía las arenas de una playa desierta, pero sin que tú te pierdas en ella.

Desearía que sintieras por completo como mis palabras son capaces de llegar a ti, sumisas, dóciles, humildes, para que toda mi presencia te llene de alegría.

Escúchalas, aura de aplausos mil, nube radiosa, ola de plenilunio que besas mi alma ajada, isla de sueños e ilusión donde reposa mi espíritu ansioso, dulce embriaguez que nos otorga el vino amargo, déjate acariciar con mi infinita ternura y piérdete en mí, ahoga tu soledad en mi pecho como se ahogan las olas en el mar.

Abrásame como se ciñen en un solo abrazo los amantes imposibles. Con el alma, con el corazón y la esperanza de encontrarse algún día en algún lugar infinito.

Permite una única vez que te demuestre la intensidad de mis sentimientos, no obstante sea yo uno de esos que hablan con miradas, de los que sufren en silencio, los que responden con sonrisas, y déjame que te ame a besos.

Sé que te querré sin preguntas. Sé que vas a quererme sin respuestas, porque esta noche y las demás noches de mi vida, quiero dibujar con mis dedos en tu piel mis ingenuas, tímidas y más perversas intenciones, porque no hay mejor insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

Aun no acredito que tú estés llegando a mi lado, cuando la noche es aún un puñado de estrellas que no demoraran en despabilarse ante nuestra alegría.

Quién sabe nuestro amor no tenga un final feliz, pero te doy mi palabra que sonreímos todas las horas que pasemos juntos. Y tan sólo por eso, creo que ha de valer la pena haberte amado.

Besos Etéreos


95-besos-toxicos

Esa noche me quedé con ella y la miré dormir. No quise despertarla. Me di cuenta que estaba soñando conmigo.

Lenta y paulatinamente la fui desvistiendo con los ojos, mientras observaba sus lunares y cada una de sus pecas, y recordé a mí mismo por qué ella me gustaba tanto.

En cierto momento consideré que su imagen de diosa dormida me intimidaba y salí a fumar, pero le dejé una nota. Tuve la precaución de registrar en la misma lo cuanto la quería, y, por si despertaba, dejé dicho que volvería.

Volví. Como aún no había despertado, le susurré al oído que no había tiempo a perder. Nos aguardaba la vida, nos esperaba el amor, y decidimos abolir las preliminares.

Perdido entre sus brazos me dejé estar, porque ella era una mujer que no escatimaba ternura, porque su modo de acariciarme me mareaba de felicidad, y, debo reconocerlo, de deseo también.

Me otorgué un tiempo para adorar sus labios, o, mejor dicho, el gusto de sus besos, la manera suave y violenta como ellos se hundían en los míos, como se entreabrían, como se escapaban y se confundían y me confundían.

No demoré en darme cuenta que se trataba de una mujer veneno, veneno de pasión y antídoto a la vez.

Estimo que con sus caricias y sus besos al que quiere curar lo cura, pero al que quiere matar lo mata… O quizás él se deje morir entre sus brazos.

Me enamoré de la forma en que sonreía en la mitad de cada beso, de la manera que sus labios besaban mi cuello, mi cuerpo. Me enamoré de la forma en que me hizo volver a vivir mientras ella no decía nada. Le gustaba que yo le dijese cosas al oído, pero callaba.

Callaba, pero sus ojos, sus labios y sus manos hablaban por ella, y eso me bastaba para ser feliz.

Ya no puedo dejar de ser suyo. Ya no puede dejar de ser mía. De hoy en más la he de amar con todos mis anhelos, en todos mis sueños, y sé que me bastará la fugacidad de su presencia para hacerla mía, parte de mi carne, propiedad de mi alma, habitante de mi dolor y mi esperanza.

Palabras, Siempre Palabras


58-palabra-mas

No somos nada sin el candor y sin la palabra que nos deje vida. Pasión, ternura, soledad y muerte complementan la poesía de mi vida y se han transformado en odas para las noches oscuras sin luna y sin sueño.

Con todo, ese plectro no es más que la voz del amor, de los huesos y de la sangre, de los sueños que se tornaron posibles o resultaron imposibles, los mismos que día tras día se han ido depositando como pedruscos sueltos a un lado de mi camino.

Es el sentimiento asidero del canto del tiempo que fluye gradualmente en nuestro río mágico de la memoria. Como si fuesen primaveras que cubren los dolores del alma, o como vivos rayos de sol que derriten nubes de sufrimiento.

Peregrinando por el camino de la vida, fui aprendiendo que no debo acumular más dolor en mi cuerpo, y por eso suelo soltar pequeños pedacitos de lluvia por las noches.

Pero a la par de esa menudencia de partículas de rocío de atrición nocturna, realizo mi acto de contrición e intento perdonarme siempre y recordar a quien amé en mis días sin sol, reviviendo los escarmientos que esos intensos amores han quedado gravados en mi alma mientras voy besando en silencio cada tiempo que ellos me regalaron.

Sin ofuscar ni entorpecer mi mente, me he dado cuenta que el silencio es el único que logra contestar las preguntas del pensamiento. No es por nada que ambos son cómplices callados de la palabra.

Hoy conservo ingeniosamente todos sus mensajes, y los he guardado en un lugarcito especial de mi corazón, el que junto a mi recuerdo, siempre siempre están dándoles calor. Al fin de cuentas ella me amó tanto en palabras, que nunca se olvidó de amarme en actitudes.

Albor de Vida


31-sol-de-mi-vida

Pequeño rayito de sol, nueva primavera de mi vida que con tu suave brisa coloreada has trasmutado mágicamente las negras rosas de mi alma por tiernos pimpollos del rojo intenso de la pasión, deja que tus tiernos labios toquen ya mi boca reseca y me abrace el calor de tu piel candente.

Oigo tu dulce resonar, y donde antes había solamente yedra marchita y yuyos secos, con tu magia juvenil y el hechizo de tu luz y tu voz y tus besos, has hecho nacer en mi deslucido corazón un egregio jardín florido donde hoy reinan celestiales miles de jazmines y magnolias, claveles y petunias, malvones y azucenas, begonias y amapolas; todo convertido ya en un descomunal vergel que empapas con el dulce hidromel de tu cuerpo de mujer madura.

Amada mía, brasa dorada de un sueño impedido que mi amor tu sombra evoca, has de mi tu prisionero y encadena de una vez tu corazón al mío, para que los infinitos sueños de amor puedan superar la lóbrega oscuridad de mi espíritu como si fuese un doble tambor a repiquetear nuestro idilio en la broza de mi jardín de fantasías cubierto por el espeso manto de hojas secas de ilusiones otrora perdidas.

Símbolo de dolor y ternura, ciego delirio de mis noches sombrías, de hoy en más, llévame a todas partes amor, y a todas partes conduce mis dedos y mis labios como si tu fueras el universo y yo, tu único habitante.

¿Quién fuera ruiseñor? ¿Quién fuera tu trovador?, que por tus besos suspiro. Quizá necesite buscar melodía para tener como llamarte. Siempre sol, siempre luna.

Reposa con tus sueños en mi sueño y sé sombra junto conmigo en todo cuanto rodea. Ya no quiero ser nadie sin que me mires. No obstante yo cambiaría la primavera para que tú me sigas mirando y amando de por vida.

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