La Toxina de la Carne Inhibe ‘Wamanaica shimininca’


He de confesarles que hasta el presente momento no se quién miércoles era ella, y me interesaba un comino tener que saberlo. Pero de repente, por esas casualidades que a veces nos regala la vida, llegó hasta mí como si fuese atraída por alguna fuerza cósmica o sideral, una noticia peculiar que demuestra lo cuanto puede variar la mente humana cuando se abre la boca para decir sustantivos pensamientos e inherentes palabras como si estas fuesen sacadas de un libro blanco y desojado.

Sin más preámbulos minuciosos y ya entrando de lleno en el tema, es así que me enteré que la cantautora Patricia Sosa dejó de comer carne porque los “extraterrestres” le dijeron que esta tiene una toxina que inhibe la telepatía. Y como si fuera poco su desvarío, cuenta que también habló en el idioma de ellos.

Quien no sabe, ella es esposa del productor Óscar Mediavilla, y su carrera musical comenzó en 1974 cuando se incorporó a la banda “Nomady Soul”, en la que cantaba en inglés. Realizó giras internacionales, permaneciendo con ella por seis años. Luego de abandonar la formación se unió al grupo “La Torre”, marcando un nuevo estilo: el de las mujeres en el rock. Con él grabó siete discos, desde 1982 hasta 1989. En el año 1985, la fundación Konex le otorga el diploma al mérito como una de las cinco mejores cantantes de la historia del rock. En 1987 grabó a dúo con el chileno Álvaro Scaramelli “Si Lo Sabes, Te Arrepientes”, un sencillo del álbum del chileno, “Mi Tiempo Interior”. En 1990 se lanzó al mercado musical como cantante solista, con un álbum que sólo llevaba su nombre y que llegó a disco de platino en una semana. Debutó en Buenos Aires en el Teatro Coliseo, punto de partida de una gira por el interior del país y Latinoamérica.

En 2011, ella comienza preparativos para su nuevo álbum, “Desde La Torre”, en el cual homenajea a su antigua banda de rock, versionando temas de los ’80s compuestos por ella misma. En enero de 2011 fue la figura principal de la “Revista de Buenos Aires”, integrada por los conocidísimos Raúl Lavié, Miguel Ángel Rodríguez, María Eugenia Ritó, Valeria Archimaut, Chiqui Abecasis y Marcelo Polino, en el Teatro Broadway de Buenos Aires. Actualmente Patricia Sosa brilla cada noche como jurado de “Soñando por Cantar”, el programa que conduce Mariano Iúdica, además de dedicarse a preparar shows en vivo con su último material discográfico.

Pero de vuelta de la farándula y yendo de vez a lo que interesa al curioso lector, esta estrella de la canción rockera, en una entrevista con Pronto que reproduce “Ciudad.com”, se refirió a estos temas pero también a aspectos menos conocidos de su vida, como los que la llevaron a volverse vegetariana.

Sus pulcras palabras anunciaron: “Yo me hice vegetariana una vez que tuve un avistaje de “platos voladores”, hace más o menos 14 años. Estábamos en Córdoba, en Los Terrones, habíamos ido con unas amigas a meditar”.

Luego agregó que era de noche, todo muy oscuro y pensó: “Dios mío, que se prenda una luz porque nos vamos a caer por un precipicio”.

Fue entonces que mantuvo un diálogo, cuando una señora le dijo: “deberías dejar de comer carne porque tiene una toxina que inhibe la telepatía… ¡Y yo no había hablado! ¿Me escuchaste?, le pregunté. Y ella me contestó: sí, y los hermanos también”.

“De pronto se encendió una luz inmensa: era una nave que nos iluminó todo el camino hasta la salida… Ni mis amigas ni yo comimos carne nunca más”.

Cuando le preguntaron si seguía viendo platos voladores, dijo que “a cada rato, hasta en el jardín de mi casa… Una noche estaba con mi sobrino, mostrándole las constelaciones. Le señalé lo que pensaba que eran las Tres Marías, pero me di cuenta de que eran tres naves”.

“Las saludé: ‘Wamanaica shimininca’, que en Irvin, -un idioma intergaláctico-, quiere decir “en este encuentro te honro, señor”. Y las naves potenciaron su luz, brillaron más, se movieron y después desaparecieron. Esos reconocimientos me pasan a cada rato”.

Por último, explicó que “hay que prestar atención. Y además no creo que todas las energías estén preparadas para eso. Mis músicos dicen que estoy del tomate”…

Este relato me lleva a concluir, contando siempre con el auxilio de la insensatez xerográfica, que es posible percibir que la Fénix apagaba incendios con agua del bidé, y de tal forma vaticinar sabiamente que las relaciones humanas cualquier día se tornarían un prosaico juego de virtudes prestidigitadoras en el que tanto hombres como mujeres bostezarían hastiados, llegando a sustituir los deslumbrantes artificios gozosos por meras artimañas gaseosas… ¡Delirante!

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