La Soledad


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Es cierto que todos tenemos nuestras debilidades; por tanto, no creo que alguien conozca a mucha gente perfecta. Las habrá, no digo que no, quizás por eso cuando mueren viran santos; pero en lo que atañe al tema, se me antoja que a mí no me gustaría conocer a ninguna de ellas.

Cualesquiera se ponen a hablar acérrimamente sobre la superación de sus debilidades y la alegría de acercarse a la paz y a esa luz fundamental para vivir. Pero en contrario a sus parladas victorias, yo registro que mi vida es una lucha constante contra las debilidades, intentando superarlas.

Tomemos un caso, la soledad, por ejemplo. Ésta se ha convertido muy rápido en el gran mal de la humanidad, al punto que una cuarta parte de los individuos en este mundo sufre de soledad crónica.

De nada sirve que le diga a nadie que la soledad es muy dolorosa. En realidad, nos hace sentir seres casi totalmente desconsolados, que nos produce sentimientos equivocados, que desalienta el riesgo y socava los recursos emocionales.

En consecuencia, no debería sorprendernos el hecho de que ciertas personas prefieran continuar con relaciones que resultan totalmente insatisfactorias en lugar de arriesgarse a estar solas. Sin embargo, la soledad tiene poco a ver con estar físicamente solos.

En realidad, algunas de las personas más solitarias están constantemente inseridas entre la multitud, o rodeadas de prójimos. Empero, sea cual fuere la situación de ellos o la nuestra, todos en algún momento nos sentiremos solos.

Casi instintivamente, tenemos la precaución de ahorrar algún dinero para el futuro, nos aseguramos contra reveses económicos y nos preparamos para una infinidad de hechos impredecibles, pero hacemos poco y nada, o no pensamos en el momento en que tal vez tendremos que enfrentar las cosas solos, o en que nos encontraremos desconectados de los demás, cuando entonces seremos obligados a luchar contra sentimientos de vacuidad y falta de valor.

Llegado el amargo momento, un sinnúmero encuentran pocas reservas interiores de fortaleza o, quizás, lo que es más importante, no tienen sentido alguno del yo. Pese a que esas mismas personas actúan en tales situaciones según la opinión que ellas tengan de sí mismas, más que por cualquier otro motivo.

La soledad nunca es agradable, pero no se trata tanto de luchar contra nuestra soledad sino de utilizar la fortaleza que surge del conocimiento propio, para entonces colocarla en su perspectiva adecuada. Eso siempre exige de nosotros, que trabajemos activamente a través de un periodo de ajuste o cicatrización, que es a su vez un tiempo para el aprendizaje y el crecimiento, pues eso requiere examinar y volver a evaluar nuestra persona y el mundo que hemos creado artificialmente, para conocernos mejor.

Es una pena que, con frecuencia, esperemos hasta que la soledad nos esté estrangulando para tratar de entender sus complejidades, aunque es cierto que todos necesitamos un mundo separado, lejos de los demás. Un lugar donde a veces podamos retirarnos en silencio para reagruparnos, para volver a tomar contacto con nuestro íntimo. Siempre debe existir un lugar interior del que podamos depender y que sea únicamente nuestro.

Por consiguiente, para conquistar la soledad, debemos asumir el compromiso sagrado de convertirnos en personas completas, y, fundamentalmente, definirnos a nosotros sin incluir siempre a otra persona en la definición.

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El Nombre Justo Para la Persona Errada


Como si la cuestión en sí fuese un caso digno de comedia bufa frecuentemente representada por los comediantes con superación y éxito en los tablados de los teatros o en las pantallas grandes de las salas de proyección, en contraposición a ello, el contenido del drama se debe a que a una mujer estadounidense se le ocurrió nada menos que apelar a los tribunales para poder cambiar su nombre de pila -que ella misma asegura que es muy feo-, por uno más bien exótico y original que seguramente a usted no se le ocurriría nunca ni figura en el santoral.

Empero, para desdicha de esta mujer y suerte de sus hijos, ella deberá vérselas antes con un juez reacio a admitir tales modificaciones.

El caso en cuestión, es que la estadounidense Sheila Crabatree, una coqueta madre de dos hijos adolescentes que ni que la estén matando piensa revelar su edad, desea con exacerbado entusiasmo poder cambiar un día su odiado nombre por otro que -según ella- reflejaría mejor su personalidad.

Teniendo en cuenta lo que informa el periódico “Columbus Dispatch”, parece que doña Sheila está dispuesta a llevar adelante todos los trámites que hagan falta para poder llamarse… “Sexy”.

Al más mentado lector puede sonarle extraño el nombre y la ocurrencia, pero según Sheila explica -y no Freud, que para ese tipo de salida recomienda serenidad y dos dedos de frente-, el nombre se le ocurrió porque conforme acabó revelando: “como uso ropa de Victoria’s Secret todo el tiempo, me veo muy sexy, así que voy a ir a por ese nombre”, declaró toda risueña al ser entrevistada.

En todo caso, para lograr superación en su cometido, ella deberá pagar 87 dólares y contar con la anuencia del juez, pero todo indica que este último detalle podría resultar complicado de cumplir.

Sucede que el honorable juez Robert Hoover, del condado de Licking, Ohio, ha atendido más de un caso de similares características, y en varias ocasiones él ha vetado nombres raros.

Cuentan que en una ocasión, el juez rechazó el pedio de un hombre que quería llamarse “Demonio de Tasmania”, aunque para no desanimarlo, le permitió llamarse “Taz”. Asimismo, en otra oportunidad le negó la solicitud a una jovencita que quería llamarse “Winnie Pooh”.

En otra oportunidad, cinco años atrás, una mujer llegó a caballo a la corte y entró al lugar vestida sólo con una bata. La mujer se despachó con un discurso acerca de la Última Cena, y dijo que le gustaría llamarse “Jesucristo Señor y Salvador”.

“Se lo negué porque no estaba seguro de que ella estuviera en sus cabales”, alcanzó a explicar el juez Hoover al mencionado periódico, cuando el oportuno entrevistador le hizo recordar el fallo.

Volviendo al tema principal, resulta que Crabatree, nacida en Pataskala, Ohio, dijo también odiar tanto su nombre, que desde niña ha venido usado el segundo, Renea, que suena mejor y no causa chacotas.

Sin embargo, frente un posible y seguro tropiezo por causa de la recia actitud del magistrado, doña Sheila declara estar preparada para defenderse del historial de rechazos del juez, afirmando que posee un “Plan B” que podría emplear de ser necesario.

Frente a esto, imaginamos -el sabio lector y yo-, que sea necesario estudiar ciertas obras enciclopédicas, caudalosas y insensatas, para lograr comprender la mediocridad absoluta que está llevando a la humanidad a corromperse con tamañas ideas, cuya esencia maniaco-depresiva poco mitológica desprecia hasta los mismos dioses y señores de la Tierra, los Cielos y los Mares, tirando sobre nuestros cansados hombros la responsabilidad de tener que cuidar de sus ocurrencias que llegan a envolver asuntos como “pedofilia zen”, “ajedrezismo anal”, “lesbianismo filatélico” y otros tantos temas mortales ofrecidos de forma abundante todos los días… ¡Peripatético!

(*) Dentro de la misma línea y condición de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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