Cada Uno Carga con su Locura


Suena impropio, pero cuando alguien nota que otra persona está sumamente entretenida en una conversación sola en medio a un soliloquio, una de las primeras cosas que nos viene a la cabeza, es que ese sujeto tiene algún problema mental por causa de alguna patología cualquiera resultante de cables pelados en el cerebro.

Diría más, incluso muchos por de pronto se entregan a pensar que esa persona consumió alguna droga o está bajo los efectos del alcohol, ya que es sabido que si una persona está intoxicada con alcohol o drogas, ella puede alucinar y entonces generar una interesante conversación con otro ser imaginario… Incluso con extraterrestres.

Obviamente que todos los legos tiramos esa idea partiendo del presupuesto de que la práctica de grandes monólogos solitarios son característicos de los esquizofrénicos o disminuidos mentales, que mantiene ese tipo de práctica por escuchar otras voces en su propia cabeza y quieren interrumpir esos acezos actuando de esta manera. Si bien está confirmado que la gente que pasa mucho tiempo sola habla sola.

La radio y la televisión han cambiado muchas cosas, porque esos aparatos llenan de sonido espacios que de otra forma estarían vacíos. Eso lleva, es muy posible, que en algún momento a los radioescuchas y telespectadores les dé casi igual pensar en silencio que pensar en voz alta. Al igual como ocurre con muchos otros hábitos -que no son de monje-, si uno está en soledad, va perdiendo cierta percepción de la mirada del otro.

En todo caso, existen algunas preguntas consecuentes del tipo: ¿Por qué hablamos solos? ¿A quién nos dirigimos cuando lo hacemos? ¿Hablar a solas representa algún tipo de patología o un indicio de locura?

Sin duda estas son incógnitas que a veces nos asaltan por sorpresa y a las que casi nunca encontramos una respuesta. No es por nada que en repetidas ocasiones escuchamos la conocida frase “Habla solo como los locos”. Pues bien, el caso es que estamos equivocados con ese raciocinio, pues aunque muchos suelen hablar a solas, también mucha gente sin patología mental alguna también lo hace. Psicólogos y psiquiatras coinciden en que la mayoría de las personas practica esa costumbre.

El caso, mi discursante lector solitario, es que hay mucha gente suelta en el mundo que habla sola mientras camina por la calle o en su propia casa sin que tenga cualquier trazo de disturbio mental, ya que esta, inclusive, puede ser sin duda una manera bastante saludable de llevar la vida como se pueda.

Por tanto, según lo afirman los psicólogos americanos Daniel Swigley y Gary Lupya, es que en verdad existen personas que tienen ese tipo de “auto conversaciones”, y afirman que por lo general muchas de ellas resultan ser más inteligentes, resueltas y creativas que las demás.

Pues bien, para ellos llegar a tal conclusión, necesitaron estudiar un grupo de 20 personas que tenían por desafío pedir una serie de productos en un supermercado. Al dar inicio al estudio, en la primera fase del test, tales individuos no podían repetir el nombre del artículo que necesitaban encontrar, ni mismo murmurarlo. Ya en una segunda parte del programa, el mismo procedimiento fue realizado, no obstante esta vez ellos podían repetir los nombres de los productos para buscar las compras.

El resultado obtenido fue impresionante, aunque la mayoría se salió mejor en la segunda fase de la experiencia, cuando pudieron encontrar mucho más rápido lo que necesitaban sin olvidarse de nada. Quedó entonces confirmado que además del factor de la memoria, habilidades de organización de los pensamientos y aprendizaje también parece salirse mejor en este caso.

Profundizando lo antes dicho, percibo que es común ver en todo lugar gentes que anda entretenida debatiendo consigo las buenas acciones que intentan practicar, jurando que van a ser rectas, justas y ecuánimes, que de su enmendada boca no volverá a salir una mala palabra, una mentira, una insidia, aunque las mereciera el enemigo. Claro que estoy hablando aquí de personas vulgares, las otras, las de excepción, las que se sitúan fuera de lo común, las que se ajustan a sus propias razones para ser y hacer lo contrario siempre que les apetezca o aproveche, estas llegan a reírse de nosotros y de nuestras buenas intenciones… ¡Estólido asunto!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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Iniciativas que la Mujer Debe Tomar


La verdad, es que no me canso de observar como a una multitud encendida le gusta hablar por demás sobre sexo; pero resulta que ellos se olvidan de qué, para existir sexo, es necesaria la inclusión de más una persona, salvo qué lo que se pretenda, sea un soliloquio manual, claro. Y al pensar sobre esta ecuación, no haría el mínimo sentido para una mujer libre sexualmente, quedarse sentada esperando a que un día sea convidada para salir.

¡Tomar la iniciativa no es solamente cosa de hombres!, mi estimada lectora. Cada vez más, las mujeres dan el primero paso y llaman a la persona escogida para salir. Claro que la lectora estará pensando ¿como puedo hacer, para que de cierto? En todo caso, siempre es bueno tomar los propios ejemplos de la vida, y para ello, se aconseja no repetir lo mismo que los hombres hacen, como por ejemplo: pasarse del límite, inventar demás, o forzar la barra. Entonces, nada de repetir los mismos errores, y seguir paso a paso lo que algunos estudiosos del asunto recomiendan:

Prepare el terreno – Nada de querer investir en una pasión sin fundamentos, mi amiga. Conozca primero a la persona que usted cree que le gusta, conozca el terreno en que va tener que pisar y no se permita dar ningún paso en falso. Vale recordar que para apasionarse por alguien, primero se necesita saber quién es esa persona, o lo que induce a usted a querer comenzar un diálogo. Evite lloro y rabia, haga esto lo cuanto antes.

Busque puntos en común – Ahora que ya está conversando con la persona que la hace sentir mariposas en el estómago, es hora de encontrar lo que ambos tienen en común. ¿Qué es lo que más les gusta? ¿A qué lugares irían juntos? ¿Qué asuntos los dejan conversando por horas? ¿Cine, música, jugar de doctor y paciente?… que sé yo.

Pero recuerde que no vale pretender agradar a la otra persona pesquisando algo sobre lo qué a ella le interesa. ¡Sea usted misma y sólo invista su tiempo si realmente vale la pena!

Lenguaje corporal de verdad – De nada sirve que usted, a metros de distancia, quiera dar una miradita sensual para su albo. Lo máximo que al otro le va parecer, es que usted necesita procurar un oftalmólogo con urgencia.

Apueste en el toque, mi querida. Apoye la mano en el hombro. Resbale, bien de leve brazo con brazo, o hasta origine momentos para un encuentro casual, pero sin que ello parezca muy descarado, claro.

Piense en las posibilidades -Probablemente usted usa Facebook, o cualquier otra plataforma social, así como la mayor parte de las personas con las cuales convivimos. Entonces, use eso a su favor. De una vichadita en las cosas que la otra persona curte, descubra lo que ustedes pueden hacer juntos… ¿Es mejor tomar una cerveza? ¿Andar de bicicleta? ¿Ir juntos a un show imperdible? ¿Una exposición novedosa?

Una vez que ha barajado todas las posibilidades, elija un programa perfecto y aguarde por el mejor momento -normalmente son los jueves o los viernes— para realizar el convite.

Dígalo con todas las palabras – En la hora de hacer la invitación, usted no puede tener miedo de nada. Tenga convicción de lo que quiere, háblelo con todas las palabras y deje claro que esa invitación no se extiende a los amigos.

Como sugestión, puede ser: ¿Estaba pensando en salir a tomar una cerveza luego después del trabajo, tú no quieres hacerme compañía? Claro que usted puede trocar la cerveza por aquello que más combina con la ocasión, pero antes, sepa correctamente lo que quiere hacer, a donde quiere ir y cuales son los pasos siguientes… Por las dudas, pase antes en la farmacia y lleve un paquetito de condones de reserva.

Esté preparada para cualquier respuesta – Estar siempre preparada para lo que puede suceder al realizar el convite, es lo que permite que usted esté un paso al frente del resto de las personas. En este caso, por ejemplo, usted sólo tiene dos opciones de respuesta: si y no.

Pero si su galán, después de todo, le dice “no”, la única cosa que puede hacer es sonreír, y largarle en la cara un clásico: “mejor lo dejamos para otra hora” y seguir —siempre linda— su camino.

Implorar, hacer el mismo convite al día siguiente, o dejar que las lágrimas brotaren en sus ojos, no son muy buenas ideas, muchachita infeliz.

En ese caso, entiendo que lo mejor es que usted se vaya a su casa, piense en la respuesta que él le dio, y trace a seguir un nuevo plan, con los mismos pasos anteriores, y sólo así intente nuevamente. Pero si la respuesta le deja claro que él no quiere saber de nada con usted, entonces, ¡siga su camino sola!

Ahora, si le dice “si”, aproveche. Diviértase en el encuentro, muestre como usted es interesante, hable de las cosas que conoce y gusta, e no finja ser alguien que no es.

Al final, mi amiga, el plan no es comenzar con una mentira, ¿no?

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