Revelación


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Siento necesidad de decirte que siempre me ha gustado la calma que nos concede el tiempo; quizás hoy aún más, porque creo que lo de ayer entre nosotros fue como un huracán, a pesar de estar propenso a creer que era el viento abriéndonos camino.

De cualquier manera, tú no imaginas como me gustó sentir esa sensación peregrina. La podría cotejar a ojos vista con el mismo agrado que da poder cuidar del jardín y decorar la casa con flores que en él florezcan, o cultivar en el fondo del patio el condimento que le dará sabor a la vida, que no son más que manías para evitar a todo coste gozar de las primicias de la soledad.

Del mismo modo, como cada crepúsculo suele ser un artilugio de sobrevivencia, me place poder echarme a la sombra de un árbol, o tal vez recostarme en una hamaca y disfrutar de los contenidos de un libro, o acostarme en el sillón a cualquier momento y ver una buena película, reír o llorar. Pero eso sí, teniendo siempre en la memoria los momentos de intenso amor que hemos vivido, y saber que en este mundo hay alguien que ya no puede vivir sin mí.

Y créeme, lleno de esas huellas que son reveladoras de mis sentimientos, para externar lo cuanto me agradan esas sensaciones que me han tocado en suerte después que te conocí, no han sido pocas las veces que me he dedicado a escribir en la tierra húmeda, miles de frases tontas de amor que nunca se han de desvanecer.

Sin embargo, después de ayer, lo que ahora más quiero en este instante, es abrir las ventanas y las puertas y dejar la brisa entrar, y luego echarme a dormir sin temor a la oscuridad… Preso a la circunstancia, poder tornar sueños en realidad… Amarte eternamente.

Y así, sin más, como una síntesis del tiempo, quisiera verte en sueños, en vigilia o dondequiera.

Un Fuego Que no Era Climaterio


Mismo que por aquí los días ya comiencen a acortarse en tiempo y espacio igual a la pisada de un gallo, o viceversa en el hemisferio norte, desde hace mucho los científicos pasaron a acreditar que el impacto de un asteroide en lo que es hoy México, barrió el 80% de las especies de la Tierra, incluyendo los dinosauros, hace 80 millones de años… No necesariamente a los “dinosauros políticos” que vemos por ahí.

¿Qué aconteció exactamente cuando hubo esa colisión cataclísmica, y por qué ella llevó a una extinción en masa, dejándonos con algunos pepinos en la mano? Sin duda que esas preguntas y muchas otras son parte de un complicado quiebra cabezas.

Investigaciones anteriores sugieren que el asteroide tenga provocado terremotos, ondas de choques, intenso calor -igual al de la menopausia- y nubes de polvo sofocantes que bloquearon el Sol y causaron una diminución radical de la temperatura. En 2013, algunos científicos levantaron la hipótesis de que el asteroide también tuviese causado una tempestad de fuego global que sería parte de la explicación de la extinción… Según mi vecino, parcial, ya que los políticos se salvaron.

En todo caso, ahora, un equipo de científicos del Reino Unido apuntó un error en la teoría de la tempestad de fuego. Para ello, usaron un aparato de propagación de fuego para crear impulsos de calor usando poderosas lámparas halógenas. Ellos expusieron materiales vegetales a impulsos de diferentes intensidades y duración, simulando los efectos de impactos próximos y distantes, y observaron si eso sería suficiente para provocar combustión.

¿Sabe lo que aconteció? Impulsos cortos pero muy intensos, que simulaban el calor cerca del punto de impacto, eran breves demás para hacer que las plantas entrasen en combustión. Paradoxalmente, plantas que fueron sometidas a impulsos menos intensos, pero más largos, representando el calor que se propagó por la atmósfera por millares de kilómetros, acabaron pegando fuego.

“Eso nos mostró que el calor tenía mayor probabilidad de afectar ecosistemas muy distantes, de modo que en las florestas en Nueva Zelandia había una probabilidad mayor de sufrir grandes incendios de que en las florestas en América del Norte, más cercanas del impacto”, dijo al “HuffPost” por e-mail Claire Belcher, discursante senior en sistemas de ciencia de la Tierra en la “Universidad de Exeter”.

Según este hablador para plateas ignaras, es evidente que los incendios locales causarían daños, pero es improbable que ellos se desparramasen a punto de crear una tempestad de fuego al redor del mundo, ya que los océanos la mantendrían bajo control.

“El trabajo refuerza que necesitamos reconsiderar lo histórico de sobrevivencia y extinción, pues sabemos que las ondas de calor eran potencialmente más dañinas a grandes distancias”, agrega Belcher… “Pero también sabemos que el calor e incendios localizados son apenas parte del quiebra cabezas de la extinción. Probablemente fue una cadena de eventos mortales, y no solamente el calor”… Lo que suele ser algo así como lo que ocurre en la cama cuando se está a dos.

Como sea, y por si el indocto lector quiere investigar un poco más sobre este tema tan calorífico, la mencionada investigación fue publicada el 22 de enero último en la revista “Journal of the Geological Society”.

Por otro lado, así, y sólo así, la fenomenología podrá ser asimilada como las coliflores, el “cogito” de Descartes descartado como filosofía corriente, para finalmente ser reabierta la temporada de existir, sobre todo para el pseudo-erudito, que meterá la física donde bien entender… ¡Catastrófico!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: http://www.bubok.es/

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