Los Discípulos del Dr. Mengele


Hace poco se han realizados estudios para descubrir en qué país residían los vivientes más bien equipados en materia de porción longitudinal y quienes eran los que tenían la cavidad cóncava-convexa más subterránea.

Sin embargo ahora surge la noticia de que los holandeses son las personas más altas del globo terráqueo, una condición resultante no sólo por las condiciones ambientales favorables en que estos viven, sino también por medio de la selección natural, conforme sugiere un estudio que fue publicado por la revista científica británica “Royal Society”.

Por ejemplo, han descubierto que cuando de pie -y no en la horizontal-, una holandesa mide en media cerca de 1,71 mt y un holandés 1,84 mt, aunque juzgan que no siempre ha sido así.

“Holanda tiene una historia notable en relación al tamaño de su población”, registra el mencionado estudio, que apunta que los holandeses ya fueron los menores individuos de toda Europa en el siglo XVIII, con una altura de cerca de 1,65 mt.

A lo largo de los últimos 150 años, en general los holandeses tuvieron un crecimiento de 20 centímetros. A título de comparación, los norteamericanos sólo crecieron seis centímetros durante el mismo período… Posiblemente a causa de los desbarajustes de la familia Busch, pero esto no se ha confirmado.

En todo caso, el responsable por el estudio, Gert Stülp, un especialista en salud de la población de la “London School of Hygiene and Tropical Medicine”, resalta que de manera general el tamaño es ampliamente hereditario… Por lo que pienso que el cerebro también lo será.

“La superioridad holandesa en tamaño es atribuida a factores ambientales”, señala la investigación, citando que ello se debe a una dieta adecuada (que incluye el alto consumo de productos lácteos) y el acceso a los servicios de salud… Por lo que desde ya se descarta que los tulipanes tuvieran algo a ver con ello.

Sin embargo el ambiente no explica todo. “Es posible que la selección natural tenga actuado junto con el contexto ambiental para favorecer la media de altura elevada entre los holandeses”, apunta el estudio.

Para entender mejor la ligación entre la selección natural y el tamaño hacia arriba, los investigadores necesitaron analizar varios datos diferentes como estado civil, número de hijos, edad del primero parto -de las mujeres, obvio-, etc., a partir de una muestra de más de 94.500 personas que vivieron en el norte de Holanda, entre 1935 e 1967.

Parece que durante esas tres décadas, las personas que tuvieron más hijos fueron hombres y mujeres de tamaño medio más altos.

Así, los hombres más fértiles (que medían siete centímetros a más que el tamaño medio) tuvieron 0,24 veces más hijos de que los hombres menos fértiles (14 centímetros a menos de los de tamaño medio)… Siempre hablando en altura y no en longitud, claro.

“Como las personas mayores son susceptibles a tener más hijos que, por su vez, también serán altos, entonces el tamaño medio de los descendientes puede ser mayor de que el anterior”, explicó a la agencia “AFP” el investigador Gert Stülp, informando que su estudio no se basa en análisis genéticas por falta de material disponible…

Un suceso que evidentemente no tuviese ocurrido si tal estudio lo hubiesen realizado durante el periodo de la invasión nazi y contado con la ayuda del sádico y obcecado Dr. Josef Mengele, teniendo en cuenta que sus experimentos acientíficos eran frecuentemente mortales con los prisioneros… ¡Nada es perfecto!

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Ahora Debemos Avanzar con Resiliencia


Normalmente, los asuntos por el estilo suelen pasar desapercibidos dentro de un contexto mayor de noticias, pero es interesante observar lo que el Primer Ministro del Japón presentó días atrás en el “Informe sobre el Desarrollo Humano 2014”, elaborado por el PNUD, ya que este año su tema central es la “resiliencia”; palabra ésta que significa la capacidad que tiene un sistema para recuperar sus condiciones o características iniciales después de estar sometido a una alteración y tras el cese de ésta.

Y siendo así, parece apropiado que esta edición del Informe, que comenzó a publicarse en 1990, haya sido dada a conocer en un país que es un ejemplo de capacidad de recuperación ante los desafíos más formidables.

No obstante, de un modo más amplio, la “resiliencia” también es la capacidad de una persona o de una sociedad, de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Por tanto, el Informe observa que el desarrollo humano en los diferentes países ha avanzado considerablemente desde 1990 y que las tendencias generales continúan siendo positivas. Sin embargo, éste señala que se siguen produciendo pérdidas de vidas, crisis económicas, desastres y crisis naturales o causadas por el ser humano que ponen en peligro el desarrollo alcanzado.

En síntesis, uno puede juzgar que evaluar la capacidad de recuperación de la sociedad ante esos desafíos, no parecería ser una preocupación obvia ni para las sociedades ni los Estados… ¡Debería serlo!

El referido Informe no realiza una enumeración detallada de las amenazas que ponen en peligro los progresos económicos y sociales alcanzados en el último cuarto de siglo; pero nos basta con dar una mirada a la prensa para darse cuenta de que no vivimos en un mundo sereno y pacífico, con un futuro límpido y predecible, sino más bien en un entorno difícil con desafíos inesperados que, a veces, parecen abrumadores.

Es evidente que la globalización, un nombre nuevo para un proceso tan viejo como el homo sapiens o la humedad, apareja beneficios considerables para la sociedad, pero uno no debe olvidarse de que también acentúa la interdependencia global y genera nuevos motivos de preocupación.

Así pues, como resultado de la mayor interdependencia, eventos locales pronto pueden derramarse al resto del planeta afectando aún a las sociedades más distantes. Aunque, como lo demuestran los estudios del “Panel Intergubernamental para el Cambio Climático” publicados recientemente, la amenaza más grave, que seguramente pondrá a prueba la resiliencia de nuestras sociedades, no serán tanto los acontecimientos plasmados en los titulares de los informativos periodísticos, sino procesos más lentos, casi imperceptibles en el corto plazo, como el cambio climático.

Ejemplos hay de montón, y muchas de esas amenazas llegan a tener una escala transfronteriza, o aún global. Como resultado, en última instancia, la capacidad de cada sociedad para recuperarse de una situación extrema, dependerá de las fortalezas internas de que disponga para enfrentar desafíos sobre los cuales, individualmente, tendrá poco control. Claramente, una de las estrategias es aumentar la coordinación internacional.

El Informe concluye que es vital que cada sociedad desarrolle su resiliencia para enfrentar tamaños desafíos. Con ese fin, recomienda fortalecer el desarrollo y cohesión de la sociedad; asegurar un amplio acceso a los servicios sociales básicos, como salud y educación; introducir sistemas de seguridad social más sólidos; aplicar políticas para el pleno empleo, “reconociendo que el valor del empleo se extiende mucho más allá del ingreso que genera”; desarrollar instituciones justas que respondan a la sociedad; fortalecer la cohesión social; y reducir el potencial de conflictos sociales.

La idea fundamental es que sociedades con mayor desarrollo humano, más justas y sólidas serán más capaces de enfrentar los desafíos que se nos vienen encima… Lo que en otras palabras, significa más o menos, que si no hacemos nada es como quedarse sentado mirando como la enfermedad infecciosa viral del “Ébola” avanza y avanza…

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

El Derecho Legítimo del Ciudadano


A veces parece difícil entender que no todas las personas son iguales y, por tanto, no debe pretender el Estado querer igualarlas. En realidad, el Estado debe propender a proveer de los servicios necesarios para una vida digna a todos los habitantes de su pueblo. Sin embargo, habrá algunos que, por no haber tenido oportunidades o no tener los talentos suficientes e incluso por no haber hecho el esfuerzo suficiente cuando debían, precisarán de mayor apoyo estatal.

La cuestión preponderante, es que todos los habitantes tienen derecho legítimo al trabajo, dependiente o independiente, con o sin inversión propia, con capitales nacionales o extranjeros y tener la posibilidad de desarrollarse como persona, sin que nadie intervenga en su actividad, mientras ésta sea lícita.

Evidente que no todos logran, por distintas razones, obtener para sí y sus familias, la satisfacción de sus necesidades mínimas. Y siendo así, a ellos el Estado deberá dedicarle planes especiales para proveerles de bienes y servicios en forma directa, tales como vivienda y servicios de salud y de educación. No para que estos sean iguales a nadie, sino para que cada uno de ellos alcance una vida digna.

Eso de desmitificar el culto a la igualdad coadyuva a evitar las frustraciones sociales. No se trata de ser iguales, sino de lograr que los más desprotegidos tengan un nivel de vida aceptable con acceso a los servicios públicos necesarios y a distintas oportunidades de trabajo.

No en tanto, la preocupación de que haya personas que tienen mayores recursos económicos que otros, no debería ser preocupación de nadie, no sólo eso, sino que sería interesante tomar conciencia que esos mayores recursos, en general se destinan a la generación de nuevos empleos, tanto domésticos como empresariales.

Entiendo que tampoco es justo que aquel que trabaja con esmero y dedicación, y que por esa razón obtiene una contraprestación adecuada, deba ser desposeído de sus ingresos o de parte de su capital, que con el tiempo ha logrado formar, sólo por el hecho de tener una situación económica dada.

En virtud de ello, el Estado debe obtener los recursos necesarios para cubrir los costos de un presupuesto racional justo, que no ahogue la actividad privada, sino que la promueva, que permita su crecimiento, generando nuevos puestos de trabajo. El interés por el lucro no debe ser demonizado sino controlado y equilibrado con el interés de la sociedad.

Por consiguiente, parece ser natural que los impuestos provendrán de quienes obtengan mayores ingresos o tengan bienes de los cuales se pueda obtener mayor renta, pero no por la envidia subyacente de quitarle al que tiene, sino por la necesidad de una solidaridad bien entendida de obtener recursos para los cometidos del Estado.

Pero algunos necesitan entender que el criterio de extraer mediante tributos todo lo que se pueda, administrarlo desde el Estado y redistribuirlo mediante contrataciones o subsidios directos, dirigidos a obtener la igualdad en el ingreso de los trabajadores, no conduce a una sociedad sana, sino que por el contrario, es un concepto de solidaridad mal entendida pues resulta incongruente que unos y otros obtengan igual retribución sin importar la responsabilidad que asumen, el esmero y la dedicación que le profesan al trabajo o el riesgo que asumen al invertir capital en un emprendimiento.

Ante lo expuesto, el ciudadano debe trabajar por un país sano y solidario en el cual las políticas sociales realmente estén dirigidas a los más desposeídos, los ancianos, los discapacitados, los niños y los adictos, y que todos aquellos que estén en condiciones físicas y mentales de trabajar, lo hagan y contribuyan con su esfuerzo al desarrollo nacional… ¿Eso no suena más coherente para todos?

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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