Con o sin Mejoral, Aguante lo Más que Pueda


¿Sabe de esas personas que se encuentran por una de esas felices casualidades que la vida les proporciona y que luego de cara ya salen transando en el primer encuentro o durante los primeros meses? Pues bien, sé que muchos providenciales dirán que ellos son unos suertudos -además de hambrientos-; sin embargo, sepa que estos mismos individuos son los que presentan los peores resultados en los relacionamientos. Por lo menos es lo que tal afirmación resultó de un nuevo estudio realizado por la “Brigham Young University”, el cual apunta que ir para la cama con alguien antes del debido momento, puede minar las chances de una relación duradera… Aunque es evidente que ello no quita el placer inicial.

Mismo que a un sinfín le haya sonado escatológico, Dean Busby, el investigador que lideró el estudio, dijo al “LiveScience”: “Lo que parece ocurrir, es que si las parejas comienzan a transar temprano demás -un aspecto bastante compensador en una relación-, mismo que eso perjudique la tomada de decisión, mantiene a las parejas en un relacionamiento que puede no ser lo mejor para ellos a largo plazo”.

Según Busby, estudios anteriores que vinculaban el sexo con la calidad del relacionamiento, presentaban paradigmas diferentes hasta el día de hoy. Y eso se debe, primordialmente, a causa de que el sexo habría sido considerado esencial para el desenvolvimiento, una vez que permite que las parejas descubran si son sexualmente compatibles o no. Por tanto, siguiendo esa línea de pensamiento, parejas que se casan antes de testar la química en la cama corren mayor riesgo de la relación acabar pronto.

No en tanto, este nuevo estudio afirma que parejas que postergan o se abstienen de la intimidad sexual durante el “período inicial” de sus relacionamientos, permiten que la comunicación y otros procesos sociales se tornen los pilares de la atracción que sienten uno por el otro. En esencia, Busby defiende que el sexo precoz puede ser perjudicial al relacionamiento, ya que aparta la comunicación, el compromiso y la habilidad de saber lidiar con las adversidades… Mismo que los más memos tengan que recurrir a soluciones manuales.

Por supuesto que el vértice de la relación entre sexo y relacionamiento es complejo. Por ejemplo, una experiencia realizada con cerca de 300 estudiantes que estaban en una relación estable en 2004, probó que cuando las parejas están en el ápice del comprometimiento, tienden a considerar el sexo un momento importante y positivo en el relacionamiento, aumentando la comprensión y la confianza. No en tanto, cuando el grado de comprometimiento y de abertura emocional era bajo, la iniciación al sexo tendía a ser vista como un evento negativo, evocando arrepentimiento, incerteza y falta de confort.

Por tanto, Busby y sus compañeros se enfocaron específicamente en los períodos de los eventos sexuales. Ellos reclutaron 2.035 individuos heterosexuales en torno de los 36 años durante sus primeros casamientos. Los participantes tuvieron que revelar cuando habían transado por primera vez con su pareja actual, además de responder cuestiones que envolvían la comunicación, nivel de satisfacción y expresión de empatía.

De acuerdo con estos científicos, cuanto más las personas esperaban para transar, mejor se sentían más tarde en el relacionamiento. En contrario a aquellos que fueron con mucha sed al pote ya en el primer mes de noviazgo, puesto que estos presentaron los peores resultados. De igual modo, cuando comparados a los que transaron precozmente, los participantes del grupo que esperó hasta el casamiento reveló 22% más estabilidad en la relación y 15% de más satisfacción en la cama.

“Curiosamente, casi el 40% de las parejas inician las relaciones sexuales en la primera o segunda vez que se encuentran”, revela Busby, quien agrega: “con eso, ellos permiten que el arrebatamiento sexual comprometa la capacidad de decidir si quieren o no un relacionamiento”… Empero, bien se sabe que eso no les quita lo bailado.

En todo caso, actualmente el investigador está repitiendo el estudio en una escala mayor y bajo una dinámica longitudinal en que los participantes son acompañados periódicamente… “Estamos particularmente curiosos al respecto de personas que dicen querer aguantar un poco más el deseo, pero que acaban no siguiendo sus convicciones; pensamos que se trata de un grupo único con resultados singulares”, sugiere Busby.

Pues pensando en éstas cosmopolitices ideales de pequeños sesgos, tal cual lo hicieron los grandes del estructuralismo como Saussure, Barthes, Foucault, Lacan y, sobre todo, Levi-Strauss, para quien las indias sudamericanas tenían los pechos caídos y el ambiente académico olía a calostro disforme; me parece que los resultados de Busby suenan fantásticos bajo una mirada oftálmica-esterilizante dedicada a un universo mamográfico tan singular… ¿No es una canallada?

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

La Felicidad Eterna Dura 5 Años


Calma, hay casos y casos, mí apasionado lector. Como lo es el de aquél sujeto de muy buena familia -tal como gustaba apuntar mi abuela-, buena pinta y elegante como un príncipe y que era codiciado por las más bellas damiselas de alta estipe, que tuvo la infeliz idea y aquella innata debilidad humana de venir a enamorase de una mujer de medio pelo -otra referencia clásica de mi abuela para identificar los de clase media baja. Evidente que en cualquier lugar del mundo, ellos podrían haberse amado sin tragedia, pero en ese ambiente en que les tocó vivir, ambos fueron condenados al ostracismo y no pudieron ser felices eternamente.

Quizás por causa de esa amplia hornada de similares historias de amor frustrado que todos conocemos, fue que el investigador español Rafael Santandreu, autor del libro “Las Gafas de la Felicidad”, no teniendo nada mejor que hacer, se le ocurrió pasar un largo periodo estudiando de qué manera se dan las relaciones amorosas, las frustraciones y de donde surgió la idea de la monogamia. En todo caso, su principal conclusión después de un largo ensayo, es que para ser felices eternamente, “los humanos deberíamos cambiar de pareja a cada cinco años”… ¡Una extraordinaria resolución!

Indudablemente que al enterarme de ello, podría mencionar que no sé si existe realmente un tiempo exacto para vivir perenemente dichoso al lado de otra persona, algo posible de ser medido en números para determinar cuándo es que la felicidad va terminar, pero es elemental que la recomendación de Santandreu no deja de ser una buena teoría, especialmente si sirve para hacernos pensar en cómo andan nuestras relaciones conyugales y cuáles son los motivos que nos hacen permanecer al lado de personas que, teóricamente, amamos.

¿Por qué digo, “teóricamente”? Es que muchas veces, los vivientes nos olvidamos de preguntarnos cuál es el sentimiento que impregna nuestra relación. Por veces nos quedamos tan acomodados y confortables que, mismo teniendo que convivir con diversos problemas gigantescos en nuestra vida, preferimos mantener esos problemas que ya conocemos, en lugar de salir a buscar algo nuevo. Quizás eso se deba al hecho de que lo nuevo siempre asusta.

En todo caso, ¿en base a qué, este investigador atribuye todo ese histórico de monogamia en nuestras vidas? Pues pienso que se debe a la existencia de una relación de amo/esclavo, en la cual el hombre posee a la mujer y la mantiene prisionera de una relación… Que muchas veces no es la ideal.

¿Hace sentido? En algunas culturas puede que un poco más, y menos para otras, pero el caso tanto da. Existen lugares, aquí mismo en nuestro terruño, en que hombres son libres para mantener diversas relaciones mientras la mujer debe permanecer quietita en casa… De por sí, juzgo que eso ya es un indicio de que hay algo extraño.

Santandreu acredita que esa nueva manera de observar los relacionamientos, es lo que permitiría disminuir problemas como celos, dependencia material y psicológica, y quizás hasta disminuir los índices de violencia doméstica… “El amor sentimental del futuro será itinerante: ninguna pareja tendrá pretensiones de que dure toda la vida”, comenta este licenciado en dolores de codo ajeno.

Tal anacrónico raciocinio hace con que mucha gente piense -mismo no teniendo materia gris entre oreja y oreja-, como es posible que así sea, si nuestros antepasados pasaron la vida entera juntos. Aunque aquí cabría preguntarse: ¿cuál era esa expectativa de vida que ellos tenían?

Actualmente, a cada año que pasa, la expectativa de vida aumenta por cuenta de mejoras en la salud, nuevos medicamentos y avanzos en la tecnología, por tanto, las relaciones tendrían más tiempo para durar. Sin embargo, uno debe preguntarse: ¿Será que estamos preparados para ello?… ¿Es posible amar y mantener tesón por una misma persona con quien durante 30, 40 o 50 años dividimos la vida, la cama, las cuentas, las frustraciones, y, claro, las alegrías?

El secreto, mi febril leyente, tal vez no radique en querer colocar un plazo de validad en el relacionamiento, y sí en mantener los ojos abiertos y establecer ciertos parámetros para la pareja, los que les irán mostrar cómo es que anda el índice de felicidad en su casa.

Mirar para el relacionamiento con sinceridad es extremamente importante, así como buscar ser feliz. Así que, cuando eses índices no estén bien, la pareja puede intentar mudar los caminos, las manías, los objetivos, las vivencias… Aunque siempre es bueno recordar que lo más importante no es tener alguien al lado, más bien, diría que es ser sincero consigo mismo y recordar que ni todo el mundo precisa buscar la misma cosa en la vida… Ser feliz es lo que realmente importa, de la manera que sea.

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¡Ojo! No De con la Lengua en los Dientes


Parece un dato interesante, pues mucho se habla por ahí de qué en el universo de los nuevos relacionamientos, saber lo cuanto debemos revelar sobre nosotros mismos es algo así como pisar en huevos… Un simple silogismo, porque es evidente que no me refiero a los de uno, y si a los de gallina.

El asunto es que de acuerdo con el pronóstico profetizado por facundos estudiosos del asunto, resulta que si uno abre muy temprano sus sentimientos con la otra persona, corre el riesgo de sonar desesperado o chiflado. No obstante eso de esperar un poco más, por otro lado deja la sensación de que uno no se importa, o que es vago y distante.

Tal vez por ello la profesora de Psicología de la “Universidad de Massachusetts”, Susan Krauss Whitbourne, llega a sugerir que cuando se trata de auto revelación, uno necesita descubrir el punto de equilibrio perfecto de acuerdo con la fase en que la relación se encuentra. Según ella, querer dividir muchas emociones luego de cara -bien antes de saber lo que la otra persona piensa sobre uno-, puede llegar a complicar las cosas. Pero a su vez, si uno es introvertido y tiende a dividir menos lo que siente, casi nunca encontrará la hora cierta de bajar la guardia, afirma Whitbourne.

En un artículo que fue publicado en la revista “Psychology Today”, esta especialista calcula que todo buen oyente tiende a gustar de personas que cuentan bastante sobre sus vidas. Eso se debe a que cuando alguien le revela sus sentimientos y emociones, ellas tienen la sensación de conocer mejor al individuo; como si pudiesen prever de antemano cómo es que el otro irá reaccionar en determinada situación…. “Estamos constantemente intentando adivinar lo qué las personas harán y por qué lo harán”, garante Whitbourne.

En todo caso, visto ser imposible querer santificar mediocridades con lógica surreal, enumero a seguir algunos puntos importantes que el leyente debe apreciar:

Extroversión y ansiedad – El gran psicólogo norteamericano Carl Rogers, fundador de la terapia centrada en el individuo, acreditaba que la mayoría de las personas con dificultades psicológicas tenían miedo de dejar trasparecer lo que sentían. De acuerdo con Rogers, uno se siente ansioso porque creció en un ambiente donde los padres, profesores y otros adultos nos hicieron sentir constantemente deficientes. Esa ansiedad fue traducida por él en “falta de voluntad en dejar que los otros nos conozcan”.

¿La solución? Una buena dosis de auto revelación para percibir que no existe nada de errado en mostrar nuestras emociones. Para este psicólogo, parece que es más fácil uno abrirse con un terapeuta, por no existir miedo al ridículo o retribución.

Intimidad: una conquista – En un relacionamiento verdaderamente íntimo, los consortes saben que pueden revelar todo. Ellos sienten que pueden confiar uno al otro sus secretos más particulares. No en tanto, llegar a tal punto de intimidad no es una cosa que suele suceder de la noche al día. Sólo a medida que los lazos de los cónyuges se van estrechando, es que ambos pasan a tantear continuamente en cuales áreas y cuánto de sus vidas deben revelar.

Obviamente que no hay problema en contar a cualquiera que usted detesta cebolla. Sin embargo, pretender confesarle a alguien que uno mal conoce, que su primer casamiento acabó por causa de una traición, también no es la mejor manera de recomenzar a relacionarse.

Empatía y conexión – Cuando alguien revela alguna información personal, es probable que uno espere el mismo grado de sinceridad de la otra parte. ¿Pero será que la gente pasa a gustar más de otro/a, simplemente por trocar elogios y reclamaciones sobre nuestra propia experiencia de vida?

Pues le diré que en 2013, Susan Sprecher, una psicóloga de la “Universidad de Illinois”, desenvolvió un estudio que buscaba analizar el grado de reciprocidad entre extraños. Su objetivo era observar si la cantidad de informaciones particulares trocadas mutuamente, influenciaba de alguna manera el nivel de aprecio que uno sentía por el otro. La situación fue creada para simular el momento en que uno encuentra a alguien por primera vez y quiere pasarle una buena impresión, claro.

Sprecher concluyó que personas que evitan dividir sus emociones y sentimientos, sea por timidez, ansiedad, o por no tener lo qué decir, tiene más chances de iniciar relacionamientos con una gran desventaja a futuro. Todo, porque en vez de zambullirse de cabeza cuando la conversación está poniéndose más íntima, generalmente esos individuos hesitan hasta el punto de perder la oportunidad de “conectarse” con el otro sujeto. En estos casos, Whitbourne recomienda: “Intente comenzar por asuntos más neutros, como puede ser su preferencia por determinada estación del año, por ejemplo, y de a poco vaya hasta donde ambos se sienten confortables para la ocasión”.

Bueno, en cuanto a mí, reafirmo una vez más preferir los énfasis griegos, cuando lo Sublime quedaba restricto a Euterpes y viajes musicales en busca de lo Humano… Cosas sanas, nada más, como eso de participar de enduro en Cochabamba, extraer la raíz cuadrada de wiskis redondos o confundir tragedias de Sófocles con comedias de Platón… ¡Formidable!

(*) Si le parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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