El Forastero


9- el forastero

Este cuentito, así escrito, es un placer. Leído, es lo que iremos ver.

…A eso del atardecer, entre relámpagos y truenos, las nubes, negruzcas e inmóviles, aflojaron y el agua empezó a caer como con rabia, con una furia casi loca. Como si de repente le diera asco las cosas feas del mundo y quisiera bórralo todo, deshacerlo todo y llevárselo bien lejos.

Los bichos buscaron de inmediato refugio y la hacienda buscó dar anca al viento o buscaba amparo debajo de algún árbol, en cuyas ramas chorreaban los pajaritos, metidos a medias en sus nidos de ramitas, paja y pluma.

Dentro de la vivienda, en la cocina negra de humo se hallaban, cuando oyeron ladrar el perro que miraba hacia el lado del camino, doña Eulalia y su hija Leonor, la que se asomó y percibió la silueta de un hombre desmontar en la enramada con el poncho empapado y el sombrero como trapo por causa del furioso aguacero.

-¿Quién es? -Preguntó la madre sin dejar de revolver la olla de cocido, mientras su hija le gritaba al perro, con autoridad-: ¡Rosendo! ¡Rosendo! ¡Quieto!, ¡ven aquí!

-No sé… No lo conozco -respondió Leonor, expectante, cuando se colocó al lado de su madre.

-¡Buenas tardes! -las saludó la voz grave del hombre, agachándose, al entrar.

-Buenas… Siéntese. ¿Lo agarró el agua?… Sáquese el poncho y arrímelo al fogón -le ordenó doña Eulalia.

-Sí, es mejor. -Concordó el forastero, mientras colgaba el poncho negro en un gran clavo cerca del fogón y sacudía el sombrero. Después se sentó en un banco.

-¿Viene de lejos? -sondeó la madre, ojos quietos, tirante pelo negro ya con copiosas hebras blancas.

-Desde las sierras del norte.

-¿Y va? -curioseó ella, sin mirarlo.

-A la estancia de don Torquato Balbuena. Más allá de Arroyo Grande… En verdad, pensaba llegar hoy, pero me apuré mucho por el agua y traigo cansado el caballo. Así que si me deja pasar la noche…

-Como ve, comodidad no tenemos -advirtió Eulalia-. En todo caso, puede traer su recado y dormir aquí mismo.

-¡Cómo no!… Estoy acostumbrado.

La muchacha, ahora acurrucada en un rincón, miraba al forastero de reojo. Cuando oyó que iba a quedarse, sintió clarito en el pecho los golpes del corazón. Es que cada vez más le parecía que aquel hombre delgado y alto, de cara pálida cubierta por una negrísima barba que la hacía más blanca, no tenía aspecto de tranquilizar a nadie.

La madre entorpeció sus nublosas reflexiones, diciendo: -A ver, aprontá un mate, hija-, y siguió revolviendo el guiso, mientras daba conversación al forastero, que ahora acariciaba el perro y retiraba la mano cada vez que éste rezongaba desconfiado de tanto mimo.

Leonor tiró la yerba vieja del porongo, puso nueva, e hizo absorber primero un poco de agua tibia para que esta se hinchara sin quemarse. A seguir ofreció el primer mate al desconocido. Éste la miró a los ojos y ella los bajó, trémula de susto. No sabía por qué. Muchas veces habían llegado así, de pronto, gentes de otros pagos que dormían allí y al otro día se iban. Pero esa nochecita, con el ruido de los truenos y la lluvia, con la soledad, con muchas otras cosas en la cabeza, tenía un tremendo miedo a aquel hombre de barba negra y cara pálida y ojos como chispas.

Se dio cuenta que la observaba. Los ojos encapotados, sorbiendo lentamente el mate, el hombre recorría con la vista el cuerpo tentador de la muchacha. Su acto lo llevó a pensar que había que cansar muchos caballos para volver a encontrar otra tan linda y tan bonita en todo el pago.

Brillante y negro el pelo, se lo repartía al medio con una raya pareja y le caía por los hombros en dos trenzas largas y flexibles. Leonor tenía los labios carnosos y chiquitos que parecían apretarse para dar un beso largo y hondo, de esos que aprisionan toda una existencia. La carne blanca, blanca como cuajada, tibia como pulmón, se aparecía por el escote y se dejaba también ver por las mangas cortas del vestido. Tenía un pecho abultadito, lindo pecho de torcaza con sus pezones levantando con sus chuzas la zaraza; las caderas ceñidas, firmes; las piernas se adivinaban bien formadas bajo una pollera ligera que las pintaban clarito.

Toda ella producía unas ansias extrañas en quien la miraba; entreveradas ansias de caer de rodillas, de cazarla por el pelo, de hacerla sufrir apretándola fuerte entre los brazos, de acariciarla tocándola apenitas. Una mezcla de deseos buenos y malos que viboreaban en el alma del cristiano como relámpagos entre la noche. Porque si bien el cuerpo tentaba el deseo del animal, los ojos grandes y negros eran de un mirar tan dulce, tan leal, tan tristón, que tenían a raya el apetito, y ponían como alitas de ángel a las malas pasiones.

Embebecido cada vez más en la contemplación lúdica, el hombre sólo al rato advirtió que la muchacha estaba asustada con su actitud. Entonces algo le pasó también a él. Su mano vacilaba ahora al tenderla para recibir o entregar el mate.

Leonor iba entre tanto poniendo la mesa. Luego los tres se sentaron silenciosamente a comer. Concluida la cena, mientras las mujeres fregaban, el hombre fue bajo la lluvia hasta la enramada, desensilló, llevó el recado a la cocina y se sentó esperando que ellas hicieran la lidia jugando con el perro, con Rosendo que, por una presa tirada al cenar, había perdido la desconfianza y ya estaba íntimo con el desconocido.

-¡Lo mismo que el hombre! -pensó, y siguió mirando el fuego y, de reojo, a Leonor. Cuando terminaron la tarea, la madre desapareció para tomar unas cobijas.

-Su poncho no se ha secado… Tome, hasta mañana, si Dios quiere -gesticuló Rosenda, parada, aguardando por su hija.

-Se agradece.

-¡Buenas noches! -deseó Leonor, cruzando ligero a su lado con la cabeza gacha.

Las dos mujeres abrieron la puerta que comunicaba con el otro cuarto, pasaron y la volvieron a cerrar. Al rato, se oyó el rumor de las camas al recibir los cuerpos, se apagó la luz… Todo envolviéndose en el ruido del agua que caía sin cesar. El hombre tendió las cacharpas, se arrebujó en las mantas junto con el perro y sopló el candil. El fogón, mal apagado, quedó brillando.

Al poco rato se empezó a oír la respiración ruidosa y regular de la mujer. Pero en la cama de Leonor no había caído el descanso. Ahora que su madre dormía, el miedo la ahogaba más fuerte. El corazón le golpeaba el pecho como alertándola para que algún peligro no la agarrara impróvida en el sueño. De cuando en cuando ensayaba rezar un Ave María que casi nunca terminaba, porque lo paraba en seco cualquier rumor, que la hacía sentar de un salto en la cama.

Su vista trataba en vano de atravesar las tinieblas… A eso de la media noche, bien claro oyó que la puerta de la cocina que daba al patio había sido abierta, y hasta le pareció sentir que el aire frío entraba por las rendijas. Tuvo intención de despertar a su madre, pero no se animó a moverse. Sentada, con los ojos saltados y la boca abierta para juntar el aire que le faltaba, escuchó. No sintió nadita.

Aquel silencio, después de aquel ruido, la asustaba aún más. No sentía nada, pero en su trastocada imaginación veía nítidamente al hombre de la barba negra clavándole los ojos como chispas; veía el poncho negro, colgado del clavo, movido por el viento como anunciando ruina. Y como para convencerla de que era verdad que la puerta había sido abierta, seguía sintiendo el aire frio y percibía más claramente el ruido de la lluvia…

En efecto, el forastero, que se echara nomás sobre el recado, ya se había levantado y lo llevara otra vez a la enramada. Después de ensillar, había salido a pie hasta la manguera que estaba como a una cuadra, dejándose pintar de rosado por los relámpagos. El agua le daba de frente, por eso avanzaba con la cabeza gacha. A la luz de los relámpagos daba para ver el poncho y el sombrero hechos sopa… Chorreando agua, montó y salió como sin prisa, al trotecito. La lluvia gruesa, helada, seguía cayendo mientras Leonor lo miraba desde la ventana soñando con lo que hubiese podido haber sido y no fue.

 

Anuncios

Viviendo Entre Brujos y Vampiros


Deslumbramiento sería la palabra sino fuera tan poca, pero atiende por “brujería” el grupo de creencias, conocimientos prácticos y actividades atribuidas a ciertas personas llamadas de “brujas” -donde algunos también incluyen hasta propia la suegra-, aunque existe también la forma masculina, “brujos”, no obstante estos sean menos frecuentes, por lo que todos ellos están supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean no necesariamente para causar daño, lo que no se aplica si se refiere a políticos.

En todo caso, por si al agorero leyente se le ocurre ejecutar dicha actividad, hágalo nomás, pues expertos en el tema afirman que no hay que tener miedo, porque es sabido que el que no arriesga un huevo no gana un pollo.

Independiente de quien se anime o no, la brujería data desde los tiempos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Así lo demuestra la Biblia como también otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.).

Sin embargo, no todos los brujos y brujas siguen las mismas prácticas, aunque muchas de estas eran muy comunes entre estos en la era cristiana. Por ejemplo, el brujo/a hace un pacto con el demonio, adjura a Cristo y los Sacramentos, tienen ritos diabólicos en los que hacen una parodia de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia y adoran al Príncipe de las Tinieblas y participan en aquelarres (reuniones de brujos donde hacen sus maledicencias). Por tanto, la brujería está relacionada con el satanismo… Más o menos igual que en la política.

Con todo, es sabido que la ignorancia lleva al descrédito, o al crédito extremo, y eso se aplica en el caso de por lo menos 12 niños que murieron de rabia después de ser atacados por murciélagos en el interior de Perú desde mediados del año pasado y el corriente mes. Pese a tamaño problema, dicho inconveniente sólo fue descubierto en febrero último, una vez que los moradores de la región acreditaban que las muertes eran obra de brujería.

Estos trágicos casos ocurrieron más específicamente en la región de Loreto, la Amazonia peruana, distante a más de 1 mil km de la capital Lima. Los mencionados niños, que tenían entre 8 y 15 años de edad, murieron entre setiembre del año pasado y febrero de este ano.

De acuerdo con las oportunistas autoridades, el surto de rabia llegó a colocar las comunidades indígenas en riesgo. “Los niños que murieron eran de la etnia Achuar. Todos ellos fueron mordidos por murciélagos hematófagos chupadores de sangre”… Un tipo de quiróptero que actúan casi igual a los políticos de todo el mundo.

Como sea y fuere, según informa la prensa local, las muertes ocurrieron porque la comunidad sospechaba que estas estaban ligadas a la brujería. Caso los niños hubiesen sido encaminados de inmediato a hospitales de la región, probablemente ellos habrían sobrevivido, de acuerdo con lo mencionado por las autoridades sanitarias del gobierno peruano.

Aníbal Velásquez, el ministro de Salud de Perú, dijo que el gobierno ya decretara estado de emergencia en la región hasta que el surto de rabia logre ser contenido. Las autoridades comenzaron una campaña de vacunación contra la enfermedad trasmitida por los murciélagos a comienzo de febrero con la intención de inmunizar todas las comunidades indígenas.

Muertes injustas, ya que los pueblerinos de Loreto no sabían que los brujos no creen en el diablo según lo conoce la revelación cristiana, aunque no por eso dejan de recurrir a él, ya que la brujería implica por lo menos una búsqueda de la intervención de espíritus. Mismo así, quien abre la puerta a los malos espíritus queda involucrado con ellos, puesto que la brujería envuelve la creencia en una realidad invisible a la que el practicante queda atado… Ya el otro, el político o el vampiro, lo que busca es chuparnos la sangre… ¡Santo Dios!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Salga de lo Mismo… Invente en la Cocina


Confieso que algo sé cocinar, no mucho, pues al igual que cuantiosos mortales, yo nunca he participado de cursos de cocina. En todo caso, de chico me gustaba leer y mirar las fotos del libro de recetas de “Doña Petrona”. Evidente que existen muchas otras igual o mejor que Petrona C. de Gandulfo, quienes también dictaron muy buena cátedra en el arte de la culinaria y gastronomía doméstica.

Sin embargo, lo que se puede observar, mismo con la extensa presencia de buenos Chef de moda alrededor del mundo, es que hasta el día de hoy a nadie se le había ocurrido señalar una nueva etapa en el arte culinario, recomendándonos una receta de por sí muy sencilla y económica… Pero eso ya es pasado y pisado.

De por sí, vale decir que cuando uno aprende a cocinar, es más bien para mostrar las cosas que más nos gustan de la cocina. No solo lo que nos gustaría cocinar y por ende, comer, pero también cómo nos gustaría servir, las maneras de presentar los platos, la posibilidad de probar… Y un montón de mañas más que posiblemente incitaran un día el desenvolvimiento de nuestra creatividad personal… El llamado: “toque único”.

Puede que esa misma índole creativa estuviese escondida dentro del alma de un individuo chino de 30 años que ahora está siendo acusado de haber matado sus padres, despedazar los cuerpos y después cocinarlos con sal… Una receta sencillísima.

Y ésta fue tan simple y neta, que hace un par de días la promotora de acusación llegó a indicar durante el juicio, que poco más tarde, este amateur de la cocina tendría colocado los pedazos en recipientes como si fuesen “carne para churrasco”,

El caso es que las cabezas de Chau Wing-ki, de 65 años, y de su esposa Siu Yuet-yee, de 62, fueron encontradas el último mes de marzo, pocos días después del desaparecimiento de ambos, en dos heladeras que estaban en un apartamento atiborrado de sangre. Los otros pedazos de sus cuerpos fueron encontrados en un receptáculo de basura, cocidos y guardados en recipientes con arroz, como tentativa de los asesinos para encubrir el crimen.

Por ende, Henry Chau, de 30 años, pasó a ser acusado de cometer el crimen con ayuda de un amigo, Tse Chun-kei, de 36 años. Independiente de ello, el periódico “South China Morning Post” informa que Chau ya se declaró culpado de homicidio culposo (sin intención de matar) por responsabilidad disminuida, al mismo tiempo en que Tse negó las dos acusaciones de asesinato; aunque los dos hombres admitieron haber impedido el entierro decente de la pareja.

Por su vez, la promotora afirma que Chau y Tse planearon el asesinato durante meses, comprando cuchillos, heladeras, microondas y una olla de arroz… Y la sal.

Inicialmente, Chau informara a la policía que sus padres habían viajado para China continental, pero de próximo admitió el asesinato en un grupo de mensajes en internet. De acuerdo con el texto que fue leído a viva voz en el tribunal de la ciudad, él escribió que planeó despistar la policía para ganar tiempo y poder despedirse de sus amigos… Sin confirmar si su deseo era hacerles degustar su nueva receta.

Mismo así, Chau declaró en un grupo de mensajes: “Mi compañero de asesinato y yo, teníamos planeado convertir esto en un caso de desaparecimiento y nos desprender de los cuerpos pedazo a pedazo”, quien también admitió ser un psicópata, al indicar: “No puedo simpatizar con el dolor de las personas debido a mi experiencia durante la infancia y adolescencia”.

Según menciona el periódico Post, Chau dijo haber matado a sus padres con la ayuda de Tse en un ataque de rabia, pero la acusación considera que los asesinatos fueron premeditados.

Frente a este clima profundo y sofocado de horror aquí relatado, me entrego a recapacitar sobre la cualidades culinarias de santa Teresa de Jesús, también conocida como Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, quien haciendo justicia a su apellido, mismo imposibilitada de moverse a causa de un ataque de paroxismo que la dejara paralítica, entró un día en la cocina, se sentó en un caballete en llamas y comenzó a imaginar la flamígera pintura “El jardín de las delicias” de Hieronymus Bosch (El Bosco), mientras escuchaba “Orfeo en el infierno”, de Offenbach… ¡Otra receta ecuánime!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Iniciativas que la Mujer Debe Tomar


La verdad, es que no me canso de observar como a una multitud encendida le gusta hablar por demás sobre sexo; pero resulta que ellos se olvidan de qué, para existir sexo, es necesaria la inclusión de más una persona, salvo qué lo que se pretenda, sea un soliloquio manual, claro. Y al pensar sobre esta ecuación, no haría el mínimo sentido para una mujer libre sexualmente, quedarse sentada esperando a que un día sea convidada para salir.

¡Tomar la iniciativa no es solamente cosa de hombres!, mi estimada lectora. Cada vez más, las mujeres dan el primero paso y llaman a la persona escogida para salir. Claro que la lectora estará pensando ¿como puedo hacer, para que de cierto? En todo caso, siempre es bueno tomar los propios ejemplos de la vida, y para ello, se aconseja no repetir lo mismo que los hombres hacen, como por ejemplo: pasarse del límite, inventar demás, o forzar la barra. Entonces, nada de repetir los mismos errores, y seguir paso a paso lo que algunos estudiosos del asunto recomiendan:

Prepare el terreno – Nada de querer investir en una pasión sin fundamentos, mi amiga. Conozca primero a la persona que usted cree que le gusta, conozca el terreno en que va tener que pisar y no se permita dar ningún paso en falso. Vale recordar que para apasionarse por alguien, primero se necesita saber quién es esa persona, o lo que induce a usted a querer comenzar un diálogo. Evite lloro y rabia, haga esto lo cuanto antes.

Busque puntos en común – Ahora que ya está conversando con la persona que la hace sentir mariposas en el estómago, es hora de encontrar lo que ambos tienen en común. ¿Qué es lo que más les gusta? ¿A qué lugares irían juntos? ¿Qué asuntos los dejan conversando por horas? ¿Cine, música, jugar de doctor y paciente?… que sé yo.

Pero recuerde que no vale pretender agradar a la otra persona pesquisando algo sobre lo qué a ella le interesa. ¡Sea usted misma y sólo invista su tiempo si realmente vale la pena!

Lenguaje corporal de verdad – De nada sirve que usted, a metros de distancia, quiera dar una miradita sensual para su albo. Lo máximo que al otro le va parecer, es que usted necesita procurar un oftalmólogo con urgencia.

Apueste en el toque, mi querida. Apoye la mano en el hombro. Resbale, bien de leve brazo con brazo, o hasta origine momentos para un encuentro casual, pero sin que ello parezca muy descarado, claro.

Piense en las posibilidades -Probablemente usted usa Facebook, o cualquier otra plataforma social, así como la mayor parte de las personas con las cuales convivimos. Entonces, use eso a su favor. De una vichadita en las cosas que la otra persona curte, descubra lo que ustedes pueden hacer juntos… ¿Es mejor tomar una cerveza? ¿Andar de bicicleta? ¿Ir juntos a un show imperdible? ¿Una exposición novedosa?

Una vez que ha barajado todas las posibilidades, elija un programa perfecto y aguarde por el mejor momento -normalmente son los jueves o los viernes— para realizar el convite.

Dígalo con todas las palabras – En la hora de hacer la invitación, usted no puede tener miedo de nada. Tenga convicción de lo que quiere, háblelo con todas las palabras y deje claro que esa invitación no se extiende a los amigos.

Como sugestión, puede ser: ¿Estaba pensando en salir a tomar una cerveza luego después del trabajo, tú no quieres hacerme compañía? Claro que usted puede trocar la cerveza por aquello que más combina con la ocasión, pero antes, sepa correctamente lo que quiere hacer, a donde quiere ir y cuales son los pasos siguientes… Por las dudas, pase antes en la farmacia y lleve un paquetito de condones de reserva.

Esté preparada para cualquier respuesta – Estar siempre preparada para lo que puede suceder al realizar el convite, es lo que permite que usted esté un paso al frente del resto de las personas. En este caso, por ejemplo, usted sólo tiene dos opciones de respuesta: si y no.

Pero si su galán, después de todo, le dice “no”, la única cosa que puede hacer es sonreír, y largarle en la cara un clásico: “mejor lo dejamos para otra hora” y seguir —siempre linda— su camino.

Implorar, hacer el mismo convite al día siguiente, o dejar que las lágrimas brotaren en sus ojos, no son muy buenas ideas, muchachita infeliz.

En ese caso, entiendo que lo mejor es que usted se vaya a su casa, piense en la respuesta que él le dio, y trace a seguir un nuevo plan, con los mismos pasos anteriores, y sólo así intente nuevamente. Pero si la respuesta le deja claro que él no quiere saber de nada con usted, entonces, ¡siga su camino sola!

Ahora, si le dice “si”, aproveche. Diviértase en el encuentro, muestre como usted es interesante, hable de las cosas que conoce y gusta, e no finja ser alguien que no es.

Al final, mi amiga, el plan no es comenzar con una mentira, ¿no?

A %d blogueros les gusta esto: