Mi Vida por un Reino


¿Sabe de aquella historia del hombre que quería ser rey? Es que ese asunto me recuerda de inmediato la película “The Man Who Would Be King” en su original, o “El hombre que sería rey”, como se intituló a éste por toda Hispanoamérica. A bien verdad, me refiero al contenido del excelente filme británico de 1975 que está basado en el cuento homónimo escrito por Rudyard Kipling en 1888.

Quizás algunos no lo recuerden -no por culpa del alzhéimer-, pero existe una cita que relata: “La Ley establece una justa norma de vida que no es fácil de seguir. He sido muchas veces amigo de un mendigo, en circunstancias que a ambos nos impedían descubrir si el otro era digno… Todavía me falta ser hermano de un príncipe, aunque en una ocasión conocí de cerca a quien pudo haber sido un verdadero rey, y me prometieron la posesión de un reino: un ejército, un tribunal de justicia, rentas y principios políticos, todo de una vez. Pero ahora mucho me temo que mi rey esté muerto, y si quiero una corona tengo que buscarla por mi cuenta”…

El desempeño de insuperables actores de la talla de Sean Connery y Michael Caine da una mayor inspiración al cinéfilo espectador, cuando éstos interpretan de manera excelente lo que un día escribiera Kipling; por lo que opino que no fueron pocos -por diversos plectros- los que acabaron dando rienda suelta a su imaginación y soñaron con ellos propios vivir esa imponderable realidad que los excluye de la monarquía por causa del color de su sangre.

Pues juzgo que inspirado en la oportunidad que se presentó y el influjo que le causó tan magistral filme, mi cineasta lector, resultó en que un ciudadano marroquí de 30 años acabase por ser condenado a tres años de prisión por “usurpación de identidad de un líder de alto escalón”, después de él haber sido acusado de abusar de su semejanza con el rey de Marruecos, Mohamed VI.

En realidad, la justicia de dicho país condenó el lunes pasado a Sbai, en la ciudad de Tetouan (norte del país), según lo anunció Mohamed Benaisa, integrante de la ONG “Observatorio del Norte para los Derechos Humanos” (ONDH), lo que no hace más que confirmar las informaciones de la prensa local.

Para entender mejor este reinado asunto, Sbai había sido detenido el día 20 de agosto en Rabat, después de él abandonar rápidamente su automóvil cerca de Tetouan y picar la mula… Si es que me entiende.

Motivos para ello tenía, y muchos, pues algunos días antes, queriendo aprovechar su semejanza con el rey Mohamed VI, Sbai conducía tranquilamente su automóvil de lujo, -lo que es normal si uno tiene dinero para comprarlo-, no obstante dejara que varios policiales le abriesen camino entre una multitud de caminantes que no tuvieron su misma suerte ni plata para comprar un coche cualquiera por más rotoso que fuese; y allá marchó aquel séquito en cuanto curiosos lo aclamaban a viva voz. Empero, no demoró mucho para la policía descubrir el engaño y una investigación fue abierta.

Por su vez, como quien busca echar más leña a la hoguera de las vanidades, los medios de comunicación locales indicaron que esa no habría sido la primera vez que él se hizo pasar por el rey, y afirman que Sbai tenía por costumbre saludar a las personas por la ventanilla de su coche y hasta posaba para fotos como si fuese el monarca.

No sé, pero como ya se van casi cuarenta años de la película y muchísimos más desde que Kipling escribió su obra, hallé mejor concentrarme en el tema de la memoria ya que esta suele ser un gran problema: es tal la falta de rigor en nuestro propio archivo cerebral, disco rígido o memoria emotiva, o como se le quiera denominar, que una vez abierto el baúl de los recuerdos es imposible cerrarlo de inmediato una vez conseguido el dato buscado en las brumas engañosas de la mente… ¡Latoso comportamiento!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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La Felicidad Eterna Dura 5 Años


Calma, hay casos y casos, mí apasionado lector. Como lo es el de aquél sujeto de muy buena familia -tal como gustaba apuntar mi abuela-, buena pinta y elegante como un príncipe y que era codiciado por las más bellas damiselas de alta estipe, que tuvo la infeliz idea y aquella innata debilidad humana de venir a enamorase de una mujer de medio pelo -otra referencia clásica de mi abuela para identificar los de clase media baja. Evidente que en cualquier lugar del mundo, ellos podrían haberse amado sin tragedia, pero en ese ambiente en que les tocó vivir, ambos fueron condenados al ostracismo y no pudieron ser felices eternamente.

Quizás por causa de esa amplia hornada de similares historias de amor frustrado que todos conocemos, fue que el investigador español Rafael Santandreu, autor del libro “Las Gafas de la Felicidad”, no teniendo nada mejor que hacer, se le ocurrió pasar un largo periodo estudiando de qué manera se dan las relaciones amorosas, las frustraciones y de donde surgió la idea de la monogamia. En todo caso, su principal conclusión después de un largo ensayo, es que para ser felices eternamente, “los humanos deberíamos cambiar de pareja a cada cinco años”… ¡Una extraordinaria resolución!

Indudablemente que al enterarme de ello, podría mencionar que no sé si existe realmente un tiempo exacto para vivir perenemente dichoso al lado de otra persona, algo posible de ser medido en números para determinar cuándo es que la felicidad va terminar, pero es elemental que la recomendación de Santandreu no deja de ser una buena teoría, especialmente si sirve para hacernos pensar en cómo andan nuestras relaciones conyugales y cuáles son los motivos que nos hacen permanecer al lado de personas que, teóricamente, amamos.

¿Por qué digo, “teóricamente”? Es que muchas veces, los vivientes nos olvidamos de preguntarnos cuál es el sentimiento que impregna nuestra relación. Por veces nos quedamos tan acomodados y confortables que, mismo teniendo que convivir con diversos problemas gigantescos en nuestra vida, preferimos mantener esos problemas que ya conocemos, en lugar de salir a buscar algo nuevo. Quizás eso se deba al hecho de que lo nuevo siempre asusta.

En todo caso, ¿en base a qué, este investigador atribuye todo ese histórico de monogamia en nuestras vidas? Pues pienso que se debe a la existencia de una relación de amo/esclavo, en la cual el hombre posee a la mujer y la mantiene prisionera de una relación… Que muchas veces no es la ideal.

¿Hace sentido? En algunas culturas puede que un poco más, y menos para otras, pero el caso tanto da. Existen lugares, aquí mismo en nuestro terruño, en que hombres son libres para mantener diversas relaciones mientras la mujer debe permanecer quietita en casa… De por sí, juzgo que eso ya es un indicio de que hay algo extraño.

Santandreu acredita que esa nueva manera de observar los relacionamientos, es lo que permitiría disminuir problemas como celos, dependencia material y psicológica, y quizás hasta disminuir los índices de violencia doméstica… “El amor sentimental del futuro será itinerante: ninguna pareja tendrá pretensiones de que dure toda la vida”, comenta este licenciado en dolores de codo ajeno.

Tal anacrónico raciocinio hace con que mucha gente piense -mismo no teniendo materia gris entre oreja y oreja-, como es posible que así sea, si nuestros antepasados pasaron la vida entera juntos. Aunque aquí cabría preguntarse: ¿cuál era esa expectativa de vida que ellos tenían?

Actualmente, a cada año que pasa, la expectativa de vida aumenta por cuenta de mejoras en la salud, nuevos medicamentos y avanzos en la tecnología, por tanto, las relaciones tendrían más tiempo para durar. Sin embargo, uno debe preguntarse: ¿Será que estamos preparados para ello?… ¿Es posible amar y mantener tesón por una misma persona con quien durante 30, 40 o 50 años dividimos la vida, la cama, las cuentas, las frustraciones, y, claro, las alegrías?

El secreto, mi febril leyente, tal vez no radique en querer colocar un plazo de validad en el relacionamiento, y sí en mantener los ojos abiertos y establecer ciertos parámetros para la pareja, los que les irán mostrar cómo es que anda el índice de felicidad en su casa.

Mirar para el relacionamiento con sinceridad es extremamente importante, así como buscar ser feliz. Así que, cuando eses índices no estén bien, la pareja puede intentar mudar los caminos, las manías, los objetivos, las vivencias… Aunque siempre es bueno recordar que lo más importante no es tener alguien al lado, más bien, diría que es ser sincero consigo mismo y recordar que ni todo el mundo precisa buscar la misma cosa en la vida… Ser feliz es lo que realmente importa, de la manera que sea.

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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