Cómo Olvidarte


Cada día es un comienzo nuevo, porque esa es la hora y el mejor momento para amar y ser amado, cuando todo se asemeja a las eternas rocas que sobresalen mismo estando enterradas en la tierra. Quien las contempla sabe que son motivo de escaso goce, pero al mismo tiempo comprende lo cuanto son necesarias para el equilibrio del mundo.

Pero a mí me persigue su sonrisa… maldita sea. ¿Alguien ha visto alguna vez un atardecer en la playa? Ella tiene esa misma calma, la misma magia, el mismo hechizo, pero en su boca.

Cuando llega la noche la almohada pide que le hable de otras cosas, que le cuente algo más interesante. Perdidos en esas pláticas ahogadas, de a poquito en poquito experimento olvidar lo que por las noches tanto me ha hecho llorar, hasta que el perdón logre borrar lo que el tiempo no pudo.

A bien verdad, en absoluto podremos olvidar totalmente a quien amamos, si es que en algún momento de nuestra vida escuchamos juntos una canción y la hicimos nuestra.

 

 

Desamor


114-desamor

Vaya esa suerte mía, ya que tengo libertad para elegir como pensar, como pasar el tiempo que me resta y cómo afrontar la vida. Dicen que para una mente amplia, nada es pequeño en este mundo incrédulo.

Estoy cansado de amores fugaces. De ahora en adelante  buscaré solamente un amor que sea a fuego lento. Un amor en el cual sus besos sean como carbones ardientes que me traspasen y los pueda sentir en el alma.

Nunca más buscaré una persona perfecta para quererla a mi lado. Intentaré descubrir a quiera dedicarse junto a mí a hacer simplezas por la vida. A alguien que me trate bien y que le encante estar conmigo.

Usted sabe que en esta excursión hacia la muerte que es la vida, ya me sentí bien acompañado junto a usted, pero hoy me siento casi sin respuestas cuando imagino que allá lejos, allende del horizonte gris, quizás usted crea poco y nada en mis dogmas antes de dormirse, como quizás no le importe cruzarse fugazmente conmigo en los pasillos de mis sueños.

Quizás esté demás decirle que por su causa, a esta altura ya no creo en predicadores ni en ordinarios ni en oradores de oropel. Como tampoco creo en el arrepentimiento de los verdugos y los impíos, o en el doctrinario catecismo del conformismo de los abnegados, ni en el flaco perdón de Dios, ni en quien jura amor y luego se olvida.

A esta altura de la vida sólo creo en las manos que me tocan y en los ojos que me miran. En especial, diría que en vuestros ojos y en vuestras manos en particular, visto que toda usted es como la ambivalencia poética de la cicatriz, que tiene dos mensajes claros: aquí dolió, aquí sanó.

Pero como lo nuestro aun no sanó ni sanará tan fácil, brindemos ahora usted y yo por lo que fuimos y ya no volveremos a ser, por lo que me dio y le di, mismo que ninguno de los dos supiese percibir a tiempo que nuestro amor existió por lo que fue en su momento.

Brindemos asimismo por ese vuestro desamor y por la nostalgia del ayer, por ese orgullo que usted no abandonó y  por la insistencia que yo no supe guardar.

Dejémonos un beso final de los míos que usted no besó y  por sus besos que ya no besaré nunca más.

Expiración


4- expiración

Necesitamos estar preparados para el día que caiga la cortina del último acto. Es imperioso decirlo, y más aún reconocerlo. Infaliblemente, cuando esa umbrosa andanza nos alcance, nada llevaremos para esa emigración eterna destinada hacia el más allá de la vaporosa línea que separa el horizonte del reino celestial.

Todo personaje mundanal anda descalzo por la vida en un mundo que pasa sin interrupciones pero con prisa. Y mismo así, al partir, todos dejaremos detrás los perdones que no pedimos, los amores que no vivimos, los sueños no realizados y nos iremos con lo puesto.

Retóricamente, en ese último viaje de la vida, cuando la noche inesperada nos atrape sin más y nuestros párpados sucumban en la oscuridad, sólo habremos de llevar lo que tenemos dentro, en el alma, en la mente y el espíritu.

Vivamos la vida hoy, porque a partir de ese entonces ya no habrá una boca seductora a reclamar besos imposibles, ojos que amen en silencio en cuanto miran bobalicones, propuestas que quedaron ahogadas en el apocamiento de la integridad, manos suaves que acaricien cuerpos ardientes o desalientos que fueron esperanza un día y se marchitaron en el corazón como flor arrancada con prisa de su tallo. Tampoco ha de existir una nueva oportunidad para entregar esas promesas de amor que cierto día abortamos por causa de otros alborotos.

Luego de expeler el último suspiro, inmóvil y tieso, el cartujo más taciturno ya no podrá distinguir como su piel se convierte en pellejo hasta secarse y transmutar de pronto en un ajeado pergamino. Ya de nada valdrán entonces las experiencias vividas y sus demás minucias, y por acaso el recuerdo de nuestro nombre será como un paisaje que llena el contorno de quienes aún no han partido.

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