Clemente Memoria


44-memoria

Con ojos casi siempre llorosos no a causa del llanto sino por la propia vejez, puedo reparar con cierta fascinación las ajadas palmas de mis manos. Me embarga una pena verlas tan mustias, pero no alcanzo a echarles en cara el hecho de que ellas ya no conserven el recuerdo táctil de las mujeres que amé y otrora mil veces acaricié, aunque en la mente sí las siga teniendo bien presentes.

Es gracias a ellas que hoy puedo recorrer plácidamente aquellos cuerpos como quien pasa el rollo de una película de amor y detener la cámara a mi gusto para fijarme en un cuello que ya no sé bien de quien era pero que siempre me conmovió; en unos pechos que tampoco recuerdo a quien pertenecen pero que durante varios años me hicieron creer en algún dios; en una cintura delgada que reclamaba por mis brazos que en aquel entonces eran fuertes; en cierto pubis de musgo rojizo, un matorral de lujuria que tanto se aparecía en mis ensueños como en mis pesadillas; o hasta en un par de labios gruesos de un rojo oscuro como sangre de toro brioso brotando entre las venas, siempre sedientos de besos de salacidad.

Lo más curioso de todo, es que a menudo me acuerdo de algunas partículas de los cuerpos y no de los rostros o los nombres. Sin embargo, otras veces recuerdo un nombre y no tengo muy clara la idea de a qué cuerpo correspondía

Pero existe un nombre que recuerdo junto a su cuerpo. Claro que es el de mi mujer. Es que estuvimos tantas veces juntos, ya sea en el dolor pero sobre todo en el placer, que se me hace imposible borrarla de la memoria. Como no fuimos solamente cuerpos que han vivido los años, ella, mientras pudo, supo muy bien cómo hacerlo.

En aquel entonces me bastaba una miradita de sus ojos saltones para que se me pusieran los nervios de punta. Es que mi mujer parecía verle a uno hasta el hígado. Y hasta puede ser que ella imaginara que yo tenía mis cosas por ahí, sin embargo, jamás me hizo una escena de celos, esas porquerías que termina por corroer la convivencia.

Sueños Delirantes


10- noche de sueños

Llegó repentinamente a mi sueño despojada de todo pudor en medio de la niebla de la madrugada, para susurrar suplicante a mi oído: ¡Ámame!… ¡Haz de mí tu mujer!

Postrado e indefenso frente a mi hada de la noche, mis dedos torpes se entrelazaron en sus cabellos y mis labios se unieron a sus labios en un largo beso sediento y ambicioso, mientras tanto mi mano palpitante se entregaba mil veces a recorrer lentamente su cuerpo de la cabeza a los pies.

Así, en medio a incalculables cariños, la fui acariciando suavemente con dedos perdidos sobre una piel dócil y perfumada como quien toca de leve los pétalos de una rosa.

Mi boca recorrió entonces su espalda, despacio, lenta, sin prisa, sin prontitud alguna que me impidiese dejar cada milímetro de su piel sin besar. Miles de besos y caricias cubrieron su cuerpo como si se tratase del regio manto de una soberana a cubrir su hechura femenina y grácil.

Mis zafios labios anhelantes llegaron entonces hasta su cintura, su vientre, y en los encaracolados bellos de su pubis mi boca sedienta se perdió en otros labios húmedos y deseosos para arrancarle gemidos y suspiros incontenidos.

Luego mis labios alcanzaron sus tiernos pechos, y en dos pequeños y tiesos botones de rosa encarnada se solazaron pausados hasta lograr aplacar mi sed, sorbiendo de ellos el néctar de la vida que alimenta y nutre.

Iracundamente, nuestros cuerpos se agitaron entre mil piruetas cuando su sexo y mi sexo se convirtieron en un sólo objeto falto y exhausto de pasión y afecto. Perdidos entre infinitos corcoveos desenfrenados, nuestros susurros dieron lugar a perenes gemidos y a esos clamores de euforia que causa un acto de amor.

De repente ella arqueó la espalda y el volcán de la vida explotó dentro de sí, cuando la lava caliente roció sus entrañas hasta tocar su alma, dejándonos desmayados y perdidos entre un abrazo… La enajenación matutina nos encontró de manos entrelazadas, abrazados en un único cuerpo oscilante y vibrante en cuanto nos entregábamos involuntarios al regocijo.

Cuando el crepúsculo mañanero corrió de vez el velo de la noche, al abrir mis ojos noté con pesar que la luz del día disipara de mis brazos la dulce maga de mis sueños…

 

Lo Qué Ellos Miran en las Mujeres


Sé que para algunos singulares este asunto puede llegar a sonarles fenomenal, aunque para otros pueda parecerle insólito. Con todo, de acuerdo con una investigación que fue realizada por la empresa detallista inglesa de lencería, “Bluebella”, cualesquier mujer de este mundo lleva más tiempo preparándose y arreglándose para un encuentro de lo que para una entrevista de empleo, principalmente cuando ese encuentro tendrá un carácter sexual y será -como ella especula- el primero de muchos que aun estarán por surgir. En realidad, mi emotivo amigo, es que ellas gastan, en media, seis horas para emperifollarse antes de dormir con un individuo por la primera vez.

Mismo que a usted le parezca un poco excesivo, tiene que reconocer la intrigante realidad, pues no hay duda de que las mujeres piensan en todo mismo antes de quitarse la ropa en la frente de alguien: manicure, pedicura, depilación, cabello, maquillaje, sobreceja, ropa, y por ahí va. Empero, a pesar de gastar horas y horas arreglándose sólo para después tirar todo frente a alguien, parece que todo eso no es lo más importante.

Por tanto, para colocar las mujeres a prueba, a los de la revista “Men’s Health” se les ocurrió preguntar a sus lectores sobre lo qué es que ellos realmente observan la primera vez que hacen sexo con ellas. Pues bien, mate su curiosidad y confiera a seguir cuales fueron las respuestas y, por qué no, sorpréndase, pues desde ya le adelanto que estas no incluyen pechos, celulitis, nalgas o partes pudendas.

Confianza – A bien verdad, la confianza de ella en la cama es una de las cosas que definitivamente un sujeto querrá poner el ojo así que las ropas de ambos se caigan al suelo… ¡Mujer! Entienda que él no estará analizando aquel pelo enclavado escondido en las profundidades de su ser, y mucho menos observando milimétricamente su cuerpo a procura de algún defecto. Raciocine: si ustedes dos están desnudos en la cama, es por qué, como mínimo, él debe estar con mucho tesón. Por tanto, lo que él irá reparar mismo es lo cuan confortable usted está allí con él y lo cuan segura de sí usted es.

Movimientos – Sí, muy importante. ¿Y sabe por qué? Porque los hombres adoran cuando las mujeres toman las riendas en la cama. Eso es algo que simplemente captura su atención mucho más de que cualquier imperfección. Todo es perdonable a partir del momento que usted también participa del acto sexual, y no parece una de esas “María Mole” acostada de espaldas sólo esperando el show terminar. Entonces, si usted quiere dejar aquella “buena impresión” en la hora del vamos ver, intente realizar movimientos diferentes, desde que, claro, usted esté habituada a ejecutarlos, e incluso, pruebe con posiciones donde usted tenga mayor control de la situación que su pareja. Sabios garanten que él no irá reclamar, y mucho menos desaprobar.

Ojos – De acuerdo con la revista “Men’s Health”, los ojos fueron la parte del cuerpo más mencionada entre los mirones lectores. Entonces, ya que usted irá gastar algunas horitas embelesándose para el encuentro, no se olvide de dar aquella atención extra -en este caso, llamado de maquillaje- para realzar sus ojos aún más.

En todo caso, mi vacilante señora, si usted no hace parte de ese selecto grupo de mujeres que gasta muchísimo tiempo emperifollándose -aunque eso probablemente la ayudará a sentirse más confiada en la hora del “vamos ver”- entonces ni entre en neurastenia, porque puede ser que el maquillaje pase desapercibido. Al fin de cuentas, de cualquier modo él mirará para sus ojos, estén acicalados o no.

De todos modos, mi tristona amiga, se recomienda que apenas recuerde en la hora de la fiesta picaresca, que para seducir al hombre debajo de las sábanas existe toda una combinación de movimientos y actitudes que irán envolverlo, y no apenas una única opción. Tenga en cuenta que probablemente el individuo ya estará tan excitado al ver su cuerpo desnudo, que mal irá observar que usted no pasó por el salón de belleza antes del encuentro para dar aquel retoque extra en su visual.

Pensando mejor, claro que la innovación mudará el concepto ético de ciertos funámbulos regionales, aún más si el laconismo intelectual persistir y la apatía oficial perdurar, bien como pretender utilizarse de beneficios futuros para distinguir la “Verdad Ilusoria de la Mentira Civilizada”… O lo que es mejor, estar aptos a caer de rodillas, agradecer a los cielos y, al final, haciendo crujir la dentadura que ni castañuelas, contando con la inmortalidad, sentado en una silla austriaca, finalmente uno poder contar historias interesantes a nuestros letárgicos nietos… ¿No es fantástico?

(*) Si desea, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Con los Pechos Libres de Pecado


No sé bien por qué se me ha dado por registrar tan pecaminoso titular, pues bien sé que un gentío de corazón frívolo hallará que no es por nada, que el grupo feminista “Femen” se haya mostrado sumamente preocupado por causa del pedido de lapidación de su activista Amina Tyler en Túnez, una versátil fémina que se sintió deslumbrada con la delineación de sus pechos, y acabó por publicar su propia foto en topless en Facebook.

Y todo, porque resulta que hace un par de semanas, un grupo de Facebook de seguidoras del umbroso movimiento feminista “Femen” en Túnez, acabó por ser pirateado tras la aparición de fotografías de dos tunecinas en topless.

A partir de ahí, las mujeres pasaron a ser criticadas por un líder radical islámico que dijo que ellas merecían ser azotadas y lapidadas hasta la muerte.

De igual modo, antes que el crédulo leyente emita su conspicuo veredicto, cabe recordarle que, tanto éstas como otras muchas mujeres de “Femen”, se han hecho famosas por sus provocadoras acciones callejeras en defensa de los derechos de las mujeres, en muchas de las cuales aparecen semidesnudas… Lo que es idílico.

Pero tras la reciente aparición en foros de internet de una joven tunecina en topless, identificada como Amina Tyler, para protestar por la situación de la mujer en su país, el líder religioso Adel Almi, presidente de la organización civil tunecina de corte salafí “Asociación Moderada para la Concienciación y la Reforma”, terminó por sugerir que la joven fuera azotada y lapidada… Lo que mí, sería un desperdicio.

En todo caso, éste religioso comentó al diario tunecino “Assabah News”: “Esa joven, según la ley islámica, merece recibir entre 80 y 100 latigazos, pero lo que hizo supera eso por mucho, por lo que merece ser lapidada hasta la muerte”.

De acuerdo con sus palabras, para Almi, “habría que ponerla (a Amina) en cuarentena, porque lo que ha hecho puede ser contagioso y ella sufre una enfermedad peligrosa”… Pero dichosa, dirán más de mil.

En todo caso, cabe resaltar que la pena de muerte por lapidación, sólo se recoge en la tradición jurídica islámica para casos de adulterio, lo que no es exactamente lo que ésta chica realizó… Y mucho menos, es una enfermedad contagiosa.

Sin embargo, tras las ominosas declaraciones del jeque, una otra tunecina se sintió determinada a colgar en Internet una foto suya en solidaridad con Tyler, en la que también aparece con los pechos descubiertos y con una frase escrita: “Mi cuerpo me pertenece y no representa el honor de nadie”, que por ser una chica algo falta de ideas, resultan ser las mismas palabras que Tyler escribió sobre su piel.

Como sea, la dirección del grupo “Femen” expresó su preocupación tras la “fatua” que fue emitida por el imam tunecino Adel Almi solicitando que la joven Amina Tyler sea latigada en cien ocasiones y lapidada hasta la muerte por la publicación de estas lindísimas fotos… Que al propio Adel no le gustó nada.

Dicho grupo, a través de un comunicado en dicha red social, se tomó el trabajo de exteriorizar: “Los islamistas radicales tunecinos, representados por Adel Almi, desean la muerte por lapidación de una joven tunecina que se tomó una foto desnuda y la subió a Facebook para respaldar al movimiento Femen”… Y mostrar lo cuán bien se ha desarrollado físicamente después que vino al mundo como Dios mandó.

El mismo Femen indicó que intentó contactar con Tyler “sin éxito”, y ha mostrado su preocupación por la vida de la joven, según informó el canal de tv “Telecinco”. Asimismo, este grupo denunció que “la islamización radical y la destrucción de los ideales de la Primavera Árabe”… “¡Las mujeres y su valor no cederán ante estos monstruos barbudos!”, concluyó el portavoz, sin aclarar lo que quiso decir con eso de “Primavera”… A no ser, que por qué en esa estación, todo florece y aparece… ¿No es verdad?

(*) Libros impresos o en versión e-book del autor, están disponibles en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Cuando el Pecho nos Ahoga


Saber que muchas veces las cosas no son como parecen ser a simple vista, y que muchas veces una segunda mirada -en el descote- nos puede mostrar facetas desconocidas y motivaciones sorprendentes, es lo que nos ayuda a comprender mejor lo que nos rodea. Claro que eso es querer presumir que sería la manera más hermosa de usar el raciocinio con que todos los humanos venimos al mundo.

Pero quién nunca duda ante nada, diría que es sospechoso de viejos pecados: la estupidez y la autosuficiencia. Por tanto, a veces pienso que es mucho lo que a la Justicia le queda para cambiar sus métodos. Es mucho lo que aún se daña a la verdad y a la equidad para juzgar el prejuicio de los sabelotodo que condenan de antemano sin el menor atisbo de eso que forma parte de nuestra naturaleza: la duda, o sea, la posibilidad de que no todo sea tan obvio e indiscutible.

Pero no deberíamos confundir esos principios vitales y civilizados, con la falta de flexibilidad con la que muchos fanáticos fundamentalistas van por la vida escupiendo sentencias y situándose más allá del bien y del mal. Por eso creo que la duda nos hace bien y, que la perspectiva de los otros muchas veces nos ayuda a encontrar nuevos caminos que nos abrirán puertas que creíamos infranqueables.

Sin embrago, mi carismático leyente, y como ya nada nos asusta en este mundo, debo notificarle que a un morador de la ciudad de Unna, en Alemania, se le dio por querer acusar a su pareja de intentar matarlo luego después de mantener una sofocante relación sexual. No en tanto, a pesar de la gravedad que el caso propone, lo que llama mucho más la atención es el extraño adminículo de agresión que utilizara la mujer: “sus propios senos”.

Pues bien, una vez que usted ya haya administrado su carcajada, le advierto que de acuerdo con lo que cuenta el periódico “Bild”, este joven de 34 años casi se murió a continuación de que su compañera intentara sufocarlo con sus pechos. Conforme con lo que narra la víctima, parece que la despechada fémina se sentó en su barriga y comenzó a presionar su cabeza contra el busto… “Y yo no conseguía respirar y por eso comencé a ponerme azul”, relató el jadeante joven.

De acuerdo con lo que describió, en un último esfuerzo sobrehumano, el hombre consiguió soltarse y huyó para la casa de su vecino, donde entonces solicitó la ayuda de la policía… lo que nos hace suponer que el vecino se habría quedado atemorizado ante tamaña ubre humana.

Como se sabe, mi amigo, en casos así suelen aparecer testigos sordos y miopes que llegan a asegurar ante cámaras, haber oído perfectamente los gritos de la víctima y de haber visto, a pesar de la oscuridad del recinto, los rasgos del presunto asesino. Además de aquellos procedimientos policiales turbios y demasiado tardíos que dejan fuera de sospecha a verdaderos criminales haciendo caer la culpa en los más débiles.

Pero ante ese cúmulo de confusiones, siempre debe estar el juez: incorruptible, sin prejuicios, fiel a su juramento de honor al recibirse, sin aceptar presiones despechugadas de la opinión pública o de la conveniencia política; firme pero flexible, seguro pero no omnipotente, y tan predispuesto a la justicia como a la duda, y sólo entonces ponerse a examinar con sus propias manos el arma utilizada por la presunta delincuente.

En todo caso, después de lo ocurrido, el hombre fue a preguntarle cuales había sido los motivos de la mujer, -ahora su ex-novia-, a lo que recibió una respuesta todavía más inusitada que su propio acto, cuando ella le respondió. “Quería tornar tu muerte más confortable, querido”.

Pero como la duda y el cambio son dos maneras de honrar nuestro paso por la vida, le aviso que de acuerdo con las autoridades locales, la muchacha sufre de problemas mentales; aunque el referido ataque ocurrió en el mes de mayo de este año, pero solamente ahora ganó destaque después del ahogado hombre entrar con una acción de reparos en la Justicia contra a mujer.

De todos modos, más que mirar e imaginar cómo sería aquella arma, necesitamos entender la rebeldía del joven o la del magistrado, y comprender como sería esa lucha por ideales de justicia que no incluyan violencia indiscriminada como medio, para no condenar antes de comprender los móviles de la conducta humana… ¡Rimbombante y teutónico!

¿Cuál es el Mejor Soutién?


Esto es algo así como la fábula del lobo, que ése, aceptando el riesgo de equivocarse, inmolaba a los corderos tiernos a cuenta de los carneros endurecidos en que estos acabarían por convirtiéndose un día, o de los otros que les habían dado al ser.

No podemos discordar mucho de tal parábola, porque antes, todo era mucho más sencillo, y cualquiera podría llegar a ser un dios; pero ahora ya no, ahora nos pasamos la vida interrogándonos sobre si las aguas ya vienen turbias de la fuente o si fueron enlodadas por otras travesías.

Son crueles dudas que avivan en el espíritu una pequeña llama de curiosidad, o como si a nuestro alrededor se reuniesen millares de personas para oír discursos, frases y palabras que aplaudirán, dejando la convicción en unos y otros, los que hablan y los que escuchan, que por ser mujeres de naturaleza tan poco indagadora, serán indulgentes con las expresiones de los rostros y de los gestos.

Pero en fin, no sabiendo a ciencia cierta porque he escrito tal cosa, y volviendo a lo que expresa el exordio inicial comúnmente llamado de “título”, les diré que algunos apuntan con convicción, que lo primero que debe hacerse, es conocer el talle que le corresponde a cada una. Y aunque eso parezca simple, existen estudios que aseguran que cerca del 80% de las mujeres desconocen cuál es el que le corresponde.

Por lo tanto, para revertir tal negligencia, se debe tomar en cuenta que la talla se mide con un sostén puesto -en el pecho-, y una cinta de medir. Y estos mismos escatológicos avisan que, en Latinoamérica, a diferencia de Europa, el contorno se refleja en pulgadas. E inclusive, es bueno recordar que la cinta métrica no debe apretar los pechos, sino que debe quedar justa, mientras se mide con los brazos relajados… Pero si no sabe como hacerlo, por favor, avíseme que yo le ayudo.

Luego, la cinta se pasa justo por debajo del sostén, más o menos a la altura de las axilas. Y la diferencia entre esta última medición y la anterior, es la letra de la talla que corresponde; A (13 cm), B (15 cm), C (17 cm), D (19 cm) y DD (21).

Pero para quienes no lo saben, también es fundamental que las barbas de los sostenes no queden jamás apretando el busto al extender los brazos hacia arriba como cuando están dando gracias al Cielo por algo, ni tampoco que esté muy ajustado en el tórax, ya que podría traer malestares como neuralgias intercostales, según declaran estos “bustiales” especialistas.

“Un sostén que aprieta mucho, puede hacer presión en el nervio intercostal -ubicado entre las costillas-, produciendo una inflamación y un dolor que, a veces, es bastante invalidante”, es lo que afirman los expertos, agregando que ésta sería la mayor molestia que podría tener un sujetador muy apretado, descartando otros males que a veces se cree puede provocar, como quistes… Es algo así como si los hombres usasen calzoncillos apretados… Muy, pero muy incómodo, porque le aprieta el otro nervio.

Por otro lado, otra especialista en moda, aconseja fijarse bien si se está vistiendo un talle correcto del sostén, ya que muchas veces, cuando la copa A, B, C o D, es más grande de lo que debería, se tiende a ocupar los últimos broches del sostén, subiéndolo considerablemente en la espalda, algo que, por lo demás, hace que se asome cuando se lleva una polera de pabilos, por ejemplo.

Lo ideal, -recomiendan-, es que la prenda quede al mismo nivel por delante y por detrás y que quede perfecta en el primer broche. Así, a medida que se va usando más la prenda y va cediendo con el paso de los meses, se puede ir ajustando para que quede más firme… Eso es por causa de la vieja ley de física, tanto para el busto como para el sostén.

Asimismo, no es poco común que se acorten los tirantes cuando se siente que el sostén no está sujetando como corresponde. Eso sólo indica que la talla es incorrecta o, si ya ha pasado un tiempo, que es hora de comprar unos nuevos. En ambos casos, se deben preferir aquellos que tengan los breteles acolchados o, ojalá anchos -sobre todo si se tiene mucho busto- para evitar que se entierren en los hombros.

Claro que dependiendo del tipo de pechos que madame tenga, los dueños de las tiendas le dirán que hoy existen distintas opciones, con o sin push up, con éste abajo para subir o a los costados para unir, y con distintas formas, según el escote que se vista.

Lo principal, agregan los expertos, es que el busto siempre quede dentro de la copa, -obvio-, que los lados del sostén sean amplios y, si se es de talla grande, que el centro que une las mamas sea grueso…

Sin embargo, los otros expertos, aquellos que son sabios en el arte de lo amatorio-erótico-sexual, dirán que no usar ninguno, es lo más recomendable en estos casos… Entonces, porqué hemos de dudar sobre lo que estos dicen, si al final ellos son versados peritos en este asunto… ¿Usted no está de acuerdo?

La Técnica de la Abuela para Aumentar los Pechos


Aumentar hasta dos tallas el tamaño de los pechos, embellecer el rostro o elevar los glúteos, son algunos de los sorprendentes resultados que promete una terapia tailandesa que prescinde del bisturí para moldear las carnes. Ella se realiza base de manotazos y pellizcos dados con fuerza y mucha habilidad, y sin necesidad de pasar por una cirugía. “Es muy sencillo si uno hace caso a esta terapia tailandesa”, asegura la encargada de la clínica “Tobnom”, expresión cuya traducción literal es “Palmea pechos”.

“Aprendí esta técnica de mi abuela, que a su vez la aprendió de su madre, pero soy la primera generación que abre un negocio al público y con licencia del gobierno”, explica la esteticista Khemmikka Na Songkhla en su clínica Tobnom.

Además del dolor que aparentemente causan las fuertes palmadas de la masajista, todavía las pacientes tienen que pagar una factura que oscila los 470 dólares en el caso de que la hayan recibido en el rostro, y de 1.500 dólares si ha sido en las caderas o los glúteos… ¡Una pichincha!

Yo pienso que algunas tendrán que empeñar hasta la dentadura, porque “el precio aumenta en las partes que necesitan más esfuerzo”, según lo explica Khemmikka, de 54 años, quien asegura que durante el cuarto de siglo que se dedica profesionalmente a esta actividad, ha tratado a unos 10.000 pacientes, muchos de ellos en su establecimiento de Bangkok.

Las terapias requieren un mínimo de cuatro sesiones de entre tres y veinte minutos cada una y aplicadas en días diferentes y, los resultados, según esta mujer que dice ser esteticista, perduran durante uno y tres años… Todo dependiendo del deterioro físico del paciente, claro.

Para Khemmikka, los manotazos y pellizcos, que da con una habilidad notable, consiguen modelar la fisonomía del cuerpo de una forma natural, más barata y natural que una operación quirúrgica. El sentido del humor también es importante para esta esteticista que, además, ha ideado un extraño baile en el que se mezclan movimientos sensuales, música pop y una letra con referencias eróticas para lograr realzar los pechos de su clientela… ¡Fantástico!

Entre sus pacientes, -la inmensa mayoría mujeres tailandesas y extranjeras-, abundan aquellas que la primera vez que acuden a ver a Khemmika llevan consigo la fotografía de actrices, modelos o damas famosas como por ejemplo, la de Carolina de Mónaco, con la esperanza de que con ese tratamiento su rostro mejore de aspecto o sus pechos agranden o adquieran rigidez… En este caso, para las abuelitas no hay solución.

Ataviada con una extravagante túnica azul, tantas flores sujetas al pelo que parece portar un florero en la cabeza, y con un montón de baratijas y amuletos dorados entorno a las muñecas y cuello, Khemmikka cachea y hasta golpea con los puños las carnes de su paciente siguiendo el ritmo marcado por canciones tailandesas o algún tema de Lady Gaga… “Además de ayudarme a la concentración, la música y mi baile ayuda a que el paciente se relaje”, indica la esteticista al tiempo que entre comentario y comentario, alude al dinero que ha ganado con este negocio.

Para evitar malentendidos, los clientes firman un contrato que detalla los resultados que se perseguirán con el tratamiento, como la talla de los pechos, que Khemmikka considera que puede conseguir, siempre y cuando la fisonomía de la clienta lo permita. “Estoy contenta con el tratamiento, hasta mi madre ha visto que tengo un lado de la cara más bajo que el otro”, dice una paciente, tras recibir tratamiento en la mitad izquierda mientras espera recibirlo en la totalidad de la superficie facial. “Duele bastante, pero merece la pena”, agrega.

Pero también esta técnica tiene sus detractoras. Hace algo más de una década, una clienta que desarrolló un cáncer de mama responsabilizó de ese mal a Khemmikka y a su tratamiento para incrementar el volumen de los pechos. A raíz de el denuncia, el ministerio de Sanidad tailandés abrió una investigación y, tras seis meses recabando pruebas, certificó que el tratamiento a base de palmadas no era nocivo para la salud y le concedió en 2003 una licencia para operar como centro de medicina tradicional.

“He enseñado mis secretos a tres personas, todas tailandesas, aunque les hice firmar un contrato para que no puedan enseñar a otros hasta que no hagan méritos en su trabajo”, señala Khemmikka, quien presume de tener unos pechos envidiables a sus 54 años… Pienso que con tantos contratos firmados, eso debe ser un plato lleno para cualquier ávido abogado.

La propietaria de “Palmea pechos”, que cobra precios astronómicos por enseñar su técnica en “diez días”, atribuye parte del éxito de su negocio a la devoción que tiene por “Chuchok”, un anciano de pelo largo y canoso y opulenta barriga, así como infinidad de extraños amuletos. Un siniestro y contradictorio personaje sobre el que la leyenda popular dice que otorga riqueza a aquellos que son sus fieles devotos.

Una vez enterados de esta quimera, no hay que olvidarse, claro está, que el corazón de la gente dura por toda la vida, mientras que sólo los dermatólogos y las gallinas van directo al grano… ¡Espectacular!

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