Nunca Imite a Papá Noel


No es invento mío, pues de acuerdo con ciertos historiadores y folcloristas, el “verdadero” Papá Noel fue una persona de carne y hueso, más precisamente en la figura de San Nicolau Taumaturgo, un arzobispo turco del siglo IV. Cuentan que él tenía por costumbre ayudar a las personas pobres de la ciudad de Mira, colocando monedas de oro en las chimeneas de sus casas durante la época de Navidad. Años más tarde, diversos milagros fueron atribuidos a San Nicolau, hechos que lo llevaron a tornarse santo… Con dinero ajeno. Con todo, su imagen como símbolo navideño tuvo origen en Alemania, y de ahí se desparramó para el mundo entero.

Una de las personas que ayudaron a dar fuerza a la leyenda de Papá Noel, fue Clemente Clark Moore, un profesor de literatura griega de Nueva York, que lanzó el poema “Una visita de San Nicolau” en 1822, el cual escribiera para sus seis hijos… Porque evidente que desde aquella época, que con un sueldo de profesor, es imposible comprar regalos para todos.

Pero en fin, resulta que en su poema, Moore divulgaba la versión de que el barbudo y simpático viejito viajaba en un trineo tirado por renos. Como también ayudó a popularizar otras características del añoso personaje, como lo es el hecho de él entrar siempre por las chimeneas… Por lo que también debía ser mágico, ya que lo hacía sin ensuciarse la ropa.

Y ya que tocamos en el tema de los conductos, el caso de las chimeneas, inclusive, es uno de los más curiosos en la leyenda de Papá Noel. Algunos estudiosos -no necesariamente de conductos existentes al pie de las cervicales-, defienden que eso se debía al hecho de que varias personas tenían la costumbre de limpiar las chimeneas durante el Año Nuevo para permitir que la buena suerte entrase en sus casas durante el resto del año… Pero como eso nunca ocurría, luego las sustituyeron por estufas a gas o eléctricas.

Es cierto, también, que a una multitud se le ocurre imitar durante la navidad lo que hacía este buen samaritano, y es factible que fuese eso mismo lo que llevó al norteamericano Joshua Maddux a una proeza tal que, por supuesto, acabó mal. Su cuerpo fue encontrado recientemente embutido dentro de la chimenea de una casa en Woodland Park, estado de Colorado, siete años después del jovenzuelo haber sumido sin dejar noticias.

En mayo de 2008, Joshua dijera a sus padres que iría salir con los amigos para dar una vuelta, pero nunca retornó. “Yo me levanté una mañana y él no estaba. Nosotros pensamos que él iba salir con sus colegas y retornar, pero nadie más lo vio. Desde entonces nunca volvió para casa”, dijo el padre del muchacho, Michael Maddux.

Recientemente, los restos mortales fueron encontrados por un equipo de demolición encargado de la derrumbada de toda la estructura del antiguo inmueble. Y a pesar del caso haber acontecido el último mes de agosto, fue necesario realizar algunos exámenes para la confirmación del DNA de Joshua. Como la osamenta no presentaba claros señales de traumas, su muerte fue considerada accidental; o sea: el muchacho -creyéndose un Papá Noel- probablemente intentó entrar en la casa por la chimenea y acabó quedando preso allí mismo.

En entrevista concedida al periódico “NY Daily News”, el dueño del inmueble admitió no haber visitado el lugar, una especie de cabaña -como la del Tío Tom- apartada de la ciudad, siquiera una vez durante los últimos diez años. Con todo, a pesar del choque emocional, la familia de Joshua dice estar aliviada por finalmente haber sido solucionado el misterio en torno del desaparecimiento del joven.

No imagino si lo que dicen es verdad, pues, como se sabe, abastezco mi yesquero con Fantasías, que nada más es que un saludable proceder que me permite contener la creciente y descontrolada furia de la natalidad, acreditando de forma inconsciente, enfática y aleatoria, que la humanidad nada más es de que una simple cuestión de “habas contadas”… ¡Pura ilusión!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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Plétoras Navideñas


Cuando alguien menciona a Santa Claus, San Nicolás, Viejito pascuero, Papá Noel, Father Christmas, Père Noël, Babbo Natale, el Tió de Nadal, o cómo miércoles sea que lo llamen en su pueblo, lo primero que a uno le llega a la cabeza es la imagen de un individuo obeso, barbudo, sudoroso, fatigado pero siempre sonriente, que vive en las proximidades del Polo Norte junto a la gorda Señora Claus -alias Noel o como sea- y una gran cantidad de “Duendes navideños” que le ayudan en la fabricación de los juguetes y otros regalos que le piden los niños a través de cartas; para, como por arte de magia, él salir en la noche del 24 de diciembre andando en un trineo mágico volador, tirado por “renos navideños”, liderados por Rodolfo (Rudolph); un reno que ilumina el camino con su nariz roja, brillante y potente, que es seguido por media docena de otros cornudos renos con mirada bobalicona.

En realidad, esa y todas las otras leyendas similares que nos hablan de éste evento son tan viejas como la humedad, y de alguna manera los mayores se han encargado de contarlas y repasarlas a los niños, y así sucesivamente esto viene aconteciendo por décadas “per saecula saeculorum”… Aunque a veces siempre se puede innovar.

Pues bien, justamente eso último fue lo que sucedió cuando el místico Papá Noel se adelantó algunas horas en Hong Kong el último miércoles, cuando un coche de transporte de valores dejó caer, aparentemente sin percibirlo, billetes en el valor de dos millones de dólares americanos, para la inmensa alegría de los pedestres y conductores que pasaban por el lugar.

Por algunos instantes la circulación en la calle de Gloucester, centro de la ex colonia inglesa, fue paralizada, porque los conductores y pedestres que andaban por allí se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y corrieron para recoger los dólares, antes de que ellos comenzasen, literalmente, a volar.

En total, fueron perdidos 15,23 millones de dólares de Hong Kong, lo equivalente a 1,96 millón de dólares americanos.

Conforme llegó a narrar el comisario de policía Wan Siu-hung, el chofer del coche transportador de valores no notó que durante la media hora que duró su trayecto, la puerta trasera del vehículo no estaba bien cerrada… O fuera abierta por la mano maga del gordo barbudo que anda siempre de rojo.

En consecuencia, dos cajas de metal conteniendo dinero se cayeron a la calle y éstas se abrieron, desparramando las cédulas.

Evidente que la policía isleña llegó rápidamente al lugar, equipada con cascos de protección y porras, para intentar recuperar el dinero perdido.

Por supuesto que el conductor del camión de transporte de valores solamente percibió el incidente al llegar a su destino.

Conforme alertó un comunicado de la policía de Hong Kong que no cree en leyendas, avisó: “Todos los que tengan encontrado dinero deben entregarlo para la policía lo cuanto antes, o será considerado robo. La sanción penal para estos casos puede llegar a diez años de prisión”.

Entre tanto, al contrario de lo que el buen sentido prescribe, es exactamente en esos momentos que el espectáculo agrada al odre, ya que es exactamente en ese punto que la tragedia más noble se aproxima mucho más a la sátira más grotesca… ¡Leyendario!

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

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