El Eco del Silencio


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Algunos sostienen y dan fe, que asistir la muerte lenta de las cosas bellas no es lo que más nos duele. Y es verdad, porque insensibles, no percibimos como se van muriendo las cosas simples de la vida. Hablo de esas cosas chiquitas que nos alegran y nos despiertan una sonrisa breve, pero que tantas y tantas veces las dejamos pasar sin verlas ni disfrutarlas, atrapados que estamos por la rueca de la rutina que nos lleva en dirección contraria.

En realidad, no hay que vivir ni sentir el tiempo como destructor de sueños, sino que hay que caminar por la vida deseando que esos sueños se vayan cumpliendo de a uno, todos. En el recuento final, el tiempo, devorador de vidas, se quedará sin ellos, porque los hemos guardado nosotros mientras seguíamos caminando y tejiendo otros sueños.

Muy pocas veces tenemos ojos para distinguirlas, pero las cosas simples de que hablo, son aquellas con las que estamos predestinados a vivir, todas esas cosas que fluyen naturalmente y que pasan tan desapercibidas, que no nos damos cuenta cuando estas un día se acaban. Son cosas tan naturales, que ellas parecen hacer parte de nuestra propia esencia desde que vinimos al mundo, por lo se torna difícil darles un nombre o definición específica, puesto que al ser casi algo de nosotros mismos, son una experiencia única para cada persona.

En definitiva, el amor es una de ellas, porque casi nunca nos damos cuenta cuando empezamos a amar o caemos de rodillas ante una pasión, y por eso no logramos dar una definición clara sobre lo que sentimos.

Sin embargo, no percibimos lo cuan fácil es amar, no solamente a una persona especial, familia, amigos, sino las cosas, los lugares, los momentos. Todo lo que nos hace bien se puede resumir fácilmente en amor, aunque para cada persona éste se muestre diferente y se presente de formas desiguales.

Por tanto, el amor es simple, lo complicamos nosotros con tantas vueltas y revueltas, con tanto decir y desdecir, con tantas palabras y reproches, y perdemos la oportunidad de observar cuántas veces se hace amor el silencio.

No Basta con Parecer Honrado


Quien ha leído un poco sobre las obras del filósofo medio platónico de Plutarco (A.C. 46–120 D.C), sabe que en cierto momento él llegó a acuñar la célebre frase: “la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo”. Y ello se debe a que en su tiempo, “por la posición que ocupaban las mujeres de los césares, estas estaban obligadas a mantener la compostura y las formas, para evitar cualquier tipo de comentario mal intencionado por parte del pueblo”.

En todo caso, lo que tenemos es que, al parecer, en nuestro ya bastante vapuleado continente, la frase y el concepto que fue esgrimido por Plutarco en tiempos tan remotos, ciertos gobernantes no lo quieren tomar en cuenta.

Por consiguiente, donde aún queda algún medio periodístico independiente, estos a veces logran develar las corruptelas que los involucran. Por tanto, la probidad y dignidad de algunos gobernantes y exgobernantes, vivos o muertos, que en su momento se presentaron ante sus respectivos pueblos como siendo paradigmas de moralidad y transparencia, parece que la contundencia de los hechos que son develados les está dando una fuerte sacudida. Y lo que se aprecia, es que la opinión pública y hasta sus votantes más fieles, en espera de que la Justicia cumpla su papel, ya comienzan a retirarles su simpatía o adhesión.

Quien tiene buena memoria, pueden recordar que muchos de esos obliterados líderes, en su oportunidad, llegaron a librar una encarnizada guerra silenciosa contra los medios de comunicación independientes, llegando a culparlos de cuanto les vino a la mano, y en particular, acusándolos de mentirosos, antipatriotas, de estar al servicio de las oligarquías locales o, casi siempre, acusándolos de estar al servicio del cuco del imperialismo.

Sin embargo, la investigación periodística, porfiada que es en querer cumplir con su deber, continúa a querer sacar a la luz supuestos delitos que van desde el lavado de dinero hasta el empleo de testaferros para ocultar el manejo doloso de recursos públicos.

Por tanto, parafraseando al ensayista griego Plutarco, sería bueno acuñar una nueva frase: “nuestros gobernantes deben parecer honrados y, sobre todo, serlo”… ¿No le parece buen, mi amigo?

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Gracias por colaborar adquiriéndolos.

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