Cuando se Exagera la Libertad


Cuando uno a veces piensa que todo lugar tiene nombre y realidad, lo duda, aunque el pensamiento nos lo diga, como podría decirnos, distraídamente, cualquier otra cosa, como lo es un ejemplo absurdo, que el sol nace en occidente, pero que por más que en esa dirección miremos nunca vamos ver nacer el sol allí, pero si morir. Bueno, esto es igual.

A todos les gusta afirmar que el vínculo “soberanía y derechos humanos” es un tema de permanente discusión. En todo caso, podríamos preguntarnos: ¿Se puede considerar que se ha vulnerado la soberanía cuando un miembro de la comunidad internacional expresa su preocupación por los derechos humanos en otro Estado?

En la mayoría de los países, la Constitución contiene varias reglas que regulan las relaciones internacionales de esa nación con la comunidad internacional. Donde se proclama –entre otras cosas- la independencia y la autodeterminación, y se condena la injerencia en asuntos internos de otros Estados y se exige “el respeto de los derechos humanos, en particular de los derechos de las personas migrantes, y propicia su pleno ejercicio mediante el cumplimiento de las obligaciones asumidas con la suscripción de instrumentos internacionales de derechos humanos”.

Claro que podríamos expresar nuestra preocupación por el irrespeto de un Estado a sus obligaciones internacionales al ver incumplir ese mandato constitucional. En base al principio de reciprocidad, es que otros miembros de la comunidad internacional también podrían formular sus inquietudes por la forma en que el Ecuador cumple sus obligaciones en esta materia.

Pero como cita Farith Simón, parecería que Catherine Ashton, responsable de los temas diplomáticos de la Unión Europea, expresó su preocupación por la libertad de expresión en aquel país a propósito del rumoroso caso del periódico “El Universo”, cuya sentencia fue revalidada días atrás.

Este digno periodista cuenta que el canciller Patiño reaccionó con indignación, al considerar que esas declaraciones eran una interferencia en la soberanía ecuatoriana, exponiendo: “Nosotros promovemos los derechos como ningún gobierno lo ha hecho, ahora sí hay libertad de expresión, es exagerada y abusan de ella”.

Claro que como lo afirma Simón, es bastante difícil suscribir esta declaración, principalmente en un país en que sí hay leyes que castigan el desacato, una persona es condenada a prisión por afirmar que hay “nuevos ricos”, y se le otorga la condena de tener que realizar el pago de una indemnización de 40 millones de dólares y tres años de cárcel por un editorial considerado injurioso por parte de jueces de entereza dudosa e imparcial, y de igual modo cuando se procesan a líderes comunitarios por terrorismo, cuando bien podrían ser juzgados por delitos comunes.

Entonces, volviendo a lo que dije al inicio, todo indica que la soberanía no es un límite insalvable cuando se trata de los derechos humanos… ¡Sorprendente!

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