Desánimo


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Hermosa eras tú, altanero yo; y poco a poco nos fuimos acostumbrando uno a querer dominar, el otro a no ceder, y seguimos andando por esa apremiante senda hasta que nos resultó inevitable el choque, y un día concordamos en dar adiós a las mutuas manos y a las sienes que acercaban el amor. Hoy en día sólo ha quedado entre nosotros la fiel memoria y los desiertos días.

Ya no me resulta mágico el mundo si me has dejado. Ya no compartimos de manos dadas y pausados pasos la clara luna ni los serenos jardines. No existe más una luna que sea espejo de nuestro pasado. Sólo ha quedado en mí un cristal de soledad, un sol de agonías.

Como si fuese un enjambre de abejas irritadas, desde un oscuro rincón de la memoria surgen a perseguirme con insolencia los recuerdos de nuestros ayeres. Medroso y triste, entrego mis pensamientos a tocar el pentagrama de tu belleza y afinar mis melodías para un amor que ya se fue. Esfuerzo inútil. Los recuerdos me rodean, me acosan, me maltratan, me aguijonan el alma unos tras otros con fatuo encono.

Mismo así, he percibido en medio a mi dolor, que nadie pierde sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, y que no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.

Ensimismado en ese contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, creo que si una próxima vez vuelvo a perder a alguien, esa vez no será por tener pensamientos demasiado profundos, por tener estándares muy altos o sueños muy grandes, por tener demasiada alma, por tener los pies en la tierra, por amar demasiado, por empujar a otros a creer que el pasto es verde solamente si lo riegas.

Un día te rogué que no me tentaras. Y ya lo ves, hoy no puedo olvidarte.

Esencia de Amor


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Como si fuese la trompeta alada que el viento trae y que suena y pasa cantando melodías mientras la noche oscura gira en mi alma, el soplo de tu voz toca mi oído y su onda me sabe a poema, así como a la hierba verde la acaricia el rocío de la noche en primavera.

Eres la sutil visitadora de mis caprichos sofocados que mi corazón marchito busca en el cielo, en la luna y en las estrellas durante mis perpetuas noches mal dormidas, eres, mismo cuando toco el lado vacío y gélido de mi cama, la que igual siento ahí, acurrucada en mis brazos, soñando delirios de amor en el lado izquierdo de mi pecho.

Es tu indivisa belleza la que aprecio y sueño durante mis sueños sin dormir. Es tu individual elegancia la que me enamora y seduce mis ojos con todo tu pleonasmo. Es tu inteligencia la que en silencio admiro, pero es tu esencia la que en verdad con locura amo.

Eres la suma perfecta de un vino de uvas frescas, miel de abeja caprichosa, espiga de trigo maduro que se mece suave en el viento que la despeina, rosa de tallo largo sin espinas, puro ímpetu y emoción de mis delirios, torrente de sensaciones, canción en fiesta, materia prima de mil otras cosas por decirte y tan pocas de ellas son las que logran salir de mi boca, que tu deberías aprender a leer mis ojos cuando te miro y sueño.

Mientras tus ojos de lucero reflejen estos tristes ojos que abismados hoy te admiran, mientras me respondan suspirando tus tibios labios a estos tiesos labios que hoy anhelan, o quién sabe cuando logremos unir en cientos de besos nuestras dos almas confundidas, vivirá en ti y en mí un infinito amor que permute perpetuas caricias y mimos.

Todo será ciertamente poesía, si al menos logro un día musitar en tu oído un buenas noches en cuanto nos ciñe un abrazo eterno.

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