El Nuevo Renacimiento


Es costumbre oír que, desde hace dos mil años, de alguna manera Jesús se viene vengando de nosotros por no haber muerto en la cama o en un sofá… No soy de aquellos que andan por ahí con el librito negro debajo del brazo, aunque a veces esos mismos predicadores de la apocalipsis pasen décadas sin abrirlo o manosearlo. Pero dentro de él, recuerdo que se encuentra lo que escribió Mateo un día, cuando en el Sermón de la Montaña nos transmite un Jesús evocador de la luz, de la pobreza y de la justicia en momentos tristes del dominio de los fariseos y de los romanos a los judíos. Desde lo religioso, puede decirse que el Sermón de la Montaña se relaciona con la creación cósmica que reúne el cielo y la tierra, y se ha transformado en el texto evangélico más popular del cristianismo.

Sin embargo, lo que tenemos hoy por hoy, es que la modernidad nos ha arrancado de la magia, y nos ha contrapuesto utilitariamente a la naturaleza a la vez que nos ató al consumo. No obstante, su antídoto lo pregonaron los levantados en París en Mayo del 68, y hoy se lo ve repetir a lo largo en cualquier país de este ancho mundo.

Pero ya que mencionamos mayo del 68, vale recordar que el escritor Jorge Enrique Adoum lo menciona en una de sus entrevistas: una de las consignas del levantamiento estudiantil era: “Escondamos el objeto”… Y esto, se tornó como un grito sublime contra el consumismo burgués.

La cosa viene de lejos, pues en la época de Jesús, los zelotes eran esos guerrilleros natos de la época, donde un Barrabás es el más conocido. Y para recordarlo, nos basta con la representación de Anthony Queen -el actor mexicano-norteamericano- quien personificó al personaje en una de sus películas. Lo que indica que los escritos bíblicos siempre nos han acompañado de diferente manera.

El cantautor español Joaquín Sabina, en “Eva tomando el sol”, se perfila en el libro religioso: “todo empezó cuando aquella serpiente me trajo una manzana y dijo: prueba. Yo me llamaba Adán; seguramente tú te llamabas Eva….. Un día la víbora del entresuelo en trance a su consorte sorprendió, formó un revuelo y telefoneó al cero noventa y dos… Y como no teníamos apellidos, ni hojas de parra, ni un tío concejal, ni más Dios que Cupido, no sirvió de nada protestar… Hoy Eva vende en el supermercado manzanas del pecado original; y yo canto en la calle Preciados. Todos me llaman Adán”.

Siguiendo la misma línea, otro escritor -afamado y amado por muchos- como el argentino Jorge Luis Borges, reivindica a Judas Iscariote en su obra “Ficciones”. Borges se adelantó a la investigación científica sobre los evangelios apócrifos y afirma que parte de su convicción escritural era la teología; a la que le considera una literatura fantástica, que para él se revelaba como un género sorprendente.

Vale recordar que la equivalencia al griego de Cristo es ungido: Mesías… Por tanto, todo el resto es mera coincidencia, y donde la única solución para casos más graves todavía es la generosa salida surreal, aunque nos demos cuenta que para la clase política, las cosas aconteciendo o no, son meramente ilusorias y merecen por ello su misericordioso sonriso de burros y el elixir de sus mediocridades… Ya les llegará el turno, mi amigo

(*) Si quiere continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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Números Cabalísticos por Excelencia


Sabemos que para inciertas personalidades, los guarismos no son más que un guía cabalístico que nortea todos sus actos. En todo caso, hay uno de ellos en especial que, cuando se practica con entusiasmo, llega a representar una nivelación entre el “yin y el yang” materializado en su ejercicio corporal en la horizontal. Aunque en realidad no se sabe en qué punto de la Historia se comenzó a consumar la referida postura sexual.

En todo caso, la revista “quo.es” denuncia que el “69” es un número erótico por excelencia. Y todo porque en Francia, al escritor surrealista Raymond Queneau se le ocurrió desvendar una nueva hipótesis matemática de adición, la cual indica que “uno más uno es 69: dos personas entrelazadas una sobre la otra, más específicamente con el rostro sobre los genitales”.

Claro que todas las expresiones que hacen fortuna mundo afuera, han dormido previamente en la antesala de la lengua; es decir, en la jerga de las clases marginales. Y fue en Francia donde se acuñó tan ilustrativa metáfora, que debió de vivir previamente muchos años en el argot de los garitos, prostíbulos y “peep-shows” de Pigalle. Hasta que un buen día, la revolución sexual que se inició en los años sesenta, se adueñó de la palabra y la extendió a todas las capas de la sociedad francesa y ganó el mundo.

Lo que en realidad se percibe, es que la frase de Raymond describe perfectamente una práctica sexual ya conocida desde la época de Matusalén; y no es más que el mismo número utilizado durante la revolución sexual que se inició en los años sesentas, hasta volverse iconoclasta en mayo del 68, cuando en una bandera se leía: ¡La imaginación al poder!… ¡El 69 al poder!… Tanto monta, monta tanto.

Pero justo cuando llega 1969, el cantante francés Serge Gainsborough, junto con Jane Birkin –famosos ya por su ‘Je t’aime moi non plus’– se les da por cantar ¡69: año erótico! Y a partir de ese momento la expresión se vuelve internacional y comienza a ser usada en todos pueblos como si desde siempre hubiera existido; aunque probablemente fue sólo la mejor manera de describir dicha pose sexual.

Sé que algunos precipitados informales ya se estarán preguntando: ¿Gozaron nuestros abuelos del 69? Sin duda, mi amigo, porque no hay nada nuevo bajo el sol. Aunque, desde luego, creo que no disfrutaron de él con la intensidad con que lo hicieron nuestros padres que, en este terreno, se llevaron la palma.

Empero, dentro de este número hay un gran peso con respecto a la revolución sexual y, sobre todo, frente a la liberación femenina, pues no existe postura alguna que suponga mayor igualdad: arriba o abajo, no importa. De hecho, algunos llegaron a quemar sus pestañas formalizando teorías sobre el placer que produce esta postura, que se practica desde hace muuuuchos años; como prueba la añeja litografía de Achille Deveria, que presenta a una pareja practicando la pose cuando aún ni siquiera tenía nombre. Como la historia no es corta ni perezosa, al recurrir a ella se descubre que para 1869, a Doré se la ocurre dibujar la misma postura, y que en 1880 esta nuevamente aparece en un relieve de bronce alemán, pero ahora con dos mujeres.

Luego a partir del siglo XX, es cada vez más común la aparición de la imagen y solamente en los setenta es que tal término numérico logra entrar al mundo de la literatura; donde se pueden leer entonces diversos testimonios unidos a la revolución femenina, en el cual muchas mujeres aseguraron que la pose les gustaba porque les permitía tener -cuando estaban arriba- mayor control sobre lo que estaban haciendo… ¡Qué bárbaro!

Por otro lado, en la India, ya hace más de 2 mil años que tales prácticas eran comunes, pues hoy en día, gracias a los arqueólogos, se pueden apreciar esculturas representando diferentes posiciones de lo que hoy conocemos como el “Kama Sutra”; y por ejemplo, se pueden observar en el templo “Laksmana” de Khajurabo, que fue construido en el siglo X a. de C.

Mientras tanto, en algunas partes de Europa, durante la Edad Media, esta habilidad resultaba simplemente inconcebible, pero constituyó una de las prácticas fundamentales del taoísmo, pues es con el “69” que fluyen armónicamente el yin y el yang. Así pues, para quienes practican el sexo como un camino religioso, esta práctica recíproca nivela, integra y regenera el cuerpo y la mente… Y el después se verá.

Y es así como en todas partes del mundo, aceptada o no, esta efervescente actividad representa uno de los mayores placeres sexuales del hombre y la mujer, por lo que ha sido representada en diferentes formas artísticas para recordarlo.

En todo caso, la cifra del “69” es idéntica a los caracteres que los astrólogos utilizan para el signo de cáncer, un signo de agua, como de agua es todo en una postura donde las bocas se derraman como ríos sobre los sexos. Del mismo modo, el “69” se convierte en la postura de los poetas del sexo, de quienes aman el cuerpo que es diferente y desean abismarse en los secretos del otro; por tanto, nadie que no esté dispuesto a dar algo de sí practicará esta postura. Así es que la “fellatio” se convierte en tocar la flauta de jade, y el “cunnilingus”, en beber en la fuente de jade.  Y todo, en el juego del viento y la luna. Y los amantes son dos dioses dando nuevo origen a la creación… ¡No es posible un erotismo mayor!

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene mis libros impresos o en versión e-book, que ahora están disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Desde ya, le doy las gracias por adquirirlos.

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