Cómo Morir con el Arma Expuesta


Tomando al pie de la letra las profundas convicciones exteriorizadas por ciertos bípedes, llega el momento de que -tanto el sano lector como yo-, vemos que no hay otra salida sino realizar la fatídica pregunta de manera directa, mismo comprendiendo que algunas veces ni siquiera habrá una respuesta, o que ésta se quedará prendida entre los dientes y los labios. Pero si la hay, muchos de ellos, cuando la articulan lo hacen de manera inaudible, o quizás sea que no alcanzamos a oírlas porque sus palabras fueron pronunciadas como un murmullo de hojarasca, más adivinado que oído y a veces no entendido, y el que terminará por disolverse en la penumbra como si fuese una gota de sangre en el ancho mar.

Como puede notar, mi calificado amigo, todos nosotros padecemos de una enfermedad, una enfermedad básica y no cualquiera, podemos decir, y la que es inseparable de lo que nosotros somos y que, en cierto modo, hace lo que somos, aunque por si acaso sería más exacto decirle que cada uno de nosotros es su propia enfermedad, que por ellas somos tan poco que entre una cosa y otra, aguardamos a que un día venga el diablo y escoja por nosotros.

Tal vez unos puedan, tal vez otros no quieran, pero como ve, tras esta conversación se va la mitad del post y no hemos adelantado nada… ¡Perdóneme! Así que, del dicho al hecho, le informo que hace algunos días, la policía alemana disparó contra un hombre que, armado con un cuchillo -de trozar ideales-, se le antojó querer transitar sin ropas por las inmediaciones de la Fuente de Neptuno, situada en las  proximidades de la Prefectura de Berlín, según lo informó la prensa local.

Dicho individuo, que tenía entre 20 y 30 años, -pues sin ropa parece difícil saber su edad- llegó a provocar varias lesiones en su propio cuerpo con su arma blanca -que por ser blanca es la etnia preferida de los teutones- justo en el momento en que los agentes tentaban desarmarlo.

Empero al intentar impedirlo, un policial acabó siendo atacado y, después de resistirse a las varias órdenes de prisión, el agresor acabó llevando un tiro en el hombro… ¡Menos mal que fue allí, aunque fatal igual!

En todo caso, fuentes policiales indicaron que la muerte del agresor puede haber sido provocada por el disparo que recibió, como también por las lesiones que presentaba en su cuerpo. El incidente ocurrió poco después que una mujer -chusma y postrada detrás de la ventana- alertara a la patrulla policial sobre la presencia de un hombre desnudo en la fuente… Al llegar, uno de los policías logró entrar en la fuente para tentar convencer al hombre vestido de Adán, que estaba todo ensangrentado y que amenazaba matarse con el cuchillo constantemente.

Sin embargo, en vez de tranquilizarse, el individuo se exaltó e intentó agredir a uno de los policiales. En ese momento, según los testigos presenciales, un otro agente efectuó el disparo que atingió el hombro del agresor, que murió en el local… Aunque se sabe que muchos de aquellos mirones, lo que más querían ver era el artilugio que más se parecía a un arbolito de navidad, porque vivía siempre guardado y lo encendía sólo una vez al año.

Por otro lado y en otro lugar, un otro hombre intentó cometer suicidio en esa misma semana, ahora en China. Entre tanto, lo que aquí llamará la atención de los susceptibles leyentes, es el hecho de como el sujeto fue impedido de saltar del sexto piso de un edificio. En verdad, su inmolación quedó cortada porque su esposa consiguió sujetarlo por el calzoncillo, manteniéndolo colgado de la ventana por casi 20 minutos… Con aquellas cosas peludas al aire… ¡Impactante imagen!

El hecho ocurrió en la provincia de Jilin, en Changchun; y la mujer, identificada como Ling Su, no tuvo más remedio que esperar que los vecinos accionasen los equipos de rescate ya que ella no podía soltar a su marido.

Según cuentan los testigos presenciales -y chusmas-, los bomberos fueron obligados a quebrar la puerta del apartamento para conseguir dar secuencia al salvamento. Con 45 años de edad, Wang Li tendría intentado cometer suicidio debido a las dificultades de encontrar empleo.

Dicho todo esto con el mismo carácter cósmico-filantrópico de siempre, imagino que ahora sea necesario estudiar ciertas obras enciclopédicas, torrenciales y dementes, para lograr comprender mejor la mediocridad absoluta que lleva a la humanidad a corromperse con tamaña erudición informatizada, cuya esencia maniaco-depresiva y poco mitológica, desprecia hasta la sabiduría de los verdaderos señores de la Tierra, los Cielos y los Mares… ¡Gnóstico asunto!

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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El Club de Toby Desvirtúa el Ámbito del Mercosur


Hoy en día uno ya no se sorprende cuando se ve cometer un papelón, una grosería de marca mayor y un feo pisoteo al Derecho Internacional como el que fue provocado por el tamaño y la torpeza del elefante grande del Norte.

La decisión política del muchachito del Norte de mandar aprehender al informático Edward Snowden, quien dando con la lengua en los dientes reveló el espionaje electrónico masivo que realiza EE.UU., lo ha hecho arremeter contra todas las normas de derecho imperantes en las sociedades, presionar alevosamente a gobiernos e, incluso, someter al presidente boliviano Evo Morales a una despiadada odisea por aeropuertos de Europa, por la simple sospecha de que podría llevarlo en su avión. Se equivocaron feo sus servicios de Inteligencia porque Snowden estando donde estaba, o sea, en el aeropuerto de Moscú…

También se entiende y se aplaude la solidaridad demostrada por los gobiernos latinoamericanos con don Morales, pero hay ámbitos expresamente creados para hacerlo y otros, cuyas competencias poco tienen que ver con cuestiones políticas, que no deben ser contaminados, a riesgo de desnaturalizarlos.

Los gobiernos, por sí, pueden expresar su rechazo a lo ocurrido, o si lo prefieren, pueden hacerlo en la OEA (ámbito lógico porque da posibilidad de defensa a los Estados Unidos o, por lo menos, se escuchan sus explicaciones), o en la Unasur, un organismo regional que no integra la potencia del Norte. Cualquiera de los dos son foros políticos y tratan temas políticos.

Nada tiene que ver ello con la Conmebol o Confederación Sudamericana de Fútbol, por ejemplo, que es el órgano rector de esa actividad en esta parte del continente, o con el Mercado Común del Sur, más conocido por su sigla Mercosur, que se refiere a “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración”.

Sobre estas bases estampadas en el Tratado de Asunción, acierta a medias la presidente Cristina Fernández cuando dice en su discurso que “nadie daba dos pesos por el Mercosur”… Es cierto, pero le faltó aclarar que nadie daba, y “ni nadie da” hoy día dos pesos por el Mercosur como bloque comercial regional.

Distinto es si se lo toma como un Parque Presidencial de Diversiones. De repente se cotiza mejor. Allí concurre un grupo de amigos para hablar de cualquier tema, pero no de aquellos específicos que deberían tratarse en ese organismo. Porque de las cuestiones comerciales -las que hoy afectan a los países miembros-, no pasa nada. Los ministros de Economía ni concurren. Es la misma “Nada” que impera hace años y lo ha transformado en tan inútil como cenicero de moto. Ahí está el ejemplo de lo que acaba de ocurrir en Montevideo.

Lo más importante fue que durante la cumbre se explayaron en las exigencias de respeto de los Estados Unidos al Derecho Internacional, porque las decisiones políticas de Washington eran contrarias a la normativa jurídica. Paradojas del destino. Pensar que el presidente Mujica justificó la arbitraria suspensión de Paraguay del Mercosur con el argumento de que “lo político está por encima de lo jurídico”.

Eso deja parecer que violar el derecho está bien o está mal según quién lo haga. Las presiones de EE.UU. en el tema Snowden han sido decisiones políticas. Pero en este caso no se aplica el razonamiento del Sr. Mujica, que no sabemos si es solo de él o de la barra mercosuriana. Ahora, hasta la represión al terrorismo “debe enmarcarse en la estricta observancia del Derecho Internacional”. Parece que “lo político” ha quedado relegado, hasta… El día de San Nunca.

Se invitó al nuevo gobierno de Paraguay a reinsertarse al Mercosur. El presidente Cartes ha dicho que no: que mientras Venezuela -que ingresó por la ventana- ocupe la presidencia, no piensa volver. Y más adelante se verá.

De inicio, se invitó y se anunció la presencia de Surinam en la cumbre. Pero éste brilló por su ausencia, seguramente cuando se enteró del temario. Se percató que era una pérdida de tiempo.

Y todo eso suele ocurrir porque en estos pagos es así; y en realidad, es una lástima que continuemos yendo a contramano de un mundo que busca blindarse en grandes bloques comerciales, porque de a uno -con excepción, tal vez, de Brasil- se pierde por goleada. A eso había apuntado el Mercosur en su inicio; pero hoy parece que importa tanto como el agasajo de bienvenida a esta Cumbre: nadie concurrió, no sirvió para nada.

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

El Espermograma de mi Abuelo


Nunca me gustó interfoliar los asuntos de familia en mis anales, pues considero que estas son cosas particulares y privadas de cada persona. No obstante me siento obligado a reconsiderar tal conducta al apoyarme en lo dijo una vez Gabriel García Márquez: “El secreto de una buena vejez, no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.

En todo caso, vale narrar lo que ocurrió el otro día cuando el doctor le pidió a mi abuelo, un hombre de 85 años bien puestos, para que le juntase una muestra de su esperma como parte de su chequeo anual. A seguir, le dio un frasco y le dijo en alto, claro y en buen ton, -al final, él sabe que mi abuelo no oye muy bien-:

-Llévese este frasco a casa, y tráigalo mañana con la muestra del esperma.

Pero resulta que al día siguiente, mi abuelo volvió al consultorio del geriátrico facultativo, y le entregó el frasco tal cual se encontraba como cuando lo recibió: tan vacío y limpio como el día anterior.

El doctor miró, al frasco primero, a mi abuelo después, otra vez al frasco, y le preguntó que fue que pasó con la muestra.

-Primero intenté lograr el cometido con mi mano derecha, y nada, -comenzó a explicar mi abuelo.

-Después traté con mi mano izquierda, y tampoco nada -siguió diciendo.

-Como no conseguía, luego le pedí a mi esposa para que me ayudara -afirmó.

-Ella trató de resolverlo con su mano derecha, después con la mano izquierda, y créame, doctor, nada…

-¿Y…? -quiso saber el doctor.

-Ella dijo: ¡Ya sé como! Entonces probó con su boca, primero con los dientes puestos, después trató sin los dientes, y nada…

-¿Y…? -balbuceó o doctor, curioso con la narrativa.

-De ahí, es que vino mi cuñada y dijo: ¿A mí me van a enseñar? Entonces ella  probó un buen rato en posiciones distintas y cada vez más estrafalarias… Pero como ve, no hubo caso.

-¡Sí, ya veo! -expresó el médico.

-Le digo más, doctor, incluso nosotros llamamos a Adelaida, la vecina de al lado, y ella también trató, primero con las dos manos, luego se lo puso debajo del brazo y hasta apretando sus rodillas, pero aun nada… No dio.

A esas alturas, el doctor ya estaba casi que en estado de shock por ver tanto empecinamiento para alcanzar el objetivo, y ya casi saliéndose del molde, preguntó:

-¿Quiere decir que, fuera su mujer, usted llamó a su cuñada y a su vecina?

Antes de responder, mi abuelo buscó mirarlo levantando un poco los parpados, no por desconcierto y sí más bien porque él ya no ve bien por causa de su catarata. Entonces dejó escapar un sordo suspiro, y le contestó:

-¡Sí, doctor, ninguno de nosotros pudo abrir ese maldito frasco que usted me dio!

Juzgo que mientras leía esta misiva, el preciado lector también se habrá quedado tan boquiabierto e impresionado cuanto el erudito doctor, y entiendo aun su risa al llegar al punto final de mi relato pues las mentes humanas normalmente tienden para llevar las cosas para el lado de la perversión, así qué, le recomiendo que comience a rezar 20 padrenuestros por pensar mal de mi pobre abuelo.

En todo caso, vale resaltar que hace más de cien años, Robert Koch no avisaba que: Cuando un médico va detrás del féretro de su paciente, a veces la causa sigue al efecto… ¿No es fantástico?

La Inesperada Muerte Coital


A pesar del electrizante impacto momentáneo que me causa, mismo buscando estar constantemente bien informado, -una dádiva reservada a unos pocos-, caigo en la llamada Realidad Vulgar y, todavía atónito, paso a meditar acerca de los problemas de la longevidad, época cuando, entonces, se van los dientes pero quedan las encías desnudas.

Momento soturno y contrario este, dirán algunos crueles impíos y despiadados, en que la sociedad se esfuerza para sustituir la preñez citoplasmática por la estupidez in vitro, llevando legiones de dinosauros viejitos al infierno de tener que convivir simultáneamente con sus propios achaques físicos y a cohabitar con las tormentas de un océano de mediocridades ocasionales… ¿No es impresionante?

Pero conforme nos es tan pródigamente enseñado en filosofía, aprendimos que todo hombre en su debido momento debe descender para la muerte, mismo que la peor elección para el gran finale sea siempre a través de las amenidades. Pero pregunto: ¿será que habrá epílogo más triste que aquel cuando nada se hace de útil, productivo o creativo?

No en tanto, postrado de rodillas ante lo indefensable, he decidido contarles todo sobre los desvíos de la narrativa académica, de manera que el bienquisto lector pueda notar que en los casos más colindantes, los asuntos puedan apreciarse chocados por la vacilante incertidumbre ejemplarizada, ya que la Realidad tiene facetas mucho más interesantes que el dogmatismo de tales porquerías sin importancia.

Resulta que la llamada telefónica que dejó huella en la historia de la medicina -y posteriormente le rindió mucho dinero al médico que la recibió-, sonó una tarde cuando el doctor Christiaan Barnard tomaba una siesta en su casa de El Cabo, Sudáfrica. En efecto, la persona que llamaba era una monja del hospital “Groote Schuur” informándole que habían llevado a una joven atropellada que había resultado con daños cerebrales irreparables. Si se moría, -le dijo-, su corazón se podría usar para realizar el primer trasplante de ese órgano en el mundo; ella era del grupo sanguíneo adecuado y su padre estaba dispuesto a dar su consentimiento -informó la ansiosa prelada.

Siempre rezo antes de cualquier operación”, -escribiría posteriormente el doctor Barnard. “Suelo hacerlo al dirigirme hacia el hospital, porque en esos momentos voy solo en el auto. En esa ocasión sentí mas que nunca la necesidad de hacerlo, pero no pude,…. mis pensamientos se interponían”.

Hasta entonces sólo había realizado trasplantes de esa índole con perros de laboratorio. Pero ese sábado 2 de diciembre de 1967, estaba a punto de ser trasplantado el corazón de un ser humano a otro. La donadora era Denise Darvall, de 25 años, y el receptor Louis Washkansky, comerciante de la ciudad a quien le restaban pocas semanas de vida por su avanzada enfermedad cardiaca. Se sabe que Washkansky ya había sobrevivido a varios infartos, pero antes de la operación presentaba dificultad para respirar, insuficiencia renal y hepática, y tenia las piernas hinchadas. Se suponía que el hombre tampoco debía comer ni beber nada dulce debido a su diabetes, así como tampoco ejecutar actividades extracurriculares, pero este se las ingeniaba a escondidas… Claro, por eso dio en lo que dio, pobre Louis.

Pues bien, para que los ninfomaníacos lo sepan de una vez por todas, lo que en aquella época era una duda, ahora ha quedado determinado que “la infidelidad” causa problemas al corazón en los hombres, sobre todo si la aventura extramatrimonial se concreta con mujeres más jóvenes. Así lo acabó de concluir el estudio elaborado por investigadores de la “Universidad de Florencia”, en Italia.

Las conclusiones del estudio encabezado por la doctora Alessandra Fisher fueron publicados en el diario italiano “Il Corriere della Sera”. Y según estos exhaustos investigadores, los infieles que entablan una relación con mujeres más jóvenes, quienes les hacen cambiar a su galán-cabrío su antiguo estilo de vida hacia uno más exigente, eso terminaría por afectar el sistema cardiovascular masculino.

El estudio se basó en el análisis de la “muerte inesperada coital”, más frecuente en los hombres según la bibliografía médica. Por consiguiente, se comprobó que los infartos sufridos por los hombres durante el acto sexual ocurrían cuando estos se encontraban teniendo sexo con una amante… ¡Colosal!, aunque algunos lo hallarán magnífico.

Evidentemente que por lo dicho, se entrevé que una relación extramatrimonial fuerza a los hombres a un mayor desempeño sexual, a lo que se suma a veces el sentimiento de culpa después del engaño, y hasta el uso de una medicación estimulante, todo lo cual podría conducir a un problema cardíaco.

El lector ha de notar, descorazonado, que tener que escribir ditirambos sobre la dicha cuya contingencia, lo induce a pensar que no existe nada más arriesgado, que un individuo verse sujeto a las majaderías ajenas… ¿No es fenomenal?

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