Ufanidad


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Solemos escuchar que la nostalgia engaña al incauto, al inculcarle el ufano deseo de simplicidad y una inocencia inalcanzable. Esos sortilegios de la palabra ajena me llevan a cuestionar: ¿Cómo haré para dejar de lado los sombríos atributos dominantes que gobiernan mi solitaria vida en la actualidad?

En realidad, ella y yo somos cobardes que a la distancia se quieren, pero por prejuicios de amores pasados y de las cicatrices que tenemos en el corazón, no nos arriesgamos a amarnos con locura, esa misma locura que causa ímpetu y arrebato, y nos negamos a darnos todo este amor.

Como no hay solución, uno necesita aprender a llevarse bien con la soledad. Es necesario hacerlo, sin duda, porque en el aislamiento de mi corazón, que se sabe condenado a morir sin sus besos, necesito de su compañía, y es cuando percibo que la soledad resulta buena amiga. No miente, me escucha inerte en silencio y hasta muestra su valentía, esa valentía que un día pensé que no existía.

Mis avenidos pensamientos pretenden, de manos dadas, llevarme al sacrificio, y aunque en mi alma hay un pozo y en mi sangre habita un náufrago, mis sentimientos por ella pagan el rescate y yo me escapo abrazado a mi sueño con el que al acaso cruzo el mundo, sin pensar de dónde vengo, ni a dónde mis pasos me llevarán.

No niego que por veces la veo como la imagen que en un sueño pasa, como un rayo de luz tenue y difusa que entre las tinieblas nada. ¿Será verdad que, huésped de las tinieblas, de la brisa nocturna, un tenue soplo alado me hará subir a una región vacía para encontrarme con ella?

A veces me pregunto si todas las palabras que me han quedado presas en la punta de la lengua, de haberlo hecho hubiesen cambiado nuestras vidas… Mientras no descubro la respuesta, la seguiré soñando eternamente.

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Esencia de Amor


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Como si fuese la trompeta alada que el viento trae y que suena y pasa cantando melodías mientras la noche oscura gira en mi alma, el soplo de tu voz toca mi oído y su onda me sabe a poema, así como a la hierba verde la acaricia el rocío de la noche en primavera.

Eres la sutil visitadora de mis caprichos sofocados que mi corazón marchito busca en el cielo, en la luna y en las estrellas durante mis perpetuas noches mal dormidas, eres, mismo cuando toco el lado vacío y gélido de mi cama, la que igual siento ahí, acurrucada en mis brazos, soñando delirios de amor en el lado izquierdo de mi pecho.

Es tu indivisa belleza la que aprecio y sueño durante mis sueños sin dormir. Es tu individual elegancia la que me enamora y seduce mis ojos con todo tu pleonasmo. Es tu inteligencia la que en silencio admiro, pero es tu esencia la que en verdad con locura amo.

Eres la suma perfecta de un vino de uvas frescas, miel de abeja caprichosa, espiga de trigo maduro que se mece suave en el viento que la despeina, rosa de tallo largo sin espinas, puro ímpetu y emoción de mis delirios, torrente de sensaciones, canción en fiesta, materia prima de mil otras cosas por decirte y tan pocas de ellas son las que logran salir de mi boca, que tu deberías aprender a leer mis ojos cuando te miro y sueño.

Mientras tus ojos de lucero reflejen estos tristes ojos que abismados hoy te admiran, mientras me respondan suspirando tus tibios labios a estos tiesos labios que hoy anhelan, o quién sabe cuando logremos unir en cientos de besos nuestras dos almas confundidas, vivirá en ti y en mí un infinito amor que permute perpetuas caricias y mimos.

Todo será ciertamente poesía, si al menos logro un día musitar en tu oído un buenas noches en cuanto nos ciñe un abrazo eterno.

Locura


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Claro que esto tiene sus propios bemoles, pero es más que obvio que no existe nada substancialmente gracioso en la imperfección de los sentimientos, mismo que siempre exista alguien que se eleva por encima de la desesperanza y, estando un poco loco en ese instante, logre de cierta manera sobrellevar la desgracia.

Esto se testifica en un hecho ya confirmado por cotejo científico, ya que todos estamos un poco locos, no mucho, por lo que efectivamente nos sentimos mejor al momento que logramos tomar contacto con nuestra locura periódica. Por supuesto, siendo así, no se puede descartar que el amor es la sabiduría de los locos, un sentimiento provisional que a su vez se convierte en locura en los sabios.

Hay una infinidad de personas que siguen suprimiendo la alegría creyendo, desafortunadamente, que la vida es una empresa seria. No los envidio, pues, con frecuencia, ellos consideran que la tontería y la puerilidad son regresiones del comportamiento en lugar de comprender que cada uno tiene algo de ridículo y que el niño que existe en nosotros es una de nuestras posesiones más preciadas.

Me refiero a todos esos que cultivan el refinamiento y la sofisticación a expensas de la espontaneidad y la diversión, esos mismos individuos de mirada estrafalaria y faltos de amor que hacen que la sonrisa cortés sustituya la risa espontánea y que sus impulsos de alegría surjan en forma moderada o, en todo caso, directamente desaparezcan por deferencia al sentido común y al buen gusto.

Podemos catalogarlos como seres reprimidos de espíritu que olvidan que en cada uno de nosotros existe una reserva de alegre libertad, de locura, si lo prefieren.

Ya que vivimos en un mundo en el que no se escatima el absurdo, sostengo que ninguno debería dudar un instante siquiera frente la posibilidad de poder sumar con alegría y en broma nuestro propio toque de insania, ya que éste es uno de los mejores modos de vida que conozco.

Y si la vida es así, ¿por qué no hemos de regocijarnos con nuestra tontería contenida?

El Mito de la Rana Sudamericana


Casi todos hemos dado oídos algún día, de que uno de los grandes mitos urbanos es el de la rana en la olla de agua caliente. En realidad, por si el amigo leyente no lo sabe, la historia es que si se introduce una rana en una olla con agua hirviendo, el avispado animalito inmediatamente reaccionará ante el peligro y saltará afuera del recipiente. En cambio, si se pone el incauto anfibio en una olla con agua fría y luego se la calienta gradualmente, la rana no se dará cuenta del peligro y se dejara cocer tranquilamente.

Pero si en vez de ponernos a cocinar a una pobre ranita aplicamos esta leyenda en la astucia de algunos gobiernos latinoamericanos, notaremos que la temperatura en la olla política, económica y social regional va en aumento cada vez más.

Por ejemplo, en Venezuela, el gobierno continua inmerso en una crisis económica creada por su propia ideología. El presidente del “Instituto Nacional de Estadística” de ese país, explicó que “Venezuela está pasando por una situación coyuntural en cuanto al suministro de algunos alimentos, y que es una situación que puede durar entre dos y tres meses, producto de diferentes problemas: el acceso a las divisas, boicot, acaparamiento, compras nerviosas y toda esa serie de elementos que inciden en eso”. Pero, esa misma “situación coyuntural” que se indica, parecería ser un estado de cosas permanente… ¿A nadie le sorprende que uno de los principales países exportadores de petróleo tenga dificultades para acceder a divisas y que sus ciudadanos enfrenten problemas para conseguir papel higiénico?

Por si el preciado lector es uno de los sorprendidos, en tiempo le explico que el colmo fue la decisión del gobernador del Estado Zulia, de establecer un sistema electrónico de racionamiento para veinte productos de primera necesidad. Incluyendo arroz, aceite, carne, lentejas y harina de maíz. Por su vez, el presidente Maduro describió la iniciativa como “una locura” y ordenó dejarla sin efecto, pero el episodio nos revela el estado mental de algunas autoridades chavistas.

Otro ejemplo ocurre en Argentina, donde la presidenta Fernández de Kirchner y su partido, que tiene la mayoría en el Congreso, invocan la noble idea de democratizar para legitimar propuestas dirigidas a destruir, uno a uno, los pilares de la democracia. En realidad, esto es un espléndido ejemplo de lo que Orwell llamó un día de  “newspeak”. Afortunadamente, la sociedad civil de dicha república, a través de sus impresionantes demostraciones, y la Corte Suprema de Justicia, hasta ahora, han conseguido establecer algunas barreras ante los desbordes del gobierno. Pero ciertamente el horizonte anuncia tormentas… Y estas no vienen de la Patagonia.

Y ahora, lo que también tenemos, son los inesperados acontecimientos callejeros que se siguen sucediendo en el Brasil. El movimiento de protesta fue activado por el aumento del precio del transporte público en ciudades como Porto Alegre y São Paulo, pero luego se extendió a todo el país y expandió su agenda. Se han producido manifestaciones de “indignados”, generalmente pacíficas, desde Manaos (norte) hasta Porto Alegre (sur), que protestaron contra la corrupción, los impuestos, la brutalidad de la policía y el costo de las obras faraónicas para el mundial de fútbol (2014) y las Olimpiadas (2016). Por su vez, oportunista y alígera, como para no querer perder el ómnibus, la presidenta Rousseff, diciéndose perpleja, declaró que esas voces debían ser escuchadas… ¡Bueno! Una cosa es escuchar y otra encontrar la respuesta.

Lo que presiento, mi salsero amigo lector, es que algo está sucediendo en el jardín de estos tres principales socios del Mercosur, y eso puede llevar a que otros gobiernos piensen que harían muy bien en disminuir, en la medida de lo posible, su dependencia de ellos… Entonces, cuando se den cuenta, esos pueblos serán la ranita de la vez… ¿Concuerda?

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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