Una Pastilla para la Segunda Fecundación Masculina


A veces es importante enterarnos de porqué algunos individuos estudiaron y vivieron desde el llano las angustias y alegrías de la existencia cotidiana, y no sólo las de su clase social sino de las otras clases a las que hayan tenido acceso o se hayan preocupado por conocer para mamar in situ los problemas y mentalidades que la pobreza, la medianía o la riqueza traen aparejados. Inclusive la de los que quieren y lo hacen desde la necesidad más real de vivir en sociedades equilibradas, justas y realmente democráticas, o de los que pueden porque han renunciado a la chicana, el oportunismo, la coima y el negociado, que como se sabe, son las tentaciones más frecuentes que a los gobernantes suelen ofrecerse como prometedoras y pulposas prostitutas de lujo.

Pero si aun tenemos tiempo sobrando, vale la pena enterarnos también de los que se atreven desde la audacia del que quiere cambiar para bien, sin confundir orden con dictadura, libertad con descontrol y tolerancia a todo lo que no implique la violación de derechos elementales, que es aquel querer “vivir y dejar vivir” tan mentado y tan poco practicado por esos represores grotescos llenos de miedo y odio. En todo caso, excluidos estos, el resto tal vez sería “lo ideal”.

Sin embargo, pese a mi taxativa metafísica ontología del ser humano, ahora me entero que a un hombre estadounidense se le antojó demandar por varios millones de dólares al laboratorio que produce un medicamento contra la calvicie, asegurando que ese remedio fue causante de efectos secundarios inesperados, y lo terminó por convertir en nada menos que una mujer en menos de nueve meses, luego de “comenzar a desarrollar pechos” y sentirse atraído por hombres en vez de mujeres… ¡Bueno! Puede que sea una segunda y exótica fecundación de su propio yo.

Pues bien, como nada de lo yo manifieste aquí con mis filosóficas teorías podrá importarles en este caso, resulta que Mandi McKee, la antes conocida como William McKee, actualmente se le dio por atestar que demandará a un producto originalmente creado para combatir la calvicie y que, por engaño, lo transformó en una mujer en pocos meses… ¡Bárbaro! Y asumió resignadamente su papel, ya que se cambió hasta el nombre.

Según lo informan los chismosos reporteros del “New York Post”, se trata de un ingeniero de software de 38 años que comenzó a tomar un remedio genérico contra la calvicie en octubre de 2008. En esa época, McKee era “un hombre casado, enfocado, agudo y energético”… Pero pelado.

Entonces McKee tomó la medicina, que es una imitación de los remedios que contienen finasteride, durante nueve meses, período en el que empezó a sufrir efectos secundarios inesperados… pienso que llegó a sufrir hasta cólicas menstruales. Sin embargo, el hombre-mujer asegura que su concentración profesional comenzó a decrecer severamente, por lo que perdió su trabajo.

Empero, cuentan que lo más alarmante fue el cambio físico. En su sitio web, McKee asegura que su pecho “musculoso” se suavizó y comenzó a desarrollar pechos, y que sus hombros “literalmente comenzaron a caer hasta adquirir una postura más femenina” y que sus caderas “se ensancharon, como en el cuerpo de una mujer”… No en tanto, de lo que le sucedió con el “birgulino” no cuenta nada.

Para peor, la píldora hizo muy poco para solucionar el tema de su calvicie. El hombre -ahora mujer- asegura que la turbación mental y el cambio físico lo indujeron a una severa depresión, y hasta asegura que comenzó a sentirse atraída por los hombres y se separó de su mujer, con la que había estado junto por diez años.

Por causa de esa tal paranoia, en diciembre del año pasado comenzó a ver un asistente para la terapia de transgéneros, y como los buenos efectos del tratamiento han sido muy valederos, ahora está en camino de “vivir completamente como una mujer”. Sin embargo, asegura que no es una opción sino algo forzado por la medicina… “Mi viejo yo fue asesinado por la farmacéutica Merck”, denunció, quien ahora pretende demandar a la empresa por nada menos que mil millones de dólares.

Claro que de nada vale advertir al incauto leyente que no se descabelle ante tanta falta de criterio lógico, pues delante del pasmo y de las pituitarias obsesiones de algunos, la Realidad conocida va definitivamente a pique, justificando de esa forma mi tan combativo exhibicionismo estético-canoro… ¡Idílico!

Anuncios

Evite la Sintomatología de la Vejez


Curiosos, una vez le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles eran, sobre su reflexión, los factores que destruyen al ser humano. Carismático, él les respondió así: “La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad. Por eso, la vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido”.

Por todo lo sentenciado por este ilustre personaje, les diré que yo acredito que la vida es como un espejo: si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa, y por consiguiente, la actitud que yo tome frente a la vida, será la misma que la vida tomará ante mí… Así, “el que quiera ser amado, que ame”.

Sin embargo, la gente que aún tiene que trabajar, me pregunta a menudo qué hago yo todos los días, ya que ahora que estoy jubilado… me debe sobrar mucho tiempo.

Pues bien, sobrar mismo, no me sobra, pero les digo que, por ejemplo, el otro día fui al centro y entré en una agencia de correo para recoger un paquete que me había llegado. Fue rapidito, no tardé en la gestión ni cinco minutos.

Pero resulta que cuando salí, un “Oficial de Tránsito” estaba llenando una infracción por estacionamiento prohibido. Rápidamente me acerqué a él y le dije: “¡Vaya hombre, no tardé ni cinco minutos…! Dios le recompensaría si usted hiciera un pequeño gesto para con un jubilado”…

El hombre me ignoró olímpicamente y continuó llenando la infracción. La verdad es que me pasé un poco con la boca y le dije que no tenía vergüenza…

Me miró fríamente y empezó a llenar otra infracción alegando que, además, el vehículo no tenía pegada una calcomanía de no sé qué “inspección técnica”…

Entonces fue allí que levanté la voz para decirle que me había percatado un poco tarde, de que estaba tratando con un boludo, y que no sabía cómo carajos lo habían dejado entrar a trabajar en la Dirección de Tránsito…

En ese momento él tipo acabó de llenar la segunda infracción, la colocó debajo del limpiaparabrisas, y empezó con una tercera.

Sin embargo, les digo que ante su despreciable actitud, no me achiqué y estuve así durante unos 10 minutos, puteándolo en todos los idiomas que recordaba, y creo lo menos que le dije fue que era un pelotudo e hijo de p……

Pero resulta que el hombre, a cada insulto mio, respondía con una nueva infracción. Y yo notaba que con cada infracción que llenaba, se le dibujaba una sonrisa que reflejaba la satisfacción de la venganza…

Después de verlo llenar la enésima infracción… al fin le dije: “Bueno, hombre, lo tengo que dejar…. ¡Ahí viene mi colectivo!”.

Así pues que, para evitar que un buen día me contagie ese tal de síndrome de la vejez y los factores que destruyen al ser humano, desde mi jubilación, cada día busco ensayar cómo hago para divertirme un poco, pues entiendo lo cuanto es importante hacer algo a mi edad, como para no aburrirme y mantenerme en un muy buen estado físico y mental… Así que les recomiendo: ¡Practique esta arte, verá lo bien que le hace!

A %d blogueros les gusta esto: