Sepa Cómo Detectar un Mentiroso


En promedio, uno puede llegar a escuchar de 10 a 200 mentiras en un solo día y, a pesar de que hemos pasado gran parte de nuestra historia tratando de dar con la manera de detectarlas, midiendo los cambios fisiológicos con un polígrafo, monitores de voz, ritmo cardíaco o lectores de iris, ninguno de estos métodos resulta confiable.

Quizás debido a ello, Noah Zandan, el director de “Quantified Communications”, comenzó en la “Universidad de Northwestern”, Estados Unidos, a crear una plataforma con la cual pretende medir y mejorar la eficacia con la que la gente se comunica. Para esto utilizó la ciencia y la tecnología de análisis de datos y, valiéndose de mentiras, fue analizando el lenguaje escrito y el verbal.

Como ahora Zandan se dedica profesionalmente a esto para poder llenar la olla, asegura que el subconsciente del cerebro nos delata al decir una falsedad… “Sabemos que todo el mundo miente, es parte de la trama cotidiana de cómo uno se comunica con otros”, apunta, y según cree, las historias basadas en experiencias imaginativas son diferentes que las basadas en experiencias reales. Por eso, inventar una historia requiere trabajo y conduce a un patrón diferente del uso del lenguaje, lo que lo llevó a darse cuenta de que a través de una técnica llamada “Análisis Lingüístico del Texto” se pueden identificar cuatro patrones comunes en el lenguaje involuntario del engaño.

En primer lugar, los mentirosos hacen menos referencias a sí mismos cuando recurren a declaraciones falsas. Escriben o hablan más sobre los demás, a menudo usando la tercera persona para distanciarse y desvincularse de la mentira.

Segundo, los mentirosos tienden a ser más negativos porque se sienten inconscientemente culpables por mentir. Por ejemplo, en la frase “perdona, a esta porquería de teléfono se le murió la batería. Lo odio”.

Tercero, los mentirosos suelen explicar las cosas en términos sencillos, ya que nuestro cerebro se niega a crear una mentira compleja.

Y, por último, aunque los mentirosos describen cosas de una forma simple, a menudo utilizan oraciones más largas e intrincadas, intercalando palabras innecesarias y detalles irrelevantes, pero ciertos, para reforzar la mentira.

Para ilustrar este método, el experto cita al ciclista siete veces campeón del “Tour de Francia” Lance Armstrong y su dopaje positivo. Para ello, Zandan compara una entrevistar realizada en 2005, en que el deportista negó haberse dopado, con otra de 2013 en que sí lo admitió… “Ok, ya sabes, una persona, un francés, en un laboratorio parisino abre tu muestra, ya sabes, un tal Jean Francis, y la examina. Luego recibes una llamada telefónica de un periódico que dice encontramos que diste positivo seis veces por EPO” (en 2005)… “Todo esto me superó, estoy seguro de que hay otras personas que no pueden sobrellevarlo, yo no pude sobrellevarlo, yo estaba acostumbrado a controlar todos los aspectos de mi vida. Yo controlaba toda mi vida” (en 2013).

Como conclusión, en la primera frase él se excluye a sí mismo y se enfoca en otro. En la segunda, el uso de pronombres personales aumenta en casi un 75%. Armstrong reconoce su error, habla de sus emociones y asume sus responsabilidades y motivaciones… “Debemos recordar que muchas de las mentiras que oímos a diario son más inofensivas que los ejemplos que he dado. Pero aun así vale la pena ser conscientes de algunas pistas reveladoras”, aclara el investigador.

“Los marcadores lingüísticos del engaño, junto con otras técnicas, son más útiles en situaciones en las que una mentira es más significativa. Es posible que uno desee analizar el lenguaje de alguien que llega tarde. Pero si piensa que ese alguien le está mintiendo sobre un gran negocio o una relación, uno puede analizar su lenguaje para decidir si es o no digno de confianza”, sugiere.

Ahora, ¿por qué mentimos? En general, las mujeres mienten para proteger, los hombres para mejorar su imagen y los niños para evitar castigos. La mentira también fue clave en la evolución, para engañar al otro y poder sobrevivir. Las claves son:

Habla – Aunque los mentirosos describen cosas de una forma simple, a menudo utilizan oraciones largas e intrincadas que los que no suelen mentir. Además, intercalan palabras innecesarias y detalles irrelevantes, pero ciertos, para reforzar la mentira.

Señas – Los mentirosos tienden a ser más negativos porque se sienten inconscientemente culpables por mentir. Además, suelen explicar las cosas en términos sencillos, ya que su cerebro se niega a crear una mentira compleja. Sino, recuerde la última vez que notó que le mentían.

Razón – Los mentirosos hacen menos referencias a sí mismos cuando recurren a declaraciones falsas. Escriben o hablan más sobre los demás, a menudo usando la tercera persona para distanciarse y desvincularse de la mentira. Investigadores precisan que a nivel evolutivo el hombre aprendió a mentir para buscar una forma de manipular y engañar para sobrevivir.

Claro que Zandan teniendo razón o no, todos sabemos que en el pentagrama de la vida existen otras claves en notación musical, cuya función es indicar la altura de la música escrita que al lector le tocará danzar en la vida, mismo que escuche mentiras a su alrededor… ¡Melodioso! [

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

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La Pierna Corta de la Mentira


¿Se puede saber si alguien está mintiendo? Según la especialista en lenguaje corporal Judi James, sí, se puede. Existen muchas maneras de percibir si alguien está mintiendo, principalmente a través del lenguaje corporal y de manierismos que uno considera “reveladores”. Ahí se pueden encontrarse pruebas de la mentira.

Cuanto uno examina a alguien más detalladamente, es más difícil para una persona actuar naturalmente. Si está mintiendo o hablado la verdad, sus manierismos probablemente irán mudar. Entonces, si un sujeto es un buen mentiroso, pode ser más convincente de que alguien que está desesperado para convencerlo de que está diciendo la verdad (mismo que esté). Pero si las señales “reveladoras” no son confiables, entonces ¿cómo uno puede saber si alguien nos está mintiendo?

El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero contar una mentira es un procedimiento muy complejo, por tanto si uno no tiene práctica, es complicado. Grandes mentiras, como aquellas que podemos decir durante una confrontación social o en el trabajo, o mismo a una amiga cuando le decimos como ella está bien luego de un abominable corte de cabello, puede envolver un conjunto de pasos muy complejos para el cerebro y para el cuerpo que, por su vez, pueden causar una presión que indica síntomas de estrés. Breves e intensas explosiones de estrés como esas pueden producir una o todas esas características de lenguaje corporal; pero ellas siempre deben ser evaluadas en conjunto con los mensajes verbales e interpretadas lo más posible dentro de un contexto. Por ejemplo:

Hablar mucho – ¿Está exagerando en su tentativa de ser convincente? Frecuentemente un mentiros puede llegar lejos demás en su tentativa de ser acreditado. Eso puede llevar a una verborragia: Dar más detalles de lo necesario es exagerar al gesticular o en el contacto visual. Una persona honesta normalmente ira revelar algunos movimientos sutiles de palmas de manos, pero un mentiroso normalmente ira exhibirlas encogiendo exageradamente los hombros. El mentiroso tiende también a repetir frases como “Estoy siendo honesto contigo”, o “Estoy diciendo la verdad”, que serían desnecesarias si realmente fuese verdad.

Incongruencia – Cuando estamos siendo honestos nuestro lenguaje corporal contará la misma historia que nuestras palabras, pero cuando mentimos esas dos formas de comunicación pueden estar fuera de sincronía. Eso podría llevar a respuestas como sonreír en cuanto se disculpa o usar gestos de desprecio con las manos en cuanto finge estar profundamente preocupado.

Exhibiciones pseudo-infantiles – Algunos de los mentirosos crecieron en un relacionamiento de mentiras y conspiración; lo que significa que los padres, en separado o en conjunto, se divierten o perdonan un mal comportamiento si la mentira es “cómica”. Niños pequeños realmente parecen “divertidos” cuando mienten y, como consecuencia, frecuentemente los adultos se ríen. Eso puede significar una vida empleando lenguaje corporal “divertido” cuando dicen una mentira, en una tentativa de ser perdonados mismo si la mentira es descubierta.

Alteración de los padrones de respiración – Cuando un mentiroso siente culpa o está diciendo su mentira bajo presión, o estrés adicional puede tornar su respiración más superficial y frecuente. La adrenalina de la mentira también irá elevar su tono de voz y ambos síntomas pueden ser oídos por teléfono bien como detectados personalmente. La explosión de adrenalina también puede tornar el acto de engullir ligeramente difícil o causar secura en la boca, llevando a lamer los labios y puede ocasionar un aumento en la frecuencia de piscar los ojos.

Ejemplos – Mismo que pueda ser apenas un síntoma de timidez, el deseo de cubrir el rostro o hasta los ojos irá aumentar durante una mentira. Eso lleva a colocar la mano en el rostro para disfrazar una característica como la boca; mirar para lejos o permitir que el cabello caiga sobre los ojos para ocultar la mirada. (Es por eso que los jugadores de póker frecuentemente usan viseras y lentes oscuros en la mesa de juego). Entre tanto, recuerde siempre la opción opuesta: un mentiroso que esté haciendo un esfuerzo consciente en su actuación, frecuentemente irá lejos demás en la dirección contraria. ¡Hay criminosos que al ser interrogados por la policía encaran de frente en cuanto hablan, utilizando períodos prolongados de contacto visual sin piscar!

La larga pausa – El cuerpo necesita de algunos momentos para prepararse para decir una mentira, significando que frecuentemente habrá una pausa más larga que lo normal antes de una pregunta ser respondida. Durante ese intervalo, el cerebro del mentiroso está tentando suprimir la respuesta honesta, inventar la deshonesta y finalmente prepararse para decirla de un modo que parezca verdadera. Un mentiroso habitual frecuentemente se desvía de la pregunta para tener más tiempo para prepararse, usando frases como: ¿Está realmente preguntando si la engañé? ¿Realmente acredita que yo haría algo así?, etc. Desviándose de la pregunta, ellos también irán disfrazar el estrés, tentando transferir la presión de responder para uno al envés de para ellos.

La técnica ficticia – Normalmente un mentiroso tiene consciencia del desafío de demonstrar un lenguaje corporal que parezca honesto y puede planear mantenerse parado para evitar revelar alguna cosa. Ponerse muy quieto y tornarse repentina y extrañamente monosilábico puede, entre tanto, entregar el juego, del mismo modo que el otro extremo de hablar mucho o sacudir las manos. Hay mentirosos que adoptan una expresión de póker cuando cuestionados y hasta se sientan sobre sus manos para evitar algún ‘escape’ en su lenguaje corporal.

Gestos de limpiar – Otro gesto común durante una mentira es el gesto de peinar para “limpiar”, que es cuando el mentiroso estará subconscientemente tentando barrer la mentira mientras habla. Puede agarrar y estregar sus pantalones o pollera o hasta las mangas del saco si está sentado, o limpiar sus manos o golpearlas ligeramente como si estuviese apartando la culpa.

Movimiento de los ojos – Esta reacción no ocurre todas las veces, pero una persona que está diciendo la verdad frecuentemente irá utilizar la parte de su cerebro de memoria retenida mirando para arriba y para su izquierda en cuanto habla. ¡Mirar para arriba y para la derecha puede sugerir pensamiento creativo, lo que puede significar mentir!

Técnicas de distracción – Un traidor sexual o mentiroso frecuentemente irá distraer a la persona que los está confrontando usando los mismos valores que los llevaron a engañarla. Si él fue forzado a mentir debido a un impulso sexual, entonces irá forzarlo a recular o perdonar por el mismo motivo. Eso significa que él irá tentar abrazar o hacer avanzos sexuales durante la mentira. Si funcionó con él, puede creer que puede dar cierto con uno también.

No sé si todo esto sirve de mucho, pero con probar no se pierde nada… Ahora, si no le resulta, reclámele a Judi… La mentirosa es ella.

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Mentir Cansa… Menos a los Políticos


No hay duda de que la mayoría de las personas prefiere contar la verdad de que mentir -o por lo menos así lo creemos muchos-, y eso se debe a que, supuestamente, mentir sobrecarga de alguna manera la mente de todo bípede pensante. El raciocinio es simple: si uno logra ganar alguna cosa a través de una mentira, en verdad no se sentirá tan bien si tuviese rematado el asunto honestamente… Algunos no, claro.

Para afianzar lo aquí sentenciado, Kang Lee, un investigador de la “Universidad de Toronto”, y sus dedicados condiscípulos colaboradores, alcanzaron a publicar recientemente los resultados de dos estudios, donde aparentemente ambos logran desmerecer el concepto de lo que comúnmente llamamos de “deleite del tramposo”. O sea, se trata del tan mentado “psicópata fullero”, o de aquella supuesta emoción que ciertos individuos sienten cuando llevan ventajas desleales engañando a los otros y cometiendo fraudes… Excluyéndose a los políticos, obvio, ya que estos hacen parte de una calaña exclusiva.

En todo caso, el primer paso del ensayo fue concebido para forjar a que los participantes mintiesen sobre sus propias voluntades, y a su vez acreditasen que sus mentiras pasarían desapercibidas. En el segundo paso, los investigadores montaron un juego al estilo póker, donde la mentira y el fraude hacían parte de la disputa.

Por eso, mi petardista amigo leyente, parece ser interesante conferir lo que estos sabios estudiosos lograron descubrir sobre la mentira ajena, como para que nosotros podamos pensar dos veces antes de tomar una actitud precipitada:

Nadie está viendo… En la primera parte del juego, las personas tenían que prever en cual lado iría aparecer una imagen en el visor de una pantalla chica. Al tener un palpite, ellas apenas tenían que accionar un botón que estaba colocado debajo de la mesa. Luego enseguida, los participantes fueron cuestionados por los investigadores si acertaron o no, aunque no estaban avisados sobre la cámara escondida que monitoreaba sus dedos.

¿Cuesta tentar? – Kang Lee contó a los reporteros que el resultado remite a lo que acontece cuando se permite que estudiantes corrijan sus propios exámenes. Algunos participantes mintieron más que otros, no obstante todos los participantes acabaron tentando “pasar la labia” en la esperanza de obtener más puntos.

Mentir es interesante  – El estudio monitoreó las respuestas cerebrales de los participantes en cuanto ellos decían la verdad o mentían. Pero fue al analizar la respuesta del cerebro cuando se perdía o ganaba algún punto, que Lee y su equipo se dieron cuenta que sucedía algo diferente: “El hecho de mentir sobrecarga mucho más la red executiva del cerebro de que simplemente decir la verdad”.

Al honesto la recompensa – Al monitorear la región cerebral que registra recompensas, los investigadores percibieron un detalle importante. Cuando uno está diciendo la verdad y recibe algo en cambio, la actividad neural en la parte del cerebro que registra recompensas, es mucho mayor de que cuando uno es recompensado y está mintiendo.

Por tanto, Lee confiesa que quedó sorprendido lo notar el mismo patrón en los dos experimentos, pues era más fácil y más compensador para el cerebro cuando el individuo obtenía éxito con la verdad.

Evidente que a través de este investigador relato, se nota que una pléyade aún no se ha dado cuenta que todo cambia y todo sigue, y que se llora y se ríe por las mismas cosas desde hace siglos. Pero eso también me lleva a recordar que las pasiones humanas son más viejas que la humedad, mi carismático amigo… Entonces, ¿para qué cansarnos contando mentiras o escuchándolas?… ¡Ya es más que suficiente con los políticos que tenemos!

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Que el Olvido no le Apene la Vida


Juzgo que eso de olvidarse de algo, más bien es un concepto característico del psicoanálisis, ya que, a través de este, la persona se puede mantener en armonía y no en un estado de angustia, como resulta ser el recordar un contenido traumático. Ya en 1913, cuando a Freud se le ocurrió comenzar a introducirse en las oscuras covachas de la metapsicológica, terminó por abarcar temáticas como la represión, la que anteriormente había anunciado pero sin llegar a darle tanta profundidad, y a esta la define como: “Su esencia consiste exclusivamente en rechazar y mantener alejado de lo consciente a determinados elementos”, como, por ejemplo, los actos fallidos como el olvido de palabras…

Por su vez, hasta hace bien poco tiempo, cuando alguien se olvidaba de algo o se equivocaba en la vida, podía rectificar, cambiar y enmendar los errores del pasado. Los diarios publicados exclusivamente en papel, y la limitada memoria humana contribuían esencialmente a ello. Sin embargo, con la progresiva universalización de Internet, que combina una enorme capacidad de almacenaje con motores de búsqueda que permiten localizar cualquier dato en cuestión de segundos, con extrema facilidad, eso puede significar el fin del olvido.

En todo caso, fuera del olvido normal (por aprendizaje interferente), existen otros tres tipos de olvido, que se pueden clasificar en otros 3 grandes grupos, -aunque serían cuatro si le agregamos el olvido normal-: olvido traumático, psicológico y fisiológico.

Como sea, lo que tenemos, es que “olvidar” es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, o de guardar en la memoria, información adquirida. Por ende, es que a menudo el olvido se produce por el “aprendizaje interferente”, que es el aprendizaje que sustituye a un recuerdo no consolidado en la memoria, y lo hace “desaparecer” de la conciencia. Debemos tener en cuenta que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir, que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, pero tiene conciencia de haber tenido eso. Así, los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente…, hasta que llegue el momento fatal y al olvidadizo se le dé por hacer locuras.

Así pues, conforme llegó a noticiar el “Huffington Post”, Neil McArdle, un descabezado bípede británico de 36 años, terminó por ser condenado a un año de prisión después haber comunicado una falsa alarma de bomba instalada en un local donde debería acontecer la fiesta de casamiento de él mismo.

Hasta aquí, esto no parece ser cosa del otro mundo, pero resulta que un día antes de la ceremonia, Neil percibió que se había olvidado de reservar el salón de fiestas del predio público St. George’s Hall, en Liverpool, y por tanto necesitaba de algún despiste con el cual pudiese salvar el pellejo.

En el día de la fiesta, mientras la apasionada Amy Williams se cambiaba de ropa, su novio fue hasta un teléfono público y alertó a la policía sobre la existencia de una bomba en el referido edificio, informando que el artefacto explotaría en 45 minutos.

Junto con la llamada, ocurrió una correría por parte de los convidados, mientras la novia esperaba -bobalicona- del lado de afuera del local. La hermana de la novia -que para eso sirven las cuñadas-, al percibir la aprehensión de McArdle, intentó rastrear la llamada, y la mentira acabó por ser descubierta.

El novio fue preso ese mismo día, cuando admitió el pánico que le dio al recordar que no había reservado el salón. En su declaración ante el tribunal, McArdle dijo no haber tenido coraje de contarle a su novia que el casamiento, planeado desde hacía tiempo, no acontecería por una falla cometida por él. En todo caso, así como ocurre en todo sueño de hadas, Amy permaneció al lado del olvidadizo novio y la pareja continúa junta.

Queda supeditado que el día en que ocurra finalmente la fiesta, la orquesta contratada para engalanar la función, tocará a dos manos y cuatro pies la composición de Roberto Cantoral: Dicen que la distancia es el olvido / Pero yo no concibo esta razón / Porque yo seguiré siendo el cautivo / De los caprichos de tu corazón…/ Supiste esclarecer mis pensamientos / Me diste la verdad que yo soñé / Ahuyentaste de mí los sufrimientos / En la primera noche que te amé… ¡Ay, mi Dios! ¡Qué delirio!

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