Existe el Amor Ratonero


A los eruditos en la (in)comprensión de la enmarañada telaraña que forma la mente humana, unidos a los sicalípticos entendedores de los asuntos del amor, les gusta afirmar que cuando no nos une el amor, sino el espanto, nada termina por salir bien… Lo que no deja de ser una verdad ululante.

Tarde o temprano, o viceversa, tanto da, las semillas del espanto se vuelven en nuestra contra y, aunque hayamos logrado aniquilar, suprimir o perjudicar seriamente a nuestros más odiados enemigos -y hasta parientes-, las cosas que queríamos conseguir terminan por dejar un sabor amargo…, que no siempre es en la boca.

A veces odiamos tanto a una persona que no nos ha hecho daño alguno, que pasamos a simpatizar irreflexivamente con gentes a la que no conocemos y que en muchas oportunidades ni siquiera comparten nuestras ideologías de vida y nuestras pautas morales, pero que tienen con nosotros un común denominador: el odio a esas personas que también han dañado la vida y los intereses de nuestros supuestos “nuevos amigos”.

Sin darnos cuenta, a partir de esa situación generamos un clima de “alianza contra el mal” que, al no estar fundada en coincidencias profundas ni en causas de fondo sino en sucesos fortuitos y en casualidades superficiales, trae como consecuencia la ruptura de pactos creados que hace que nos quememos las manos que pusimos en el fuego por defenderlos… Eso pasa en la vida cotidiana cuando se nos da por hacer causa común de algún asunto.

Tal vez por causa de las influencias malignas del demonio protervo, una mujer norteamericana terminó por abrir mano de un casamiento que mal o bien ya duraba más de 11 años, debido a su loca pasión por sus bichos de estimación. En todo caso, el amor de Chantal Banks es algo fuera de lo común, ya que es destinado a animales nada normales de tener dentro de casa: son nada menos que 19 ratas.

Ante el fascino de un lector hipnotizado, agrego que al participar en un programa de televisión de la emisora “TLC”, ésta mujer llegó a decir que no conseguía vivir más sin sus pequeños amigos.

“Yo amo ratas más de lo que amo personas. Mis roedores no me juzgan. Ellos me aman por lo que yo soy. Cuando lloro, ellos lamen mis lágrimas, y cuando estoy con hambre yo les doy de comer a ellos también”, llegó a afirmar Chantal durante el programa televisivo “My Crazy Obsession” (Mi Loca Obsesión, en inglés)… Aunque se contuvo de mencionar como procedía en las noches de luna llena, cuando la temperatura abdominal reclama por otras cosas más interesantes.

Empero, según sus declaraciones, la energúmena pasión de esta norteamericana por los roedores comenzó a los 16 años… Cuando se le antojó tener una cosa peluda entre las manos. Pero mismo después de casarse, la manía de Chantal se agravó, al punto de llevar al marido Chester a desistir de la unión matrimonial que ya duraba 11 años… Y todo a causa de que el susodicho entendía que ya eran muchas cosas peludas para ella sostener entre dos manos y dividir las sábanas.

En todo caso, después que su mujer pasó a adoptar más roedores, el hombre se recusó a ayudarla y decidió salir de casa. Sin embargo, el hijo de la pareja, Kevin, quien fue criado al lado de los roedores, dice que no se importuna con la presencia de los animales en su vida, acrecentando una frase rimbombante: “Literalmente, mis hermanos son unas ratas”, concluyó lacónico.

Mi amigo, disculpe, pero entienda de una vez por todas, que la rutina ni siempre es perfumada como nos hace creer el olfato de las credulidades… ¡Una lástima!

(*) Libros impresos o en versión e-book del autor, están disponibles en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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La Toxina de la Carne Inhibe ‘Wamanaica shimininca’


He de confesarles que hasta el presente momento no se quién miércoles era ella, y me interesaba un comino tener que saberlo. Pero de repente, por esas casualidades que a veces nos regala la vida, llegó hasta mí como si fuese atraída por alguna fuerza cósmica o sideral, una noticia peculiar que demuestra lo cuanto puede variar la mente humana cuando se abre la boca para decir sustantivos pensamientos e inherentes palabras como si estas fuesen sacadas de un libro blanco y desojado.

Sin más preámbulos minuciosos y ya entrando de lleno en el tema, es así que me enteré que la cantautora Patricia Sosa dejó de comer carne porque los “extraterrestres” le dijeron que esta tiene una toxina que inhibe la telepatía. Y como si fuera poco su desvarío, cuenta que también habló en el idioma de ellos.

Quien no sabe, ella es esposa del productor Óscar Mediavilla, y su carrera musical comenzó en 1974 cuando se incorporó a la banda “Nomady Soul”, en la que cantaba en inglés. Realizó giras internacionales, permaneciendo con ella por seis años. Luego de abandonar la formación se unió al grupo “La Torre”, marcando un nuevo estilo: el de las mujeres en el rock. Con él grabó siete discos, desde 1982 hasta 1989. En el año 1985, la fundación Konex le otorga el diploma al mérito como una de las cinco mejores cantantes de la historia del rock. En 1987 grabó a dúo con el chileno Álvaro Scaramelli “Si Lo Sabes, Te Arrepientes”, un sencillo del álbum del chileno, “Mi Tiempo Interior”. En 1990 se lanzó al mercado musical como cantante solista, con un álbum que sólo llevaba su nombre y que llegó a disco de platino en una semana. Debutó en Buenos Aires en el Teatro Coliseo, punto de partida de una gira por el interior del país y Latinoamérica.

En 2011, ella comienza preparativos para su nuevo álbum, “Desde La Torre”, en el cual homenajea a su antigua banda de rock, versionando temas de los ’80s compuestos por ella misma. En enero de 2011 fue la figura principal de la “Revista de Buenos Aires”, integrada por los conocidísimos Raúl Lavié, Miguel Ángel Rodríguez, María Eugenia Ritó, Valeria Archimaut, Chiqui Abecasis y Marcelo Polino, en el Teatro Broadway de Buenos Aires. Actualmente Patricia Sosa brilla cada noche como jurado de “Soñando por Cantar”, el programa que conduce Mariano Iúdica, además de dedicarse a preparar shows en vivo con su último material discográfico.

Pero de vuelta de la farándula y yendo de vez a lo que interesa al curioso lector, esta estrella de la canción rockera, en una entrevista con Pronto que reproduce “Ciudad.com”, se refirió a estos temas pero también a aspectos menos conocidos de su vida, como los que la llevaron a volverse vegetariana.

Sus pulcras palabras anunciaron: “Yo me hice vegetariana una vez que tuve un avistaje de “platos voladores”, hace más o menos 14 años. Estábamos en Córdoba, en Los Terrones, habíamos ido con unas amigas a meditar”.

Luego agregó que era de noche, todo muy oscuro y pensó: “Dios mío, que se prenda una luz porque nos vamos a caer por un precipicio”.

Fue entonces que mantuvo un diálogo, cuando una señora le dijo: “deberías dejar de comer carne porque tiene una toxina que inhibe la telepatía… ¡Y yo no había hablado! ¿Me escuchaste?, le pregunté. Y ella me contestó: sí, y los hermanos también”.

“De pronto se encendió una luz inmensa: era una nave que nos iluminó todo el camino hasta la salida… Ni mis amigas ni yo comimos carne nunca más”.

Cuando le preguntaron si seguía viendo platos voladores, dijo que “a cada rato, hasta en el jardín de mi casa… Una noche estaba con mi sobrino, mostrándole las constelaciones. Le señalé lo que pensaba que eran las Tres Marías, pero me di cuenta de que eran tres naves”.

“Las saludé: ‘Wamanaica shimininca’, que en Irvin, -un idioma intergaláctico-, quiere decir “en este encuentro te honro, señor”. Y las naves potenciaron su luz, brillaron más, se movieron y después desaparecieron. Esos reconocimientos me pasan a cada rato”.

Por último, explicó que “hay que prestar atención. Y además no creo que todas las energías estén preparadas para eso. Mis músicos dicen que estoy del tomate”…

Este relato me lleva a concluir, contando siempre con el auxilio de la insensatez xerográfica, que es posible percibir que la Fénix apagaba incendios con agua del bidé, y de tal forma vaticinar sabiamente que las relaciones humanas cualquier día se tornarían un prosaico juego de virtudes prestidigitadoras en el que tanto hombres como mujeres bostezarían hastiados, llegando a sustituir los deslumbrantes artificios gozosos por meras artimañas gaseosas… ¡Delirante!

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