Alarmas del Alma


Nos acostumbramos a vivir de alarma en alarma, al punto de inventar para nuestro estilo de vida los propios alertas emocionales capaces de enfrentar los desvaríos humanos.

Durante el transcurso de la vida, el sosiego y la inocencia de nuestra primera infancia se alteró por las peores alarmas de espanto, hasta que finalmente vemos que está implícito que no hay tiempo a perder en tonterías.

Cuando llegamos cerca de la mitad de la vida, digamos entre los cuarenta y los cincuenta, al fin aceptamos que la eternidad no existe. Es entonces cuando suele aparecer un sentimiento inmenso y notable llamado aceptación.

Pasamos a conocernos más que nadie, a saber quiénes somos y que nadie vendrá ya a contar un cuento chino o un sueño de Disney, y surge esa gloriosa sensación de decir lo que nos viene en mente y aliviar el alma sin guardar formas.

Es un tiempo en que hemos ido acumulado mil historias privadas que nos causan risas inesperadas, y que nos hacen revivir el brillo que tenían las travesuras de niño… Pero eso sí, ahora con intemperancia de adulto.

 

 

Anuncios

Sin Opacidad


116-sin-opacidad

Por veces, nuestros pensamientos suelen ser tan turbios como la opacidad de la neblina en un amanecer brumoso, si bien los sentimientos casi siempre resultan lúcidos como la luz clara de la luna llena.

Quien muestre sus sentimientos de manera transparente, le resultará una ventaja si eso inspira, ya que su rostro se mostrará diáfano y claro que no ha de ser cualquier espejo del mundo el que se animará a opacarlo.

Sin embargo, todo individuo que despliega opacidad en sus actos o nutre y ceba en sus pensamientos, se arriesga a cargar con sus indivisos fantasmas, y en este caso ya no le resultará una superioridad ante nadie.

Nadie está en condiciones de cuestionar que el odio excesivo, el rencor, la lujuria, el celo, la pasión desmedida, el fanatismo delirante, la intemperancia y todos los demás etcéteras repletos que habitan ocultos en la mente de los seres pobres de espíritu, en su intención primaria los torna seres salvajes.

Entre ellos podríamos incluir a esos entes desquiciados que andan deambulando claudicantes por las esquinas del mundo elevando su mirada empañada y turbia, y revelando sin esconder de quien sea y fuere todo su desvarío interior, ese mismo que trajo al mundo con sus genes y no tienen remedio ya.

Junto a las cosas vanas de la vida, por ejemplo, está la lluvia, que cae trasparente, y sin embargo la neblina resulta sombría. Incluso entre las tantas lluvias podemos incluir el llanto, que es transparente, aunque a éste lo que lo opaca son los parpados.

No hay duda que los dioses han hecho de nosotros, los mortales, seres bastante inestables; si bien entre lo opaco y lo transparente suele existir una barrera muy sutil llamada ser humano, que nada más es que un oprimido social por naturaleza, trascendente e irrepetible que se diferencia de los animales por causa de su inteligencia y razón, y que vive conformes a reglas y normas transparentes.

A %d blogueros les gusta esto: