San Jorge


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Cuentos son cuentos y en ellos el lector siempre puede añadir detalles y fantasear a su gusto. Pero acredito que en este aquí puede que no.

…Existe en cierta iglesia de un país del Viejo Mundo varias estatuas monolíticas, pero una en particular llama la atención, pues además de candelas encendidas por quienes piden intervención milagrosa, está especialmente un gran San Jorge, acorazado con pectoral, yelmo y perneras, con plumas al viento y gran bigote de guardia civil del cielo.

Sin embargo, la historia de este San Jorge viene a ser una página negra en los anales del arzobispado del lugar. El caso es que en cierta procesión, no se sabe a lo cierto en cual, sin que ello salga perjudicada la inteligencia del caso en cuestión, solía salir siempre San Jorge montado a caballo, como corresponde a quien, desde inmemorables tiempos, anda en encendida lucha con los dragones. A caballo, y empuñando la lanza, recorría San Jorge las calles de la ciudad recibiendo, lógicamente, preces y saludos militares, mientras el caballo, llevado firme de la rienda, piafaba de contento.

Así fue por muchos años, hasta un día, nefasto, en que el caballo que había de transportar al santo le pusieron herraduras nuevas, por estar las viejas gastadas. Sale el cortejo, ocupa San Jorge su sitio en la procesión, y he aquí que tropieza el animal con un carril de los del tranvía, resbala, le huye el suelo bajo sus manos y patas, y allá va San Jorge de bruces contra el pavimento, con estruendo terrible, pánico y consternación.

Estruendo fue lo que se oyó, pánico el de los ratones que en tropel huían de dentro del santo, y consternación la de los curas, devotos y demás acompañantes, que veían así, demostrado en plena plaza pública, el nulo cuidado que el interior del santo les merecía. En él habían hecho nido los ratones de la iglesia, y eso no lo sabían los clérigos. Esto ocurrió hace muchas décadas, y, de vergüenza, nunca más San Jorge volvió a salir a la calle.

Allí está, en la capilla, triste, lejos de la ciudad amada por donde nunca más asomó la cara, con su pluma cimera ondeando al viento y la lanza pronta. Con todo, algunos vecinos fantasean que a altas horas de la noche, cuando la ciudad duerme, aparece por la capilla un caballo de sombra que, en seguridad, lleva de paseo al santo. No hay en el camino quien le aplauda, pero San Jorge no le importa, ha aprendido a su costa de cuán poco depende la gloria.

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Lo Asustó la Araña Peluda


Necesito reconocerlo… Hoy me siento como campo sin vacas: “desganado”. Pero, en fin, la vida sigue su curso y aunque uno quiera no hay como bajarse del tren a mitad del camino… Caso contrario tendríamos que terminar el viaje a pie.

Tal filosofía hace parte da la “estupidez” del humano, obvio; aunque se necesite aclarar que una estupidez es algo dicho o hecho propio de un estúpido. O sea, el término estúpido, por su parte, hace referencia a aquel falto de inteligencia, torpe o necio. Puede decirse, por lo tanto, que una estupidez es una tontería o algo que no tiene lógica.

También encuentro oportuno resaltar que existe incluso una teoría acerca del término que he abordado. El historiador italiano Carlo Maria Cipolla fue, en concreto, el individuo que desarrolló lo que se conoce como “Teoría de la Estupidez”. En el año 1988 él presentó un conjunto de ideas acerca de esa “cualidad” que tienen algunos humanos. Su soflama deja patente que los estúpidos forman un grupo de los cuatro que existen a nivel mundial. Entre ellos estarían los que se menciona además de los inteligentes, los desgraciados y los malvados… Evidente que yo me encajo en uno de ellos.

Un ejemplo típico de la teoría que Carlo Maria desdobló, ocurrió recientemente. A bien verdad, la policía de New South Wales, en Australia, fue llamada para atender una ocurrencia después que vecinos acreditaron que un caso de violencia doméstica estuviese ocurriendo dentro de una casa del barrio. Sin embargo, cuando los agentes de la ley llegaron al lugar indicado, se depararon con una situación para más de estúpida.

Era alrededor de las dos de la madrugada del pasado sábado, cuando algunos vecinos comenzaron a escuchar gritos de terror y palabrotas. Las voces eran aparentemente de una mujer aterrorizada, lo que de hecho los motivó a llamar a la policía.

“¡Te voy a matar, muere!… ¡Muere hija de…!”, gritaba una voz masculina. Con todo, después que los policiales llegaron, la misteriosa agresión tuvo una respuesta. Todo no pasaba de una lucha desesperada entre un hombre completamente exasperado y una araña peluda… Muy diferente de aquella que él estaba acostumbrado a jugar diuturnamente desde jovencito.

Al ingresar en la casa, los policiales encontraron a ese bípede australiano gritando en un rincón de la pieza con una lata de veneno de insectos en la mano. De inicio, a los oficiales ni se les ocurrió pensar que el individuo estaría persiguiendo arañas por la casa en cuanto desmadraba, asustando así a los lechucientos de sus vecinos.

Autoritariamente -como es el típico proceder de ellos-, los policiales cuestionaron si el personaje estaba agrediendo a su esposa, pero él hizo cuestión de dejar claro que era soltero… Lo que de por sí no significaba nada.

Con todo, un portal de noticias de la mencionada localidad acabó divulgando el diálogo entre los policiales y el hombre, explicando así la embarazosa situación:

Policía: ¿Dónde está su mujer?… ¡Vamos, diga!

Hombre: Yo no tengo mujer.

Policía: ¿Dónde está su novia?

Hombre: Tampoco tengo… ¿Qué quieren aquí?

Policía: Nosotros recibimos una llamada a respecto de violencia doméstica luego de escucharse gritos de mujer… ¿Dónde ella está?

Hombre: Yo no sé de lo que ustedes están hablando… ¡Yo vivo solo!

Policía: Vamos hombre, las personas dijeron que escucharon claramente la voz de una mujer mientras usted decía que quería matarla… También oyeron barullo de muebles y otros chirimbolos siendo tirados al piso.

Aparentemente, en ese momento el acusado se mostró extremamente avergonzando y decidió cerrar el pico… El diálogo pronto fue retomado.

Policía: ¿Qué es lo que usted hizo con ella?… ¡Vamos, hable luego!

Hombre: Era una araña…

Policía: ¡¿Perdón?!

Hombre: ¡Era una araña, una araña realmente enorme!

Policía: ¿Y los gritos de mujer?… ¿De quién eran?

Hombre: Bueno, disculpen. Era yo, gritando… Realmente odio arañas.

Una vez terminada la conversación, la cosa acabó por ahí y los policiales ayudaron al hombre a revisar la casa en busca del arácnido peludo, pero no lo encontraron.

Como se puede apreciar, es muy importante destacar que aquello que se define como estupidez “es subjetivo”, y Carlo Maria no ha sido el único que ha abordado el tema de la estupidez humana. También lo han hecho figuras tales como el filósofo español Fernando Savater e incluso se han llegado a establecer afirmaciones como que hay dos cosas que son infinitas en el mundo: “el universo y la estupidez del hombre”… ¡No es de dudar!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

De Conciencia Moribunda


Existe una infinidad de caminantes que acreditan piamente que existen ocasiones en la vida en las que debemos dejarnos llevar por la corriente de lo que sucede, como si nos faltasen las fuerzas para resistir; empero, de pronto uno comprende que el río se ha puesto a nuestro favor y nadie más se ha dado cuenta de eso, sólo nosotros, y quien nos mire creerá que estamos a punto de naufragar, no obstante nuestra navegación nunca fue tan firme.

Básicamente existe un consenso que está arraigado entre los seres humanos sobre el cuestionamiento de la siguiente duda: ¿Qué acontece cuando morimos?… Más allá de dejar de respirar, evidente.

Desconcertados, algunos llegan a preguntar la opinión a sus vecinos, aunque sabemos que otros no lo hacen por no dar a saber de su vida, pues es verdadero que cuando estamos preguntando algo estamos diciendo sobre nosotros mucho más de lo que se podría imaginar. Con todo, lo que nos salva es que las personas preguntadas, en su mayoría, no tienen el oído preparado para comprender lo que se oculta tras las palabras aparentemente inocentes como lo pueden ser las que utilizamos para la pregunta.

Pues fue justamente pensando en todas esas vicisitudes y en la respuesta correcta que tendría que ser dada, que la ciencia pasó a desenvolver varios prototipos de investigaciones dirigidas para esa área específica… Sin necesidad uno tener que preguntar nada al Diablo.

Pues bien, ahora, un equipo de científicos de la “Universidad de Southampton”, al sur del Reino Unido, confirma un develamiento increíble. Estos investigadores dicen ya saber con certeza por cuanto tiempo funciona la consciencia humana después de decretada la muerte clínica.

Para eliminar dudas y escepticismos, -principalmente de todos aquellos que hacen de ellos su laboriosidad-, el estudio en cuestión fue desarrollado, según los investigadores, en larga escala. En total fueron entrevistadas 2 mil personas que ya atravesaron períodos de muerte clínica y retornaron a la vida… Medio tambaleantes, pero al fin volvieron. Y fueron más del 40% de los entrevistados los que dijeron y afirmaron que estaban conscientes durante todo ese difunteado tiempo que les tocara vivir.

Después de finalizadas las exhaustivas investigaciones junto a esas ex cadavéricas personas, los médicos llegaron a la sabia conclusión de que existe un período estimado de tiempo en que las personas permanecen conscientes. Según ellos, ese medio-tiempo tendría una duración entre dos y tres minutos… Lo que bien puede llegar ser una eternidad si lo tienen que pasar al lado de sus suegras.

En fin, sin importarse del talante es éstas, los investigadores afirman que en total, apenas 150 de los 2 mil entrevistados afirmaron que, durante ese período, los muertos vivos tuvieron plena consciencia y recuerdan de las técnicas y tratamientos que fueron realizados para salvar sus vidas en aquel momento. Ya otros 330 afirman que no tuvieron ayuda médica para volver a la vida… Lo que de por sí ya es un milagro mismo que no se llamen Lázaro.

Sabiendo de lo poco común que es tomar conciencia de tantas potencialidades simultaneas, aprovecho esta fabulosa ocasión en que la inteligencia colectiva parece exhibir con los pies lo que podría ser hecho con las vísceras, para humildemente reconocer que no paso de un ventrílocuo hablando conmigo mismo… ¡Pavoroso!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

El Verdadero Beso Animal


Lo aprendimos en la escuela: humanos son animales, se comportan como animales… Más tarde, a esos mismos perseverantes en el aprendizaje se les ha ido inculcado que el ser humano se interesa por otro de su misma especie no apenas por cuestiones ligadas a la personalidad, inteligencia o estilo, sino también por el “vaho” -no necesariamente de las sudoríparas axilas-, de las hormonas que son liberadas por el cuerpo. Por tanto, la cosa es química y no hay como negarlo.

Con todo, es caso de preguntar: ¿Por acaso alguien ya vio a algún animal besándose?

No es un dato científico, pero la gran mayoría de bípedes claudicantes que andan por ahí, afirma animales no se besan. Puede que hasta algunas especies refrieguen sus rostros, pero nada de besos en sí.

¡Respuesta equivocada, mí vertebrado leyente! Científicos afirman que los chimpancés se besan, aunque eso ocurra sólo entre los machos de la especie, y como forma de reconciliación entre ellos. Además, el “bonobo” -que no es igual que lo hagan a uno de bobo-, un primate más conocido como “chimpancé pigmeo”, también se besa y hasta usan sus lenguas, así como también tranzan así que se conocen, sin mucha ceremonia ni rodeo. Visto así, su beso no parece realmente tan romántico como cualquiera pueda imaginar.

En todo caso, excepto estas especies, nada de beso entre animales. El beso, mismo, sólo ocurre entre los humanos, aunque no esencialmente tal acto sea aceptado en todas las culturas.

Un estudio realizado conjuntamente por las “Universidades de Nevada e Indiana”, en Estados Unidos, llegó a estudiar 168 sociedades en todo el mundo, y descubrió que apenas el 46% tiene el beso como algo romántico. Y que algunas de esas sociedades, como la tribu de los “Meinacos”, que vive en la selva brasileña, más específicamente en la región de Xingu, definen esa práctica simplemente como “asquerosa”.

¿Qué quiere que le diga? Al fin de cuentas ellos no están del todo equivocados, ya que se sabe que el intercambio de saliva con otra persona puede aumentar las chances de diseminar enfermedades: un beso de lengua puede transmitir hasta “80 millones de bacterias”… Una pavadita.

Siendo así, sería de cuestionarse: ¿dónde radica esa cuestión insistente con el beso?

Por lo que se sabe, la primera vez que el beso fue encontrado por historiadores, fue en textos en “sancristo védico hindú” de más de 3,5 millones de años atrás. Tal práctica era llamada de “aspirar el alma de otro ser”. A más, en las escrituras de las paredes existentes en las pirámides y otros locales de Egipto, por ejemplo, las personas aparecen muy próximas unas de las otras, pero nunca con los labios colados.

Pues bien, resulta que estos estólidos investigadores, ahora se les ha dado por sospechar que el beso sea algo cultural que ha ido pasando entre generaciones, y su objetivo real sería el de aproximarse de otro ser para sentir su olor y tener contacto con las hormonas expelidas por la piel, y así descubrir si esa persona es realmente el par que ella procura. Como se ve y se deduce, el beso se tornó algo romántico, pero comenzó como una buena disculpa para nuestras necesidades químicas de detectar las feromonas.

No sé, porque luego de cualquier esfuerzo, lo que en verdad se huele no es más que intenso sudor. Pero no es de dudar lo que afirmas estos catedráticos si con tanta firmeza lo afirman. Por otro lado, un hombre, si ha estudiado, aprende a dudar, mucho más siendo los dioses tan inconstantes, seguros sólo, ello por ciencia, nosotros por experiencia, de que todo acaba, y el beso siempre antes que lo demás… ¡Pura zalamería!

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Una Manera Diferente de Matar


Me da la sensación de que el fenómeno se ha vuelto tan frecuente, que llega al punto de algunos empezar a tomar la cuestión como normal, y al frente a alguien que emite una opinión o hace una propuesta, luego le lanzan andanadas de palabras que lo descalifican como posible interlocutor.

Es el uso de la lógica primitiva del “mirá quién habla”… Ello incita a lo que diga un fulano no merezca ninguna consideración, no porque sea falso o incorrecto sino porque simplemente lo ha dicho Fulano. Sin embargo, detrás de esta actitud hay un burdo error conceptual.

Desde hace siglos se sabe que el valor de una afirmación no depende de quién la haga sino de lo que dice. Hace casi exactamente un siglo, el italiano Vilfredo Pareto, uno de los padres de las ciencias sociales contemporáneas, escribía en su Tratado de Sociología General: “Supongamos que mañana se descubriera que Euclides fue un asesino, un ladrón, el peor de los hombres que han existido. ¿Perjudicaría esto en la menor medida el valor de sus demostraciones?”.

Mucho tiempo antes, a Shakespeare le gustaba recordar que la verdad habla con frecuencia por boca de los tontos y de los locos. Si esto es verdad en casos tan extremos, ¿podemos excluir la posibilidad de que la verdad hable por boca de nuestros adversarios o de aquellos con quienes no simpatizamos?

La descalificación en función de quien habla es un acto de poca inteligencia, pero además es un atentado contra la igual dignidad de las personas. Como Fulano pertenece a un grupo con el que no me identifico (los que viven en mansiones, los riquitos, la derecha, pero también la izquierda, los sindicalistas o los bolches), lo declaro incapaz de decir nada que pueda tener algún valor.

En los casos más graves, esta actitud se convierte en discriminación lisa y llana. Esto ocurre cuando la causa de la descalificación es una característica que la persona no puede modificar: ser mujer, ser judío, ser “pituco”, ser universitario, ser hijo de alguien. Y, por cierto, es tan discriminador y clasista descalificar a alguien porque nació en cuna de oro como hacerlo porque nació en el suburbio.

Negarse a descalificar no significa renunciar a la discusión ni a las interpelaciones personales. Por ejemplo, no es lo mismo descalificar que exigir coherencia. Si alguien niega antes de una elección que haya dificultades económicas pero lo admite enseguida después de haber ganado, es legítimo decirle que se está contradiciendo. Pero señalar una contradicción implica tomarse en serio lo que se afirmó, mientras que descalificar implica negarse a considerarlo en función de quién lo dijo.

El que se niega a escuchar a otro por ser quién es, está contribuyendo a matar la cultura de debate público. Si todos hiciéramos lo mismo, no habría discusión posible. Pero, más grave todavía, descalificar a un interlocutor simplemente por ser quien es, implica colocarlo en la posición de quien, como un muerto, no puede decir nada. De algún modo se lo está matando con palabras.

En estos tiempos de deterioro del clima de convivencia, es bueno ejercitar ciertos reflejos básicos. Cuando se escucha a alguien zanjar una posible discusión con frases como “qué querés si lo dice éste”, “qué se puede esperar” o “a esos no les creo nada”, seguramente se está en presencia de alguien que no practica el igual respeto ni cree en el debate público.

Lo más recomendable es que no hay que imitarlo, porque eso solo contribuiría a agravar el deterioro… Pero eso sí, hay que tener bien clara su responsabilidad.

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El Síndrome del Hombre Bajo


¿Qué quiere que le diga? No sé, pero lo que es yo, por mi parte, continúo en duda, mismo que la multitud insista en decir a mí alrededor, que los “bajitos” tienen fama de ser unos “calentones”. No obstante por otro lado, si analizamos el asunto con una mayor profundidad ocular, uno puede entender por qué: hombre odia ser mirado de arriba hacia abajo; por ende, es factible raciocinar que la llamada “Síndrome del Hombre Bajo” realmente existe.

Ante esa misma incertidumbre, y para confirmar la veracidad de tal síntoma, fue que media docena de investigadores de la “Universidad de Oxford” descubrieron, utilizando instrumentos de realidad virtual para reducir la altura de voluntarios por medio de un software, que los individuos estudiado resultaban más propensos a pensar que los otros estaban mirándolos, o hablando por sobre ellos.

Si esta sintomatología se confirma, cabe preguntar: ¿ya paró para pensar lo qué más su altura puede decir sobre usted? No obstante otros opinen que, ni siempre aparente, la diferencia de estatura puede revelar mucho más de aquello que constatamos luego de cara cuando nos topamos con un sujeto. Como por ejemplo:

Larga Vida – Diversos estudios nos muestran que personas más bajas viven más tiempo. Uno de esos análisis acompañó la vida de 500 hombres nascidos entre 1866-1915 en la isla italiana da Cerdeña, y reveló que aquellos abajo de 1,64 m vivían en media dos años a más en relación a los más altos. Según científicos de la “Universidad de Cagliari”, los motivos que justifican la conclusión, se encuentran en al reducida tasa de daño de DNA, excelente potencial de reposición celular y una mayor eficiencia del corazón. No en tanto, las mujeres bajas también viven más: las japonesas, cuya altura media no pasa de 1,58 m, se mantienen invictas en relación a cualquier otro ser humano en el quesito longevidad… Aunque no lleguen a la edad de Matusalén.

Inteligencia – Quedó confirmado que individuos más altos tienen tendencia a ser más inteligentes. En 2006, la “Universidad de Princeton” descubrió que a los tres años de edad, los niños más altos ya se destacaban en testes cognitivos. Y un otro estudio realizado por la “Universidad de Colorado”, reveló que la relación altura e inteligencia está asociada a la reproducción. Por lo que según Matthew Keller, personas inteligentes buscan compañeros literalmente a su altura… Y largura.

Dinero – Claro que no necesita ponerse taco alto, pero resulta que arriba de 1,82 m, los hombres pueden llegar a ganar 1.5% más de que un colega de 1,55 m, por lo menos así lo garante un estudio específico. Es que los investigadores de la “Universidad de Sídney”, compararon los paquetes salariales de 20 mil personas usando indicadores que incluían peso y altura, y observaron que la altura elevada se traducía, en media, en más dinero; no obstante ello tenga quedado más evidente entre hombres de que en mujeres.

Ambición – Si usted está de ojo en una mujer, decídase antes. Es que de acuerdo con los académicos de las universidades “St. Andrews” y “Stirling”, las mujeres bajitas son menos ambiciosas. Además, ellas son más propensas a iniciar una familia en vez de focalizarse en la carrera. El estudio que envolvió a 1.220 mujeres del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, descubrió que las más altas son menos fértiles, generalmente tienen menos hijos y dan a luz en edad más avanzada…, pero son más ambiciosas… Así que, ya sabe.

Mejor compañero – No se entusiasme mucho, mujer, porque mismo que hombres más altos ganen más, sean más inteligentes y tengan más hijos, quedó confirmado que los más bajos son mejores maridos… O sea, defina antes para lo que lo quiere.

En todo caso y por su vez, otro estudio publicado por el periódico “Biological Psychology”, concluyó que los hombres altos son dos veces más populares entre aquellas féminas que buscan relacionamientos de corto plazo. Durante la investigación, las mujeres tuvieron que escoger cual era el par ideal para la célebre “una noche y nada más” y otro para un noviazgo largo, a través de fotos que revelaban la altura del pretendiente… Lea bien, no dije largura.

En todo caso, le recomiendo no se reproche ahora por lo que tiene a su lado, ya está. Y digo esto, mi ocular leyente, mismo sabiendo que algunos ya se estarán mirando el uno al otro, desconcertados y con ojos bovinos, ante la gárrula tarea de extraer conocimientos párvulos, cuando bien sabemos todos que tal operación de quinta esencia, simplemente, no es posible… ¡Alargado asunto!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Más Burros y Menos Sabios


Lo primero que hay que habría que ver en este caso, es lo que más le gusta al leyente amante de las mascotas domésticas, pues me acabo de enterar de una tesis que afirma que los dueños de gatos -independiente de si estos arañan o no- es que ellos llegan a tener un coeficiente intelectual más alto que los adoradores de perros, según lo indica un reciente estudio catedrático.

Todo se debe a que, durante siglos, los amantes de canes y felinos se las han pasado discutido largamente acerca de las virtudes de unos y otros animales -y no las de ellos propios-, por lo que no hay duda que el tema de la inteligencia de los mismos hace parte de un contenido crucial en ese debate.

Algunos mencionan que mientras que los cinófilos se apoyan en la obediencia de sus mascotas para demostrar que ellas “entienden todo”, los propietarios de felinos aducen que los miaus también entienden todo, pero el caso de su indocilidad se debe a que a ellos no se les antoja hacer caso.

Pues bien, para poner un punto final a tan larga discusión, surgió ahora un estudio realizado por la “Universidad Carroll” de Wisconsin, EEUU, por el cual se plantea el asunto desde otro punto de vista, trasladando el debate directamente desde las mascotas hasta sus propietarios.

El caso es que la investigación -excluyéndose de ella, por razones obvias, a todos aquellos que viven solos con su pareja- logró revelar que los propietarios de los dos animales tienden a tener diferentes personalidades. Por tanto, los amantes de los gatos son más sensibles, mientras quienes prefieren a los perros suelen ser más enérgicos… Aunque no hayan descubierto cual es el temple de los que gustan de la suegra. Asimismo y como sea, agregan que los dueños de gatos acostumbran ser gente introvertida, al contrario de lo que es habitual entre los dueños de canes.

Por ende, e independiente de los temperamentos o personalidades de los dueños de estos bichos, resulta que a la hora de realizar el test de coeficiente mental, los “gateros” puntuaron por encima de los “perreros”.

Para explicar mejor el resultado de esa disquisición, Denise Guastello, una de las responsables del estudio, mencionó que “tiene sentido que una persona que tiene un perro sea más ‘animada’, porque va a sacar a pasear a su mascota y hablará con la gente por la calle. Asimismo, gente más introvertida puede preferir más bien quedarse en casa, por ello un gato les resulta mejor mascota, ya que no hay que llevarla fuera”, dijo ella en el encuentro anual de “Psychological Science” en Chicago y según lo recoge el periódico “Daily Mail”.

En fin, con o sin sentido, como sea, este estudio trabajó sobre 600 personas de ambos sexos, a los que se hizo una serie de tests con la sana intención de elaborar un perfil personal, y también se les hizo la consabida pregunta acerca de su preferencia entre perros y gatos.

La sabia conclusión a que llegaron, es que cerca del 60% de los encuestados se definieron como “gente de perro” -por eso de querer mostrar los colmillos-, una cifra que casi sextuplicó la de “gente de gato”… Un sorprendente resultado que llevó al papamoscas de mi vecino a concluir, que eso lo dejó con la impresión de que en el mundo existen más burros que sabios.

Exceptuándose el jumento comentario de mi vecino, el hecho en sí, es que tampoco faltaron voluntarios que se decantaran por otros animales, y unos cuantos -casi un tercio- llegaron a afirmar que gatos y perros les desagradaban por igual.

Por tanto, más allá de lo controvertido -o divertido- que pueda resultar el mencionado estudio, sus autores afirman que lo descubierto puede ser útil a la hora de asignar mascotas terapéuticas para los enfermos -no necesariamente mentales.

Con todo, desafiando ya los escepticismos sobradamente justificados después de millares de relatos leídos y oídos que mencionan sobre las vidas ejemplares de perros y gatos y de sus vastos milagros y prodigios, sin disimular sonrisa, presiento que uno vuelve a sorprenderse quedándose donde está, frente a frente, a la espera, según todas las apariencias, de que he llagado al fin de lo que tenía que decir… ¡Impresionante!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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