Amor Acrónimo


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¿Será el amor un acrónimo, o no pasa de una dolencia que acomete a los vulnerables de espíritu?

Quién sabe ese estado de apego sentimental y excitable sean asomos que suele ocurrir en campos variados: en el sueño, en el insomnio, en el desvelo, en una ilusión que, como fantasma, persigue nuestros pasos.

Pero bien que podría ser un acrónimo, ya que éste es las suma de los significados de las palabras que lo generan, no obstante, por veces, el acrónimo genere confusión en su significado porque usa partes de términos que se ya se usaban independientemente como raíces cultas.

Sin embargo, bien sabemos que cuando el bichito de amor nos pica, además de infestarnos el alma, casi siempre resulta en un intento de querer encontrarnos, de querer hablar consigo mismo, con los ojos abiertos, con los labios inmóviles o mordiendo un manifiesto proyecto de palabra que la mente ordena y el corazón no escucha.

Eso ocurre con nuestro órgano muscular, justamente por causa de esa insana egolatría que lo vuelve sordo y lo lleva a palpitar neciamente, cuando nuestra mente se vuelve más equívoca una vez que el amor se convierte en un ardor de pasión, primordialmente cuando el sentimiento penetra en nuestro pasado queriendo buscar raíces, motivos, razones y simientes de angustias de antaño.

Pero existe una salvaguarda cuando nos pica el amor: la mente, que actúa que ni hiedra venenosa que va trepando por el muro de los malos recuerdos y no convoca a nadie, porque si así lo hiciese, los cataclismos emocionales nos harían vibrar y temblar, buscando empujarnos al abismo de los fracasos.

En este caso, y aún más cuando no logramos contener la pasión y demás sinónimos, es cuando se abren entonces las válvulas de la duda y nuestra alma pasa a oscilar temerosa entre la dicha y la penuria deseando consultar al versado corazón, aunque a ella no le sea permitido interferir.

Por consiguiente, ha de ser ciertamente a causa de ese inicuo instante, que nuestros sentimientos sucumben en lo contrario a un acrónimo, para de pronto convertirse en un retroacrónimo, o sea, un tipo de conmoción que empieza siendo una palabra de uso común, pero que después acaba siendo interpretada como sigla que licúa nuestra existencia y ya no nos deja vivir en paz.

¿Alguien tendrá la respuesta?

Silencios


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Imagino que cuando alguien me habla del silencio, hace referencia a la abstención de hablar o la ausencia de ruido. No en tanto, a pesar de divergir de sus conceptos, yo no lo impugno ni me turbo, porque el tiempo, hábil maestro de las conspicuas percepciones, me ha enseñado con su rigor pedagogo, que el silencio consigue ser también un recurso proverbial que suele usarse en medio de una comunicación.

Pero, atención, porque justamente en medio a cualquier conversación, el silencio puede tener distintos significados, ya que sabe formar parte de la puntuación normal de una frase o tener una carga dramática. Y cuanto a este sentido teatral, uno puede distinguir entre el silencio objetivo, que no es más que la ausencia de sonido sin otra connotación, y el silencio subjetivo, o simplemente, una pausa reflexiva que es llevada a cabo para acentuar lo dicho anteriormente o posteriormente.

El silencio, o esas partículas calladas a exprofeso que suelen ser irrecuperables demarcaciones del mutismo, por otra parte, puede tratarse de la disminución o falta de ruido en un determinado entorno o momento, como lo explica, por ejemplo, la siguiente emoción: “El silencio de la noche atemoriza a la joven apasionadaque no sabe que entre albas y crepúsculos que se unen entre pasiones, no hay nada más allá del horizonte poco hospitalario que el más relajante silencio de la montaña”.

Dicen que el insomnio de amor tiene su propia partitura, y, por supuesto, que además de un par o dos de labios que un día probaron el sabor de los míos, a todo ello habría que resaltar el hecho de que existe una serie de expresiones que utilizamos de manera coloquial y que hacen empleo del término que nos ocupa, porque aparte de los tallos que nunca más se expandirán en rosas, éste sería el caso, por ejemplo, de la locución adverbial “en silencio”, la cual usamos los enamorados para expresar que algo se está haciendo sin llevar a cabo ningún tipo de queja, mismo que todo aquello que fue color hoy sea incoloro.

Claro que también existe la locución verbal “imponer a alguien silencio”. Pero, haciendo uso de ella, lo que en sí intentamos determinar, es que una persona obliga a otra a que se calle como se callan las estrellas cuando sale el sol, o a que guarde para sí determinados sentimientos como si estos fuesen gorriones que se ensombrecen entre uno que otro vuelo bajo un cielo raso añil.

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