Quédate


Ella, siempre en su eterna manía de sonreír. Yo, en mi adorable manía de caer rendido cada vez que lo hace.

Por disfrutar su reír, mis devaneos se han perdido entre las estrellas de sus ojos, en la profundidad de su mirada, en los soles de sus mejillas, en las sutiles cometas que forman sus cabellos al viento, y en la nebulosa bruma de sus labios amanecidos y frescos como uvas de verano.

Ensimismado con su mirada, me gustaría tocarla como quien toca un violín. Con sentimiento, con fineza y, en el correcto momento, con frenesí.

Pues es ahí que trastornado por la inquebrantable ilusión de quererla mía, noto surgir ese lapso de reflexión en el que pensamos qué hacer con lo que tenemos entre manos, lo que sea que tengamos, y percibo como ella se me va escapando entre los dedos como arena que escurre en la clepsidra.

Cuantos besos, vida mía, me perderé por no saber decirte que te necesito a mi lado.

Santificado


Han de existir, por supuesto que sí, aunque no sea nada fácil ser un santo en este equívoco mundo en que vivimos.

Pero incluso sin haberlos visto una única vez en carne y hueso ni haber escuchado sus santas palabras ecuménicas, nos basta con ver las innumerables imágenes de madera, piedra y mármol que están expuestas en altares de aquí y allí para que los adoremos.

Es más, algunos de ellos son de barro, con coronilla y todo, lógicamente, que es justificadamente para hacer santo honor al fango de la albardilla de donde surgieron.

Todos, sin excepción, fueron seres bienaventurados que hicieron que sus piadosas palabras y su voz coincidieran con la esperanza de quien de lejos o cerca los miró y aguzó el oído, cuando entonces vieron que tanto las maravillas y las impurezas se ahogaban repentinamente en el olvido y lo normal se convirtió en milagro. Por ende, luego de su muerte los convirtieron en estatua.

Pero no me refiero exactamente a estos, pues intuyo que más santo ha de ser el necesitado humano que ama y no es correspondido. Que si bien sus rezos y rogativas son un tanto diferentes al pragmático modelo eclesiástico, por otro lado no podemos dejar de dar razón a sus apostólicas argumentaciones de amor, las que hilan y rehílan una y otra vez, sentimentales y afables, en un oído sordo.

La concepción del amor y la introspección del lenguaje del apasionado surgen, como en un pase de mágica, de una bolsa de ideas que él tiene escondida en su corazón. Quien un día ya vivió febril de amor, sabe muy bien que esos actos y ruegos responden a una complicada filosofía de sentimientos que no tiene reglas ni se ajusta a criterios de la ley mayor. Es pura pasión.

Con todo, peripatéticamente, éste ya no se tornará un santo hombre ni un día ganará silla en el reino celestial, si en esos acasos de la vida convierte su ilusión en realidad, ya que tendremos entonces un santo viviendo su propio infierno… ¡Ah, el amor, el amor!

Ya no te Pienso


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De pronto uno tiene la firme intención de alejase de las imágenes queridas, pero me he dado cuenta que justamente en una de estas tu has quedado prendida, frágil, en la línea tenue del horizonte añil.

Te quiero, es verdad. Por veces lejos y fuera de mi vida y de mis pensamientos. Otras veces, inclusive, quisiera no quererte, pero aquí estoy. Y aun te quiero.

He percibido que este mundo en que vivimos, no pasa de una vitrina gigantesca en la cual lucen opacas ausencias imborrables, gran parte de los hechos acontecidos y tal vez por acontecer, tendencias, ilusiones, pronósticos, un plagio de dioses de barro y de papel, de semidioses que no lo son ni nunca serán, toda especie de nostalgia, corazones ajenos, unos enteros otros en añicos, y, en una de sus esquinas, un remanente de consternaciones de la comedia humana.

No han sido escasas las veces que me entregué a mirar todas esas minucias allí expuestas bajo mil luces coloridas, y puede que las haya advertido en un estado infrecuente, pero eso sí, sin llegar a reconocerlas como mías y tuyas.

Las he observado con detenimiento y examinado con la misma precisión de un joyero, cuando finalmente advertí que muchas son parte integrante de nuestra desolación. Son esas ínfimas cosas que he ido acumulado desde el tiempo de nuestros besos queridos y que hoy llevo guardadas en mi archivo memorioso, cuando ya no sé más si las debo confinar en el cielo o en la basura.

De pie frente a esa vitrina de ilusión perdida, me quedo pensando en lo que fuimos, pero sobre todo en lo que no fuimos ni pudimos ser cuando el sueño nos abrazó en la noche de las tinieblas, en cuanto el presente vibraba como un juego de niños practicado por adultos.

Hoy he dejado de pensar en muchas cosas, pero eso sí, ojalá tu sigas pensando en mí.

La Verdad


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¡Dime la verdad! Suele ser la expresión que utilizamos en cuanto aguardamos por una confesión creíble.

Sin embargo, con ese clamor olvidamos que la verdad no es más que un concepto abstracto de difícil definición, muchísimo más si éste incumbe al ámbito del amor, visto que el enunciado se encajaría mejor en lo que se atiene a las sapiencias exactas.

Informalmente, el término verdad se usa para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o tal vez a la realidad a la que dicha afirmación se refiere, y aún a la fidelidad a una idea. A bien verdad, este término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas o la filosofía.

Tampoco se puede negar que el uso de la palabra abarca asimismo la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general. Como igualmente se usa en el acuerdo de los conocimientos con las cosas que afirmamos como si estas fueran una realidad dada por cierta: los hechos o las cosas en particular; o la relación de los hechos o las cosas en su totalidad en la constitución del Todo, del Universo.

Sin embargo, lo que se percibe, es que en relación al amor y la verdad del sentimiento estamos lejos.

No digo que el amor no lo sea, pero las cosas sólo son verdaderas cuando son “fiables”, y entonces sólo son fieles porque cumplen lo que ofrecen. Por tanto, el término no tiene una única definición en la que estén de acuerdo la mayoría de los estudiosos, por lo que las teorías sobre la verdad continúan siendo ampliamente debatidas.

El sentimiento del amor es muy enclenque, porque en ese sentido, la verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa o imaginamos sentir. De allí surge que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza.

La emoción causada por el amor es diferente, tenue y hasta pasajera si se quiere, ya que por otro lado, como verdad se denomina todo aquel juicio o preposición que no puede ser refutado racionalmente, cosa opuesta al estado intrínseco del amor. En esta acepción, la verdad tiene un sentido antípoda a la falsedad, a la mentira.

Pero con el término “verdad” podemos referirnos a una realidad o a una preposición, y así hablamos de una verdad ontológica, de la realidad, del ser; o de una verdad lógica, del conocimiento, de la proposición mediante la que se expresa un juicio cualquiera. En el primero de los casos se incluiría el amor, ya que con esta afirmación decimos que lo que sentimos es verdad, o verdadero, para indicar que nuestro sentimiento no se trata de una ilusión o delirio, de una apariencia, siendo entonces la verdad idéntica a la realidad a lo que las cosas son.

Ahora, cuanto al segundo caso, a la verdad lógica, ahí consideramos que la “verdad” es en sí una propiedad del enunciado, de la proposición, no de la realidad, del objeto, y por eso creemos que la verdad consiste en la adecuación o correspondencia de la proposición con aquello a lo que se refiere, con los hechos, con las cosa en sí. Es por eso que afirmamos que si tal correspondencia con lo que nosotros sentimos en relación a lo que el otro ser apasionado siente no se da, su proposición o sentimiento es falso.

Lo que resta entonces, es que en el apego del amor, la concepción de la verdad, o si el sentimiento es verdadero, habría que despojarlo de todos los sentimientos metafísicos y acreditar que la palabra es una teoría semántica de la verdad.

Necesito Decirlo


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Tendría tanto a decirte, amada mía, que creo que ante ti me animo a desnudar por completo mi doliente corazón. Permitiría que reparases por completo el interior de mi melancólico mundo con tus sensibles ojos de café, así como el viento barre a la lejanía las arenas de una playa desierta, pero sin que tú te pierdas en ella.

Desearía que sintieras por completo como mis palabras son capaces de llegar a ti, sumisas, dóciles, humildes, para que toda mi presencia te llene de alegría.

Escúchalas, aura de aplausos mil, nube radiosa, ola de plenilunio que besas mi alma ajada, isla de sueños e ilusión donde reposa mi espíritu ansioso, dulce embriaguez que nos otorga el vino amargo, déjate acariciar con mi infinita ternura y piérdete en mí, ahoga tu soledad en mi pecho como se ahogan las olas en el mar.

Abrásame como se ciñen en un solo abrazo los amantes imposibles. Con el alma, con el corazón y la esperanza de encontrarse algún día en algún lugar infinito.

Permite una única vez que te demuestre la intensidad de mis sentimientos, no obstante sea yo uno de esos que hablan con miradas, de los que sufren en silencio, los que responden con sonrisas, y déjame que te ame a besos.

Sé que te querré sin preguntas. Sé que vas a quererme sin respuestas, porque esta noche y las demás noches de mi vida, quiero dibujar con mis dedos en tu piel mis ingenuas, tímidas y más perversas intenciones, porque no hay mejor insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

Aun no acredito que tú estés llegando a mi lado, cuando la noche es aún un puñado de estrellas que no demoraran en despabilarse ante nuestra alegría.

Quién sabe nuestro amor no tenga un final feliz, pero te doy mi palabra que sonreímos todas las horas que pasemos juntos. Y tan sólo por eso, creo que ha de valer la pena haberte amado.

Cómo no Quererte


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Me entretuve a observar desde mi ventana la fiesta del sol en el poniente, y si bien me confundían sus manchadas tajadas de un cielo multicolor, percibí lo cuanto te amo y te recuerdo, y como calla el tiempo en la soledad, imitando el aire que se detiene en vigilia de una gran tormenta.

A estas horas el sol ha partido ya hacia otras alboradas, pero siento que a nuestros pies el mundo se detiene y nos espera. Te quiero tanto, vida mía. Tú lo sientes ¿verdad?

Te quiero como para conducirte de manos dadas a mis lugares favoritos, y contigo a mi lado poder buscarte en la niebla de miradas que no son las tuyas pero que aun así me incitan a buscarte porque te quiero.

Lo cierto es que te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma, como pedazo de sol entre mis manos, buscando en ti la ilusión de cada día en un horizonte que tiene tu ausencia.

Quizá te quiero como para leerte cada noche, como si fueses mi libro favorito, como para leerte frase por frase, línea por línea, letra por letra, espacio por espacio mientras me oyes desde lejos y mi voz no te toca.

Dime cuál es exactamente el rincón del universo donde no has dejado aun tu sutil presencia. Dime por favor cual es la noche que no vendrás para velar mis sueños. Ya no puedo vivir porque te extraño, pero tampoco puedo morir porque te quiero.

Me has pedido tantas cosas en tus plegarias, que yo te sigo amando a manos rotas, procurando hacerme el bueno, para ver si al fin así te puedo tener a mi lado. ¡Cómo no quererte, vida mía, si te extraño tanto!

Amor Acrónimo


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¿Será el amor un acrónimo, o no pasa de una dolencia que acomete a los vulnerables de espíritu?

Quién sabe ese estado de apego sentimental y excitable sean asomos que suele ocurrir en campos variados: en el sueño, en el insomnio, en el desvelo, en una ilusión que, como fantasma, persigue nuestros pasos.

Pero bien que podría ser un acrónimo, ya que éste es las suma de los significados de las palabras que lo generan, no obstante, por veces, el acrónimo genere confusión en su significado porque usa partes de términos que se ya se usaban independientemente como raíces cultas.

Sin embargo, bien sabemos que cuando el bichito de amor nos pica, además de infestarnos el alma, casi siempre resulta en un intento de querer encontrarnos, de querer hablar consigo mismo, con los ojos abiertos, con los labios inmóviles o mordiendo un manifiesto proyecto de palabra que la mente ordena y el corazón no escucha.

Eso ocurre con nuestro órgano muscular, justamente por causa de esa insana egolatría que lo vuelve sordo y lo lleva a palpitar neciamente, cuando nuestra mente se vuelve más equívoca una vez que el amor se convierte en un ardor de pasión, primordialmente cuando el sentimiento penetra en nuestro pasado queriendo buscar raíces, motivos, razones y simientes de angustias de antaño.

Pero existe una salvaguarda cuando nos pica el amor: la mente, que actúa que ni hiedra venenosa que va trepando por el muro de los malos recuerdos y no convoca a nadie, porque si así lo hiciese, los cataclismos emocionales nos harían vibrar y temblar, buscando empujarnos al abismo de los fracasos.

En este caso, y aún más cuando no logramos contener la pasión y demás sinónimos, es cuando se abren entonces las válvulas de la duda y nuestra alma pasa a oscilar temerosa entre la dicha y la penuria deseando consultar al versado corazón, aunque a ella no le sea permitido interferir.

Por consiguiente, ha de ser ciertamente a causa de ese inicuo instante, que nuestros sentimientos sucumben en lo contrario a un acrónimo, para de pronto convertirse en un retroacrónimo, o sea, un tipo de conmoción que empieza siendo una palabra de uso común, pero que después acaba siendo interpretada como sigla que licúa nuestra existencia y ya no nos deja vivir en paz.

¿Alguien tendrá la respuesta?

Ditirambo


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A causa de mis incesantes desvelos, me veo encallado en un ditirambo de plenilunio que me aguija a trasmitir a mi hiriente cojín de espinas, todos los sueños y sensaciones noctívagas causantes de mis insomnios.

Tan simplemente dos letras y una inmensa fantasía de amor componen tu nombre, luciérnaga de la noche. Desde mi boca muda, hoy ganan el cielo las palabras que habían quedado dormidas en mi alma y que ahora son la ilusión de cada día. Te has convertido en ideas sin palabras, palabras sin sentido cuando tú no estás.

Delirio de mi vida, tu pueblas mis sueños con ecos y voces nostálgicas, y a su vez marchitas mi horizonte con tu ausencia en una eterna fuga como si fueses olas marinas que llegan y se van.

Ese delirio que hoy me consume por ser cadencias sin sentido que no tienen ni ritmo ni compás, se ha convertido de pronto en un sobresalto extraño que agita mis ideas como un huracán que empuja las olas en tropel, en un murmullo que en mi alma se eleva y va creciendo como volcán sordo que anuncia su ardor, en memorias y deseos ocultos de cosas que no existen ni nunca existirán, de accesos de alegría coronados de impulsos de llorar.

Te has convertido en la deforme silueta de un ser imposible, paisaje de luna que aparece como a través de un tul, colores que se funden en la brisa cálida de la noche de verano caliente y se convierten en átomos de un arcoíris que nadan en la luz de mi madrugada.

Por tu causa, hoy mi vida es un páramo de espinas donde cada flor que toco se deshoja. Las mismas que en mi camino fatal tú decides sembrar con el mal de amor para que yo las recoja, mientras lágrimas de emoción ahogada brotan de mis ojos en cuando el alma duele.

Hipnotizados


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No es de admirarse que ya nadie se enamore de nadie. En todo caso, cuando nos roza un proyecto rudimentario de eso que los famosos estudios de Hollywood suelen llamar amor, entonces alguien menciona el futuro y de repente se nos cae la estantería. No exclusivamente a mí. Me refiero a todos los que gozan del amor despabilado y simple, no el de los peliculones azucarados de Hollywood ni el de los llorosos culebrones mexicanos o turcos sino el posible, el de la cama monda y lironda.

Nunca ha sido confirmado que los ángeles no hacen el amor, pero no por eso ha de significar que ellos no lo hagan de la misma manera que los mortales. A pesar de que existe otra versión, también no confirmada pero sí más verosímil, la cual sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos por la mera razón de que carecen de los mismos, ellos lo celebran en cambio con palabras, vale decir, con las apropiadas para casos celestiales.

Esto hace posible imaginar que cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias tanto galácticas como terrenales, empiezan por mirarse sin llegar a hipnotizarse, cuando no pierden oportunidad para seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, han de ser angelicales.

Considero, por tanto, que sus palabras se cruzarán de manera repentina como meteoritos que caen del cielo, pero a su vez acariciantes y suaves como si fuese una brisa de primavera. A más, las frases que ellos intercambien han de impregnarse de una condensación idílica cuando, aquí y allá, entre nubes de nieve y algodón, circularán el aire y su expectativa.

Por otro lado, aquí en la tierra, existe gente que con sólo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales; que con sólo sonreír entre los ojos, nos invita a viajar por otras zonas, a otros cielos, y nos hace recorrer toda la magia.

Son ese tipo de personas que solo con darnos la mano rompen la soledad, nos interrumpen la respiración, hacen nacer mariposas en el estómago, coloca guirnaldas en el espíritu y su voz genera una sinfonía de entrecasa. Tan sólo con abrir la boca nos llega hasta los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños, nos hace tararear la canción del ensueño y se queda después, como si nada.

Tal vez sea por esto que uno se va de novio con la vida desterrando una muerte solitaria, pues sabe que a la vuelta de la esquina hay gente que es así, tan necesaria.

Lluvia


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Estoy convencido que existen personas que con solo abrir la boca y decir una palabra encienden la ilusión, que logran llegar a todos los límites del alma, que alimentan una flor, inventan sueños, las que de repente hacen cantar el vino en las tinajas, y permanecen después, serenas, como si nada.

Lo cierto de todo ello, es que cuando al fin percibimos que queremos pasar el resto de nuestra vida con ese tipo de persona, deseamos que ese resto de nuestra vida comience lo antes posible.

A mí me gusta llamarlo de amar lo sublime, de festejar los detalles simples, con la misma transparencia de advertir las cosas que me envuelven con el resplandor de una lluvia que cae y desaparece… No de aquella lluvia que cae como catarata agrupada en una sola gota opaca y pesada.

Diría, más bien, que es un amor que surge como camino mojado por las aguas de fines de Marzo, otoño que brillará entonces como si fuese cortado en luna llena, en plena claridad de la madrugada, en mitad de una fruta madura, en una boca suplicante elevada a la luz de la luna.

Un sentimiento que será igual como lo es el agitado mar que para las calles hace correr precipitada la vaga neblina del amor como aliento de animal que fue encerrado en el frio, para luego ver las desplegadas lenguas de agua que se acumularán en las alcantarillas del camino, prestes a cubrir ese mes que a nuestras vidas prometió la eterna floración de primavera.

Contigo presa en mi alma, he de volar en ese tiempo, dulce amor de mi vida, sin alas, sin dudas, pero como si fuese águila guerrera, y entonces me he de inclinar sobre el fuego de tu piel de durazno maduro, de tu frágil cuerpo nocturno sin estrellas pero con miles de pecas y lunares, y no apenas amaré entonces tus senos y tu vientre como si amase ese nuevo invierno que se ha de diseminar como niebla en tu sangre, sino tu alma entera.

Tú y yo, entonces, ya no necesitaremos zapatos ni caminos para recorrer esta tierra, errantes, para echar raíces de amor en la noche.

 

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