Si Tu Vinieses


Si tú pudieses venir hoy, te prepararía un café con sabor a luna llena, y me sentaría frente a ti para contarte sin prisa cuál es la verdadera causa de mis desvelos.

Es que tú y yo es algo así como si estuviésemos juntos de a pedazos, de a rato, a fuerza de parpadeos, de sueños desatinados en los cuales mientras yo me entrego al sueño tu alma se escapa, viene y se refugia junto a la mía, cuando andariegas y unidas trajinan y vagan por los pasillos de nuestros sueños, se enlazan y enamoran mientras pasean descalzas entre naranjos en flor.

Sin embargo, tu puedes advertir que lo mío no es un amor supuesto, un emoción que ha surgido por causa del flechazo de algún cupido distraído, donde tu presencia es lo que menos importa porque eres parte de mi fantasía.

Créeme, lo mío es un amor real, un amor sin piedad y virtud que no busca reciprocidad y no se engaña, porque al conocer tus defectos, aun así te quiere.

Por las noches, al acostarme, apago el ruido de afuera y enciendo la música de mi interior, para entregarme a contar con mis dedos cada uno de tus lunares antes de ponerme a bailar en sueños la noche entera, abrazados los dos bajo un cendal de guirlandas de estrellas, llevándote aferrada junto a mi torpe corazón mientras aguardando que la madrugada muera en la aurora como la luna muere en el sol.

En mis sueños quiero, sólo quiero, que me abraces y en silencio me digas todo. Sin reclamos, sin pasado, sin nada de lo que te lastima o nos lastima. Sin nada ni nadie que interrumpa nuestro idilio.

Y ya ves, nada puedo hacer si tú no vienes. Contra eso, nada puedo hacer, vida mía.

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El Sonido del Amor


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Observando desde el punto de vista físico mecánico, el sonido es una perturbación que se produce por una fuente sonora en un medio elástico, como por ejemplo el aire, y como lo son, sin duda, las palabras llenas de promesas de amor susurradas en un idilio.

Esta misma perturbación, que es análoga a la motivada por el amor, consiste en pequeñas variaciones de tensión sobre la presión atmosférica provocadas por el movimiento de las partículas que están en el aire, las que se chocan unas con otras logrando la transmisión del sonido hasta llegar al receptor. Lo que, de modo equivalente, suele ser lo que ocurre con el alma y el espíritu de un individuo apasionado.

El caso que nos preocupa, es que además del referido disturbio maquinal, existe también la parte fisiológica, ya que el ser humano recibe de improviso ese estímulo sonoro que por éste contar con un sistema auditivo relativamente complejo, prontamente lo traduce en envites eléctricos que serán interpretados como sonido por el cerebro. Más aún, si las musitadas palabras que se escuchan logran tocar un corazón ardiente de amor y una mente fogosa de pasión implícita.

Sin embargo, estamos al tanto que si el amoroso que se declara vislumbra que el corazón de piedra de su devaneo no escucha ni festeja sus palabras, cuanto más retribuirlas, entonces no hay sonido; a pesar de que el fenómeno físico existe. Claro que dicho así puede parecer ambiguo, pero hay que entender que la percepción forma parte integral de lo que conocemos o definimos como sonido, mismo que un corazón gélido no lo juzgue así y nos ignore.

Tal como hablábamos al comienzo sobre la parte físico mecánica, una fuente sonora perturba el medio y pone en movimiento las partículas que están próximas unas con otras; las mismas se mueven hacia adelante y atrás de su posición de equilibrio. Este movimiento provoca que al chocar las partículas se compriman, generando máximos de presión; como suele ser muy frecuente que ocurra con los frenesíes contenidos de quien se embriaga de amor y no es correspondido.

Al ser un fenómeno cíclico que se repite, éste tiene una frecuencia que es la cantidad de veces que el ciclo se repite en un intervalo de tiempo dado, que en el caso específico de un seducido bien puede ser un segundo. No obstante, si no es correspondido y sus palabras fueron de vez al tacho, quedarán entonces los ecos del ayer, sin los sonidos opacos y las voces abiertas, luego amortajadas por el desprecio, que volarán que ni golondrinas de un único verano en el aire limpio del amanecer.

Es a partir de esos ecos, cuando los más impulsivos tejen pronósticos porque ansían verdades y no reflejos, los que fueron hechos y deshechos en un santiamén.

Entonces, esos ecos nos seguirán pisando los talones, aunque esa persecución de nada nos servirá, pues, no obstante sea clamorosa, nos ha de servir poco y nada cuando el amor no suena.

Pensando en Ti


73-melancolia

No tenerte a mi lado, plétora de mi vida, es una manera de entregarme a vivir el paradigma de una muerte lenta y segura. Hoy me he transformado en un cartujo. Soy una hoja marchita de una flor que perfume ya no tiene, un patético despojo del huracán de pasión que un día pasó robándome el corazón.

Tengo certeza que de ahora en más, por doquier que vaya con mis glorias y congojas, las calles me recibirán haciéndome mil preguntas. Extrañarán no vernos pasear de manos dadas por sus esquinas. Sus ensombrecidas puertas, ventanas y balcones ya no vigilarán con su valor aprensivo nuestros besos y murmullos de amor repletos de promesas. Les extrañará no escuchar el eco de nuestros pasos, lentos y pánfilos, resonando sobre los adoquines y las baldosas, ni nos verán detenernos reservados bajo un farol mientras nos entregábamos al idilio de nuestra pasión.

En ese mundo de taciturnas visiones infernales que hoy habita dentro de mí desde que te has marchado, cariño mío, únicamente mi ángel de la guardia dulce compañía, vigila mis horas de dolor desde algún dintel o marquesina donde sentimental anida, para quizás en algún momento acercarse a mí, susurrándome que de hoy en adelante, el umbral de esta puerta sólo Dios lo traspasará.

En el mar de la duda en que hoy bogo, ya no sé más lo que creo y sostengo; pero, eso sí, durante las noches, mis eternas noches en vela, cuando entonces miro el cielo, en el fondo oscuro del firmamento veo mil estrellas temblar como ardían tus pupilas de fuego, y se me antoja posible subir en un vuelo mágico para abnegarme a su luz, y con ellas fundirme en un beso.

¿Será verdad que cuando toque el sueño con sus dedos míticos mis ojos, de la prisión que hoy habita huirá mi espíritu en vuelo presuroso?

Albor de Vida


31-sol-de-mi-vida

Pequeño rayito de sol, nueva primavera de mi vida que con tu suave brisa coloreada has trasmutado mágicamente las negras rosas de mi alma por tiernos pimpollos del rojo intenso de la pasión, deja que tus tiernos labios toquen ya mi boca reseca y me abrace el calor de tu piel candente.

Oigo tu dulce resonar, y donde antes había solamente yedra marchita y yuyos secos, con tu magia juvenil y el hechizo de tu luz y tu voz y tus besos, has hecho nacer en mi deslucido corazón un egregio jardín florido donde hoy reinan celestiales miles de jazmines y magnolias, claveles y petunias, malvones y azucenas, begonias y amapolas; todo convertido ya en un descomunal vergel que empapas con el dulce hidromel de tu cuerpo de mujer madura.

Amada mía, brasa dorada de un sueño impedido que mi amor tu sombra evoca, has de mi tu prisionero y encadena de una vez tu corazón al mío, para que los infinitos sueños de amor puedan superar la lóbrega oscuridad de mi espíritu como si fuese un doble tambor a repiquetear nuestro idilio en la broza de mi jardín de fantasías cubierto por el espeso manto de hojas secas de ilusiones otrora perdidas.

Símbolo de dolor y ternura, ciego delirio de mis noches sombrías, de hoy en más, llévame a todas partes amor, y a todas partes conduce mis dedos y mis labios como si tu fueras el universo y yo, tu único habitante.

¿Quién fuera ruiseñor? ¿Quién fuera tu trovador?, que por tus besos suspiro. Quizá necesite buscar melodía para tener como llamarte. Siempre sol, siempre luna.

Reposa con tus sueños en mi sueño y sé sombra junto conmigo en todo cuanto rodea. Ya no quiero ser nadie sin que me mires. No obstante yo cambiaría la primavera para que tú me sigas mirando y amando de por vida.

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