No Confunda Democracia con Autocracia


La democracia, antigua y sublime dama de la manumisión de la expresión, es la doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno; o mejor dicho, es el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

Sin embargo, la democracia no se reduce solamente a los derechos civiles y políticos de la sociedad: las libertades de expresión, prensa, opinión, culto, asociación, elección. Tiene también que ver con la igualdad de condiciones para ejercer los derechos. Por lo tanto, de nada sirve hablar de libertad de elección, por ejemplo, cuando hay escasos niveles de educación política y pocos son los grupos que acceden a la competencia electoral. Es decir, un contexto de analfabetismo electoral no contribuye con buenas decisiones.

En este orden de ideas de nada sirve mencionar la libertad de prensa, si pueden los sujetos que componen este espectro estar expuestos a la censura previa o si los medios cierran las puertas a la diversidad de pensamiento y solo permiten que ciertas voces opinen, comenten y dirijan la información y el conocimiento.

La construcción de la democracia necesita sobrepasar las intenciones filosóficas y debe concretarse en la satisfacción de demandas concretas, y dar a luz a una sociedad más incluyente. Este es uno de los papeles más importantes de los Estados y viene siendo así desde la forma de gobierno adoptada por las antiguas ciudades-Estado griegas, donde las decisiones principales eran patrocinadas por una asamblea general de ciudadanos que encomendaban su ejecución a los magistrados.

Ya en Roma, se aportó a esta concepción política los principios jurídicos de igualdad ante la ley y de la delegación o representación de poder. Así mismo, agregaría que durante la Edad Media, la Carta Magna otorgada por Juan Sin Tierra de Inglaterra en 1215, proclamó por primera vez la exigencia de limitación del poder del monarca. A esto, complementaría que en el siglo XVIII, Locke elaboró su teoría política basándose en el derecho del hombre a elegir y controlar sus gobernantes, mientras que Montesquieu desarrolló una teoría de la división de poderes como garantía frente al abuso de al autoridad, al mismo tiempo que Rousseau aportó el componente netamente democrático de la voluntad general como única fuente legitima del poder.

Por ello de nada sirve referirse a la libertad de asociación, en la medida que una reunión sea motivo de sospecha para cualquier gobierno. Si no se hacen efectivas las libertades a plenitud, lo más probable es que no estemos en un contexto democrático.

Sin embargo, la democracia no se constituye por sí misma, ya que las iniciativas ciudadanas como la asociación de grupos en pro de mejorar aspectos de su realidad como las mingas, la seguridad preventiva y comités deportivos, entre otras, dependen de su interés y compromiso.

En un contexto de libertades democráticas, se hace más posible el desarrollo de los pueblos, mientras haya una adecuada comprensión y puesta en marcha de la igualdad de las personas, y no haya o se cataloguen sujetos de primera, segunda y tercera clases.

Precisamente, porque la democracia de nuestros pueblos ha estado últimamente pasando por un estado de agonía, es que la sociedad demanda otro tipo de democracia que no solo satisfaga los derechos civiles y políticos, sino también los sociales. Y eso no quiere decir asistencialismo, pero sí acceso a educación, salud y seguridad social… ¿Usted no está de acuerdo?

Anuncios

A %d blogueros les gusta esto: